Textos más populares este mes de Horacio Quiroga publicados por Brian disponibles | pág. 9

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autor: Horacio Quiroga editor: Brian textos disponibles


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El Pique

Horacio Quiroga


Cuento, Crónica, Artículo


En cierta ocasión, como hubiéramos naufragado en el Alto Paraná al embate de una recia tormenta, fuimos arrastrados a cobrar tierra bajo un cobertizo de cinc abandonado en la costa, y cuyo destino fuera en otra época el de secar ladrillos. Vastos montones de ceniza diseminados por el suelo, lo atestiguaban todavía.

Para náufragos, no estaba aquello mal. Solamente que al volcar sobre la ceniza el agua de nuestras botas, una especie de nubecilla obscura comenzó a ascender por las piernas.

Eran los piques. Había millares de ellos, si no millones.

Para valorar lo pintoresco de esta visita, es bueno que se sepan las costumbres de dichos visitantes.


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Publicado el 28 de julio de 2026 por Brian.

La Ura

Horacio Quiroga


Cuento, Crónica, Artículo


Suele acontecer que una criatura se duerma, a la siesta, con la boca abierta. Días después, prorrumpe en un agudo grito de dolor, que cesa enseguida. Los gritos se repiten con intermitencias, con la misma brusquedad e igual calma subsiguiente. La criatura se lleva en aquellos momentos las manos a la garganta. Un examen prolijo de la boca delata entonces en el fondo de las fauces uno o más agujerillos hinchados, de que escurre un líquido claro. 

Este es el proceso común de la ura. En el fondo de cada uno de esos agujerillos, se agita en carne viva, come y prospera, un gusano rugoso, circundado de duros anillos, estando cada anillo erizado de pelos negros. 


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Publicado el 28 de julio de 2026 por Brian.

La Yarará Newiedi

Horacio Quiroga


Cuento


Siendo yo muy muchacho, en el Salto Oriental, asistí a una mordedura de víbora en la persona de un chico de mi edad, picado en el extremo del índice, justamente cuando se inclinaba a beber de un pozo. Éramos cuatro o cinco sujetos, el mayor de los cuales no alcanzaba a diez años. 

El chico mordido dió un grito y se incorporó, con algo como piolín grueso colgado del dedo. Comenzó a gritar seguido, mirándonos a todos. Le atamos fuertemente la falange, y alguno, feliz poseedor de un cortapluma, abrió la mordedura. Uno operaba, y los otros sujetaban el brazo. Tras la espalda del último, el chico forcejeaba, pateaba y nos rompía los oídos a alaridos. 


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4 págs. / 7 minutos / 9 visitas.

Publicado el 12 de julio de 2026 por Brian.

Hombres De Sport

Horacio Quiroga


Artículo, Crónica


Un distinguido deportista francés que visitó la América del Sur el año pasado, dijo, en correspondencia a un diario local, que los deportes nunca prosperarían como es debido en Sud América, por el excesivo amor propio nacional puesto en juego. Recordaba los viejos incidentes de hipódromo en ésta y en Montevideo cuando se corrían premios internacionales, y los más recientes de Río de Janeiro, durante los juegos olímpicos del centenario.

Y los fresquísimos del campeonato mundial de box —hubiera agregado hoy.


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Publicado el 23 de julio de 2026 por Brian.

Artículos de Naturaleza Y Fauna Dispersos

Horacio Quiroga


Artículo, Crónica, Compilación


El Sentimiento De La Catarata


En sus mil trescientos kilómetros de curso desde las sierras brasileñas hasta su desembocadura en el Paraná, el río Iguazú debe salvar un desnivel de 800 metros. Como se trata de una gran masa de agua de velocidad normal, y no de una avenida de montaña, se explica que el álveo del río se quiebre repetidas veces en numerosas y rápidas cascadas, para autorizar de algún modo aquella fuerte cota.

La cuenca del Iguazú es, en efecto, una de las más poderosas fuentes de hulla blanca del mundo entero. Si el Iguazú nace a novecientos metros de altura, sus numerosísimos afluentes cobran origen a mil trescientos metros, para vaciarse en aquél tras un curso relativamente breve. Toda esa vasta cuenca se revuelve, pues, en tumbos de agua, cachuelas, saltos y cataratas, cuya sacudida, propagándose de unos a otros sin solución de continuidad, mantiene, puede decirse, a la zona entera en un sordo e interminable fragor.

La cuenca del Iguazú no es dilatada, pero el régimen de lluvias torrenciales a qué está sometida compensa al exceso su brevedad. Los ciento veinticuatro kilómetros cúbicos de agua que se desploman por año sobre los bosques natales son absorbidos en su mitad por el Iguazú. Y si estamos atentos al desnivel apuntado, comprenderemos que cada caída a plomo de esa inmensidad líquida encierre una formidable energía mecánica.


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Publicado el 25 de julio de 2026 por Brian.

Cadáveres Frescos

Horacio Quiroga


Artículo, Crónica, Cuento


La información literaria del escritor, vale decir el acopio de datos contingentes con el tema que se ha elegido, se obtiene por lo común sin otras dificultades que las inherentes a la pérdida de tiempo que exigen. Aquí o allá, en el libro, en la fuente de primera agua, pacientemente escudriñada en las entrañas de un texto o bebidas ávidamente en las palabras del testigo del caso, esta información indispensable, por breve que sea, constituye con holgura la tarea más liviana del arte de escribir.

