Textos más vistos de Horacio Quiroga disponibles | pág. 22

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autor: Horacio Quiroga textos disponibles


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Cuadrivio Laico

Horacio Quiroga


Cuento


Navidad

Los Reyes Magos, después de consultar a Herodes, partieron de Jerusalén. La estrella divina que antes les había guiado y que habían perdido reapareció hacia el sur, descendiendo al fin sobre el techo de una humilde posada, donde acababa de nacer Jesús.

Los viejos monarcas lo adoraron parte de la noche, retirándose temprano, pues al alba debían partir para Jerusalén a avisar a Herodes; pero en un nuevo sueño unánime fueron advertidos de que no lo hicieran así.

Cambiaron en consecuencia de dirección y nunca se volvió a saber de ellos.

Cuando después de muchos días de espera Herodes se vio engañado por los viejos árabes, entró en gran furor y ordenó que se degollara a todos los niños menores de dos años de Bethlehem y sus alrededores.

Militaba por entonces en la segunda decuria de la guardia de Herodes un soldado romano, llamado Quinto Arsaces Tritíceo, parto de origen y hombre de carácter decidido y franco. Durante su estación en la triste Judea había depositado su amor en una joven betlehemita de nítida belleza, tan sencilla de corazón que jamás había soñado más horizonte para su hermosura que el homenaje del sincero soldado.

Salomé —llamábase así— vivía en Bethlehem con sus padres, y dos veces por semana llevaba a la capital los frutos varios de su huerta. A su regreso, en las claras noches de luna, Arsaces solía acompañarla, con su espada corta y su jabalina.

En una de esas noches, al despedirse, Arsaces le dijo estas palabras:

—Dime: ¿no has oído hablar en Bethlehem de tres viejos árabes que estuvieron sólo una noche allí?

—No, ¿por qué?

—Por esto: Galba, nuestro decurión, nos ha dicho ayer que El Idumeo esperó ansiosamente a tres árabes o caldeos que fueron a Bethlehem, hace ya bastante tiempo. No sé en verdad qué clase de inquietud es la suya; pero Galba teme algún nuevo despropósito de Herodes.


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Dominio público
11 págs. / 20 minutos / 115 visitas.

Publicado el 25 de octubre de 2020 por Edu Robsy.

Cuatro Literatos

Horacio Quiroga


Cuento


Los vapores que navegan en el Alto Paraná desde Posadas á Puerto Alica, término forzoso de la derrota, llevan casi siempre a proa treinta ó cuarenta peones de obraje y un número menor de mulas, todo suficientemente mezclado. En el grupo, algunas vacas que suelen escaparse, derivando leguas enteras.

Hay luego peces que tienen las desviada habilidad de saltar a las chalanas que remolca el vapor, correspondencia arrojada al agua en botellas, capataces de monte que han aprendido de algún inglés eternamente civilizado á amar el whisky, y muchas cosas más.


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Dominio público
3 págs. / 5 minutos / 11 visitas.

Publicado el 7 de julio de 2026 por Brian.

Cuentos Dispersos

Horacio Quiroga


Cuentos, Colección


El gerente

¡Preso y en vísperas de ser fusilado!… ¡Bah! Siento, sí, y me duele en el alma este estúpido desenlace; pero juro ante Dios que haría saltar de nuevo el coche si el gerente estuviese dentro. ¡Qué caída! Salió como de una honda de la plataforma y se estrelló contra la victoria. ¡Qué le costaba, digo yo, haber sido un poco más atento, nada más! Sobre todo, bien sabía que yo era algo más que un simple motorman, y esta sola consideración debiera haberle parecido de sobra.

Ya desde el primer día que entré noté que mi cara no le gustaba.

—¿Qué es usted? —me preguntó.

—Motorman —respondí sorprendido.

—No, no —agregó impaciente—, ya sé. Las tarjetas estas hablan de su instrucción: ¿qué es?

Le dije lo que era. Me examinó de nuevo, sobre todo mi ropa, bien vieja ya. Llamó al jefe de tráfico.

—Está bien; pase adentro y entérese.

¿Cómo es posible que desde ese día no le tuviera odio? ¡Mi ropa!… Pero tenía razón al fin y al cabo, y la vergüenza de mí mismo exageraba todavía esa falsa humillación.

Pasé el primer mes entregado a mi conmutador, lleno de una gran fiebre de trabajo, cuya inferioridad exaltaba mi propia honradez. Por eso estaba contento.

¡El gerente! Tengo todavía sus muecas en los ojos.

Una mañana a las 4 falté. Había pasado la noche enfermo, borracho, qué sé yo. Pero falté. A las 8, cuando fui llamado al escritorio, el gerente escribía: sintió bien que yo estaba allí, pero no hizo ningún movimiento. Al cabo de diez minutos me vio —¡cómo lo veo yo ahora!— y me reconoció.

