Textos más vistos de Henry James publicados por Edu Robsy | pág. 5

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autor: Henry James editor: Edu Robsy


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La Tercera Persona

Henry James


Cuento


Capítulo I

Cuando, hace unos pocos años, dos buenas señoras, que nunca habían sido íntimas, ni más que simples conocidas en realidad, se encontraron compartiendo domicilio en la pequeña pero antigua ciudad de Marr, las consecuencias fueron dignas, naturalmente, de mención aparte. Llevaban el mismo apellido y eran primas hermanas; pero hasta entonces sus caminos no se habían cruzado; no había habido coincidencia de edad que las uniera; y la señorita Frush, la más madura, había pasado gran parte de su vida en el extranjero. Era una mujer dócil, reservada, que hacía bocetos, y a quien el destino había condenado a una monotonía —triunfante sobre la variedad— de pensions suizas e italianas; en cualquiera de las cuales, con su sombrero bien atado, sus guantes y sus botas resistentes, su sillita de campo, su cuaderno de dibujo, su novela de Tauchnitz, habría servido con singular propiedad para ilustrar la portada de una historia natural de la vieja solterona inglesa. Lo cierto es, pobre señorita Frush, que les habría dado a ustedes la impresión de ser una tan afortunada representación de su tipo que difícilmente habrían podido equiparla con la dignidad de un ser individual. Esto era lo que ella, sin embargo, prefería según sus allegados: una identidad harto contumaz, que alguna vez hasta pudo ser hermosa, pero que ahora, descolorida y en los huesos, tímida y desproporcionadamente rara, capaz de pronunciar sólo interjecciones vagas, y con una apariencia en la que sólo se veían el monóculo y los dientes, podía ser reconocida sin dificultad y lamentada sin reparo.


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43 págs. / 1 hora, 15 minutos / 106 visitas.

Publicado el 6 de mayo de 2017 por Edu Robsy.

La Vida Privada

Henry James


Cuento


I

Hablábamos de Londres cara a cara con un gran glaciar hirsuto y primevo. La hora y el escenario formaban una de esas impresiones que compensan un poco, en Suiza, por la moderna indignidad del viajar: las promiscuidades y vulgaridades, la estación y el hotel, la paciencia gregaria, la lucha por unas migajas de atención, la reducción a estado numerado. El alto valle se teñía del rosa de la montaña; el aire fresco tenía la limpieza de un mundo nuevo. Había un leve rubor de primera tarde sobre nieves incólumes, y el tintineo fraternizante del ganado oculto a la vista nos llegaba con un olor a siega tibia de sol. El balconado hostal se alzaba en la garganta misma del paso más delicioso del Oberland, y hacía una semana que teníamos buena compañía y buen tiempo. Se consideraba gran fortuna, porque lo uno habría compensado por lo otro si alguna de las dos cosas hubiera sido mala.


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43 págs. / 1 hora, 16 minutos / 155 visitas.

Publicado el 5 de febrero de 2017 por Edu Robsy.

Lo Auténtico

Henry James


Cuento


I

Cuando la mujer del portero, que solía abrir la puerta tras sonar el timbre, anunció «un caballero; con una dama, señor», imaginé inmediatamente, como acostumbraba a ocurrirme en esa época —pues el deseo engendraba ese pensamiento— que era una pareja de modelos. Y modelos resultaron ser mis visitantes, aunque no en el sentido que yo habría preferido. Al principio, sin embargo, nada indicaba que no vinieran con la intención de hacerse un retrato. El caballero, un hombre de cincuenta años, muy alto y muy erguido, y con un bigote ligeramente canoso, vestía un abrigo gris oscuro que le sentaba admirablemente. Me fijé en los dos como profesional (no me refiero a que fuera barbero ni sastre), y el caballero me habría impresionado como una celebridad, si las celebridades me impresionaran. Desde hacía algún tiempo, estaba convencido de que una persona con mucha fachada casi nunca era, llamémoslo así, una institución pública. Una mirada a la dama me sirvió para recordar esta ley paradójica: también ella tenía un aspecto demasiado distinguido como para ser «una personalidad». Sería muy raro, además, encontrarse con dos excepciones a la regla a la vez.


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34 págs. / 59 minutos / 89 visitas.

Publicado el 2 de mayo de 2017 por Edu Robsy.

