Textos más vistos de Hector Hugh Munro "Saki"

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autor: Hector Hugh Munro "Saki"


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El Punto Débil

Hector Hugh Munro "Saki"


Cuento


—Regresas ahora del funeral de Adelaide, ¿no es cierto? —preguntó sir Lulworth a su sobrino—. Supongo que habrá sido parecido a la mayoría de los funerales.

—Ya te hablaré de él en el almuerzo —contestó Egbert.

—No harás nada semejante. No sería respetuoso ni para la memoria de tu tía abuela ni para el almuerzo. Empezaremos con aceitunas españolas, después tomaremos una sopa «Borsch», seguida de más aceitunas con algún ave, con un vino del Rin bastante atractivo que, aunque no ha resultado tan caro como los vinos de ese país, a su manera sigue siendo bastante laudable. En ese menú no hay absolutamente nada que armonice lo más mínimo con el tema de tu tía abuela Adelaide o de su funeral. Fue una mujer encantadora, inteligente como cualquiera puede serlo, pero tenía algo que me recordaba siempre la idea que se hace un cocinero inglés del curry de Madras.

—Solía decir que eras bastante frívolo —comentó Egbert. En su tono había algo que sugería que aceptaba bastante ese veredicto.

—Creo que en una ocasión la escandalicé bastante con la afirmación de que un caldo claro es para la vida un factor más importante que una conciencia clara. Tenía muy poco sentido de las proporciones. Y a propósito, te nombró su heredero principal, ¿no es así?

—Cierto —contestó Egbert—. Y también el albacea testamentario. A ese respecto quería hablar contigo.

—Los negocios no son mi punto fuerte en ningún momento —replicó sir Lulworth—, pero desde luego todavía lo son menos cuando nos encontramos en el umbral inmediato del almuerzo.

—No se trata exactamente de negocios —explicó Egbert siguiendo a su tío hasta el comedor—. Es algo bastante serio. Muy serio.


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5 págs. / 9 minutos / 136 visitas.

Publicado el 13 de mayo de 2018 por Edu Robsy.

Crónicas de Clovis

Hector Hugh Munro "Saki"


Cuento


Esmé

—Todas las historias de caza son iguales —dijo Clovis—. Con ellas ocurre lo mismo que con las historias de carreras de caballos: son todas idénticas. Y todas ellas, además…

—La historia de caza que quiero contarte no se parece en nada a ninguna otra que hayas oído antes —dijo la baronesa—. Ocurrió hace mucho tiempo, cuando yo tenía unos veintitrés años, más o menos. Por aquel entonces yo no vivía sola, sino con mi marido, pues ninguno de los dos podía permitirse el lujo de pagarle al otro una pensión de divorcio. Lo cual viene a demostrar que, a pesar de todo lo que se dice en refranes y proverbios, la pobreza mantiene unidas a más familias de las que separa. No obstante, los dos siempre cazábamos en compañía de partidas diferentes. Pero, en fin, dejemos esto a un lado, pues no tiene absolutamente nada que ver con la historia.

—Aún no hemos llegado a la partida de caza. Porque me imagino que todo comienza con la organización de una partida de caza, ¿no es cierto? —dijo Clovis.

—Naturalmente —dijo la baronesa—. Y en ella se encontraban reunidos todos los habituales, en especial mi amiga Constance Broddle. Constance era una de esas mozas robustas y hermosas que uno no puede evitar asociar con el típico paisaje otoñal o con los adornos que se ponen en las iglesias cuando llega la Navidad.

»—Tengo el presentimiento de que algo terrible está a punto de suceder —me dijo aquel día—. Debo de estar algo pálida, ¿no?

»Estaba tan pálida como un tomate que ha recibido de repente una mala noticia.

»—Estás más guapa que nunca —le respondí—. Claro que eso es algo que para ti no entraña dificultad alguna, querida.

»Y antes incluso de que ella hubiese llegado a comprender mis palabras ya nos habíamos puesto todos en marcha, y los perros habían dado con un zorro que se había escondido entre unos macizos de aulagas.


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Dominio público
230 págs. / 6 horas, 42 minutos / 522 visitas.

