Textos por orden alfabético de Horacio Quiroga que contienen 'u' | pág. 16

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El Ministro De Instrucción Y Los Poetas

Horacio Quiroga


Artículo, Crónica



Cuando en el curso de un debate, en la Cámara de Diputados, el actual ministro de Instrucción Pública fue solicitado días atrás a dar cuenta de una partida de gastos destinada a un libro que, sobre la Historia de la Literatura Argentina, debía escribir el señor Alfredo Marquina, el Ministro expuso que aunque, en efecto, dicha partida, consistente en quince mil pesos, había sido entregada por adelantado al autor en cuestión, éste no había devuelto ni un solo ejemplar. Agregando, luego, a guisa de máxima, estas palabras:


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Dominio público
2 págs. / 4 minutos / 9 visitas.

Publicado el 12 de agosto de 2026 por Brian.

El Mono Ahorcado

Horacio Quiroga


Cuento


Estilicón, un mono mío de antes, tuvo un hijo, cuya vida amargué. Éste murió en 1904, y como escribí su historia —por lo menos la de la catástrofe— el mismo día de haberlo enterrado, la fecha de estas impresiones es, pues, anterior a diciembre de 1904.

Acabo de enterrar a Titán. He hecho abrir un agujero en el fondo del jardín, y allí lo hemos puesto con su soga. Confieso que ese desenlace me ha impresionado fuertemente. Después de una corta vida en paz, mis experiencias extravagantes lo han precipitado en un ensayo del que ya no saldrá.

En resumen, quise hacer hablar a mi mono. He aquí lo que yo pensaba entonces:


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Dominio público
3 págs. / 6 minutos / 133 visitas.

Publicado el 25 de octubre de 2020 por Edu Robsy.

El Mono Que Asesinó

Horacio Quiroga


Cuento, Novela, Drama


I


La terrible aventura comenzó en el jardín zoológico una mañana en que nuestro hombre se paseaba bastante aburrido de una jaula a otra. Sus pasos lo llevaron ante el puercoespín, personaje tan espinoso como modesto, pues casi nunca se lo ve fuera de su gruta; arrancáronlo de ahí para detenerlo ante las víboras adormecidas, y luego, pisando una rama seca aquí, mirando distraído allá, Guillermo Boox se detuvo en la jaula de los grandes monos, justamente ante la del pseudogibón ceniciento, al que acompañaban dos pequeños monos de Gibraltar, llamados «monas» con gravísima ofensa para los machos de la especie. 


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Dominio público
36 págs. / 1 hora, 3 minutos / 9 visitas.

Publicado el 1 de septiembre de 2026 por Brian.

El Monstruo

Horacio Quiroga


Cuento, Artículo, Crónica


Existe en el nordeste de la república un animal curiosísimo con aspecto de puerco espín y erizo a la vez, cubierto con larguísimas púas, y de fama más sombría aún. Dícese de él que al ser atacado lanza sus flechas contra su enemigo con la velocidad de una bala, y esto desde ocho o diez metros. Dichas púas, según la misma popular creencia, son venenosísimas y no pueden ser más arrancadas de la carne. A tal monstruo se le llama cuendú.

Es animal bastante raro, que apenas se encuentra una que otra vez en lo más sombrío del bosque.

Quiso la suerte un día que un poblador me trajera un cuendú recién cazado, y que estaba furiosísimo, según él. El animal venía dentro de una bolsa, y la bolsa dentro de un cajón de kerosene. Con gran dificultad sacamos al monstruo de su embalaje, pues erizado como estaba a más no poder, resistíase con sus mil púas contra la tela, como otras tantas palancas.


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Dominio público
1 pág. / 3 minutos / 8 visitas.

Publicado el 28 de julio de 2026 por Brian.

El Monte Negro

Horacio Quiroga


Cuento


Cuando los asuntos se pusieron decididamente mal, Borderán y Cía., capitalistas de la empresa de Quebracho y Tanino del Chaco, quitaron a Braccamonte la gerencia. A los dos meses la empresa, falta de la vivacidad del italiano, que era en todo caso el único capaz de haberla salvado, iba a la liquidación. Borderán acusó furiosamente a Braccamonte por no haber visto que el quebracho era pobre; que la distancia a puerto era mucha; que el tanino iba a bajar; que no se hacen contratos de soga al cuello en el Chaco —léase chasco—; que, según informes, los bueyes eran viejos y las alzaprimas más, etcétera, etcétera. En una palabra, que no entendía de negocios. Braccamonte, por su parte, gritaba que los famosos 100.000 pesos invertidos en la empresa, lo fueron con una parsimonia tal, que cuando él pedía 4000 pesos, enviábanle 3500; cuando 2000, 1800. Y así todo. Nunca consiguió la cantidad exacta. Aun a la semana de un telegrama recibió 800 pesos en vez de 1000 que había pedido.