Lo Mejor de Todo

Henry James


Cuento


I

Cuando después de la muerte de Ashton Doyne —sólo tres meses después— le hicieron a George Withermore eso que suele llamarse una proposición, con respecto a un «volumen», la comunicación le llegó directamente de sus editores, que habían sido también, y la verdad es que mucho más, los del propio Doyne; pero no le sorprendió saber, al celebrarse la entrevista que luego le propusieron, que habían recibido algunas presiones por parte de la viuda de su cliente en cuanto a la publicación de una Vida. Las relaciones de Doyne con su mujer, por lo que sabía Withermore, habían sido un capítulo muy especial, que de paso podría ser también un capítulo muy delicado para el biógrafo; pero, desde los primeros días de su desgracia, había podido apreciarse por parte de la viuda un sentimiento de lo que había perdido, y hasta de lo que había faltado, del que un observador un poco iniciado bien podía esperar que se derivara una actitud de reparación, un apoyo, incluso exagerado, en favor de un nombre distinguido. George Withermore tenía la impresión de estar iniciado; pero lo que no esperaba era oír que le había mencionado a él como la persona en cuyas manos depositaría con más confianza los materiales para el libro.


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16 págs. / 29 minutos / 170 visitas.

Publicado el 2 de septiembre de 2016 por Edu Robsy.

Los Amigos de los Amigos

Henry James


Cuento


Encuentro, como profetizaste, mucho de interesante, pero poco de utilidad para la cuestión delicada —la posibilidad de publicación. Los diarios de esta mujer son menos sistemáticos de lo que yo esperaba; no tenía más que la bendita costumbre de anotar y narrar. Resumía, guardaba; parece como si pocas veces dejara pasar una buena historia sin atraparla al vuelo. Me refiero, claro está, más que a las cosas que oía, a las que veía y sentía. Unas veces escribe sobre sí misma, otras sobre otros, otras sobre la combinación. Lo incluido bajo esta última rúbrica es lo que suele ser más gráfico. Pero, como comprenderás, no siempre lo más gráfico es lo más publicable. La verdad es que es tremendamente indiscreta, o por lo menos tiene todos los materiales que harían falta para que yo lo fuera. Observa como ejemplo este fragmento que te mando después de dividirlo, para tu comodidad, en varios capítulos cortos. Es el contenido de un cuaderno de pocas hojas que he hecho copiar, que tiene el valor de ser más o menos una cosa redonda, una suma inteligible. Es evidente que estas páginas datan de hace bastantes años. He leído con la mayor curiosidad lo que tan circunstanciadamente exponen, y he hecho todo lo posible por digerir el prodigio que dejan deducir. Serían cosas llamativas, ¿no es cierto?, para cualquier lector; pero ¿te imaginas siquiera que yo pusiera semejante documento a la vista del mundo, aunque ella misma, como si quisiera hacerle al mundo ese regalo, no diera a sus amigos nombres ni iniciales? ¿Tienes tú alguna pista sobre su identidad? Le cedo la palabra.


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34 págs. / 1 hora / 76 visitas.

Publicado el 5 de febrero de 2017 por Edu Robsy.

Los Matrimonios

Henry James


Novela corta


Capítulo 1

—¿Por qué no se quedan un ratito más? —Preguntó la anfitriona mientras sujetaba la mano de la muchacha y sonreía.

—Es absurdo marcharse tan pronto.—Mrs Churchley inclinó la cabeza hacia un lado con apariencia refinada; blandía sobre su cara, de un modo vagamente protector, un enorme abanico de plumas rojas. Para Adela Chart, todo en la constitución de su anfitriona era enorme. Tenía los ojos grandes, los dientes grandes, los hombros grandes, las manos grandes, los anillos y pulseras grandes, las joyas grandes de todo tipo y en gran cantidad. La cola de su vestido carmesí era más larga que cualquier otra; su casa era enorme; su salón, especialmente ahora que los invitados se habían marchado, parecía inmenso, y ofrecía a los ojos de la chica una colección de los más grandes sofás, sillas, cuadros, espejos y relojes que jamás hubiese visto. ¿Sería igualmente enorme la fortuna de Mrs Churchley, para justificar tanta inmensidad? Al respecto nada sabía Adela, pero decidió, mientras devolvía dulcemente la sonrisa a la anfitriona, que debía averiguarlo. Mrs Churchley tenía al menos un gran carruaje tirado por los más altos caballos, y en el Rotten Row se dejaba ver encaramada a lomos de un vigoroso cazador. Ella misma era alta y abundante, aunque no exactamente gorda; tenía los huesos grandes, las pantorrillas largas y la voz estridente y apremiante como la campana de un barco de vapor. Mientras hablaba con Adela, parecía esconderse con cierta timidez del Coronel Chart tras el amplio abanico de avestruz. Pero el Coronel Chart no era un hombre al que se pudiera ignorar o evitar.

