Textos peor valorados de Horacio Quiroga que contienen 'u' | pág. 10

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Un Simple Antojo

Horacio Quiroga


Cuento


Quiero dejar constancia en estas líneas de los agravios que tengo contra el Banco de la Nación Argentina.

Yo era hasta muy poco tiempo un hombre feliz, cuanto se puede serlo con un buen apetito y una mujer sin mayores caprichos. Hoy tengo un géiser en vez de estómago, y ella, mi mujer, tiene una idea fija. Además, está encinta. No creo que se necesite más.

Véase ahora la obra torturadora, maquiavélica del Banco de la Nación Argentina. Un buen día me dijeron:

─¿No le convendría un buen empleo en el Banco de la Nación? No le vendría mal, yo creo... Fuera de que los empleados de banco son muy bien vistos.

Que me viniera bien, está fuera de duda. Pero lo de ser empleado bien visto, me fue particularmente agradable. Y parece que así es, en efecto.

Acepté el empleo. Hace de esto dos años. Recuerdo muy bien la mirada de ternura con que me acogieron mis compañeros el primer día.

─¿Usted es huérfano de padre y madre, señor? ─me preguntó uno de ellos.

─Sí... más o menos... ─le respondí, no sabiendo adónde iba el muchacho.

─¡Oh, no es nada! ─agregó con una plácida sonrisa─. El banco es nuestro padre.

─Sí ─apoyaron tiernos los demás─. Él es nuestro padre.

En efecto, a los pocos días me daba cuenta de cuán hondo y estrecho es este lazo de familia. Éramos entonces 1.050 o 1.100 empleados. Ahora apenas alcanzamos a 1.000. Y el banco es el padre de todos nosotros.

Véase: cuando un muchacho ha cumplido los veintidós años, y comete una absurda tontería con una muchacha de también veintidós años, no se cree obligado sino a dos cosas: a dar cuenta del fenómeno a la propia conciencia, o al padre de la muchacha. Nada más, y esto es ya bastante trabajo.

Pero aquí está el error. Puede muy bien pensar así un muchacho libre o huérfano de padres; pero jamás un empleado del Banco de la Nación. Porque el presidente del banco nos llama entonces y nos dice:


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Publicado el 29 de enero de 2026 por Edu Robsy.

Las Mujercitas

Horacio Quiroga


Cuento


Por ejemplo, mi chica mayor, de cinco años, se entretuvo toda la tarde de ayer en remover los cajones del fondo, martirizando a un sapo. Sí, señora, mi mujer dice igualmente que ése es un juego, y a ella también le parece mentira lo que digo. Está convencida de que yo calumnio a mis hijos, y de que pocas veces se habrá visto un hombre más injusto que yo. Recuerde, sin embargo, la mínima parte de sus cosas. Hasta podría hacerse en cuentitos. Vea, por ejemplo:

El nene recibe un paquete, y toda la gracia del regalo está en la sonrisita y la mirada que aquél deja caer sobre su hermano. ¡Pero qué sonrisa! Sobre todo, si la criatura desprovista expresa en gimoteos su desamparo. Por mi parte, no he visto en hombre alguno una expresión de más vil goce torturante que la de esa monadas de tres años.

Sigue el mismo caso. El nene se cansó del juguete; evidentemente no le interesa más. Pero la gracia está aquí en alejarse a la distraída del chiche, para detenerse a diez pasos y recuperar la feroz sonrisilla ante el otro pequeño, que creyendo llegado el momento de disfrutar de su parte de goce en esta vida, se encamina con paso inseguro al juguete abandonado. Nuestro héroe salta entonces hasta el chiche y pone sus manos encima.

─¡No, es mío! ─grita triunfal.

En estos dos lances, sobre todo, es preciso ver a las mujercitas.

Otro ejemplo. El nene está en cama, indispuesto, y su hermanita, recorriendo gozosa la pieza de un lado al otro, no se cansa de repetir:

─El nene no se va a levantar, ¿no, mamá?

Presenta otro aspecto. Esta vez es la nena quien recibe en su sombrerito un moño nuevo. Para que el moño ese sea un adorno de real mérito, es indispensable que el nene continúe con su moño viejo:

─El nene no tiene, ¿verdad, mamá?


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Dominio público
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Publicado el 29 de enero de 2026 por Edu Robsy.

Tierra Elegida

Horacio Quiroga


Cuento


Llegó otra vez otro individuo ardiendo de fiebre agrícola. Ya desde su primer paso en la zona mostró su vena bajándose a recoger una mota roja.

─Excelente tierra ─dijo─. Todo el hierro necesario para el tabaco y el café. En Cuba y San Pablo la tenemos igual.

─¿Es usted español? ─le preguntamos.

─¿Yo? Ni por asomo ─repuso─. Y menos brasileño. Digo «tenemos» en representación de la especie a la que pertenezco. Soy plantador, hijo de la tierra, y nada más. A ella volvemos a la postre, con semillas o con los huesos. ¿Hace mucho que se cultiva yerba aquí?

