Textos más vistos de José María de Pereda | pág. 2

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autor: José María de Pereda


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La Puchera

José María de Pereda


Novela


I. «RÉ» EN LA ARCILLOSA

Quién de los dos empujó primero, yo no lo sé. Quizás fuera el mar, acaso fuera el río. Averígüelo el geólogo, si es que le importa. Lo indudable es que el empuje fué estupendo, diérale quien le diera; es decir, el río para salir al mar, ó el mar para colarse en la tierra. Mientras el punto se aclara, supongamos que fué el mar, siquiera porque no se conciben tan descomunales fuerzas en un río de quinta clase, que no tiene doce leguas de curso.

¡Labor de titanes! Primero, el peñasco abrupto, recio y compacto de la costa. Allí, á golpe y más golpe, contando por cúmulos de siglos la faena, se abrió al fin ancho boquete, irregular y áspero, como franqueado á empellones y embestidas. Al desquiciarse los peñascos de la ingente muralla, algo cayó hacia afuera que resultó islote mondo y escueto, y más de otro tanto hacia dentro, en dos mitades casi iguales, que vinieron á ser á modo de contrafuertes ó esconzados de la enorme brecha. La labor del intruso para continuar su avance, fué ya menos difícil: sólo se trataba de abrirse paso á través de una sierra agazapada detrás de la barrera de la costa; y forcejeando allí un siglo y otro siglo, buscando á tientas al obstáculo las más blandas coyunturas de su armazón de granito, quedó hecho el cauce, profundo y tortuoso, entre dos altos taludes que el tiempo fué tapizando de césped y bordando de malezas.


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Dominio público
400 págs. / 11 horas, 40 minutos / 476 visitas.

Publicado el 5 de agosto de 2017 por Edu Robsy.

Los Bailes Campestres

José María de Pereda


Cuento


En una ocasión, hallándose en la romería de San Juan, ó en la de San Pedro, ó en la de San Roque, ó en la de Santiago, ó en la de los Mártires, pues la crónica no lo fija bien; hallándose, digo, en una de estas romerías más de nueve petimetres santanderinos, y no menos de diez damiselas de copete, y hallándose más que regularmente aburridos, lo cual es de necesidad en una romería mientras en ella no se hace otra cosa que ver, oir y brujulear, resolvieron los primeros proponer á las segundas, con las respetuosas salvedades de costumbre, un honesto entretenimiento que, ajustándose en lo posible al carácter del sitio y de la ocasión, fuese digno de las distinguidas personas que se aburrían. Las pudibundas jóvenes aceptaron la propuesta en cuanto al fin. Por lo que hace al modo; los atentísimos galanes, después de discurrir breves instantes, no hallaron, así por razón de honestidad como por razón de sitio, causa, etc., nada más á propósito que un baile improvisado. Las mujeres de entonces, como las de ahora, juzgaban de buena fe que no era un abuso de lenguaje, ó cuando menos, un error de observación, la honestidad, del baile; y no dudaron un instante en aceptar el propuesto, con tal que fuese por lo fino, y no al grosero estilo de los populares, como los que tenían delante y formaban el principal objeto de la romería; exigencia que manifiesta bien claro, que también, en el concepto de aquellas escrupulosas beldades, las cabriolas y escarceos, según que se ejecuten de abajo arriba (more plebeyo) ó de acá para allá y en derredor (more aristocrático), son pecaminosos y groseros, ó edificantes y solemnes…. Digo, pues, que se aceptó la proposición del baile con la restricción consabida, y añado que los proponentes se adhirieron á ella con tanta mayor decisión, cuanto que, á fuer de señores, nunca entró en sus ánimos bailar de otra manera. Acto continuo se procedió á la ejecución del pensamiento.


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Dominio público
14 págs. / 24 minutos / 50 visitas.

Publicado el 31 de octubre de 2020 por Edu Robsy.

