Textos más populares esta semana de Henry James | pág. 3

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autor: Henry James


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El Eco

Henry James


Novela


I

—Supongo que mi hija estará aquí —dijo el anciano, indicando el camino que llevaba al pequeño salon de lecture. No es que fuese de edad harto avanzada, pero así lo consideraba George Flack y, ciertamente, parecía más viejo de lo que era. George Flack lo había encontrado sentado en el patio del hotel (se sentaba a menudo en el patio del hotel), y, tras acercarse a él con su característica llaneza, le había preguntado por la señorita Francina. El pobre señor Dosson se había aprestado con suma docilidad a atender al joven: levantándose como si fuera la cosa más normal del mundo, se había abierto camino a través del patio para anunciar al personaje en cuestión que tenía visita. Ofrecía un aspecto sumiso, casi servil, mientras en su búsqueda precedía al visitante estirando la cabeza; pero no era propio del señor Flack advertir este tipo de cosas. Aceptaba los buenos oficios del anciano como habría aceptado los de un camarero, sin el menor murmullo de protesta, con el fin de dar a entender que había venido a verle también a él. Un observador de estas dos personas se habría convencido de que la medida en que al señor Dosson se le antojaba natural que alguien quisiera ver a su hija sólo era igualada por la medida en que al joven se le antojaba natural que su padre tuviese que ir a buscarla. A la entrada del salon de lecture había un cortinaje superfluo que el señor Dosson retiró mientras George Flack entraba tras él.


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174 págs. / 5 horas, 5 minutos / 222 visitas.

Publicado el 5 de febrero de 2017 por Edu Robsy.

En la Jaula

Henry James


Novela


I

Desde un principio se le había ocurrido que en su posición, la de una joven que llevaba la vida de un conejillo de Indias o de una urraca en su confinamiento de madera y tela metálica, se relacionaría con muchas personas que no admitirían que la conocían. Por este motivo su emoción era más intensa —aunque singularmente rara, y aun cuando la posibilidad de ser reconocida siguiera siendo escasa— en las ocasiones en que veía entrar a alguien a quien conocía «de fuera», como ella decía, y que podía añadir alguna cosa a la escasa identidad de su cargo. Éste consistía en sentarse allí con dos jóvenes, el otro telegrafista y el ayudante, atender al «receptor acústico», que estaba siempre funcionando, repartir sellos y giros postales, pesar cartas, responder a preguntas estúpidas, dar cambios difíciles y, sobre todo, contar palabras tan innumerables como los granos de arena del mar, las palabras de los telegramas arrojados, de la mañana a la noche, a través del hueco de la alta celosía, al otro lado de una atestada repisa que, de tanto rozarla, le producía dolor en el antebrazo. Esta pantalla transparente excluía, o encerraba, según el lado del estrecho mostrador que el azar le hubiera asignado a cada cual, el rincón más oscuro de una tienda impregnada, y no poco, en invierno, del veneno de un gas de alumbrado continuo, y en cualquier época del año de la presencia de jamones, queso, pescado seco, jabón, barniz, parafina, y otros sólidos y fluidos que ella llegó a distinguir a la perfección por su olor sin consentir en conocerlos por su nombre.


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118 págs. / 3 horas, 27 minutos / 221 visitas.

Publicado el 1 de mayo de 2017 por Edu Robsy.

El Rincón de la Dicha

Henry James


Novela corta


I

—Todos me preguntan mi opinión sobre todo —dijo Spencer Brydon—, y respondo como puedo dando por sentada la pregunta o eludiéndola, quitándomelos de encima con cualquier tontería. En realidad, a nadie debería importarle —continuó—, porque, incluso aunque fuera posible responder a una demanda tan tonta acerca de un tema tan importante y de modo tan expeditivo mis opiniones seguirían siendo casi en su totalidad algo que solo me concierne a mí.


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50 págs. / 1 hora, 27 minutos / 202 visitas.

Publicado el 2 de mayo de 2017 por Edu Robsy.

