Textos más vistos de Horacio Quiroga | pág. 12

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autor: Horacio Quiroga


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El Secreto De La Confesión

Horacio Quiroga


Artículo, Crónica


Para conmemorar a su modo la semana santa, los salones de cine estrenaron la cinta del título, obra de profundo espíritu religioso, aprobada y recomendada por la curia eclesiástica. Ganados por un poco de curiosidad, ya que no es frecuente plantear y debatir en la pantalla problemas religiosos, hemos asistido al estreno de dicha cinta, donde la presencia de Walthall era ya fuerte recomendación.

Se trata en aquélla de un sacerdote católico que recibe en confesión el secreto de un grave crimen. El asesinado es el propio hermano del sacerdote.


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Dominio público
3 págs. / 6 minutos / 5 visitas.

Publicado el 22 de septiembre de 2026 por Brian.

La Cuerda Floja…

Horacio Quiroga


Artículo, Crónica


La Cuerda Floja. El Esposo de Dorothy Gish. —Después de brillar con inusitada eficacia en Un atentado bolshevikista y Pimentilla (ambas en compañía de Barthelmess), la señorita Gish se apagó, para disgusto de los que amaban su juego fresco, aparte de toda academia, y sus posturas de muchacho, —sin contar la hermosura de su cuerpo, poco decantada pero no por ello menos viva. 

En los últimos días tornamos a verla en un filme de tan exiguos méritos como los que ahogaron en su sombra a la joven Gish. ¿Cómo puede ser, nos preguntábamos, que a una chica como esta, que lució en buenos filmes y perfectamente secundada, se le confíen tonterías como la de reciente estreno, y en compañía de un mísero actor como James Rennie? 

La pregunta tiene respuesta: el señor James Rennie es el esposo de Dorothy Gish. 


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Dominio público
4 págs. / 7 minutos / 6 visitas.

Publicado el 20 de septiembre de 2026 por Brian.

La Lata De Nafta

Horacio Quiroga


Cuento



Las rutas de la selva y las de la pampa ostentan dos características, paraíso en la una e infierno en la otra: falta o exceso de vegetación. 

No hay camino en la estepa digno de tal nombre mientras no se logre encauzarlo entre doble fila de árboles. No hay picada en el bosque que pueda resistir a la lujuria floral, si día tras día no se va extirpando la selva ambiente que pugna por cubrir la honda cicatriz abierta. Es, pues, obvio que el amigo del árbol a ciegas sufra trastornos conceptuales cuando trasplantada su existencia a una zona boscosa deba, para conservar aquélla, talar, rozar, aniquilar y quemar constantemente la selva ante el altar de sus pampeanos dioses. 

Nunca como en el bosque el caballo de Atila pudo ser útil. 


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Dominio público
3 págs. / 5 minutos / 7 visitas.

Publicado el 21 de julio de 2026 por Brian.

Los Perseguidos

Horacio Quiroga


Cuento


Una noche que estaba en casa de Lugones, la lluvia arreció de tal modo que nos levantamos a mirar a través de los vidrios. El pampero silbaba en los hilos, sacudía el agua que empañaba en rachas convulsivas la luz roja de los faroles. Después de seis días de temporal, esa tarde el cielo había despejado al sur en un límpido azul de frío. Y he aquí que la lluvia volvía a prometernos otra semana de mal tiempo.

Lugones tenía estufa, lo que halagaba suficientemente mi flaqueza invernal. Volvimos a sentarnos prosiguiendo una charla amena, como es la que se establece sobre las personas locas. Días anteriores aquél había visitado un manicomio, y las bizarrías de su gente añadidas a las que yo por mi parte había observado alguna vez, ofrecían materia de sobra para un confortable vis a vis de hombres cuerdos.

Dada, pues, la noche, nos sorprendimos bastante cuando la campanilla de la calle sonó. Momentos después entraba Lucas Díaz Vélez.

Este individuo ha tenido una influencia bastante nefasta sobre una época de mi vida, y esa noche lo conocí. Según costumbre, Lugones nos presentó por el apellido únicamente, de modo que hasta algún tiempo después ignoré su nombre.

