Textos más vistos de Horacio Quiroga | pág. 15

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autor: Horacio Quiroga


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Recuerdos

Horacio Quiroga


Poema, Lírica


¡Qué encanto el de aquellas tardes de verano, el de nuestros paseos por los alegres alrededores, en la orilla del arroyo, en el cerro, en la vía férrea, sintiendo los aromas de las florecillas campestres, bocanadas de aire frescas y furtivas, muchachas rollizas y jóvenes, la vida toda de nuestra juventud hermosa! ¡Qué encanto el de nuestras pláticas literarias, el de nuestras inspiraciones repentinas, el de nuestros gritos resonando en la soledad de la tarde que caía, el de nuestras declamaciones frente á aquella pared de la avenida, escuchando el eco dulce y apagado de la poesía á Cervantes ó las tristisimas quejas del indio Tabaré. ¡Qué encanto el de los crepúsculos tranquilos, los pompones de cúmulus rosados, la armonía de la luz al extinguirse, dejando en nuestras almas rastros de nostalgias adorables, ternuras melancólicas, prolongándose en el silencio de la noche que empezaba, cuando las hojas y las ramas murmuraban en la sombra, se aspiraban las fragancias que flotaban el aire, y morían las notas de los pájaros.


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Dominio público
1 pág. / 1 minuto / 8 visitas.

Publicado el 14 de septiembre de 2026 por Brian.

Rojo Y Negro

Horacio Quiroga


Poema, Lírica, Relato


En el último rincón del pueblo, recodeada por la sombra del tamarindo; en las noches más frías del otoño, entreabre sus hojas agrisadas, la flor del último ensueño.

La tapias del cementerio, en su descarnada vestidura, han mordido el polen amarillento, y el último beso, rígido, impenetrable, surge sobre su tumba.

Caen los cielos, y por su extensa cabellera rubia, las cuerdas de mi lira han prendido en su cintura una nota silbante y fina, como el espasmo del delirio.

En el albor de mis primeras caricias, su busto palpitante se esconde entre mis brazos. Una lágrima que ha caído en el hueco de mis hombros, se ha asimilado con mi sangre.


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Dominio público
1 pág. / 2 minutos / 9 visitas.

Publicado el 14 de septiembre de 2026 por Brian.

Un Próximo...: "Arizona…"

Horacio Quiroga


Artículo, Crónica


Un Próximo estreno: Arizona de Douglas Fairbanks. —Cuando un actor llega a tener la fortuna de que el público no solicite sino su presencia, ni exija de él otra cosa que una franca risa o un brinco bien ejecutado, dicho actor está seguro del éxito de los films que impresione, sean estos cuales fueren. Fairbanks, actor exclusivamente de comedias ligerísimas, puede estar satisfecho de la suerte, si la suerte de un actor consiste en ganar muchísimo dinero. En este terreno extra-artístico, Carlitos sería el más grande con su millón y medio anual, y Douglas el segundo, con sus diez mil pesos semanales. Grandes riquezas, como se ve; grande nombradía, obtenida con una rara habilidad para provocar la risa y saltar barreras.


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Dominio público
3 págs. / 5 minutos / 8 visitas.

Publicado el 22 de septiembre de 2026 por Brian.

Una Noche de Edén

Horacio Quiroga


Cuento


No hay persona que escriba para el público que no haya tenido alguna vez una visión maravillosa. Yo he gozado por dos veces de este don. Yo vi una vez un dinosaurio, y recibí otra vez la visita de una mujer de seis mil años. Las palabras que me dirigió, después de pasar una noche entera conmigo, constituyen el tema de esta historia.

Su voz llegóme no sé de dónde, por vía radioestelar, sin duda, pero la percibí por vulgar teléfono, tras insistentes llamadas a altas horas de la noche. He aquí lo que hablamos: —¡Hola! comencé.

—¡Por fin! —respondió una voz ligeramente burlona, y evidentemente de mujer—. Ya era tiempo…

—¿Con quién hablo? —insistí.

—Con una señora. Debía bastarle esto…

—Enterado. ¿Pero qué señora?

—¿Quiere usted saber mi nombre?

—Precisamente.

—Usted no me conoce.

—Estoy seguro.

—Soy Eva.

Por un momento me detuve.

—¡Hola! —repetí.

—¡Sí, señor!

—¿Habla Eva?

—La misma.

—Eva… ¿Nuestra abuela?

—¡Sí, señor, Eva sí!

Entonces me rasqué la cabeza. La voz que me hablaba era la de una persona muy joven, con un timbre dulcísimamente salvaje.

—¡Hola! —repetí por tercera vez.

—¡Sí!

—Y esa voz… fresca… ¿es suya?

—¡Por supuesto!

—¿Y lo demás?

—¿Qué cosa?

— El cuerpo…

—¿Qué tiene el cuerpo?

Bien se comprende mi titubeo; no demuestra sobrado ingenio el recordarle su cuerpo a una dama anterior al diluvio. Sin embargo:

—Su cuerpo… ¿fresco también?

—¡Oh, no! ¿Cómo quiere usted que se parezca al de esas señoritas de ahora que le gustan a usted tanto?


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6 págs. / 11 minutos / 274 visitas.