Lo que Maisie Sabía

Henry James


Novela


PREFACIO DEL AUTOR

Encuentro de nuevo, en el primero de estos tres Relatos, otro ejemplo más del crecimiento de un «gran roble» a partir de una minúscula bellota; pues Lo que Maisie sabía es cuando menos el caso de un árbol que se desarrolla por encima de cualquier previsión que su pequeña simiente hubiese podido parecer autorizar en un primer examen. Me había sido narrado casualmente el modo en que la situación del infortunado pequeño vástago de un matrimonio divorciado había sido afectada, bajo la mirada de mi informante, por el nuevo casamiento de uno de sus progenitores (cuál de ellos, no lo recuerdo); de manera que, a causa del poco entusiasmo por la compañía de la pequeña criatura expresado por el nuevo cónyuge de dicho progenitor, no podía ser llevada a término con facilidad la ley que regía su infantil existencia, consistente en que debía vivir alternativamente una temporada con su padre y otra con su madre. Aun cuando en un principio cada miembro de la desunida pareja había deseado vengativamente impedirle a su retoño cualquier relación con el otro, ahora el progenitor nuevamente desposado buscaba más bien desembarazarse de él: es decir, dejarlo tanto como fuera posible, y excediéndose de las fechas y plazos estipulados, al cargo del adversario; incumplimiento éste que, tomado por el adversario como prueba de mala intención, naturalmente era compensado y vengado mediante una perfidia equivalente. El desdichado infante se había encontrado, así, prácticamente repudiado, rebotando de raqueta a raqueta cual una pelota de tenis o un volante. Este pequeño personaje no podía menos que incidir hasta lo más profundo sobre la sensibilidad y aparecérsele a quien esto escribe como punto de partida de una narración: una narración que demandaba una buena dosis de desarrollos.


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375 págs. / 10 horas, 57 minutos / 201 visitas.

Publicado el 29 de enero de 2017 por Edu Robsy.

La Princesa Casamassima

Henry James


Novela


Prólogo

Creo que la forma más sencilla de explicar el origen de La princesa Casamassima es decir que la novela nació directamente del interés y la costumbre de pasear por la calle durante el primer año de una larga estancia en Londres. Andaba mucho, como ejercicio, por diversión, para aprender, y sobre todo volvía siempre andando cuando cenaba fuera de casa, caso mucho más frecuente que lo contrario; y como hacer eso significaba recibir muchas impresiones, éstas se agitaban y buscaban una salida, de forma que al cabo de algún tiempo había nacido el libro. Puedo afirmar que, cuando echo la vista atrás, la exploración atenta de Londres, el asalto directo que la gran ciudad lleva a cabo sobre una imaginación predispuesta a reaccionar, explica plenamente una gran parte de la obra. Hay otro elemento secundario que tiene su origen en una fuente distinta, y del que ahora hablaré, pero la idea primera fue, sin duda alguna, el fruto rotundo y maduro de andar por las calles. Claro que uno andaba con los ojos abiertos de par en par, y me apresuro a decir que semejante costumbre, mantenida durante mucho tiempo y en recorridos considerables, llega a provocar una solicitación mística, una urgente llamada de todas las cosas a ser interpretadas y, en la medida de lo posible, reproducidas. «Argumentos» y situaciones, carácter e historia, la tragedia y la comedia de la vida son cosas que, en tales condiciones, parecen mascarse punzantes en el aire; y para una mente que sienta curiosidad ante la escena humana, sus significados y revelaciones, la gran Babilonia gris se transforma fácilmente en un jardín cuajado de inmensa e ilustrativa flora. Historias posibles, figuras presentables se levantan mientras el observador se mueve en la espesa selva, aletean como la caza espantada y, antes de que se dé cuenta, él mismo necesita protegerse del roce de importunas alas.


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670 págs. / 19 horas, 33 minutos / 179 visitas.

Publicado el 29 de enero de 2017 por Edu Robsy.

Adina

Henry James


Cuento


Parte I

Habíamos estado hablando sobre Sam Scrope alrededor del fuego —conscientes, todos nosotros, de la norma de mortuis. Nuestro anfitrión, sin embargo, había permanecido en silencio, un poco para mi sorpresa, pues sabía que había sido particularmente cercano a nuestro amigo. Pero una vez nuestro grupo se hubo disuelto y me quedé a solas con él, avivó el fuego, me ofreció otro puro mientras aspiraba el suyo con aire reflexivo, y me explicó la siguiente historia:


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55 págs. / 1 hora, 36 minutos / 157 visitas.

Publicado el 7 de mayo de 2017 por Edu Robsy.

La Vida Privada

Henry James


Cuento


I

Hablábamos de Londres cara a cara con un gran glaciar hirsuto y primevo. La hora y el escenario formaban una de esas impresiones que compensan un poco, en Suiza, por la moderna indignidad del viajar: las promiscuidades y vulgaridades, la estación y el hotel, la paciencia gregaria, la lucha por unas migajas de atención, la reducción a estado numerado. El alto valle se teñía del rosa de la montaña; el aire fresco tenía la limpieza de un mundo nuevo. Había un leve rubor de primera tarde sobre nieves incólumes, y el tintineo fraternizante del ganado oculto a la vista nos llegaba con un olor a siega tibia de sol. El balconado hostal se alzaba en la garganta misma del paso más delicioso del Oberland, y hacía una semana que teníamos buena compañía y buen tiempo. Se consideraba gran fortuna, porque lo uno habría compensado por lo otro si alguna de las dos cosas hubiera sido mala.