Agosto

José María de Pereda


Cuento


Bucólica montañesa

I

No lo podía remediar el pobre tío Luco Sarmientos: mentarle el mes de agosto era producirle un escalofrío. Y si fuéramos a decir que le aborrecía, vaya con Dios; pero sucedía todo lo contrario. Como él decía: «De agosto, no hay que hablar mal delante de mí por lo tocante a sí mesmo, o séase respetive a su mesma mensualidá. No tiene tacha sobre estos particulares; y por gustar, me gusta como el mejor del año; pero...».

Pero era excesivamente supersticioso el bendito de Dios, y hasta creo que no le faltaban motivos para ello, si convenimos, como debemos convenir, en que es muy difícil dejar de ver en una larga y ordenada serie de casualidades, el cumplimiento fatal de una ley misteriosa e inexorable. ¿Quién no es algo supersticioso en este sentido?


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Dominio público
22 págs. / 38 minutos / 162 visitas.

Publicado el 18 de noviembre de 2020 por Edu Robsy.

La Cruz de Pámanes

José María de Pereda


Cuento


Novela romántica, por don Cayetano de Noriega


Introducción


Corría el año de 18... La guerra civil ardía en casi todos los ámbitos de la Península Ibérica. Los dos partidos beligerantes estaban más empeñados que nunca en una lucha, que más tarde había de terminarse por un abrazo más o menos cordial, pero que, al fin, era un abrazo, no de despreciar en unas circunstancias en que no se repartían más que mojicones. Los pueblos, aterrorizados con el olor de la pólvora y el tufillo de la sangre, como en tiempos de cólera morbo, no pensaban en el mañana, si no era para prepararse a bien morir. Los padres miraban con angustiosa ternura hacia sus hijos, y, casi paganos, los encomendaban al dios de las batallas, única divinidad que por entonces se dejaba sentir más a las claras. Los hijos, mirando de soslayo hacia sus padres, parecían hacerles graves cargos por haberlos arrojado al mundo en una época tan calamitosa. Las hijas, a semejanza de esas flores que nacen fuera de estación, y, todavía en capullo, empiezan a marchitarse con las escarchas, arrastraban una vida angustiosa e hipocondríaca, porque los campos de batalla consumían a millares sus más vigorosas y risueñas ilusiones. El amor... Entonces no se amaba, o, si se amaba, era de sopetón y sin miras ulteriores. Cupidito se había quitado la venda y, empuñando el fusil, se batía divinamente a las órdenes de un general cristino... ¡Lástima de metrallazo! (Con perdón de mis lectoras.) Pero ésta no es ocasión de retratar la situación de España en aquel tiempo, ni Cayetano nació cortado para ello. Vamos al asunto...


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5 págs. / 10 minutos / 66 visitas.

Publicado el 6 de febrero de 2023 por Edu Robsy.

La Noche de Navidad

José María de Pereda


Cuento


I

Está apagando el sol el último de sus resplandores, y corre un gris de todos los demonios. Á la desnuda campiña parece que se la ve tiritar de frío; las chimeneas de la barriada lanzan á borbotones el humo que se lleva rápido el helado norte, dejando en cambio algunos copos de nieve. Pía sobresaltada la miruella, guareciéndose en el desnudo bardal, ó cita cariñosa á su pareja desde la copa de un manzano; óyese, triste y monótono, de vez en cuando, el ¡tuba!, ¡tuba! del labrador que llama su ganado; tal cual sonido de almadreñas sobre los morrillos de una calleja…; y paren ustedes de escuchar, porque ningún otro ruido indica que vive aquella mustia y pálida naturaleza.

En el ancho soportal de una de las casas que adornan este lóbrego paisaje, y sobre una pila de junco seco, están dos chicuelos tumbados panza abajo y mirándose cara á cara, apoyadas éstas en las respectivas manos de cada uno.

Han pasado la tarde retozando sobre el mullido lugar en que descansan ahora, y por eso, aunque mal vestidos, les basta para vencer el frío que apenas sienten, soplarse las uñas de vez en cuando.

De los dos muchachos, el uno es de la casa y el otro de la inmediata.

De repente exclama el primero, en la misma postura y dándose con los talones desnudos en las asentaderas:

—Yo voy á comer torrejas … ¡anda!

