Textos más cortos de Horacio Quiroga que contienen 'u' | pág. 17

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Suicidio de Amor

Horacio Quiroga


Cuento


─¿Los hombres de ahora? ¡Bah! ¡Son incapaces del menor amor, del más pequeño amor! ¿Se ríe?... Y no vayamos muy lejos, señor Oyuela... ¿Cuántos meses me ha pretendido usted?

─Pretendido... señorita...

─Pongamos gustado... es lo mismo. Tal vez dos meses... uno por lo menos. ¿Y por qué no me «pretendió» realmente, como usted dice?

─Porque usted no tiene fortuna.

─¡Exactamente, señor Oyuela! ¡Y todavía se atreve usted a defender a sus contemporáneos!

─Primero de todo, señorita, yo no he ofendido a los hombres de ahora, ni a los de nunca. Segundo, yo no la pretendí a usted porque usted no tiene fortuna y porque tampoco la tengo yo. Y siendo, como soy, un ser completamente inútil, de más está probarle la insigne locura que hubiera cometido.

─¡Pero justamente, Oyuela! En esa locura habría consistido su amor... si me lo hubiese tenido. Un amor que no se lanza, que no da la energía suficiente para luchar en todo y contra todo, tornando facilísimo lo que parece insalvable a un hombre no enamorado, no, ¡eso no es amor, ni lo ha sido jamás, señor!

─Acaso, señorita Leonor... Acaso no pueda yo discutir con sus dos años de Filosofía y Letras... ¿Creo que fueron dos años los que usted cursó?...

─Uno solamente, señor Completamente Inútil... ¿Y no fue esto un poquito de motivo para que usted no me...

─No creo. ¡Si usted hubiera tenido fortuna!... Pero, en fin, usted insiste en que esas locuras de vida pruebas amor, ¿no es eso?

─¡Inmensamente, sí!

─Pues yo conozco un caso en que no hay nada de eso, y prueba seguramente mucho más amor... pero temo contarlo.

─¿Quién? ¿Usted?... ¿Y usted teme contarme algo, después de todas las tonterías que ha dicho cuando... usted creía que yo tenía fortuna?

─No, ésta es zoncera de un orden que usted tal vez con comprendería.


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2 págs. / 4 minutos / 21 visitas.

Publicado el 25 de enero de 2026 por Edu Robsy.

Ratas De Campo

Horacio Quiroga


Artículo, Cuento, Crónica


Las ratas de campo son al principio la alegría de la casa. Cazan mariposas al aire con una estrategia admirable y entretienen los insomnios del enfermo con su tenaz empeño en llevarse a su nido largas medias de mujer, allá a lo alto del techo.

La rata de campo es un lindísimo animal, que apenas recuerda a la infecta, obscura y pelada rata de ciudad. Vista desde arriba, es de un color plomizo brillante, gracias a la suavidad y pulcritud de su pelo. Vista desde abajo, parece de plata, por tener blancos la garganta, el pecho, el vientre y la parte interna de las patas. Pero en lo que no tiene parangón con su innoble hermana de ciudad, es en la centelleante vivacidad de sus movimientos, y en la gracia con que juega a las escondidas con quien la asecha, asechándolo a su vez por arriba, abajo y los costados de una tabla, con sólo la mitad de un ojo y la punta de las orejas a la vista.


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Dominio público
2 págs. / 4 minutos / 8 visitas.

Publicado el 28 de julio de 2026 por Brian.

El Caguaré

Horacio Quiroga


Cuento, Crónica, Artículo


Pocas cosas parecen más comprobadas que el amor de los osos hormigueros por las hormigas y la miel. Y pocas más difíciles, en cambio, que criar uno de estos animalitos con aquellos manjares.

De las dos especies de osos hormigueros conocidas en Misiones, una de ellas posee una cola fantásticamente rica que lleva enmarcada a la rastra, y que enarbola como un penacho a la menor sorpresa. Es el ñurumí, o tamanduá bandeira, como dicen los brasileños. La otra especie es más pequeña y posee una cola prehensil, muy semejante a la de las comadrejas. Vive en los árboles, y se la denomina caguaré.

En cierta ocasión tuvimos en casa un caguaré, y la primera insinuación sobre lo extraño de su pelaje, me la dió mi chico, prendido de mi mano ante la vista del animal.


