Textos más cortos de Horacio Quiroga que contienen 'u' | pág. 23

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La Industria Azucarera Del Bosque

Horacio Quiroga


Artículo, Crónica


En el bosque, y en la vida de obraje, el peón procura su azúcar de un modo tan elemental como rudo. Después de seis días de incesante trabajo de hacha, desde que el día aclara hasta que se pone el sol, cualquiera creería que el obrajero descansa el domingo. Hay quienes lo hacen así, y su descanso consiste en lavarse profundamente la cabeza, una y mil veces; peinarse, despeinarse, volverse a peinar, más aquella tarea poco habitual es complicadísima para él. Se afeita a veces, y en este quehacer que realza su propia hermosura, el peón ve llegar el mediodía.

Pero el mensú realmente trabajador, y que por razones del mismo esfuerzo gastado no se conforma con el lavado ni con el peine, se lanza al monte al amanecer, husmea aquí y allá, avanza con la vista fija en la cima de los árboles, hasta que descubre lo que quiere: una colmena de "uropa", como llaman ellos a la abeja europea. No siempre está seguro de su colmena; golpea entonces con su hacha el tronco del árbol suspecto, y aplica el oído a él: si el zumbido transmitido desde arriba le llega claro, echa entonces abajo el árbol, y con todas las precauciones del caso, se apodera de la miel, que llega a veces a decenas de kilos. Del total de kilos, 4 o 5 desaparecen inmediatamente en el estómago del mensú; el resto, en los días subsiguientes.


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Dominio público
3 págs. / 5 minutos / 5 visitas.

Publicado el 25 de julio de 2026 por Brian.

To Scalp

Horacio Quiroga


Artículo


Acontece a veces que un hombre perfectamente fresco de cuerpo sube al tranvía para hacer tres cuadras, porque lleva el alma muerta de fatiga. Podría marchar largas horas sin cansarse, pero no tiene ánimo para desearlo. Sabe que su punto de destino está a sólo cuatrocientos metros y ha tomado el tranvía.

No ha sufrido nuestro hombre en ese día disgustos mayores que los que depara el comercio de los hombres. Ni su labor habitual, ni las contrariedades, ni los desencuentros, ni las citas falsas, ni cada uno de los mil pequeños desengaños del hombre contemporáneo al concluir su diario aporte a la vida, han colmado su alma más de lo preciso.

Está enfermo tan sólo del momento actual. Sufre la profunda fatiga del hombre que afiliado a una carrera diaria que exigiera cuanto es y hay en él, hallará en la meta por constante y estéril premio a su esfuerzo, esta sola palabra: Civilización.


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Dominio público
3 págs. / 5 minutos / 5 visitas.

Publicado el 28 de julio de 2026 por Brian.

El Segundo Film Humano…

Horacio Quiroga


Artículo, Crónica


El Segundo Film Humano del Señor Griffith: Sonriamos a la Vida. —Cuando D. W. Griffith declaró que, sintiéndose muy cansado de las cintas de gran movimiento, iba a dedicar todas sus fuerzas al simple drama, más o menos trágico, pero encuadrado en la vida trivial, la expectativa fue muy viva en el mundo del cine. ¿Qué nos podía dar el celebrado director, él, que cuenta con los actores de más renombre y los más vastos recursos del studio?


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Dominio público
3 págs. / 5 minutos / 7 visitas.

Publicado el 22 de septiembre de 2026 por Brian.

El Gerente

Horacio Quiroga


Cuento


¡Preso y en vísperas de ser fusilado!... ¡Bah! Siento, sí, y me duele en el alma este estúpido desenlace; pero juro ante Dios que haría saltar de nuevo el coche si el gerente estuviese dentro. ¡Qué caída! Salió como de una honda de la plataforma y se estrelló contra la victoria. ¡Qué le costaba, digo yo, haber sido un poco más atento, nada más! Sobre todo, bien sabía que yo era algo más que un simple motorman, y esta sola consideración debiera haberle parecido de sobra.