─Bastante ─respondimos─. Treinta años más o menos.

─Es lo que me han dicho. El Ministerio de Agricultura no escatima incienso a su cultivo. Y hace bien. Yo soy de los que han sentido germinar la semilla del entusiasmo. Devolveré semilla por semilla plantando yerba mate, y quedaremos en paz. Toma y daca.

Dicho lo cual, el plantador desapareció de nuestra vista y del lugar mismo.

Bastante tiempo después supimos de su suerte. En aquel lapso había buscado, examinado y escudriñado como con lupa, las mejores tierras de la región. Sondeó el suelo no sé hasta qué profundidad, huyó como de la peste de los subsuelos de meláfiro demasiado próximos a la superficie, y con mucha mayor razón de los de arenisca. Se cercioró, brújula en mano, de la orientación de las laderas, se informó a conciencia de las bajas extremas de temperatura, y no de la zona general sino de las parcelas elegidas, y esto con todas las razones del mundo, pues nadie ignora que el clima de este país está, respecto a heladas, más cargado de sorpresas que de tormentas.


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4 págs. / 8 minutos / 34 visitas.

Publicado el 13 de febrero de 2026 por Edu Robsy.

La Capa Escarlata

Horacio Quiroga


Cuento


─Ten mucho cuidado con el color rojo ─había recomendado la vaca a su tierno becerro de lidia destinado un día a sucumbir en la plaza de toros─. Cierra los ojos, vuelve la cabeza, no des un paso más apenas una tenue mancha de sangre comience a invadir el color que miras. Nuestra raza no tiene sino un punto débil pero que pesa sobre nuestra destino como una tremenda fatalidad: la atracción aguda, feroz e indomable por el color rojo. Cierra los ojos ante él, no mires, destrózate las pupilas si es preciso, pues más fatal que la Medusa para los hombres, él enciende el llamaradas de locura nuestra pasión atávica. Cuídate, hijo mío, del trapo rojo.

Con los años, el tierno becerro de lidia, hoy toro de flava melena, no ha olvidado el consejo materno. Pero llegado el instante de prueba, en vez de cerrar los ojos los abre a la súbita, sangrienta pasión que desde el fondo de la raza la lanza enloquecido sobre el manto escarlata.

Como este toro, todas las bestias de lidia han sucumbido en la arena de la plaza, víctimas de su pasión, a pesar de las prevenciones maternales. Mas éstas no se pierden. Empapadas en angustia en un principio, pesan luego cargadas de rencor sobre el destino del hombre, el explotador triunfante de aquel ananké.

─¡Ojalá ─clama la voz─ tu propia raza sufra un día de la pasión mortal que diezma a la nuestra! ¡Quiera el cielo que el color rojo enceguezca también al más tímido de tus hijos, y que a la vista, no sólo de un rojo manto de lidia sino de un inocuo anuncio, del más inocente cartel callejero estampado en tinta de aquel color, pierdas el color y te encarcelen por mirarlo!

Voto éste que parece por fin cumplirse en una localidad europea.


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Publicado el 14 de febrero de 2026 por Edu Robsy.

Religiosa

Horacio Quiroga


Cuento


Religiosa

Concluye la tarde de un día de agosto. El crepúsculo ha caído como una pulverización cenicienta, llena de tedio y de meditaciones ocultas. El día galopa hacia el Occidente, dejando en las nubes las manchas sangrientas de su agonía, como el rastro hemorrágico y ardiente de un Pegaso herido, huyendo de la derrota.

Las líneas se esfuman como una pincelada inconsciente; y los cantos del alma, profanados por un nocturno aroma de pecado, suben acre y misteriosamente, como las confesiones purpúreas de una noche nupcial.

Queda en el aire un rumor sombrío, cargado de presagios y de acusaciones; un estéril perfume de celda monacal, un protestante clamor de novicias erróneamente profesadas. Y el luto de las noches australes, opacamente cóncavo, emboza el foco de los contornos


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Publicado el 25 de junio de 2026 por Brian.

Laplace Y Biot

Horacio Quiroga


Crónica, Artículo


Cuando Laplace, creador de la teoría de la formación de los mundos por la nebulosa original, gozaba ampliamente de la fama a que su gente le hacía acreedor, fue solicitado por sus colegas del Instituto de Francia para dictaminar sobre cierta memoria que un joven poco menos que desconocido había leído en el Instituto.

Versaba aquélla sobre cuestiones astronómicas: sabíase que su autor se llamaba Juan Bautista Biot, y que era aficionado a la geometría; pero de su penetración, de su ánimo esforzado, de su entusiasmo, se ignoraba todo.