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Dominio público
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Publicado el 28 de julio de 2026 por Brian.

Carta Abierta Al Señor Benito Lynch

Horacio Quiroga


Artículo


Esta carta que le dirijo —y abierta, por ignorar en un todo dónde pudiera hallarlo— tiene el objeto, extraordinariamente grato para mí, de contarle la profunda emoción con que he leído «Los Caranchos De La Florida». Debo ante todo decirle que no tengo el menor detalle sobre su persona, y desde luego sobre su personalidad —fuera del muy hondo que me ha proporcionado su libro.

Yo vivo en Misiones, en pleno bosque, y desde hace varios años. Conservo muy contado cambio de ideas con ésa, y paso asimismo meses enteros sin que me llegue un libro de allí. Tal es el caso con «Los Caranchos». Ha venido a mis manos anteayer, y pocos impulsos en mi vida han sido tan violentos como el que me hace escribirle en seguida, sin saber quién es usted, dónde vive, y aún si vive usted en realidad. —Vaya, pues, esta suposición idiota, para afirmar el absoluto desinterés de mi carta— cosa, dicha sea de paso, a que no estamos exageradamente acostumbrados.


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Dominio público
2 págs. / 4 minutos / 7 visitas.

Publicado el 26 de julio de 2026 por Brian.

Satisfacciones De La Profesión De Escritor

Horacio Quiroga


Artículo


Cuando un hombre, un bueno y pobre hombre, alcanza a ser propietario de un auto, una finca o una boquilla de ámbar, agradece a Dios el bien adquirido, porque está seguro de que todas las leyes divinas y humanas protegen su posesión. Sabe que puede gozar de su bien hasta que muera, y que después de muerto las mismas leyes protegerán a sus herederos; quienes, hasta la eternidad de los siglos, podrán gozar de la propiedad del auto, de la finca y de la boquilla de ámbar adquiridos y legados por el ancestral genitor.

Bien. Esto en cuanto al feliz poseedor de dichos bienes. Pero quien posee ahora no es un pobre y simple buen hombre, sino un intelectual, sin par, un escritor consagrado por el dolor y el genio. Este artista ha luchado por la vida desde su primera infancia. No hay miseria que ignore, ni tormento que desconozca. En pos de quince, veinte años de lucha, infunde en un libro la llama de su genio. No se hallan en su libro rastros de imitación. De tal modo es su exclusivo bien; tan personales han sido sus sufrimientos, que el poema brilla fúlgido y aislado con luz hasta entonces desconocida. La fortuna amenaza por fin con serle propicia. Angustias de la miseria, hambre de sus pequeñuelos —todo quedará pronto alejado—.


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Dominio público
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Publicado el 26 de julio de 2026 por Brian.

Juan Poltí, Half-back

Horacio Quiroga


Cuento


Cuando un muchacho llega, por a o b, y sin previo entrenamiento, a gustar de ese fuerte alcohol de varones que es la gloria, pierde la cabeza irremisiblemente. Es un paraíso demasiado artificial para su joven corazón. A veces pierde algo más, que después se encuentra en la lista de defunciones.

Tal es el caso de Juan Poltí, half-back del Nacional de Montevideo. Como entrenamiento en el juego, el muchacho lo tenía a conciencia. Tenía, además, una cabeza muy dura, y ponía el cuerpo rígido como un taco al saltar: por lo cual jugaba al billar con la pelota, lanzándola de corrida hasta el mismo gol.

Poltí tenía veinte años, y había pisado la cancha a los quince, en un ignorado club de quinta categoría. Pero alguien del Nacional lo vio cabecear, comunicando enseguida a su gente. El Nacional lo contrató, y Poltí fue feliz.

Al muchacho le sobraba, naturalmente, fuego, y este brusco salto en la senda de la gloria lo hizo girar sobre sí mismo como un torbellino. Llegar desde una portería de juzgado a un ministerio, es cosa que razonablemente puede marear; pero dormirse forward de un club desconocido y despertar half-back del Nacional, toca en lo delirante. Poltí deliraba, pateaba, y aprendía frases de efecto: «Yo, señor presidente, quiero honrar el baldón que me han confiado».

Él quería decir «blasón», pero lo mismo daba, dado que el muchacho valía en la cancha lo que una o dos docenas de profesores en sus respectivas cátedras.

