Textos más populares esta semana de Horacio Quiroga publicados por Brian que contienen 'u' | pág. 15

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El Despertar

Horacio Quiroga


Artículo


Recuerdo perfectamente la impresión que sufrí al tener una tarde por delante las frentes despejadas y la mirada de fuego de cuatro muchachos que anunciaban la aparición de un nuevo órgano universitario —sumamente curioso esta vez: Insurrexit. Fluía de aquellos cuatro muchachos, y no gota a gota sino a chorros, tal cantidad de indignado amor, tal generoso entusiasmo, que el que los oía se puso a pensar en el extraño dios que se apiadaba al cabo del honor de los jóvenes argentinos, cuando le permitía a aquel por fin inundar de roja y pura sangre el muerto corazón de los estudiantes universitarios. 

Porque, en efecto, nada más triste nos ha sido en los últimos diez años —diez siglos— que ver la indiferencia, la sequedad y la estrechez mental de nuestra lírica flor de sangre; de nuestra juventud universitaria cuya única preocupación consistió, a raíz del desastre moral que nos legó la guerra —con las bellas e inteligentes cabezas caídas hacia el corazón— en pulir, bruñir y esmaltarse las uñas. 


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Publicado el 28 de julio de 2026 por Brian.

La Chusma

Horacio Quiroga


Artículo, Cuento


Dios llamó a San Pedro y le dijo:

—No sé lo que pasa en el infierno. Deben de haberse vuelto locos allá. En todos los sectores no se habla ni se discute de otra cosa que de la chusma. Es un clamor que no cesa noche y día; el mismo Luzbel no sabe ya qué hacerse. Haz un rincón donde puedas y ubícame en él a todos los individuos de esa categoría. Así quedaremos tranquilos.

Buscando bien San Pedro halló el rincón deseado y abrió su recinto a la chusma de todas las especies y edades. La algarabía que se levantó allí fue espantosa, pues al fin se hallaba toda la chusma junta. Pero la nota llegó al verdadero escándalo cuando hizo su entrada en tropel la chusma democrática.


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Publicado el 28 de julio de 2026 por Brian.

La Intervención De Los Espíritus Y La Caja De Fósforos

Horacio Quiroga


Artículo, Crónica, Cuento


Las últimas manifestaciones espiritistas de Conan Doyle, y su certeza de comunicarse más allá de la vida con su colega Houdini, han vuelto a inquietar a todos los innumerables doloridos de este mundo que con mayor o menor fe sueñan o confían en reanudar, a través de la muerte, una felicidad trunca.

Cabe ante el renovado fenómeno sorprenderse una vez más de la resistencia que el hombre opone a desaparecer totalmente de un escenario frío, insensible y duro, en el que apareció cuando su turno en la caravana fue llegado, y donde se desarrolló, actuó, se encogió y murió, sin llegar a tener nunca conciencia del por qué de este surgir y desaparecer en lo que media de un segundo a otro del universo, y sin conocer otra cosa de su destino que la fatal brevedad en cumplirlo.

Puede el hombre convivir años enteros con los astros; puede prescindir de su yo ante descubrimientos de divina exaltación: pero ante la idea de su muerte personal, circunscrita a sí mismo, el hombre, con una terquedad heredada a través de las edades de la amonita primaria, se agita y se revuelve ante ese anonadamiento.


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Publicado el 29 de julio de 2026 por Brian.

El Urutaú

Horacio Quiroga


Cuento, Crónica, Artículo


Cierta vez tuvimos en casa un muchacho de doce a trece años, cuyo principal quehacer consistía en revisar todas las mañanas las trampas que la tarde anterior habíamos dispuesto en el monte. El muchacho era muy listo, nativo del mismo bosque, y escolar número uno de su grado. Estábamos entonces en vacaciones. El chico se levantaba, obscuro todavía, y volvía del monte a las ocho de la mañana con los informes del caso acerca de nuestras trampas. Cuatro o cinco horas empleadas en la inspección sobrepasaban en mucho, sin embargo, el tiempo que ésta requería. Como le preguntara por consiguiente qué le retenía tanto en el monte, el chico me respondió, con vanidad halagadísima:

—Estaba haciendo una composición sobre la Naturaleza...

Recordé entonces que el muchacho gozaba fama por sus composiciones que le prometían, —al decir de sus maestros,— gran porvenir literario. Pedíle su composición, que comenzaba más o menos en estos términos:


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Publicado el 28 de julio de 2026 por Brian.

El Yaciyateré

Horacio Quiroga


Cuento, Artículo, Crónica


Yo no logré nunca ver un yaciyateré. Oí su canto en la noche, pero no vi sus bucles de oro ni su bastón, ni le vi robar a las criaturas, para abandonarlas luego enloquecidas por su contacto.

Corre por todo Corrientes, Chaco y Misiones, la leyenda de este singular duende de aspecto pueril que aterroriza con su canto en las altas horas mudas, y a quien se inculpa el ciento por ciento de las meningitis infantiles.

Durante el día, es un pájaro. Como tal, un hombre me dice haberlo entrevisto dormitando en lo más denso del follaje. Tendría, según él, el aspecto de un mirlo delgado. Y el plumaje uniformemente gris. Nada más sé del yaciyateré.

Pero conozco su voz. Y ella constituye la nota más tierna, honda y poética de todo el bosque.

