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El Hipnotismo Al Alcance De Todos

Horacio Quiroga


Artículo


Todo el mundo tiene la facultad de hipnotizar.

Pero, si todo el mundo es capaz de hipnotizar, no todos son hipnotizables, y especialmente hasta el punto de hacerles hacer lo que uno quiera. Los Donato, Onoffroff, Conde de Das, que bien se sabían esto, tenían gran cuidado de diseminar por el teatro cuatro o cinco personas de su compañía, bien dominadas ya y excelentes sujetos.

De cien personas hipnotizables, sólo veinte o treinta se dormirán profundamente; los otros llegarán apenas a un grado de torpe somnolencia. Pero lo que se ignora comúnmente es que este último estado es suficiente para la sugestión.


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2 págs. / 5 minutos / 10 visitas.

Publicado el 29 de julio de 2026 por Brian.

Decadencia

Horacio Quiroga


Poema, Lírica


Entre los recuerdos que han encontrado un abrigo en el santuario luminoso de mis momentos más dulces; entre aquellos que mi alma, recogida en sí misma, ha cobijado en su seno, como madre cariñosa que reúne sus hijos para vivir de su ternura; entre los que han llorado conmigo, pobres compañeros de mis horas más lentas y fatigosas, vive la memoria de una mujer.

Triste y cansado, sin fuerzas para sostenerlos, el cerebro ha dejado escapar otros pensamientos más verdaderos, pero menos hondos, quizás. Los nervios no reflejan el mundo exterior: sus vibraciones se agotan en el vacío, perdiéndose en el silencio que mi espíritu encierra. Así descansan mis recuerdos, sin fuerzas para agitarse. Sólo uno revolotea estremecido, como si quisiera ser evocado por la palabra; pero ha perdido su forma, mezclándose con ideas y concepciones que he soñado, no pudiendo decir que dulzura corresponden á uno, y cual á otro. Mi inteligencia es incapaz de despejarlas; y, esa continua ansiedad; en ese sacudimiento prolongado que revuelve tantas sombras dormidas, se concentra mi vida entera, como si el cerebro, colmado, hubiera perdido su facultad creadora, replegándose en sí mismo.


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1 pág. / 1 minuto / 9 visitas.

Publicado el 14 de septiembre de 2026 por Brian.

Sombras

Horacio Quiroga


Poema, Lírica


¡Qué triste es el pesimismo! Yo me enternezco cuando oigo a mi amigo hablar de su porvenir, de la gloria, de las aspiraciones de una alma juvenil y creo que palidezco, porque pienso que también podría ser como él, lleno de fé y alegre, ¡sobretodo alegre! ¡Qué hermoso sería…!. Pero no puedo. La tendencia fatal de nuestro siglo me arrastra sin procurar apartarme de la corriente. Siento una especie de placer en mis sufrimientos, en mis tristezas, y aún desearía padecer más, para encontrar en el fondo de mi escepticismo una realidad que se destaque poderosa, con el tinte del dolor que nos sofoca, del gran dolor eterno. En cambio, mi amigo, optimista de corazón, se envuelve deliciosamente en las ilusiones de su espíritu creyente, y a través de una brillante etapa, de coronas y de lauros, él cree vislumbrar su porvenir lleno de gloria.

Piensa que el mundo es bueno, que el amor es dulce, que la vida es agradable y porción de cosas más que siente con firmeza y trata de hacérmelas ver con persuasiva palabra. A veces contestó que lo creo, que la humanidad me tratará con dulzura, que gozaré en el regazo de un amor sin límites, si lo creo, pero falta el corazón que lo sienta y que lo espere como una aurora delicada en el recinto entristecido de mi pobre alma que no comprende y que... que se muere sin querer luchar.


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1 pág. / 2 minutos / 7 visitas.

Publicado el 14 de septiembre de 2026 por Brian.

¡Es Natural!

Horacio Quiroga


Poema, Lírica


Esther no me ha conocido. He pasado a su lado, temblando de emoción. Cuatro meses que no la veía, y me ha olvidado. Ya no se acuerda de mí, ella que me hizo conocer algo hermoso, yo que la quise tanto, que llegué á dudar de su existencia, ¡oh virgen de oro!

Y no me ha conocido —Allá cuando estaba muy lejos, soñé que me adoraba, pensé que pudiera no verla jamás, pensé que me despreciaba, que sus ojos mentían; pero en medio de mis luchas y cavilaciones, nunca, nunca creí que Esther no me conociera!