Total: lluvias inacabables, acreedores urgentes, la liquidación, y Braccamonte en la calle, con 10.000 pesos de deuda.

Este solo detalle debería haber bastado para justificar la buena fe de Braccamonte, dejando a su completo cargo la deficiencia de dirección. Pero la condena pública fue absoluta: mal gerente, pésimo administrador, y aun cosas más graves.

En cuanto a su deuda, los mayoristas de la localidad perdieron desde el primer momento toda esperanza de satisfacción. Hízose broma de esto en Resistencia.


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Dominio público
5 págs. / 8 minutos / 681 visitas.

Publicado el 24 de octubre de 2020 por Edu Robsy.

El Ocaso

Horacio Quiroga


Cuento


Noche de kermesse en un balneario de moda. A dos kilómetros del hotel, la playa ha sido convertida en oasis. Grandes palmeras, alineadas en losange, se yerguen en la arena. Sobre la costa misma, y paralelo al mar, se levanta el bazar de caridad. Entre las plantas se hallan dispuestas mesas para el servicio del bar. A la alta hora de la noche que nos ocupa, el área de la fiesta —bazar, palmeras y arena— luce solitaria al resplandor galvánico de los focos.

Solitaria, tal vez no, pues aunque el bazar ha apagado sus luces, a excepción del buffet, en el oasis del palmar algunas personas desafían aún la fresca brisa marina.

Tres jóvenes en smoking y dos señoras de edad madura, concurrentes tardíos al bar, acaban de sentarse a una mesa cubierta en breve tiempo de botellas y fiambres; y en menos tiempo todavía, su atención y sus ojos se han vuelto a una mesa distante, donde un hombre y una mujer, que no tienen por delante sino un helado y una copa de agua, conversan frente a frente.

Él es un hombre de edad, más todavía de lo que haría suponer su apostura aún joven. Este hombre, años atrás, ha interesado fuertemente a las mujeres. No ha sido un tenorio. Aunque no se nombra nunca a conquista alguna suya, se está seguro del peligro que representa. Mejor aún: que representaba.

Ella, la mujer que con un codo en la mesa tiene fijos los ojos en su interlocutor, es muy joven.

Mejor aún: una criatura de diecisiete años. Pero los recién venidos nos informarán más ampliamente sobre ella.

—Ahí está la Perra de Olmos, tratando de conquistar a Renouard —interpreta una de las señoras.

—¿Perra…? —inquiere alguno de los jóvenes.

—Sí, Lucila Olmos —explica la dama—. Un apodo de familia… Cuando era chica se emperraba sin dar por nada su brazo a torcer… De aquí su nombre.

—Lindísima, a pesar de ello… —comenta el mismo joven.


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Dominio público
7 págs. / 12 minutos / 105 visitas.

Publicado el 25 de octubre de 2020 por Edu Robsy.

El Orgullo De La Fuerza…

Horacio Quiroga


Artículo, Crónica


El Orgullo de la Fuerza. Tom Moore. —He aquí por fin una pieza bien construída, de un solo aliento del principio al fin, vivaz, sin pretensiones, y que cumple agradablemente su misión de comedia sentimental. Tom Moore, que es posiblemente el muchacho más simpático del cine, presta a la cinta entera el encanto de su risa abierta, sin restricción alguna, y que cuadra singularmente con su bonhomía. Si pasa por la pantalla un actor del cual podamos creer que es lo que aparenta, ese actor es sin duda Tom Moore. Pudiera no ser un buen muchacho; pero todos apostaríamos a que lo es. Para mayor gracia, este campeón de las cintas elegantes no es un gomoso. Viste bien, desde luego, pero con una desenvoltura que hace honor a su condición de muchacho mundano, habituado como el que más a llevar la ropa.


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Dominio público
2 págs. / 4 minutos / 3 visitas.

Publicado el 22 de septiembre de 2026 por Brian.

El Oro Vegetal

Horacio Quiroga


Artículo, Crónica



Hace treinta años, en Misiones, cuando un buen sujeto quería tomar mate, cogía el machete e iba con él al monte en busca de una planta de yerba. Entrando en los cálculos del sujeto obtener la mayor cantidad posible de yerba con un mínimo de trabajo, nuestro vicioso, en vez de podar juiciosamente el árbol para aprovechar las hojas, echaba el árbol al suelo a machetazos: era más rápido. Este proceder, tras de empobrecer al propio buen sujeto por la destrucción de una planta preciosa, empobrecía a la riqueza nacional; pero los tomadores de mate, gente, muy acostumbrada a perder el tiempo, lo perdían un momento más, encogiéndose de hombros: “después de mí el diluvio”; lo que quiere decir, más o menos: “el que venga atrás, que arree”. Y hemos tenido que arrear, en verdad.


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Dominio público
5 págs. / 8 minutos / 13 visitas.

Publicado el 6 de agosto de 2026 por Brian.

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