Publicado el 18 de diciembre de 2017 por Edu Robsy.

La Ventana Abierta

Hector Hugh Munro "Saki"


Cuento


—Mi tía bajará enseguida, señor Nuttel —dijo con mucho aplomo una señorita de quince años—; mientras tanto debe hacer lo posible por soportarme.

Framton Nuttel se esforzó por decir algo que halagara debidamente a la sobrina sin dejar de tomar debidamente en cuenta a la tía que estaba por llegar. Dudó más que nunca que esta serie de visitas formales a personas totalmente desconocidas fueran de alguna utilidad para la cura de reposo que se había propuesto.

—Sé lo que ocurrirá —le había dicho su hermana cuando se disponía a emigrar a este retiro rural—: te encerrarás no bien llegues y no hablarás con nadie y tus nervios estarán peor que nunca debido a la depresión. Por eso te daré cartas de presentación para todas las personas que conocí allá. Algunas, por lo que recuerdo, eran bastante simpáticas.

Framton se preguntó si la señora Sappleton, la dama a quien había entregado una de las cartas de presentación, podía ser clasificada entre las simpáticas.

—¿Conoce a muchas personas aquí? —preguntó la sobrina, cuando consideró que ya había habido entre ellos suficiente comunicación silenciosa.

—Casi nadie —dijo Framton—. Mi hermana estuvo aquí, en la rectoría, hace unos cuatro años, y me dio cartas de presentación para algunas personas del lugar.

Hizo esta última declaración en un tono que denotaba claramente un sentimiento de pesar.

—Entonces no sabe prácticamente nada acerca de mi tía —prosiguió la aplomada señorita.

—Sólo su nombre y su dirección —admitió el visitante. Se preguntaba si la señora Sappleton estaría casada o sería viuda. Algo indefinido en el ambiente sugería la presencia masculina.

—Su gran tragedia ocurrió hace tres años —dijo la niña—; es decir, después que se fue su hermana.


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3 págs. / 6 minutos / 467 visitas.

Publicado el 25 de julio de 2016 por Edu Robsy.

Animales y Más que Animales

Hector Hugh Munro "Saki"


Cuento


La loba

Leonard Bilsiter era una de esas personas que no han conseguido que este mundo les resulte atractivo o interesante, por lo que han buscado la compensación en un «mundo oculto» sacado de su experiencia o imaginación… o de su invención. Los niños hacen muy bien esas cosas, pero se contentan con convencerse a sí mismos y no vulgarizan sus creencias intentando convencer a los demás. Las creencias de Leonard Bilsiter eran para «los elegidos»; es decir, para cualquiera que estuviera dispuesto a escucharle.


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201 págs. / 5 horas, 53 minutos / 1.067 visitas.

Publicado el 17 de diciembre de 2017 por Edu Robsy.

El Lienzo

Hector Hugh Munro "Saki"


Cuento


—La jerga artística de esa mujer me exaspera —dijo Clovis a su amigo periodista—. Tiene la manía de decir que ciertos cuadros "brotan de uno", como si se tratara de una especie de hongo.

—Eso me recuerda la historia de Henri Deplis —dijo el periodista—. ¿Nunca se la he contado?

Clovis negó con la cabeza.

—Henri Deplis era nativo del Gran Ducado de Luxemburgo. Tras madura reflexión se hizo viajante de comercio. Sus actividades lo obligaban con frecuencia a atravesar los limites del Gran Ducado, y se encontraba en una pequeña ciudad del norte de Italia cuando le llegó la noticia de que recibiría un legado de un pariente lejano recientemente fallecido.

"No era un legado importante, aun desde el modesto punto de vista de Henri Deplis, pero lo impulsó a permitirse algunas extravagancias aparentemente inocuas. En particular, a patrocinar al arte local representado por las agujas de tatuaje del Signor Andreas Pincini. El Signor Pincini era, quizá, el más brillante maestro del arte del tatuaje que haya conocido Italia, pero la pobreza se contaba por cierto entre las circunstancias de su vida, y por la suma de seicientos francos aceptó complacido cubrir la espalda de su cliente, desde el cuello hasta la cintura, con una deslumbrante representación de la Caída de Ícaro. Cuando la composición quedó terminada, Monsieur Deplis sufrió una ligera decepción, pues suponía que Ícaro era una fortaleza tomada por Wallenstein durante la Guerra de los Treinta Años, pero se sintió más satisfecho con la ejecución de la obra, que fue aclamada por todos los que tuvieron el privilegio de verla, como la obra maestra de Pincini.


