A la señora Emilia de Girardin
Uno de los
salones en los que se dejaba ver el arzobispo de Besanzón y el que
gozaba de sus preferencias, en tiempos de la Restauración, era el de la
señora baronesa de Watteville. Diremos unas palabras acerca de esta
señora, el personaje femenino tal vez más importante de Besanzón.
El señor de Watteville, sobrino del famoso Watteville, el feliz y
el más ilustre de los asesinos y renegados cuyas extraordinarias
aventuras son demasiado conocidas para que aquí las relatemos, era
tranquilo como turbulento había sido su tío. Después de haber vivido en
el Franco Condado como una cucaracha en una grieta, casó con la heredera
de la célebre familia de Rupt. La señorita de Rupt unió 20000 francos
de renta en tierras a los 10000 francos de renta en bienes raíces del
barón de Watteville. El escudo de armas del gentilhombre suizo, porque
los Watteville son de Suiza, desapareció bajo el viejo escudo de los
Rupt. Este casamiento, decidido desde el año 1802, efectuóse en 1815,
después de la segunda Restauración. Transcurridos tres años del
nacimiento de una hija, todos los abuelos de la señora de Watteville
habían muerto y sus herencias liquidadas. Vendieron entonces la casa del
señor de Watteville para establecerse en la calle de la Prefectura, en
el hermoso hotel de Rupt, cuyo vasto jardín se extiende hacia la calle
del Perron. La señora de Watteville, joven devota, fue más devota
después de su boda. Es una de las reinas de la santa cofradía que
confiere a la alta sociedad de Besanzón un aire sombrío y unas maneras
gazmoñas en consonancia con el carácter de esta ciudad.
Información texto 'Alberto Savarus'