—Claro, la gente debe pasar a otros asuntos —dijo el Coronel.— Supongo que hay muchas cosas por ahí esta noche.

—¿Y dónde va usted? —preguntó Mrs Churchley, dejando caer el abanico y posando su brillante y dura mirada sobre el Coronel.


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87 págs. / 2 horas, 33 minutos / 63 visitas.

Publicado el 6 de mayo de 2017 por Edu Robsy.

Los Papeles de Aspen

Henry James


Novela corta


I

Había llegado yo a tener confianza con la señora Prest; en realidad, bien poco habría avanzado yo sin ella, pues la idea fructífera, en todo el asunto, cayó de sus amistosos labios. Fue ella quien inventó el atajo, quien cortó el nudo gordiano. No se supone que sea propio de la naturaleza de las mujeres el elevarse, por lo general, al punto de vista más amplio y más liberal, quiero decir, en un proyecto práctico; pero algunas veces me ha impresionado que lancen con singular serenidad una idea atrevida, a la que no se habría elevado ningún hombre. «Sencillamente, pídales que le acepten a usted en plan de huésped.» No creo que yo, sin ayuda, me habría elevado a eso. Yo andaba dando vueltas al asunto, tratando de ser ingenioso, preguntándome por qué combinación de artes podría llegar a trabar conocimiento, cuando ella ofreció esta feliz sugerencia de que el modo de llegar a ser un conocido era primero llegar a ser un residente. Su conocimiento efectivo de las señoritas Bordereau era apenas mayor que el mío, y, de hecho, yo había traído conmigo de Inglaterra algunos datos concretos que eran nuevos para ella. Ese apellido se había enredado hacía mucho tiempo con uno de los más grandes apellidos del siglo, y ahora vivían en Venecia en la oscuridad, con medios muy reducidos, sin ser visitadas, inabordables, en un destartalado palacio viejo de un canal a trasmano: ésa era la sustancia de la impresión que mi amiga tenía de ellas. Ella misma llevaba quince años establecida en Venecia y había hecho mucho bien allí, pero el círculo de su benevolencia no incluía a las dos americanas, hurañas, misteriosas, y, no sé por qué, se suponía que no muy respetables (se creía que en su largo exilio habían perdido toda cualidad nacional, además de que, como implicaba su apellido, tenían alguna vena francesa en su origen); personas que no pedían favores ni deseaban atención.


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119 págs. / 3 horas, 28 minutos / 106 visitas.

Publicado el 5 de febrero de 2017 por Edu Robsy.

Los Tesoros de Poynton

Henry James


Novela


Prefacio

Fue hace años, me acuerdo, una Nochebuena mientras cenaba yo con unos amigos: en el decurso de la conversación una dama sentada a mi lado realizó una de esas alusiones que siempre he identificado al punto como «gérmenes». El germen, recogido dondequiera, ha sido siempre en mi caso el germen de una «historia», y en su mayoría las historias que han cobrado forma bajo mi mano han brotado de una semilla pequeña y única, una semilla tan menuda y traída por el viento como aquella insinuación casual que para Los tesoros de Poynton dejara caer inintencionadamente mi vecina, una simple partícula flotante en el curso de la charla. Lo que sobre todo retorna a mí al evocar esto es la conciencia de la inveterada menudez, en tales ocasiones felices, de la partícula preciosa… una vez reducida, es decir, a su mera esencia fructífera. He aquí la interesante verdad sobre la insinuación perdida, la palabra errabunda, el vago eco, ante cuyo contacto se estremece la imaginación del novelista como ante el pinchazo de alguna punta afilada: su virtud reside toda en su cualidad de ser como una aguja, la capacidad de penetrar lo más finamente posible. Dicha finura es lo que inocula el virus de la sugerencia, y sobrepasar la dosis mínima echa a perder la operación. Si a uno le dan mínimamente aposta una sugerencia, seguro que habrán de darle demasiada; el tema que uno precisa está en el grano más simple, la pizca de verdad, de belleza, de realidad, apenas visible para el ojo común; ya que, con firmeza lo sostengo, un buen ojo para un tema es todo menos corriente. Es extraña y llamativa, sin lugar a dudas, esa inevitabilidad con que lo que en primer término hay que hacer con la idea comunicada y atrapada es reducir prácticamente a la nada la presentación, ese aire como de mero revoltijo de vida descoyuntado y lacerado, bajo la que hayamos tenido la ventura de encontrárnosla.