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3 págs. / 6 minutos / 219 visitas.

Publicado el 25 de julio de 2016 por Edu Robsy.

El Tatuaje

Hector Hugh Munro "Saki"


Cuento


—La jerga artística de esa mujer me cansa —dijo Clovis a su amigo periodista—. Le gusta tanto decir que ciertos cuadros "crecen sobre nosotros", como si fueran una especie de hongos.

—Eso me recuerda —dijo el periodista— la historia de Henri Deplis. ¿Te la conté alguna vez?

Clovis negó con la cabeza.

—Henri Deplis era por nacimiento un nativo del Gran Ducado de Luxemburgo. Por una reflexión más madura, se convirtió en un viajante de comercio. Sus actividades frecuentemente lo llevaban más allá de los límites del Gran Ducado, y paraba en una pequeña ciudad del norte de Italia cuando le llegaron noticias de que había recibido un legado de una parienta distante que había fallecido.

"No era un gran legado, aun desde el modesto punto de vista de Henri Deplis, pero lo impulsó hacia algunas extravagancias aparentemente inofensivas. En particular lo condujo a patrocinar el arte local en tanto representado por las agujas de tatuaje del Signor Andreas Pincini. El Signor Pincini era, tal vez, el más brillante maestro de tatuaje que Italia había conocido jamás, pero estaba decididamente empobrecido, y por la suma de seiscientos francos emprendió alegremente la tarea de cubrir la espalda de su cliente, desde la clavícula hasta la cintura, con una brillante representación de la Caída de Ícaro. El diseño, cuando fue finalmente desarrollado, le produjo una ligera desilusión a Monsieur Deplis, que había imaginado que Ícaro era una fortaleza tomada por Wallenstein en la Guerra de los Treinta Años, pero quedó más que satisfecho con el trabajo ejecutado, que fue aclamado por todos los que tuvieron el privilegio de verlo, como la obra maestra de Pincini.


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3 págs. / 6 minutos / 129 visitas.

Publicado el 25 de julio de 2016 por Edu Robsy.

La Loba

Hector Hugh Munro "Saki"


Cuento


Leonard Bilsiter era una de esas personas que no han podido encontrar este mundo atractivo o interesante, y que han buscado compensación en un mundo "nunca visto" de su propia experiencia, imaginación... o invención. Los niños tienen éxito en esa clase de cosas, pero se contentan con convencerse ellos mismos sin vulgarizar sus creencias tratando de convencer a los demás. Las creencias de Leonard Bilster eran para "unos pocos", lo que quería decir cualquiera que le pusiera atención.


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7 págs. / 13 minutos / 237 visitas.

Publicado el 25 de julio de 2016 por Edu Robsy.

Cura de Agitación

Hector Hugh Munro "Saki"


Cuento


Sobre el portaequipajes del compartimiento de ferrocarril, frente a Clovis, había una sólida maleta con un prolijo rótulo: «J. P. Huddle, La Conejera, Tilfield, cerca de Slowborough». Bajo el portaequipajes estaba sentada la humana encarnación del rótulo, un individuo sólido y sosegado, sosegadamente vestido y de sosegada conversación. Aun sin su conversación (que se dirigía a un amigo sentado a su lado y se refería principalmente a tópicos tales como el retraso de los jacintos y la presencia de sarampión en la rectoría) hubiera podido estimarse con bastante justeza su temperamento y perspectiva mental. Pero no parecía dispuesto a dejar que nada corriera por cuenta de un observador casual, y su conversación no tardó en volverse personal e introspectiva.

