Textos más vistos de Horacio Quiroga publicados el 28 de julio de 2026 | pág. 3

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autor: Horacio Quiroga fecha: 28-07-2026


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El Surucuá

Horacio Quiroga


Cuento, Crónica, Arículo


La más fuerte impresión que ofrece el bosque tropical al pasajero que penetra en él por primera y única vez, es su ausencia de pájaros. Ni un canto, ni un pío, ni un fugaz aleteo entre las ramas inmóviles. Unos tras otros, los árboles se alzan solitarios, se enredan, despéjanse por fin allá arriba en ramillas desvanecidas de luz.

Pero esa inmensa jaula está vacía. Diríase que desde el remoto pasado en que se levantó, el bosque está aguardando, rígido y desierto, las aves que le den vida.

El turista mira a todos lados, avanza aún diez pasos, y de pronto siente el frío de esa cárcel milenaria, donde él, el turista, está absolutamente de más.

El pasajero, naturalmente, ha conocido el bosque a las diez de la mañana o a las tres de la tarde, según sean su prisa o la latitud de su siesta. No conservará recuerdo alguno agradable de la selva y sus célebres pájaros.


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Publicado el 28 de julio de 2026 por Brian.

La Avispa Colorada

Horacio Quiroga


Cuento, Artículo, Crónica


Mortal por mortal, el veneno de la avispa colorada lo es en mayor grado que el de la víbora. Si no lo parece, es por la insignificante cantidad de que aquélla dispone. Pero si en vez de una gotita microscópica, la avispa inyectara con su aguijón cuatro o cinco gruesas gotas, como las víboras comunes, o veinte y más, como las grandes yararás, otro sería el porvenir de sus víctimas.

Pocos animales, por lo demás, tan bien dotados para la batalla como la avispa colorada. Ni el león ni el tigre dan, en su recogimiento de resorte al saltar, la impresión de ataque de la avispa cuando, presta a disparar desde el borde de su nido, clava los ojos inmóviles en su agresor.

Fuera de su avispero, donde sus funciones de familia la exasperan hasta la ferocidad, la avispa que nos ocupa es más bien un manso insecto.

En las grandes épocas de sequía, nuestra casa en Misiones se veía asaltada por todas las avispas del contorno, en procura de agua.


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Publicado el 28 de julio de 2026 por Brian.

La Hormiga León

Horacio Quiroga


Cuento, Crónica, Artículo


En algunos desiertos de arena sometidos a fuertes vientos, suelen formarse pozos cónicos, a modo de grandes embudos, siempre perfectamente circulares, y de profundidad muy grande a veces.

El ser que inadvertidamente traspasa el borde de ese cráter y cae al fondo, no sale ya más. Cuántos esfuerzos haga para trepar por las paredes deslizantes, serán inútiles. Mientras le quede un soplo de aliento intentará alcanzar el borde del cono, sin otro éxito que desmoronar sobre sí nuevas toneladas de arena reseca.

El sol y la extenuación harán luego el resto, hasta que nuevos vientos rellenando el cono nivelen el desierto, sin el más leve recuerdo de lo que allí pasó.


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Publicado el 28 de julio de 2026 por Brian.

Nacionalismo Imperial

Horacio Quiroga


Artículo


Durante algún tiempo se nos aseguró que el nacionalismo consistía en la religión de lo autóctono —costumbres, virtudes y herencias nativas— cuyo culto, infiltrándose hasta hacerse sangre en las generaciones, debía imprimir a la nación un carácter netamente individual.

Tal aspiración, que exaltaba a la par todo lo nativo o colonial, bueno o malo, con el fin exclusivo de hacernos una tradición, respondía, en suma, a un noble impulso; un poco vano, tal vez, como el del hombre que al formarse persistiera en desarrollar a toda costa las vagas o precarias modalidades que poseyó de niño.


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Publicado el 28 de julio de 2026 por Brian.

Perros De Monte

Horacio Quiroga


Artículo, Cuento, Crónica


Una propiedad rural en el monte de Misiones está constituida por un rancho de sólo tres paredes, perdido en la inmensidad del bosque, del cual logra apenas aislarse por medio de un mínimo desmonte. En ese desmonte, el propietario planta maíz, mandioca, porotos y tabaco, todo ello en la cantidad justa e indispensable para no morirse de hambre y fumar. Pueden dar aspecto de vida al rancho, algunas gallinas de cuello y rabo desplumados, un chancho alto de patas como un galgo, y dos o tres cabras.

Pero nada de esto es indispensable. En cambio, sentados a la vista del fuego, en verano, o arrollados en invierno ante la llama misma, con la cola y el hocico ardidos, se ve siempre tres o cuatro perros flacos como esqueletos, y que al levantarse oscilan con las caderas flojas, prontos a caer.