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43 págs. / 1 hora, 16 minutos / 155 visitas.

Publicado el 5 de febrero de 2017 por Edu Robsy.

La Otra Casa

Henry James


Novela


NOTA AL TEXTO

La otra casa fue publicada por entregas en la Illustrated London News y apareció en forma de libro en 1896 (William Heinemann, Londres). Previamente a su forma novelesca, había sido un guión para una obra de teatro que Henry James pensaba titular The Promise y que, de hecho, desarrollaría luego para la escena, con posterioridad a la novela y con el título de ésta. La presente traducción se basa en el texto de la primera edición.


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233 págs. / 6 horas, 47 minutos / 149 visitas.

Publicado el 5 de febrero de 2017 por Edu Robsy.

El Alumno

Henry James


Novela corta


I

El pobre joven dudaba y no acababa de decidirse: le suponía un gran esfuerzo abordar el tema económico, hablar de dinero con una persona que sólo hablaba de sentimientos y, por así decirlo, de sentimientos elevados. Sin embargo, no quería despedirse, considerando cerrado su compromiso, sin que se echara una mirada más convencional en esa dirección, pues apenas permitía posibilidad alguna el modo en que planteaba el asunto la afable y corpulenta dama que se hallaba sentada ante él, manoseando unos estropeados guantes de ante con su enjoyada mano regordeta, estrujándolos y deslizándolos al mismo tiempo, y repitiendo una y otra vez toda clase de asuntos, excepto aquello que a él le hubiera gustado escuchar. Le hubiera gustado oír la cifra de su salario; pero justo en el mismo momento en que el joven, con nerviosismo, se disponía a hacer sonar esa nota, regresó el niño —a quien la señora Moreen había enviado fuera de la habitación a buscar su abanico. Volvió sin el abanico, limitándose a decir que no lo encontraba. Mientras soltaba esa cínica confesión, clavó con firmeza la mirada en el candidato a obtener el honor de ocuparse de su educación. Este pensó, con cierta preocupación, que lo primero que tendría que enseñarle a su pupilo sería cómo debía dirigirse a su madre —especialmente que no debía darle una respuesta tan inapropiada como aquélla.

Cuando la señora Moreen utilizó aquel pretexto para deshacerse de la compañía del niño, Pemberton supuso que lo hacía precisamente para abordar el delicado asunto de su remuneración. Pero lo había hecho tan sólo para comentar algunas cosas que a un niño de once años no le convenía escuchar. Elogió a su hijo exageradamente, exceptuando un momento en que bajó la voz hasta convertirla en un susurro, dándose al mismo tiempo golpecitos en la parte izquierda de su tórax:


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61 págs. / 1 hora, 47 minutos / 144 visitas.

Publicado el 5 de mayo de 2017 por Edu Robsy.

La Leyenda de Ciertas Ropas Antiguas

Henry James


Cuento


I

Hacia mediados del siglo XVIII vivía en la provincia de Massachusetts una dama viuda, madre de tres hijos. Su nombre es lo de menos; me tomaré la libertad de llamarla señora Willoughby: un apellido, como el suyo auténtico, de sonido altamente respetable. Había perdido a su marido tras unos seis años de matrimonio y se había consagrado al cuidado de su progenie. Su progenie se desarrolló de un modo que recompensó su tierno cariño y cumplió sus más elevadas esperanzas. El primogénito era un varón, a quien había puesto el nombre de Bernard, el mismo del padre. Los otros dos eran niñas, entre cuyos respectivos nacimientos había mediado un intervalo de tres años. La buena apariencia era tradicional en la familia, y no parecía probable que estas infantiles personas fueran a permitir que la tradición pereciera. El muchacho era de esa tez rubia y sonrosada y de esa complexión atlética que en aquel tiempo (al igual que en éste) era marchamo de genuina sangre inglesa: un afectuoso jovencito sincero, estupendo hijo y hermano, y amigo leal. Listo, empero, no era: la inteligencia de la familia había recaído principalmente en sus hermanas. El señor Willoughby había sido un gran lector de Shakespeare, en un tiempo en que semejante afición implicaba mayor penetración espiritual que en nuestros días y en una comunidad donde hacía falta mucho valor para patrocinar el teatro incluso en privado; y había querido dejar constancia de su admiración por el gran poeta poniéndoles a sus hijas nombres sacados de sus obras favoritas. A la mayor le dio el encantador nombre de Viola; y a la menor, el más serio de Perdita, en recuerdo de otra niña nacida entre las dos pero que sólo vivió unas semanas.


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25 págs. / 45 minutos / 133 visitas.

Publicado el 1 de septiembre de 2016 por Edu Robsy.

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