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269 págs. / 7 horas, 51 minutos / 77 visitas.

Publicado el 5 de febrero de 2017 por Edu Robsy.

Nona Vincent

Henry James


Cuento


I

—No sé si pedirle que me la lea —dijo la señora Alsager mientras aún se entretenían un poco junto a la chimenea antes de que él se despidiese. Miraba el fuego de soslayo, apartando el vestido y haciendo la proposición con una tímida sinceridad que se sumaba a su encanto. Tenía siempre un encanto enorme para Allan Wayworth, como el aire todo de la casa, que era simplemente una especie de destilación de sí misma, tan dulce, tan tentadora, que el joven, antes de marcharse, daba siempre varios pasos en falso. Había pasado en ella algunos buenos ratos, había olvidado, en su cálido, dorado salón, muchas de las soledades y muchas de las preocupaciones de su vida, tanto que había llegado a constituirse en la respuesta inmediata a su ansiedad, en la cura de sus males, en el puerto en el que se refugiaba de sus tormentas. Sus tribulaciones no eran inauditas, y algunas de sus virtudes, si bien nada extraordinarias, eran relativamente notables, teniendo en cuenta que era muy inteligente para ser tan joven, y muy independiente para ser tan pobre. Tenía veintiocho años, pero había vivido mucho y estaba lleno de ambiciones, de curiosidades y de desengaños. La oportunidad de hablar de algunas de estas cosas en Grosvenor Place corregía perceptiblemente las inmensas desventajas de Londres. Desventajas que, en su caso, se concretaban principalmente en la insensibilidad mostrada hacia el estilo literario de Allan Wayworth. Tenía un estilo, o creía tenerlo, y el inteligente reconocimiento de esta circunstancia era el más dulce consuelo que la señora Alsager habría podido prodigar.


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41 págs. / 1 hora, 12 minutos / 63 visitas.

Publicado el 9 de mayo de 2017 por Edu Robsy.

Owen Wingrave

Henry James


Cuento


I

—¡Pero tú estás mal de la cabeza! —clamó Spencer Coyle mientras el joven lívido que tenía enfrente, un poco jadeante, repetía: «Francamente, lo tengo decidido» y «Le aseguro que lo he pensado bien». Los dos estaban pálidos, pero Owen Wingrave sonreía de un modo exasperante para su supervisor, quien aun así distinguía lo bastante para advertir en aquella mueca— era como una irrisión intempestiva —el resultado de un nerviosismo extremo y comprensible.

—No digo que llegar tan lejos no haya sido un error; pero precisamente por eso me parece que no debo dar un paso más —dijo el pobre Owen, esperando mecánicamente, casi humildemente— no quería mostrarse jactancioso, ni de hecho podía jactarse de nada, —y llevando al otro lado de la ventana, a las estúpidas casas de enfrente, el brillo seco de sus ojos.

—No sabes qué disgusto me das. Me has puesto enfermo —y, en efecto, el señor Coyle parecía abatidísimo.

—Lo lamento mucho. Si no se lo he dicho antes ha sido porque temía el efecto que iba a causarle.

—Tenías que habérmelo dicho hace tres meses. ¿Es que no sabes lo que quieres de un día al siguiente? —demandó el hombre mayor.

El joven se contuvo por un momento; luego alegó con voz temblorosa: «Está usted muy enfadado conmigo, y me lo esperaba. Le estoy enormemente reconocido por todo lo que ha hecho por mí, yo haría por usted cualquier cosa a cambio, pero eso no lo puedo hacer, ya sé que todos los demás me van a poner como un trapo. Estoy preparado…, estoy preparado para lo que sea. Eso es lo que me ha llevado cierto tiempo: asegurarme de que lo estaba. Creo que su disgusto es lo que más siento y lo que más lamento. Pero poco a poco se le pasará —remató Owen.


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44 págs. / 1 hora, 17 minutos / 99 visitas.

Publicado el 5 de febrero de 2017 por Edu Robsy.

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