Publicado el 21 de septiembre de 2016 por Edu Robsy.

Veníamos Del Teatro…

Horacio Quiroga


Poema, Lírica, Relato


Veníamos del teatro, donde habíamos asistido a la representación de un drama cualquiera.

La charla, acentuada por una discusión de amor, tomó un giro reflexivo.

—En todo caso —dijo de pronto uno de nosotros— el mundo degenera. Nos vamos. En los siglos pasados queda el hombre con sus sombras glorias y encantos.

Caemos. Apenas si en la ridícula agitación de los muñones se conoce que hemos volado.

Todo se aclara, marcando á la herencia con un timbre para crear la ley, colocando una etiqueta en el alma para reconocerla en tal ó cual hecho.


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Dominio público
3 págs. / 6 minutos / 19 visitas.

Publicado el 14 de septiembre de 2026 por Brian.

Acusación Al Cinematógrafo

Horacio Quiroga


Artículo, Crónica


No todo, claro está, ha de ser flores en la carrera de este nuevo arte; y en los propios Estados Unidos —creadores incontestados del film humano—, se cuenta no escaso número de críticos cuya misión en la vida parece haberse concretado a morder con dientes y uñas en la tierna película del film.


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Dominio público
3 págs. / 5 minutos / 11 visitas.

Publicado el 22 de septiembre de 2026 por Brian.

Artículos Misceláneos Dispersos

Horacio Quiroga


Artículo, Crónica, Cuento, Compilación


La Intervención De Los Espíritus Y La Caja De Fósforos


Las últimas manifestaciones espiritistas de Conan Doyle, y su certeza de comunicarse más allá de la vida con su colega Houdini, han vuelto a inquietar a todos los innumerables doloridos de este mundo que con mayor o menor fe sueñan o confían en reanudar, a través de la muerte, una felicidad trunca.

Cabe ante el renovado fenómeno sorprenderse una vez más de la resistencia que el hombre opone a desaparecer totalmente de un escenario frío, insensible y duro, en el que apareció cuando su turno en la caravana fue llegado, y donde se desarrolló, actuó, se encogió y murió, sin llegar a tener nunca conciencia del por qué de este surgir y desaparecer en lo que media de un segundo a otro del universo, y sin conocer otra cosa de su destino que la fatal brevedad en cumplirlo.

Puede el hombre convivir años enteros con los astros; puede prescindir de su yo ante descubrimientos de divina exaltación: pero ante la idea de su muerte personal, circunscrita a sí mismo, el hombre, con una terquedad heredada a través de las edades de la amonita primaria, se agita y se revuelve ante ese anonadamiento.

Sin exceptuar una sola, todas las religiones han enseñado y muestran al hombre el camino de la muerte fatal y liberadora. No hay fenómeno, en nuestra transitoria existencia, más forzoso, necesario y breve que su desaparición. A ningún horror, fantasma o cuco nos acostumbran desde pequeños como a la fatalidad de morir. No hay espectro más fiel en la sombra de todas nuestras acciones que el de la inexorable muerte.

Y no nos acostumbramos a ella, sin embargo. Millares de siglos pasarán, y lo que constituye un acto archiconocido y archisentido por todas las generaciones muertas, y cuyo hábito debía habernos legado, espantará siempre al hombre como inesperada y horrible sorpresa.


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Dominio público
48 págs. / 1 hora, 25 minutos / 18 visitas.

Publicado el 29 de julio de 2026 por Brian.

Cacería de la Víbora de Cascabel

Horacio Quiroga


Cuento infantil


Chiquitos:

¿Se acuerdan ustedes de la extraña cartera de bosillo que tenía aquel amigo ciego que vino una noche de tormenta a visitarme, acompañado de un agente de polícia? Era de víbora de cascabel. ¿Y saben por qué el hombre estaba ciego? Por haber sido mordido por esa misma víbora.

Así es, chiquitos. La víboras todas causan baño, y llegan a matar al hombre que muerden. Tienen dos glándulas de veneno que comunican con sus dos colmillos. Estos dientes son huecos, o, mejor dicho, poseen un fino canal por dentro, exactamente como las agujas para dar inyecciones. Y como esas mismas agujas, los dientes de la víbora de cascabel están cortados en chanfle o bisel, como los pitos de vigilante y los escoplos de carpintero.

Cuando las víboras hincan los dientes, aprietan al mismo tiempo las glándulas, y el veneno corre entonces por los canales y penetra en la carne. En dos palabras: dan una inyección de veneno. Por esto, cuando las víboras son grandes y sus colmillos, por lo tanto, larguísimos, inyectan tan profundamente que llegan a matar a cuanto ser muerden.

La víbora más venenosa que nosotros tenemos en la Argentina es la de cascabel. Es aún más venenosa que la yarará o víbora de la cruz. Cuando no alcanza a matar, ocasiona enfermedades muy largas, a veces parálisis por toda la vida. A veces deja ciego. Y esto le pasó a mi amigo de la cartera, quien no tuvo otro consuelo que transformar la piel de su enemiga en un lindo forro.


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Dominio público
4 págs. / 8 minutos / 176 visitas.

Publicado el 22 de enero de 2024 por Edu Robsy.

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