¿Qué puedo esperar, cuando mi dulce Esther, como la llamaba en mis momentos de ternura, ha perdido la memoria y le soy indiferente? ¡Pobre principio!


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1 pág. / 1 minuto / 8 visitas.

Publicado el 14 de septiembre de 2026 por Brian.

Artículos de Artes, Cine Y Teatro Dispersos

Horacio Quiroga


Artículo, Crónica, Compilación


El Arte Salvaje


El primer hombre que, descontento de la forma insípida del cacharro en que bebía, quiso embellecerlo, creó una obra de arte. Con seguridad aquel nuevo cacharro no tenía nada de lo que miles o millones de años después conceptuamos artístico: el salvaje remedaba lo que veía: hombre, animal, planta. Remedo inmensamente tosco, pero que encerraba una virtud extraordinaria como obra de arte: respondía dicha obra, exactamente, a la concepción que de lo bello nacía en el espeso cráneo primitivo. Daba el salvaje, en ese esfuerzo de alma rudimentaria, cuanto había en él.


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55 págs. / 1 hora, 37 minutos / 12 visitas.

Publicado el 27 de julio de 2026 por Brian.

Una Carta De Amor

Horacio Quiroga


Cuento



Cuando se ha pasado la vida publicando historietas, no es extraño que haya una persona que guste particularmente de lo que uno —bien o mal— hace. Esta persona puede ser un amigo, o una vieja señora que vive en Jujuy, y que no tiene, desde luego, la menor idea de quién puede ser el autor. Otras veces es un joven estudiante de bachillerato que sueña con la conquista de un gran nombre en las letras, y para cuyos quince años, un hombre que escribe cuentos en revistas, es una especie de personaje. Alguna vez el adolescente en cuestión no es ni siquiera estudiante y tal resultó ser el muchacho que vino una vez a consultarme por cosas del oficio.

En verdad, el joven visitante no tenía aspiraciones artísticas; pero estaba profundamente enamorado. Había tenido un disgusto serio con su novia —novia, creo que tampoco, dada la edad del muchacho, 17 a 18 años, a lo sumo—. Se trataba, pues, verosímilmente, de una de las tantas peleas que sobrevienen matemáticamente cada quince días a los fogosos y tiernos amantes cuya relación no es aún formal. Pero mi muchacho estaba enérgicamente enamorado, y entendía no aplazar aquello por nada del mundo.


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3 págs. / 5 minutos / 21 visitas.

Publicado el 14 de agosto de 2026 por Brian.

Recuerdos

Horacio Quiroga


Poema, Lírica


¡Qué encanto el de aquellas tardes de verano, el de nuestros paseos por los alegres alrededores, en la orilla del arroyo, en el cerro, en la vía férrea, sintiendo los aromas de las florecillas campestres, bocanadas de aire frescas y furtivas, muchachas rollizas y jóvenes, la vida toda de nuestra juventud hermosa! ¡Qué encanto el de nuestras pláticas literarias, el de nuestras inspiraciones repentinas, el de nuestros gritos resonando en la soledad de la tarde que caía, el de nuestras declamaciones frente á aquella pared de la avenida, escuchando el eco dulce y apagado de la poesía á Cervantes ó las tristisimas quejas del indio Tabaré. ¡Qué encanto el de los crepúsculos tranquilos, los pompones de cúmulus rosados, la armonía de la luz al extinguirse, dejando en nuestras almas rastros de nostalgias adorables, ternuras melancólicas, prolongándose en el silencio de la noche que empezaba, cuando las hojas y las ramas murmuraban en la sombra, se aspiraban las fragancias que flotaban el aire, y morían las notas de los pájaros.


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1 pág. / 1 minuto / 7 visitas.

Publicado el 14 de septiembre de 2026 por Brian.

El Soldado

Horacio Quiroga


Teatro, Cuento



Cuadro Primero


(Patio de cuartel. Los nuevos conscriptos reciben las primeras instrucciones del oficial. La acción en el planeta Marte.)

OFICIAL.—Tales son, pues, los deberes del soldado. Defender a su patria, dar en todos

los instantes su vida por ella, sacrificarle esposas e hijos, obedecer ciegamente a sus jefes… Estos son sus deberes.

(Un soldado da un paso al frente.)

SOLDADO.—Y los derechos del soldado, ¿cuáles son? (Pausa)

OFICIAL.—¡A las filas!