No siempre pasa así, sin embargo. Cuesta en ocasiones un ojo de la cara obtener dos o tres datos vivos sin los cuales el relato, todo el paciente edificio levantado con mayor o menor acierto, bambolea y se desmorona como un castillo de naipes.


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Publicado el 26 de julio de 2026 por Brian.

Los Crepúsculos Del Jardín

Horacio Quiroga


Artículo, Crítica


Yo tuve siempre la seguridad de escribir algo cuando aparecieran Los Crepúsculos Del Jardín. Primero de todo, como manifestación de mi propio gozo; segundo, por la potencia de su autor; tercero, en homenaje a mis primeros entusiasmos. Como es común relatar en estos casos el conocimiento personal que del autor se tuvo —y esto implica el mérito de variar lo escrito, aligerando no poco la ineludible gravedad judicial que tales cosas suponen— contaré a mi vez que en 1896 leí la Oda a la desnudez, primera obra suya que conocí. Sentíme lleno de tal alegría, que le llamé repetidas veces hombre de genio. Aún hoy que no siento tales sobresaltos de emoción, el vocablo se me sube a los labios, sobre todo cuando —como ahora— revivo mis impresiones. Al año siguiente leí Las montañas del oro, y sucesivamente algunas poesías, muy pocas. Llegué así a 1900, sin conocer de este hombre nada, ideas, modo de ser, actuación estrepitosa; apenas un amigo que le había conocido antes, y una caricatura en Caras y Caretas. Para mí, tan lleno de fresco humanismo, la ignorancia de todo dato poetiza su figura al extremo de suponerlo indio, muy indio, huraño, hercúleo y violento. Por demás, inabordable, sobre todo para mí con mi ridícula espontaneidad de joven adorador.

Un día en compañía de un amigo en igual crisis, fuimos a verle.

Nos presentamos sin tarjeta alguna, corriendo la hermosa aventura. Esperamos largo rato, pues la hora más que matinal excusaba toda demora mientras saboreábamos a dúo la emoción de la ruda silueta poética que debía aparecer en la puerta. Fue así que en su lugar se presentó un hombre blanco, de expresión cualquiera, juvenilizado por un fresco pijama. La única conciencia de ser él quien buscábamos provenía de un vago parecido con la caricatura. Pero tanto le conocía en sí mismo, que inconscientemente le presenté a mi amigo, y enseguida me presenté yo. Hablamos toda la mañana, poco de letras.


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Publicado el 26 de julio de 2026 por Brian.

El Caso Lugones-Herrera Y Reissig

Horacio Quiroga


Artículo


Repetidas veces se ha escrito, y con decidido afán de molestia, vuelto casi sistema que la poesía de Leopoldo Lugones derivaba directamente de la de Julio Herrera y Reissig. Tanto se ha repetido, que para muchos jóvenes es ya un dogma esta especie. Los cargos de imitación —y servil— pesan particularmente sobre la construcción de los sonetos Los doce gozos, y que Lugones insertó en su libro Los Crepúsculos Del Jardín, dados a luz en 1905.


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Publicado el 26 de julio de 2026 por Brian.

Textos Originales

Horacio Quiroga


Artículo


Dios nos libre de exigir de un libro de lectura corriente el alto mérito que anticipa la palabra originalidad. Es ella un don demasiado raro para pretender hallarla profusamente difundida en el método y la redacción de un modesto libro de escuela. Sería mucho exigir, sin duda. Pero cabría sin embargo esperar ver impresa en dichos libros la huella de un trabajo personal, precisamente en este caso la del autor del libro.

La casualidad pone bajo nuestros ojos dos libros de lectura de cuarto grado. Son ambos —se nos informa— de lo mejor que poseemos. Gozan sus respectivos autores de gran prestigio en la literatura educacional.


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Publicado el 26 de julio de 2026 por Brian.

El Despertar

Horacio Quiroga


Artículo


Recuerdo perfectamente la impresión que sufrí al tener una tarde por delante las frentes despejadas y la mirada de fuego de cuatro muchachos que anunciaban la aparición de un nuevo órgano universitario —sumamente curioso esta vez: Insurrexit. Fluía de aquellos cuatro muchachos, y no gota a gota sino a chorros, tal cantidad de indignado amor, tal generoso entusiasmo, que el que los oía se puso a pensar en el extraño dios que se apiadaba al cabo del honor de los jóvenes argentinos, cuando le permitía a aquel por fin inundar de roja y pura sangre el muerto corazón de los estudiantes universitarios. 

Porque, en efecto, nada más triste nos ha sido en los últimos diez años —diez siglos— que ver la indiferencia, la sequedad y la estrechez mental de nuestra lírica flor de sangre; de nuestra juventud universitaria cuya única preocupación consistió, a raíz del desastre moral que nos legó la guerra —con las bellas e inteligentes cabezas caídas hacia el corazón— en pulir, bruñir y esmaltarse las uñas. 


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Publicado el 28 de julio de 2026 por Brian.

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