—¿Qué desea? —comenzó extrañado. Pero tuvo vergüenza y continuó—: ¡Ah!, sí, ya sé.

Bajó de nuevo la cabeza con sus cartas. Al rato me dijo tranquilamente:

—Merece una suspensión; pero como no nos gustan empleados como usted venga a las diez. Puede irse.


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Dominio público
150 págs. / 4 horas, 23 minutos / 644 visitas.

Publicado el 21 de octubre de 2017 por Edu Robsy.

De La Vida De Nuestros Animales

Horacio Quiroga


Cuento, Coleccion, Crónica, Artículo



La Yararacusú


Si se exceptúa a algunas pequeñas y torpes víboras de coral, la totalidad de nuestras serpientes venenosas son yararás. Puédese casi asegurar a ciencia cierta que todo hombre o animal doméstico o salvaje muerto por una víbora, ha sido mordido por una yarará.

Estas víboras pertenecen a ocho o diez especies distintas, pero sumamente parecidas entre sí. Tan vivo es el parentesco, que apenas algunas especies se diferencian del resto de la familia por dos o tres caracteres sensibles.

En la Argentina, la yararacusú goza en primer término de este privilegio, por ser la más grande, la más fuerte, la más hermosa y la más mortífera de todas las primas hermanas. Merece, pues, ser considerada la reina de nuestras víboras.


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Dominio público
71 págs. / 2 horas, 5 minutos / 28 visitas.

Publicado el 7 de junio de 2026 por Brian.

De Sport

Horacio Quiroga


Artículo, Crónica


Una de las características del siglo que va a morir es la adquisición de velocidades anormales.

En primer término la electricidad. Sus nervios —formando con la tierra un carrete alrededor del cual se arrollaran 11 veces— transmitirían la sensación en un segundo. Hiperestesia formidable, cuyo secreto es una insignificante reacción química, y cuya trascendencia pone, en una hora, la misma impresión en los cinco continentes.

Luego las locomotoras, las torpederas, los trasatlánticos, todos los medios de locomoción que elaboran en su vientre de acero digestiones de kilowatts, y cuyo esfuerzo vital arrastra por las tierras y por las aguas, masas de progreso o de destrucción.

Si extraña ese prodigio en las enormes maquinarias de movilidad, llenas de calderas, émbolos, bielas, bombas, trasmisiones —heroica musculatura pulida y engrasada— no sorprende, sin embargo.


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Dominio público
2 págs. / 3 minutos / 9 visitas.

Publicado el 23 de julio de 2026 por Brian.

Donde La Fuerza Es Ley…

Horacio Quiroga


Artículo, Crónica


Donde la Fuerza es Ley. Jack Richardson. —Este film nos venía siendo anunciado desde hace tiempo, y aunque su título nos adelantara el ambiente de la pieza, pues no podía tratarse sino de los territorios de Estados Unidos, teníamos una cierta esperanza de ver algo nuevo. Ahora bien, para dar una nota original en un tema poco menos que gastado, se requiere una singular potencia de drama, ya que el ambiente y sus tipos no nos reservan casi sorpresa alguna. Donde la fuerza es ley no es ni mejor ni peor que la mayoría de las cintas congéneres, en cuanto al drama en sí. Resulta en cambio bastante buena, gracias a la dirección de escena. Ignoramos en un todo quién sea su director; pero tiene muy agudo el sentido de la emoción cinematográfica.


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Dominio público
2 págs. / 4 minutos / 3 visitas.

Publicado el 22 de septiembre de 2026 por Brian.

El Caballero Tenía La Barba Azul

Horacio Quiroga


Poema


Y así que el fuego hubo devorado completamente

la madera, y la alta pira se convirtió en carbón, como

un muñeco sin igual vestido con modas femeninas, cayó

el noble señor al suelo.


Venía de los próximos huertos un apacible olor de

cereza; quedos ruiseñores hablaban en los setos de una


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Dominio público
1 pág. / 1 minuto / 3 visitas.

Publicado el 21 de septiembre de 2026 por Brian.

El Cine Educativo…

Horacio Quiroga


Artículo, Crónica


El cine Educativo. Patagonia. —Esta vez no es un drama lo que nos ofrece la cinematografía nacional, sino una cinta descriptiva de las bellezas naturales del sur. 

En igual carácter y forma hemos visto ya el Iguazú y la región de las Orcadas, editadas por la misma casa, Valle, que acaba de lanzar Patagonia. 

Estas cintas tienen o pueden tener una misión instructiva de alto vuelo. Aportan a la enseñanza, y en este caso particular al conocimiento de la geografía física, elementos vivos de primer orden. No todos sabemos qué clase de árboles crían Misiones y la Patagonia, ni qué aspectos ofrecen una catarata célebre, una región de lagos o de riquezas mineras —a pesar de ser las tres cosas tema de diaria unción. 


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Dominio público
4 págs. / 7 minutos / 3 visitas.

Publicado el 20 de septiembre de 2026 por Brian.

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