SOLDADO.—Muy bien.

OFICIAL.—¡Cállese la boca!

SOLDADO.—Ya me he callado.

OFICIAL.—(Rojo de ira yendo sobre él.) —¡Insolente!

SOLDADO.—No he dicho ninguna insolencia.

(El oficial, fuera de sí, le pone violentamente la mano en el pecho. El soldado responde con una bofetada.)


Cuadro Segundo


(En el Consejo de Guerra)

CORONEL.—De modo que usted no niega ninguno de los hechos producidos.

SOLDADO.—No.

CORONEL.—Por donde se ve que alcanza usted toda la extensión de su actitud abofeteando a un oficial.

SOLDADO.—Perfectamente. Me insultó y pegó sin motivo alguno. Por eso le abofetée.

CORONEL.—Pero usted olvida que era su superior.

SOLDADO.—Yo soy un hombre libre.

CORONEL.—¡Usted es un soldado!

SOLDADO.—¿No soy pues. un hombre libre?

CORONEL.—Lo es: pero ante todo es soldado. Este es su primer deber.

SOLDADO.—Y mis derechos, ¿cuáles son?

CORONEL.—Derivan de sus mismos deberes.

SOLDADO.—Muy bien: he comprendido.


Cuadro Tercero


(En la celda del condenado a muerte. Entra el oficial del bofetón.)

OFICIAL.—Aquí estoy.

SOLDADO.—Ya lo veo.


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2 págs. / 4 minutos / 23 visitas.

Publicado el 25 de junio de 2026 por Brian.

Episodio

Horacio Quiroga


Cuento, Horror


Tuve un amigo cuyo recuerdo cada vez que ese episodio de mi vida sube a la memoria pone en mis nervios un largo escalofrío de miedo y espanto. Nunca he podido borrarle; en las noches de duelo, sobre todo, cuando un ruido silencioso nos despierta con sobresalto, y una indefinible angustia nos contrae la garganta en la terrible seguridad de que alguien se desliza por el cuarto sin que sintamos cuando está al lado nuestro, viene ese hecho á erizar mis cabellos, á pesar de que hace mucho tiempo que acaeció

Un año entero tuve amistad con él; y las extrañas circunstancias que acompañaron a nuestras relaciones podrán tal vez no ser creídas; pero esos súbitos espantos, esos hilarantes cambios de pesadilla en los que una carcajada tiene el timbre del más alto erizamiento interior y la encogida fijeza de una mirada puede torcer horriblemente nuestro cuerpo, son indiscutibles, tan indiscutibles, que durante doce meses mi carne tuvo el frío esponjado y contráctil de una larva presta a transformarse.

Era pequeño y desmesuradamente flaco. Sus manos largas, muy largas, tenían un afilamiento de zarpa suave y silenciosa que llevaba siempre replegadas, casi ocultas por las mangas del saco, siempre creí que si aquellas manos se posaban sobre mi cuello, me helarían poco á poco en un lento sudor de asfixia.

Nuestros comunes paseos nos unieron en una intimidad completamente objetiva. Nada sabía de su pasado ni de la estructura de su modo de, ser: gustábamos de estar juntos, simplemente; y sin conocer uno y otro lo que había más allá de una muda contemplación, íbamos, cuando las mojadas tardes de invierno tiritaban en los campos helados, a detenernos absortos ante los paisajes doblegados


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3 págs. / 5 minutos / 10 visitas.

Publicado el 7 de julio de 2026 por Brian.

Bajo El Terror De La Grafología

Horacio Quiroga


Artículo


No ha muchos días mi atención fue solicitada por los tópicos de una conferencia que bajo los auspicios de la Sociedad Argentina de Grafología debía dictar el presidente de la misma.

Debo declarar, ante todo, que yo poseía hasta entonces ideas poco claras —digamos poco serias— sobre el arte de descifrar el carácter de un hombre por medio de su escritura. Sabía ciertamente que existen personas de buena fe dedicadas con empeño a aquel arte. Pero como, desgraciadamente, la buena fe puede conducirnos con tanta nobleza a la verdad como al sofisma, mi situación ante la grafología doméstica era la de un hombre que si algo puede ganar contemplando risueñamente las cosas, nada, en cambio, puede perder.


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4 págs. / 7 minutos / 11 visitas.

Publicado el 29 de julio de 2026 por Brian.

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