Ya desde el primer día que entré noté que mi cara no le gustaba.

—¿Qué es usted? —me preguntó.

—Motorman —respondí sorprendido.

—No, no —agregó impaciente—, ya sé. Las tarjetas estas hablan de su instrucción: ¿qué es?

Le dije lo que era. Me examinó de nuevo, sobre todo mi ropa, bien vieja ya. Llamó al jefe de tráfico.

—Está bien; pase adentro y entérese.

¿Cómo es posible que desde ese día no le tuviera odio? ¡Mi ropa!... Pero tenía razón al fin y al cabo, y la vergüenza de mí mismo exageraba todavía esa falsa humillación.

Pasé el primer mes entregado a mi conmutador, lleno de una gran fiebre de trabajo, cuya inferioridad exaltaba mi propia honradez. Por eso estaba contento.

¡El gerente! Tengo todavía sus muecas en los ojos.

Una mañana a las 4 falté. Había pasado la noche enfermo, borracho, qué sé yo. Pero falté. A las 8, cuando fui llamado al escritorio, el gerente escribía: sintió bien que yo estaba allí, pero no hizo ningún movimiento. Al cabo de diez minutos me vio —¡cómo lo veo yo ahora!— y me reconoció.

—¿Qué desea? —comenzó extrañado. Pero tuvo vergüenza y continuó:— ¡Ah! sí, ya sé.

Bajó de nuevo la cabeza con sus cartas. Al rato me dijo tranquilamente:


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3 págs. / 5 minutos / 887 visitas.

Publicado el 27 de julio de 2016 por Edu Robsy.

Un Chantaje

Horacio Quiroga


Cuento


El diario iba tan mal que una mañana sus propietarios se reunieron en consejo, a fin de poner término a aquello. Los dueños eran también sus redactores, cosa bastante rara: cuatro muchachos sin rastros de escrúpulos, que habían obtenido a fuerza de elocuencia un capital de cien mil pesos, ahora en riesgo inminente de desaparecer.

La deuda —había pagarés de por medio— los inquietaba suficientemente. A pesar de esto no hallaron esa mañana nada que pudiera salvarlos, agotados ya como estaban los pequeños recursos lucrativos que ofrece un diario cuando sus redactores se deciden a ello. Resolvieron, sin embargo, sostenerse quince días más, mientras se buscaba desesperadamente de dónde asirse. Y de este modo, una mañana de ésas se presentó a la dirección un hombrecito cetrino, muy flaco, lentes con guarnición de acero y ropa negra, bastante sucia; pero muy consciente de sí todo él.

—Tengo una idea para levantar un diario; deseo venderla.

Los muchachos, muy sorprendidos, miraron atentamente al sujeto.

—¿Una idea?

—Sí, señor; una idea.

—¿Utilizable enseguida?

—Hoy mismo; mañana se obtendrá el resultado.

—¿Qué resultado?

—Cien mil pesos, fácilmente.

Esta vez los ocho ojos se clavaron en el hombrecito. Éste, después de mirarlos a su vez tranquilamente, púsose a observar los mapas que colgaban de las paredes, como si se tratara de todo el mundo menos de él.

—En fin, si nos quisiera indicar…

—Con mucho gusto. Solamente desearía antes un pequeño contrato.

—¿Contrato?…

—Sí, señor. Ustedes se comprometerían a no utilizar mi idea, si no les conviniera.

—¿Y si nos conviene?

—Mil pesos.


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Publicado el 25 de octubre de 2020 por Edu Robsy.

El Culto Colonial

Horacio Quiroga


Artículo


Muchísimo más que por su porvenir, los pueblos muy jóvenes se preocupan de su pasado. Sin historia aun, a cuyo favor los viejos pueblos, acumulando sus elementos y condiciones de vida más persistentes, han construido lo que se llama tradición, los pueblos nuevos se apresuran a crear una con todo lo escasísimo que sostuvo su próximo ayer.