Sabía apenas escribir, y se le consiguió un empleo de archivista con 50 pesos oro. Dragoneaba furtivamente con mayor o menor lujo de palabras rebuscadas, y adquirió una novia en forma, con madre, hermanas y una casa que él visitaba.

La gloria lo circundaba como un halo. «El día que no me encuentre más en forma», decía, «me pego un tiro».


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2 págs. / 4 minutos / 252 visitas.

Publicado el 25 de octubre de 2020 por Edu Robsy.

Renato Caillé

Horacio Quiroga


Crónica, Artículo


Podría afirmarse que la violencia de una vocación está casi siempre en razón directa de los sufrimientos que el destino depara a quienes la sienten con tal exaltación. Los grandes tormentos no acechan por lo general a un ser débil que destruirían del primer mordisco. Parecen elegir cautelosamente su presa, estudiando el vigor de la víctima, desechando centenares y millares de débiles presas, para fijar por fin su elección en tal cual ser humano, cuyo temple de alma, fuera de concurso, les asegura una heroica capacidad para resistirlos.

Renato Caillé no había sido hasta los quince años más que un niño de los tantos, con la vulgar perspectiva de éstos. A esa edad, cae en sus manos ociosas un libro que todos han leído, sin perder el sueño por él: Robinson Crusoe.


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2 págs. / 4 minutos / 5 visitas.

Publicado el 13 de julio de 2026 por Brian.

Los Cazadores de Ratas

Horacio Quiroga


Cuento


Una siesta de invierno, las víboras de cascabel, que dormían extendidas sobre la greda, se arrollaron bruscamente al oír insólito ruido. Como la vista no es su agudeza particular, las víboras mantuviéronse inmóviles, mientras prestaban oído.

—Es el ruido que hacían aquéllos… —murmuró la hembra.

—Sí, son voces de hombre; son hombres —afirmó el macho.

Y pasando una por encima de la otra se retiraron veinte metros. Desde allí miraron. Un hombre alto y rubio y una mujer rubia y gruesa se habían acercado y hablaban observando los alrededores. Luego, el hombre midió el suelo a grandes pasos, en tanto que la mujer clavaba estacas en los extremos de cada recta. Conversaron después, señalándose mutuamente distintos lugares, y por fin se alejaron.

—Van a vivir aquí —dijeron las víboras—. Tendremos que irnos.

En efecto, al día siguiente llegaron los colonos con un hijo de tres años y una carreta en que había catres, cajones, herramientas sueltas y gallinas atadas a la baranda. Instalaron la carpa, y durante semanas trabajaron todo el día. La mujer interrumpíase para cocinar, y el hijo, un osezno blanco, gordo y rubio, ensayaba de un lado a otro su infantil marcha de pato.

Tal fue el esfuerzo de la gente aquella, que al cabo de un mes tenían pozo, gallinero y rancho prontos aunque a éste faltaban aún las puertas. Después, el hombre ausentose por todo un día, volviendo al siguiente con ocho bueyes, y la chacra comenzó.

Las víboras, entretanto, no se decidían a irse de su paraje natal. Solían llegar hasta la linde del pasto carpido, y desde allí miraban la faena del matrimonio. Un atardecer en que la familia entera había ido a la chacra, las víboras, animadas por el silencio, se aventuraron a cruzar el peligroso páramo y entraron en el rancho. Recorriéronlo, con cauta curiosidad, restregando su piel áspera contra las paredes.


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2 págs. / 4 minutos / 466 visitas.

Publicado el 25 de octubre de 2020 por Edu Robsy.

William S. Stowell

Horacio Quiroga


Artículo, Crónica


A consecuencia de un desastre ferroviario, en el centro de África, ha fallecido este as cinematográfico, cuya larga y brillante actuación al lado de Dorothy Phillips, concluye con este acontecimiento.

Se conocen aún pocos detalles del siniestro; sólo se sabe en concreto que el tren chocó con un carro cruzado en la vía, y que Stowell permaneció veinticuatro horas en el lugar, sin asistencia alguna. Cuando fue recogido vivía aún; pero ya era tarde para salvarlo.


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2 págs. / 4 minutos / 2 visitas.

Publicado el 22 de septiembre de 2026 por Brian.

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