—No sé por qué —le decía a su amigo—; no tengo mucho más de cuarenta años, pero siento como si hubiera alcanzado ya la paz de la edad madura. Mi hermana muestra la misma tendencia. Nos gusta que todo se encuentre en su lugar acostumbrado; que las cosas sucedan en su momento oportuno; que todo sea habitual, ordenado, puntual, metódico con la más escrupulosa exactitud. Por ejemplo, para referirnos a algo insignificante, un tordo viene haciendo su nido, año tras año, en el amento del jardín; este año, sin que medie ninguna razón aparente, lo hizo sobre la hiedra del muro. No hablamos mucho de ello, pero creo que ambos pensamos que el cambio es innecesario y algo irritante incluso.

—Quizá —dijo el amigo—, se trata de otro tordo.

—Lo hemos pensado —dijo J. P. Huddle—, y creo que esa posibilidad nos molesta más todavía. No nos parece que a esta altura de la vida tenga que sobrevenirnos un cambio de tordo; y, sin embargo, como le dije antes, no hemos llegado a una edad en que estas cosas se hagan sentir seriamente.

—Lo que ustedes necesitan —dijo el amigo— es una cura de agitación.


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7 págs. / 12 minutos / 207 visitas.

Publicado el 14 de mayo de 2018 por Edu Robsy.

El Alce

Hector Hugh Munro "Saki"


Cuento


Teresa, viuda de Thropplestance, era la anciana más rica y la más intratable del condado de Woldshire. Por su manera de relacionarse con el mundo en general, parecía una mezcla de ama de guardarropa y perrero mayor, con el vocabulario de ambos. En su círculo doméstico se comportaba en la forma arbitraria que uno le atribuye, acaso sin la menor justificación, a un jefe político norteamericano en el interior de su comité. El difunto Theodore Thropplestance la había dejado, unos treinta años atrás, en absoluta posesión de una considerable fortuna, muchos bienes raíces y una galería repleta de valiosas pinturas. En el transcurso de esos años había sobrevivido a su hijo y reñido con el nieto mayor, que se había casado sin su consentimiento o aprobación. Bertie Thropplestance, su nieto menor, era el heredero designado de sus bienes; y en calidad de tal era el centro de interés e inquietud de casi medio centenar de madres ambiciosas con hijas casaderas. Bertie era un joven amable y despreocupado, muy dispuesto a casarse con cualquiera que le recomendaran favorablemente, pero no iba a perder el tiempo enamorándose de ninguna que estuviera vetada por la abuela. La recomendación favorable tendría que venir de la señora Thropplestance.


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6 págs. / 10 minutos / 136 visitas.

Publicado el 25 de julio de 2016 por Edu Robsy.

Gabriel Ernesto

Hector Hugh Munro "Saki"


Cuento


Hay un animal salvaje en sus bosques —dijo el artista Cunningham, mientras lo llevaban a la estación. Era la única observación que había hecho durante el trayecto, pero como Van Cheele había hablado sin parar, el silencio de su compañero no había sido notorio.

—Un zorro extraviado o dos y unas cuantas comadrejas de la región. Nada más formidable que eso —dijo Van Cheele. El artista no dijo nada.

—¿Qué quería decir con animal salvaje? —le dijo Van Cheele más tarde, cuando estaban en el andén.

—Nada. Mi imaginación. Aquí está el tren —dijo Cunningham.

Esa tarde, Van Cheele salió a dar uno de sus frecuentes paseos por su boscosa propiedad. Tenía una garza disecada en su estudio, y sabía los nombres de un gran número de flores salvajes, de modo que su tía tenía tal vez alguna justificación para describirlo como un gran naturalista. En todo caso, era un gran andarín. Tenía la costumbre de tomar nota mental de todo lo que veía durante esos paseos, no tanto para ayudar a la ciencia contemporánea, como para disponer de temas de conversación más tarde. Cuando las campanillas azules comenzaban a florecer, él se encargaba de informar a todo el mundo de ese hecho; la época del año hubiera podido advertir a sus oyentes de la probabilidad de que esto ocurriera, pero por lo menos pensaba que él les estaba siendo absolutamente franco.


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8 págs. / 14 minutos / 77 visitas.

Publicado el 25 de julio de 2016 por Edu Robsy.

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