Es en el arte, en particular, donde se manifiesta ese frenesí por la tradición, fuente perenne de belleza, al decir de sus cultores. Lo verdaderamente noble, hermoso y puro radica y debe beberse en nuestro pasado.

Pero un estilo de fortuna, una modalidad del ambiente, un recurso de vida precaria, no son necesariamente bellos y nobles por la sola circunstancia de haber sido. Cuando no se posee abuelos heroicos, los padres devienen forzosamente héroes. Cuando un pueblo no ha vivido bastante, conglomera sus elementos no siempre limpios de ayer, y rinde entonces culto a esos pobres despojos con el nombre de tradición.


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3 págs. / 5 minutos / 8 visitas.

Publicado el 29 de julio de 2026 por Brian.

El Porvenir Del Cine…

Horacio Quiroga


Artículo, Crónica


El Porvenir del Cine. —¿Melodrama? —¿Aventuras de Viaje? —¿Piezas Sociales? —En el número anterior hicimos un esfuerzo en pro de la instrucción por medio del cine, bajo el patronato de tres altas personalidades de Francia: Deschanel, Viviani y Bérgerat. Hoy dejaremos la palabra al señor Diamant-Berger, intelectual que ha estudiado detenidamente el cinematógrafo en todas sus manifestaciones.


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3 págs. / 5 minutos / 3 visitas.

Publicado el 22 de septiembre de 2026 por Brian.

Episodio

Horacio Quiroga


Cuento, Horror


Tuve un amigo cuyo recuerdo cada vez que ese episodio de mi vida sube a la memoria pone en mis nervios un largo escalofrío de miedo y espanto. Nunca he podido borrarle; en las noches de duelo, sobre todo, cuando un ruido silencioso nos despierta con sobresalto, y una indefinible angustia nos contrae la garganta en la terrible seguridad de que alguien se desliza por el cuarto sin que sintamos cuando está al lado nuestro, viene ese hecho á erizar mis cabellos, á pesar de que hace mucho tiempo que acaeció

Un año entero tuve amistad con él; y las extrañas circunstancias que acompañaron a nuestras relaciones podrán tal vez no ser creídas; pero esos súbitos espantos, esos hilarantes cambios de pesadilla en los que una carcajada tiene el timbre del más alto erizamiento interior y la encogida fijeza de una mirada puede torcer horriblemente nuestro cuerpo, son indiscutibles, tan indiscutibles, que durante doce meses mi carne tuvo el frío esponjado y contráctil de una larva presta a transformarse.

Era pequeño y desmesuradamente flaco. Sus manos largas, muy largas, tenían un afilamiento de zarpa suave y silenciosa que llevaba siempre replegadas, casi ocultas por las mangas del saco, siempre creí que si aquellas manos se posaban sobre mi cuello, me helarían poco á poco en un lento sudor de asfixia.

Nuestros comunes paseos nos unieron en una intimidad completamente objetiva. Nada sabía de su pasado ni de la estructura de su modo de, ser: gustábamos de estar juntos, simplemente; y sin conocer uno y otro lo que había más allá de una muda contemplación, íbamos, cuando las mojadas tardes de invierno tiritaban en los campos helados, a detenernos absortos ante los paisajes doblegados


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Publicado el 7 de julio de 2026 por Brian.

Nacionalismo Imperial

Horacio Quiroga


Artículo


Durante algún tiempo se nos aseguró que el nacionalismo consistía en la religión de lo autóctono —costumbres, virtudes y herencias nativas— cuyo culto, infiltrándose hasta hacerse sangre en las generaciones, debía imprimir a la nación un carácter netamente individual.

Tal aspiración, que exaltaba a la par todo lo nativo o colonial, bueno o malo, con el fin exclusivo de hacernos una tradición, respondía, en suma, a un noble impulso; un poco vano, tal vez, como el del hombre que al formarse persistiera en desarrollar a toda costa las vagas o precarias modalidades que poseyó de niño.


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Dominio público
3 págs. / 5 minutos / 6 visitas.

Publicado el 28 de julio de 2026 por Brian.

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