Ahora bien, esta penetración y este entusiasmo encantaron al gran Laplace. El Joven estudiante presentaba una serie de problemas de orden superior, que llamaríamos "Integración de las ecuaciones en las diferencias parciales". Lo que es más feliz todavía, presentaba también las soluciones de dichos problemas, con lo que se venía a descubrir y demostrar una nueva ley astronómica.


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Publicado el 13 de julio de 2026 por Brian.

La Jornada Del Marañon

Horacio Quiroga


Crónica, Artículo


Suele llamarse así a la gran expedición organizada por el virrey del Perú en 1559, con el objeto de descubrir Eldorado. Lanzada esta expedición desde las fuentes mismas, podría decirse, del Amazonas, descendió por él cinco mil kilómetros hasta su desembocadura, tras una serie de infortunios superiores a los sobrellevados quince años antes por él mismo Orellana, explorador del gran río.

Componían esta expedición 350 españoles, la mitad de ellos aventureros de la peor especie: pero con sus mancebas negras e indias, y sus esclavos indios y negros, alcanzaban todos a mil. Cuéntense además 300 caballos, y armas y pertrechos de guerra en gran cantidad.

En la misma orilla del Marañón construyeron doce grandes buques; pero por deficiencias de los astilleros, sólo flotaron en el agua dos bergantines. Con la clavazón y hierros de los demás se fabricaron dos grandes chatas y doscientas balsas. Y en esta lamentable flota se lanzaron los marañones a la conquista de Eldorado, al mando del capitán general don Pedro de Orsúa el 26 de septiembre de 1560.


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Publicado el 13 de julio de 2026 por Brian.

La Retórica del Cuento

Horacio Quiroga


Ensayo, artículo


En estas mismas columnas, solicitado cierta vez por algunos amigos de la infancia que deseaban escribir cuentos sin las dificultades inherentes por común a su composición, expuse unas cuantas reglas y trucos, que, por haberme servido satisfactoriamente en más de una ocasión, sospeché podrían prestar servicios de verdad a aquellos amigos de la niñez.

Animado por el silencio —en literatura el silencio es siempre animador— en que había caído mi elemental anagnosia del oficio, completéla con una nueva serie de trucos eficaces y seguros, convencido de que uno por lo menos de los infinitos aspirantes al arte de escribir, debía de estar gestando en las sombras un cuento revelador.

Ha pasado el tiempo. Ignoro todavía si mis normas literarias prestaron servicios. Una y otra serie de trucos anotados con más humor que solemnidad llevaban el título común de Manual del perfecto cuentista.

Hoy se me solicita de nuevo, pero esta vez con mucha más seriedad que buen humor. Se me pide primeramente una declaración firme y explícita acerca del cuento. Y luego, una fórmula eficaz para evitar precisamente escribirlos en la forma ya desusada que con tan pobre éxito absorbió nuestras viejas horas.

Como se ve, cuanto era de desenfadada y segura mi posición al divulgar los trucos del perfecto cuentista, es de inestable mi situación presente. Cuanto sabía yo del cuento era un error. Mi conocimiento indudable del oficio, mis pequeñas trampas más o menos claras, sólo han servido para colocarme de pie, desnudo y aterido como una criatura, ante la gesta de una nueva retórica del cuento que nos debe amamantar.


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Publicado el 8 de mayo de 2026 por Edu Robsy.

Los Cartagineses De Eldorado

Horacio Quiroga


Crónica, Artículo


En los grandes momentos de acción de los pueblos, el heroísmo no recluta exclusivamente sus elegidos entre los hombres de energías probadas. Roma nos ofrece uno de los casos más singulares de la historia en la persona de Lúculo, quien dejando un día sus festines de vago político y ocioso magnate, y sin más preparación guerrera que la lectura apresurada de "La Retirada De Los Diez Mil" durante el viaje por mar a Asia, emprende en los confines de la vasta república, una de las campañas más duras y admirables del mundo antiguo.

España, en el transcurso del siglo XVI, lanza a la conquista sus grandes fuerzas de acción, encarnadas en sus capitanes de vasto renombre. Pero no todos eran militares aventureros.


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Publicado el 13 de julio de 2026 por Brian.

Agosto De 1868

Horacio Quiroga


Crónica, Artículo


He aquí, pues, que ignoramos su nombre. Sabemos sólo que era muy joven y que poseía una cultura extraordinaria para su edad. Vivía en Estados Unidos, en la localidad de Capron, en el Illinois. Y a aquella tierna edad descubrió un día que no valía la pena vivir.

Cuando este hombre llegó a interpretar así su destino, no había obtenido de la vida sino favores —si por tales pueden considerarse una salud robusta, una juventud ardiente, una inteligencia sin par. No era un fracasado, ni un amargado, ni siquiera un descreído. Creía, antes bien, y con una exaltación de que luego dio pruebas, en la divinización del hombre por la inteligencia.

El día —decía— en que el hombre comprenda su destino, habrá dejado de existir.


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Publicado el 13 de julio de 2026 por Brian.

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