—Y yo tamién—contesta el otro con idéntica mímica.

—Pero las mías tendrán miel.

—Y las mías azúcara, que es mejor.

—Pues en mi casa hay guisao de carne y pan de trigo pa con ello….

—Y mi padre trijo ayer dos basallones … ¡más grandes!…


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11 págs. / 19 minutos / 229 visitas.

Publicado el 31 de octubre de 2020 por Edu Robsy.

Tipos y Paisajes

José María de Pereda


Cuentos, Colección


Prólogo, advertencia, preludio... o lo que ustedes quieran

El asunto es que algunos de mis paisanos, muy pocos, afortunadamente, han creído hallar en más de una página de mis Escenas montañesas motivo suficiente para que se sobrexcite y alarme su amor patrio; y que yo, que me guardaría muy bien de rebelarme contra el fallo del más incompetente crítico, a quien se le antojase apreciar aún en menos de lo poco que vale mi chirumen, como buen montañés, amante fervorosísimo de mi bella patria, no puedo, ni debo... ni quiero prescindir de oponer algunos reparos a los escrúpulos patrióticos de los mencionados señores, antes de darles a conocer esta segunda serie de Escenas, en las cuales, juzgándolas con el criterio con que juzgaron a las primeras, han de hallar nuevas causas de resentimiento contra mi pluma, y, por consiguiente, contra la intención que la ha guiado.

El cargo que se me hace (y, por cierto, entre piropos que siento no merecer) es la friolera de haber agraviado a la Montaña, presentando a la faz del mundo muchos de sus achaques peculiares, y hasta en son de burla algunos; es decir, con delectación pecaminosa.

Confieso que no ha podido hacérseme una imputación más cruel, ni más injusta, ni que más me lastime. Cruel, porque lo fuera, aun siendo muy notoria la perversidad del alma de un hijo, acusarle de ser capaz de hallar deleite en burlarse de su propia madre; injusta, por lo que vamos a ver.

De dos maneras puede representarse a los hombres: como son, o como deben ser. Para lo primero, basta el retratista; para lo segundo, se necesita el pintor de genio, de inspiración creadora. Concedo sin esfuerzo que el mérito de éste es superior, en absoluto, al de aquél; pero que, tratándose de dar a conocer a un individuo, haya de representársele como debe ser y no como es, no lo concedo aunque me aspen.


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319 págs. / 9 horas, 19 minutos / 249 visitas.

Publicado el 27 de octubre de 2018 por Edu Robsy.

Bocetos al Temple

José María de Pereda


Cuentos, colección


La mujer del César

I

No se necesitaba ser un gran fisonomista para comprender, por la cara de un hombre que recorría a cortos pasos la calle de Carretas de Madrid, en una mañana de enero, que aquel hombre se aburría soberanamente; y bastaba reparar un instante en el corte atrasadillo de su vestido, chillón y desentonado, para conocer que el tal sujeto no solamente no era madrileño, pero ni siquiera provinciano de ciudad. Sin embargo, ni de su aire ni de su rostro podía deducirse que fuera un palurdo. Era alto, bien proporcionado y garboso, y se fijaba en personas y en objetos, no con el afán del aldeano que de todo se asombra, sino con la curiosidad del que encuentra lo que, en su concepto, es natural que se encuentre en el sitio que recorre, por más que le sea desconocido.

Praderas de terciopelo, bosques frondosos, arroyos y cascadas, rocas y flores, eran las galas de su país. Nada más natural que fuesen las grandes vidrieras y los caprichos de las artes suntuarias el especial ornamento de la capital de España, centro del lujo, de la galantería y de los grandes vicios de toda la nación.

Este personaje, que debía llevar ya largas horas vagando por las aceras que comenzaban a poblarse de gente, miraba con impaciencia su reloj de plata, bostezaba, requería los anchos extremos de la bufanda con que se abrigaba el cuello, y tan pronto retrocedía indeciso como avanzaba resuelto.