Díaz era entonces mucho más delgado que ahora. Su ropa negra, color trigueño mate, cara afilada y grandes ojos negros, daban a su tipo un aire no común. Los ojos, sobre todo, de fijeza atónita y brillo arsenical, llamaban fuertemente la atención. Peinábase en esa época al medio y su pelo lacio, perfectamente aplastado, parecía un casco luciente.

En los primeros momentos Vélez habló poco. Cruzóse de piernas, respondiendo lo justamente preciso. En un instante en que me volví a Lugones, alcancé a ver que aquél me observaba. Sin duda en otro hubiera hallado muy natural ese examen tras una presentación, pero la inmóvil atención con que lo hacía, me chocó.


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24 págs. / 43 minutos / 326 visitas.

Publicado el 4 de noviembre de 2022 por Edu Robsy.

Otra Leyenda

Horacio Quiroga


Poema, Relato


Había una vez una cáscara de nuez que estaba vacía. Pero también había un hombre. Y dijo la nuez: "—No me gustan las nueces con pepita", por lo que el hombre respondió: "—Tú eres necia".

En esto fue que un can perdió la cola.

P. D. Ruégasele aporte estas leyendas el sábado.


En un caballito ni bueno ni malo

que a veces me sirve de cabalgadura,

voy por los caminos en descompostura


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1 pág. / 1 minuto / 4 visitas.

Publicado el 17 de octubre de 2026 por Brian.

Tacuara-Mansión

Horacio Quiroga


Cuento


Frente al rancho de don Juan Brown, en Misiones, se levanta un árbol de gran diámetro y ramas retorcidas, que presta a aquél frondosísimo amparo. Bajo este árbol murió, mientras esperaba el día para irse a su casa, Santiago Rivet, en circunstancias bastante singulares para que merezcan ser contadas.

Misiones, colocada a la vera de un bosque que comienza allí y termina en el Amazonas, guarece a una serie de tipos a quienes podría lógicamente imputarse cualquier cosa menos el ser aburridos. La vida más desprovista de interés al norte de Posadas, encierra dos o tres pequeñas epopeyas de trabajo o de carácter, si no de sangre. Pues bien se comprende que no son tímidos gatitos de civilización los tipos que del primer chapuzón o en el reflujo final de sus vidas han ido a encallar allá.

Sin alcanzar los contornos pintorescos de un João Pedro, por ser otros los tiempos y otro el carácter del personaje, don Juan Brown merece mención especial entre los tipos de aquel ambiente.

Brown era argentino y totalmente criollo, a despecho de una gran reserva británica. Había cursado en La Plata dos o tres brillantes años de ingeniería. Un día, sin que sepamos por qué, cortó sus estudios y derivó hasta Misiones. Creo haberle oído decir que llegó a Iviraromí por un par de horas, asunto de ver las ruinas. Mandó más tarde buscar sus valijas a Posadas para quedarse dos días más, y allí lo encontré yo quince años después, sin que en todo ese tiempo hubiera abandonado una sola hora el lugar. No le interesaba mayormente el país; se quedaba allí, simplemente por no valer sin duda la pena hacer otra cosa.

Era un hombre joven todavía, grueso y más que grueso muy alto, pues pesaba cien kilos. Cuando galopaba —por excepción— era fama que se veía al caballo doblarse por el espinazo, y a don Juan sostenerlo con los pies en tierra.


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8 págs. / 14 minutos / 236 visitas.

Publicado el 25 de octubre de 2020 por Edu Robsy.

Agosto De 1868

Horacio Quiroga


Crónica, Artículo


He aquí, pues, que ignoramos su nombre. Sabemos sólo que era muy joven y que poseía una cultura extraordinaria para su edad. Vivía en Estados Unidos, en la localidad de Capron, en el Illinois. Y a aquella tierna edad descubrió un día que no valía la pena vivir.

Cuando este hombre llegó a interpretar así su destino, no había obtenido de la vida sino favores —si por tales pueden considerarse una salud robusta, una juventud ardiente, una inteligencia sin par. No era un fracasado, ni un amargado, ni siquiera un descreído. Creía, antes bien, y con una exaltación de que luego dio pruebas, en la divinización del hombre por la inteligencia.

El día —decía— en que el hombre comprenda su destino, habrá dejado de existir.


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Dominio público
1 pág. / 2 minutos / 17 visitas.

Publicado el 13 de julio de 2026 por Brian.

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