En lo más crudo del día estival, ningún sonido, ningún grito descuella en el ambiente: todos se funden en el rumor monótono, zumante y tenaz de las largas horas de fuego.

Al declinar el sol, los zorzales reviven, y su flauteo, un poco desafinado y a contratiempo, anuncia ya la próxima frescura. Nuevas voces se agregan a aquél, y la noche comienza a cerrar, en un decreciente piar de pajarillos.

Luego, nada. Desde el fondo de los valles húmedos de la selva, comienza a media noche a ascender, vaguísima neblina. Horas después, el país entero, doblegado por doce horas de atroz calor, yace cubierto por fresquísimo manto de rocío.

La dicha es demasiado grande para que se permita gozar de ella con los ojos abiertos. El bosque duerme: pájaros, flores, anchas hojas por fin eréctiles de rocío, sueñan en paz.

Pero he aquí que del fondo de esa gran felicidad dormida, se levanta un canto apenas sensible. No posee ese canto gorjeos ni trisos. Es sólo un silbido tímido, un hilo de voz excesivamente dulce que no consta sino de cinco notas, y cuatro de ellas repetidas. Más la poesía silbada en esa desfallecida voz, no se la vuelve a hallar en canto alguno de pájaro.


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Publicado el 28 de julio de 2026 por Brian.

La Ñacaniná

Horacio Quiroga


Cuento, Crónica, Artículo


Un hombre, cuya veracidad es para mí el Evangelio, me contó una vez que habiendo encontrado en un naranjal de Misiones una ñacaniná, le tiró, como por broma, una naranja desde diez metros de distancia. La culebra se había vuelto hacia él, observándolo. Como el hombre insistiera con otra naranja, la ñacaniná lo había atacado. Ni el hombre ni yo sabemos nada del carácter de este ataque, pues aquél huyó sin volverse a ver si le seguían. Cuánto puede haber durado la persecución, si llegó a haberla, lo ignora el hombre. 


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Publicado el 28 de julio de 2026 por Brian.

La Ura

Horacio Quiroga


Cuento, Crónica, Artículo


Suele acontecer que una criatura se duerma, a la siesta, con la boca abierta. Días después, prorrumpe en un agudo grito de dolor, que cesa enseguida. Los gritos se repiten con intermitencias, con la misma brusquedad e igual calma subsiguiente. La criatura se lleva en aquellos momentos las manos a la garganta. Un examen prolijo de la boca delata entonces en el fondo de las fauces uno o más agujerillos hinchados, de que escurre un líquido claro. 

Este es el proceso común de la ura. En el fondo de cada uno de esos agujerillos, se agita en carne viva, come y prospera, un gusano rugoso, circundado de duros anillos, estando cada anillo erizado de pelos negros. 


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Publicado el 28 de julio de 2026 por Brian.

Fulton

Horacio Quiroga


Crónica, Artículo


La vocación equivocada es un fenómeno bastante común en la vida. Lo que ya no lo es tanto, es gozar de la fortuna en el error, y sufrir indecibles miserias desde que se adquirió la verdad.

Si alguien parecía haber nacido con la pasión ciega, tenaz y profunda del arte, éste es Roberto Fulton. Siendo aprendiz de joyero, siente de pronto nacer su verdadera vocación; será pintor. Con una rapidez casi sin ejemplo en la historia, llega a dominar su lápiz y sus pinceles al punto de que cuatro años después de su iniciación, apenas a los 20 años, se permite el lujo de comprar para su madre viuda una casa con el producto de sus retratos.

Considérese esto: no se alcanzaba en aquella época (1785) con la pintura, los precios que se obtienen hoy por una mala oleografía. Vivir malamente, lograr subvenir con el arte a las pobres necesidades orgánicas, era ya empresa arriesgada. Fulton no sólo la realiza ampliamente, sino que logra asegurar a los veinte años la comodidad y la paz de su anciana madre.


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Publicado el 13 de julio de 2026 por Brian.

Ricardo Wagner

Horacio Quiroga


Crónica, Artículo


Ya lo dijo Ibsen: Con la palabra humano, con la expresión es humano tapamos, disfrazamos y excusamos todas las cobardías y transacciones del corazón y el carácter.

Es humano que se dé a un hambriento falsas esperanzas de saciar su hambre, y que sobre el esqueleto del mísero lloremos luego nuestra hipocresía sin fin, pues sobre el hijo, el nieto y el tataranieto de la víctima, proseguiremos vertiendo, luego de haberla engañado hasta matarla, nuestras inacabables lágrimas humanas.


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Publicado el 13 de julio de 2026 por Brian.

Hazañas Trágicas Y Ridículas De Los Pensionistas Del Zoo

Horacio Quiroga


Artículo, Cronica


Hasta ahora, ningún león de Palermo ha comido a su cuidador, ni tigre alguno se ha escapado, haciendo de las suyas en desventaja de las nuestras. Esto no obstante, nuestros buenos pensionistas del zoo tienen una que otra historia en su haber de caprichos. Dígalo sino el gnú, que en viaje a Buenos Aires tuvo la idea de arremeter contra los dos peones negros con tan terrible violencia que éstos fueron deshechos en un momento, sin tiempo para llorar una vida que les iba a cornadas. Llegó al zoo con esa grave fama, y si la cosa no fue cierta, se aseguró mucho.

Este es el único hecho mortal que hayan llevado a cabo, pero no por falta de deseos, como se verá.


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Publicado el 25 de julio de 2026 por Brian.

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