Nada denuncia en estos perros su calidad particular. Reumáticos, siempre huraños y tristes, no habría optimista capaz de concederles vida para una estación más, fuerzas para alcanzar hasta el monte, y decisión para hacer frente a un tímido apereá.


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Publicado el 28 de julio de 2026 por Brian.

El Boa

Horacio Quiroga


Artículo, Cuento, Crónica


La designación de boa es genérica, y comprende unas cuantas especies de serpientes sudamericanas. En lenguaje común, sin embargo, entendemos por boa toda serpiente singularmente larga, proporcionalmente gruesa y capaz de hacer crujir entre sus anillos los huesos de la víctima que entre ellos encerró. Naturalmente, estos boas son hijos de la zona ecuatorial, y apenas si una u otra especie de menor tamaño se aventura por bajo del trópico.

La primera noticia personal que en Misiones tuvimos del boa, nos la ofreció una víbora arrollada, una mañana, ante la puerta del taller.


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Publicado el 28 de julio de 2026 por Brian.

El Caguaré

Horacio Quiroga


Cuento, Crónica, Artículo


Pocas cosas parecen más comprobadas que el amor de los osos hormigueros por las hormigas y la miel. Y pocas más difíciles, en cambio, que criar uno de estos animalitos con aquellos manjares.

De las dos especies de osos hormigueros conocidas en Misiones, una de ellas posee una cola fantásticamente rica que lleva enmarcada a la rastra, y que enarbola como un penacho a la menor sorpresa. Es el ñurumí, o tamanduá bandeira, como dicen los brasileños. La otra especie es más pequeña y posee una cola prehensil, muy semejante a la de las comadrejas. Vive en los árboles, y se la denomina caguaré.

En cierta ocasión tuvimos en casa un caguaré, y la primera insinuación sobre lo extraño de su pelaje, me la dió mi chico, prendido de mi mano ante la vista del animal.


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El Coatí

Horacio Quiroga


Crónica, Artículo, Cuento


El coatí es un animalito tan alargado de cabeza como de cola, y con ambas arqueadas hacia arriba; que posee un grito de pájaro, agudo y precipitadísimo, y a quien la curiosidad devora vivo.

No hay cosa, en efecto, a que no lleguen el hocico y los dedos del coatí. Por ver lo que hay adentro, es capaz de atarearse en abrir un horno a mil grados. De diez libros a su alcance, y uno de ellos prolijamente embalado para el correo, sólo le interesará este último, y escarbará su cubierta y bajo cubierta, hasta dejarlo al desnudo y con todas las hojas arañadas, pues algo podía haber entre ellas.

El que nosotros tuvimos poseía, fuera de su diabólica curiosidad, un extraño afecto a los hombres —no a las mujeres—a causa de haber sido criado en brazos por un hombre de monte.


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Publicado el 28 de julio de 2026 por Brian.

El Pique

Horacio Quiroga


Cuento, Crónica, Artículo


En cierta ocasión, como hubiéramos naufragado en el Alto Paraná al embate de una recia tormenta, fuimos arrastrados a cobrar tierra bajo un cobertizo de cinc abandonado en la costa, y cuyo destino fuera en otra época el de secar ladrillos. Vastos montones de ceniza diseminados por el suelo, lo atestiguaban todavía.

Para náufragos, no estaba aquello mal. Solamente que al volcar sobre la ceniza el agua de nuestras botas, una especie de nubecilla obscura comenzó a ascender por las piernas.

Eran los piques. Había millares de ellos, si no millones.

Para valorar lo pintoresco de esta visita, es bueno que se sepan las costumbres de dichos visitantes.


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Publicado el 28 de julio de 2026 por Brian.

La Corrección

Horacio Quiroga


Cuento, Crónica, Artículo


En un crudo día de invierno, tras diez horas de crueles fatigas, nos acostamos, apenas anochece casi sin cenar, casi sin desvestirnos, doblados por la extenuación. De las torturas de ese día no nos queda, al caer desplomados en el limbo del sueño, sino un recuerdo lejano e impersonal, como de horrores sufridos por otro durante miles de años, y que pasaron también hace siglos. Tal es la certísima dicha de descansar por fin, y la seguridad de que vamos a dormirnos en seguida con la profundidad de la muerte. Afuera, cae una blanca helada.

Mas he aquí que en la alta noche vamos despertando con inaudita resistencia de nuestro cuerpo. La mente misma, sobrecargada de toxinas, pugna por defendernos forjando sueño tras sueño. Otro es al que despiertan; el anuncio nos llega a nosotros, pero quien debe volver, apenas dormido, a las atroces fatigas del día anterior, es otro.

No hay tal. Tenaz e invenciblemente, vamos despertando. Como en sueños aun, tan agudo punzamiento nos recorre todo el cuerpo. Tan viva es la impresión, que bruscamente nos incorporamos y encendemos luz.


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Publicado el 28 de julio de 2026 por Brian.

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