Textos por orden alfabético de Horacio Quiroga | pág. 5

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autor: Horacio Quiroga


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Cinematógrafo Infantil

Horacio Quiroga


Artículo


—Esto matará a aquello —se dijo del libro respecto de la cátedra. Parafraseando el aforismo, puede decirse que con igual relatividad e idéntica eficacia, la pantalla matará al texto escolar. 

No se trata, bien se ve, de reducir la enseñanza a la exhibición cinematográfica de elementos objetivos. Ya tuvimos los carteles murales, cuyo destino no fue siempre bien comprendido, según lo demuestra el pequeño siguiente caso: En cierta escuela rural, sita en plena zona triguera, la joven maestra se afanaba en hacer ver a sus alumnos, dentro de un tubito de vidrio concienzudamente tapado, dos o tres granos de trigo, allí donde el país entero era un vasto campo de sementeras y enseñanza agrícola. 

No. La pantalla sirve para adquirir por medio de ella todos aquellos conocimientos sensibles casi exclusivamente al ojo. La geografía toda entera puede enseñarse con la pantalla, y esto con una poesía que en vano se busca en los áridos textos del ramo. Las lecciones de cosas —los fenómenos científicos, las industrias y sus aplicaciones— no piden sino la pantalla para tornarse en elementos vivos de asimilación. 


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Dominio público
1 pág. / 2 minutos / 7 visitas.

Publicado el 27 de julio de 2026 por Brian.

Condorcet

Horacio Quiroga


Crónica, Artículo


El escritor de este nombre, filósofo, matemático y químico de alto vuelo, nació marqués, de una de las más viejas familias de Francia, y fue criado hasta los doce años por una madre fanática que, habiéndolo consagrado a la Virgen, lo vistió de niña hasta aquella edad. Tradición, educación, ambiente, todo conspiraba para hacer del afeminado aristócrata un reaccionario. Su destino debía ser muy otro. 

Miembro de la Academia Francesa a los 39 años, mimado por la Corte, por los grandes sabios de todo el mundo, la ex niña solo esperaba un rayo de luz para encontrar su camino de Damasco.


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Dominio público
1 pág. / 2 minutos / 8 visitas.

Publicado el 13 de julio de 2026 por Brian.

Confusa Historia De Una Mordedura De Víbora

Horacio Quiroga


Cuento



Desde hace ya tiempo nuestras serpientes venenosas se hallan perfectamente determinadas. La tarea no ha sido difícil, pues si bien es cierto que una especie se halla difundida en gran parte de la república, las demás tienen un hábitat bastante restringido. Constituye aquella especie la yarará típica del norte y centro del país: la víbora de la cruz. Otra yarará, pequeña de tamaño y de nariz levantada, puebla el sur de nuestro territorio. Todas las demás serpientes venenosas —y son cinco o seis— se hallan limitadas en el extremo norte del país. 


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Dominio público
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Publicado el 21 de julio de 2026 por Brian.

Corto poema de María Angélica

Horacio Quiroga


Cuento


I

Habiendo decidido cambiar de estado, uníme en matrimonio con María Angélica, para cuya felicidad nuestras mutuas familias hicieron votos imperecederos. Blanca y exangüe, debilitada por una vaga enfermedad en la cual —como coincidiera con el anuncio de nuestro matrimonio— nunca creí sino sonriendo, María Angélica llevó al nuevo hogar cierta melancolía sincera que en vez de deprimirnos hizo más apacibles nuestros aturdidos días de amor. Paseábamos del brazo, en esos primeros días, contentos de habernos conocido en una edad apropiada; mis palabras más graves la hacían reír como a una criatura, la salud ya en retorno comenzaba a apaciguar su demasiada esbeltez, y el señor cura, que vino a visitarnos, no pudo menos de abrazarla con mi consentimiento.

