Textos por orden alfabético de Horacio Quiroga | pág. 10

Mostrando 91 a 100 de 565 textos encontrados.


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autor: Horacio Quiroga


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El Arte De Cazar En Los Bosques De Misiones

Horacio Quiroga


Artículo, Crónica


Un cazador de monte requiere dos condiciones esenciales: el conocimiento de los rastros y la facultad de orientación. Esta facultad es realmente asombrosa, y si ella puede ser innecesaria en las cacerías de llanura, en el bosque es primordial. Supóngase una selva inextricable, densa hasta ahogar el sol, y de vegetación y terreno uniformes. No hay modo de avanzar media cuadra o efectuar una corrida circular, sin perder absolutamente la conciencia de donde se está. Si los avances, ahora, duran desde el amanecer hasta el crepúsculo, y las corridas tras las piezas han ocasionado, no uno, sino cuarenta círculos y contracírculos, fácil es suponer la remota probabilidad que tiene un buen hombre de saber hacia qué rumbo está precisamente su casa.

Este conflicto no preocupa al verdadero cazador. Esté donde esté, dé las vueltas que quiera en el monte, sabrá siempre qué dirección es menester seguir para hallar la entrada del monte. Hay casi siempre indicaciones que el cazador utiliza. Por ejemplo, la dirección del viento, que ha tenido buen cuidado de observar al principio. Concluida la cacería, nuestro hombre levanta la cabeza y mira, allá arriba, en la cima de los árboles, la inclinación de las ramas.


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Dominio público
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Publicado el 25 de julio de 2026 por Brian.

El Arte Salvaje

Horacio Quiroga


Artículo


El primer hombre que, descontento de la forma insípida del cacharro en que bebía, quiso embellecerlo, creó una obra de arte. Con seguridad aquel nuevo cacharro no tenía nada de lo que miles o millones de años después conceptuamos artístico: el salvaje remedaba lo que veía: hombre, animal, planta. Remedo inmensamente tosco, pero que encerraba una virtud extraordinaria como obra de arte: respondía dicha obra, exactamente, a la concepción que de lo bello nacía en el espeso cráneo primitivo. Daba el salvaje, en ese esfuerzo de alma rudimentaria, cuanto había en él. No tenía la menor idea de que lo que él estaba haciendo pudiera no ser bello, pues no conocía otro modo de embellecer.


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Dominio público
1 pág. / 2 minutos / 6 visitas.

Publicado el 27 de julio de 2026 por Brian.

El Balde

Horacio Quiroga


Cuento


—¡Señora! —gritó la sirvienta sofocada aún por la rápida ascensión—: son del depósito de abajo. Están enojadísimos con los niños... han querido quemar todo.

—¿Qué?, ¿quemar?, ¿qué?... Que suban. ¿Luisa? ¡Ah! ¡estos hijos! El dependiente estaba ya arriba.

—¡Sí, señora, sí, son sus hijos! ¡Sus niños que ya no saben qué hacer! Estaban agujereando el piso para incendiar el depósito... Los hemos visto.

—¡Qué horror! ¡Estos hijos van a acabar conmigo! ¿Pero está seguro? ¿No será una broma de criaturas?

—¿Broma, señora? ¡Sus niños son poco amigos de bromas! Con una barrena habían hecho un agujero para echar un fósforo. Se morían de gusto pensando en lo que iba a pasar. Esas son las bromas de sus niños... Por suerte los hemos oído a tiempo.

La señora prometió corregirlos debidamente, asegurando al empleado que nunca más volverían a tener quejas de ellos. Aquel, con una esquiva mirada de desconfianza, volvió gruñendo a su depósito de alcoholes.

La idea de los chicos era en efecto de pasmosa sencillez; por el agujero aquel, que el malhadado tuerto denunciara, se iba a echar entre todos un fósforo encendido. Los toneles de alcohol arden al menor contacto de una llama; esto es evidente. Pero el fuego artificial había fracasa­do porque el tuerto, oyendo el cuchicheo en el techo, había visto el agujero sobre el cual los chicos se daban incesantes cabezazos para aplicar todos a un tiempo el ojo. Aunque la idea era del segundo, el mayor ha­bía conseguido la barrena, perteneciéndole por tanto la llave del plan. El menor, cuya imaginación dormía aún entre recién pasados ensueños de fosfatinas y arrow—root, había logrado obtener que entre los tres se cogiera el fósforo encendido, y entre los tres se lo arrojase a aquel cielo prohibido.


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Publicado el 27 de julio de 2016 por Edu Robsy.

El Beso: Su Uso Y Abuso

Horacio Quiroga


Artículo, Cuento


Un hombre joven, de sangre viva y corazón ansioso, acaba de hallar en un sendero de su vida a la mujer que desde las remotas migraciones de las almas le estaba aguardando. Ni ella ni él se reconocen, por cierto, pero su mutuo amor, profundo e incontenible, les asegura que el mundo entero podría desaparecer a su rededor, mientras quedara a ambos para sostenerse el hilo de sus miradas.

Estos jóvenes, esperanza de sí mismos, de sus padres y del inmenso corazón que alienta al universo, se unen en matrimonio. Dios y el Registro Civil —como reza la canción— augurándoles dicha eterna. Para gustarla con toda el alma, los recién casados cambian un beso.

No saben dónde están, ni pueden tal vez saberlo. Como el mar hacia la luna, y el sistema solar hacia soles más vivos que el nuestro, inconstrastable y fatalmente se han sentido atraídos el uno hacia el otro.


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Publicado el 29 de julio de 2026 por Brian.

El Boa

Horacio Quiroga


Artículo, Cuento, Crónica


La designación de boa es genérica, y comprende unas cuantas especies de serpientes sudamericanas. En lenguaje común, sin embargo, entendemos por boa toda serpiente singularmente larga, proporcionalmente gruesa y capaz de hacer crujir entre sus anillos los huesos de la víctima que entre ellos encerró. Naturalmente, estos boas son hijos de la zona ecuatorial, y apenas si una u otra especie de menor tamaño se aventura por bajo del trópico.

La primera noticia personal que en Misiones tuvimos del boa, nos la ofreció una víbora arrollada, una mañana, ante la puerta del taller.


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Publicado el 28 de julio de 2026 por Brian.

El Caballero Tenía La Barba Azul

Horacio Quiroga


Poema


Y así que el fuego hubo devorado completamente

la madera, y la alta pira se convirtió en carbón, como

un muñeco sin igual vestido con modas femeninas, cayó

el noble señor al suelo.


Venía de los próximos huertos un apacible olor de

cereza; quedos ruiseñores hablaban en los setos de una


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Publicado el 21 de septiembre de 2026 por Brian.

El Caballito De Palo

Horacio Quiroga


Poema


Había una vez un caballito de palo —y con él jugaba una niñita que era hija de un rey.

Era tan bueno que seguía por todas partes a la niña, arrastrándose sobre sus patitas.

Un día que la niña lo acariciaba sobre las faldas, recibió muchos juguetes nuevos; y al levantarse para cogerlos, dejó caer al caballito. La niña, llena de alegría, corría con sus juguetes y el pobre caballito, con sus patitas rotas, hacía esfuerzos para levantarse y seguirla.

Pero la niña, llena de contento con sus juguetes nuevos, no jugaba con el pobre caballito.

Al otro día los criados lo enterraron sin lápida alguna, detrás del jardín.


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Publicado el 17 de octubre de 2026 por Brian.

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