Cartas de un cazador
Cartas de un cazador de fieras en que relata sus aventuras
Las historias que aquí se van a contar son el relato de las cacerías
de animales salvajes que efectuó un hombre con gran peligro de su vida, y
que regresó por fin a Buenos Aires con el pecho y la espalda blancos de
cicatrices, bien que tuviera la piel muy quemada por el sol.
Este hombre recorrió las grandes selvas cazando; y para contar las
fieras, cocodrilos y monstruosas serpientes que mató habría que comenzar
varias veces la cuenta desde el dedo pulgar.
Gastó también mucho dinero en armas y balas, porque los fusiles
capaces de desplomar de un solo tiro a un elefante cuestan centenares de
pesos. Y estuvo a punto de morir siete veces, y en gran peligro
muchísimas más.
Pero este hombre tenía una salud de hierro y un valor sereno y frío,
no loco valor de león, sino valor de hombre que sabe a lo que se expone,
lo que vale mucho más. Con la vida activa y la frugalidad de su comida,
pues, se salvo de las fiebres mortales y las heridas.
Para comprar las armas y las municiones vendía las pieles de los
animales cazados, y aun otros productos de gran valor en las ciudades,
como colmillos de elefantes, dientes de hipopótamo, cueros de monos del
África y plumas de pájaros de la Oceanía.
Este hombre se llamaba... Pero su nombre no hace al caso, y por esto
no daremos más que sus iniciales. Éstas eran D.D. Mas sus hermanitos lo
llamaban Dum-Dum, exactamente como las terribles balas de ese nombre
para cazar fieras. (En algunas partes se han cazado también hombres con
estas balas.)
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