II

Los diversos regalos que recibimos en aquella ocasión fueron tantos que no bastó la sala para contenerlos. Nos vimos obligados a despejar el escritorio, retiramos la mesa, dispusimos la biblioteca de modo que hubiera mayor espacio; y allí, en la exigua comodidad, bien que muchas veces tornó favorable una loca expansión, pasamos las horas leyendo las tarjetas: diminutas cartulinas —sujetas con lazos de seda— de las amigas de María Angélica; sobres de algunas señoras a quienes mi esposa trató muy poco, dentro de los cuales a más de las tarjetas pusieron una flor; cartas enteras de mis antiguas relaciones que recordaron entonces una dudosa intimidad, flores, alhajas, objetos de arte. Cuando nuestra vista se fatigaba, nos deteníamos enternecidos, apoyadas una en otra nuestras cabezas, ante el sencillo obsequio de mis padres que me devolvieron —lleno por ellos y mis hermanos de afectuosas felicitaciones— el retrato de María Angélica.


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Dominio público
20 págs. / 35 minutos / 52 visitas.

Publicado el 25 de enero de 2024 por Edu Robsy.

Cuadrivio Laico

Horacio Quiroga


Cuento


Navidad

Los Reyes Magos, después de consultar a Herodes, partieron de Jerusalén. La estrella divina que antes les había guiado y que habían perdido reapareció hacia el sur, descendiendo al fin sobre el techo de una humilde posada, donde acababa de nacer Jesús.

Los viejos monarcas lo adoraron parte de la noche, retirándose temprano, pues al alba debían partir para Jerusalén a avisar a Herodes; pero en un nuevo sueño unánime fueron advertidos de que no lo hicieran así.

Cambiaron en consecuencia de dirección y nunca se volvió a saber de ellos.

Cuando después de muchos días de espera Herodes se vio engañado por los viejos árabes, entró en gran furor y ordenó que se degollara a todos los niños menores de dos años de Bethlehem y sus alrededores.

Militaba por entonces en la segunda decuria de la guardia de Herodes un soldado romano, llamado Quinto Arsaces Tritíceo, parto de origen y hombre de carácter decidido y franco. Durante su estación en la triste Judea había depositado su amor en una joven betlehemita de nítida belleza, tan sencilla de corazón que jamás había soñado más horizonte para su hermosura que el homenaje del sincero soldado.

Salomé —llamábase así— vivía en Bethlehem con sus padres, y dos veces por semana llevaba a la capital los frutos varios de su huerta. A su regreso, en las claras noches de luna, Arsaces solía acompañarla, con su espada corta y su jabalina.

En una de esas noches, al despedirse, Arsaces le dijo estas palabras:

—Dime: ¿no has oído hablar en Bethlehem de tres viejos árabes que estuvieron sólo una noche allí?

—No, ¿por qué?

—Por esto: Galba, nuestro decurión, nos ha dicho ayer que El Idumeo esperó ansiosamente a tres árabes o caldeos que fueron a Bethlehem, hace ya bastante tiempo. No sé en verdad qué clase de inquietud es la suya; pero Galba teme algún nuevo despropósito de Herodes.


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Dominio público
11 págs. / 20 minutos / 115 visitas.

Publicado el 25 de octubre de 2020 por Edu Robsy.

Cuadro Final

Horacio Quiroga


Cuento, Artículo, Crónica


Concluye aquí las impresiones de la naturaleza que en un perdido rincón del nordeste del país, recibimos yo y mis chicos durante diez años. En este lapso de tiempo ellos vieron, con sus ojos infantiles y prestos a sufrir una impresión nueva e inesperada de las cosas, cuanto veía yo con mucho menos frescura. Y las historias de nuestro coatí, nuestro tigre, nuestro cuendú, nuestra ñandurihé, por breves que hayan sido, evocan en ellos un cúmulo de emociones aún vivas, de las que apenas he podido yo coger un rastro al recordarlas en un frío relato.

La vida de la ñandurihé, por ejemplo, encierra para nosotros toda una catástrofe, no tanto por el dolor sufrido, como por la vergüenza de haberla perdido por nuestra ingratitud, abandono y desidia. Nuestra vida sentimental en aquel rincón de bosque consistía, puede decirse, en el cuidado de los animalitos, que compartían con nosotros las bonanzas e inclemencias del país entero, reducido a nuestra meseta.


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Dominio público
2 págs. / 3 minutos / 9 visitas.

Publicado el 28 de julio de 2026 por Brian.

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