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Dominio público
168 págs. / 4 horas, 55 minutos / 62 visitas.

Publicado el 26 de junio de 2024 por Edu Robsy.

El Buen Paño en el Arca se Vende

José María de Pereda


Cuento


Tengo el gusto de presentar a ustedes a la señora doña Calixta Vendaval y Chumacera, de Guerrilla y Somatén, mujer de cincuenta eneros cumpliditos, enjunta de carnes, pálida de cutis, sutil y hasta punzante de mirada, y bajita de estatura.

Dice a cuantos se lo preguntan, y a muchos más, que su marido es coronel retirado del ejército de la Isla de Cuba, en donde ganó el grado rechazando la invasión del filibustero López; pero yo sé de buena tinta que el señor Guerrilla y Somatén no pasó jamás de teniente con grado de capitán, carrera, en mi concepto, brillante para un hombre que, como el marido de doña Calixta, procede de la clase de tropa y es además muy bruto y muy feo. Pero doña Calixta no es de esta opinión; y lejos de ello, es capaz de arañarse con cualquiera que se atreva a poner en duda que su marido es un hermoso y bizarro militar que tiene tres galones como tres luceros. Sírvales a ustedes de gobierno esta circunstancia, especialmente en este instante en que van a ser presentados por mí a la simpática familia de aquella señora.


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11 págs. / 20 minutos / 137 visitas.

Publicado el 31 de octubre de 2020 por Edu Robsy.

El Buey Suelto

José María de Pereda


Novela


AL SEÑOR D. M. MENÉNDEZ Y PELAYO

DOCTOR EN FILOSOFÍA Y LETRAS

Aunque tú nos has dicho, y has dicho muy bien, que «el que lanza al mundo un libro con sus tachas buenas ó malas, debe responder de todas, confiéselas ó no,» quiero, á buena cuenta y por lo que valga, invocarte por testigo de que al borrajear estos cuadros, casi á tu presencia, no me guió el propósito de resolver en ellos problema alguno, sino el de fantasear sobre un tema determinado, con el mismo derecho que han tenido otros escritores para fantasear con opuesta tendencia; y acusarte después, como te acuso, de haber creído y de seguir creyendo que en este rimero de cuartillas, escritas sin plan meditado y verdaderamente á vuelapluma, hay un libro que debe publicarse, porque, bien leído, no carece de útiles enseñanzas.

Esto dicho sin temor de que me desmientas, declaro que, no obstante lo mucho que pesan tus dictámenes sobre mis pareceres, por esta vez, ateniéndome al mío, diametralmente opuesto al tuyo denunciado, quedáranse estos cuadros, como algunos de sus hermanos mayores, sin ver la luz de la imprenta, á no animarme á publicarlos la esperanza de que el lector ha de perdonar las tachas de la obra, en gracia de lo virgen del terreno en que penetra.


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232 págs. / 6 horas, 46 minutos / 230 visitas.

Publicado el 10 de agosto de 2017 por Edu Robsy.

El Óbolo de un Pobre

José María de Pereda


Cuento


Llevaba en el bolsillo del chaquetón el oficio que acababa de recibir de la primera autoridad de la provincia. Se le encarecía mucho en él la necesidad de aprovechar el tiempo; se le hablaba de su «bien probado celo», de su «acreditada actividad», y de su «nunca desmentida abnegación en beneficio de los menesterosos». No estaba él muy seguro de haber dado motivo a la susodicha autoridad para afirmar tan en redondo todas estas cosas, aunque sí de ser tan hombre de bien y sano de entraña como el primero que se le pusiera delante, y de haber merecido de la bondad de Su Señoría, en los dos años no cabales que llevaba rigiendo la administración municipal de su pueblo, el favor de dos comisionados de apremio, con treinta reales de dietas, por deudas insignificantes del Ayuntamiento; pero cuando Su Señoría lo afirmaba de un modo tan terminante... Además, Su Señoría daba también por sentado que el alcalde estaría bien al corriente ya del «horrendo cataclismo» que había «casi borrado de la haz de la tierra española» dos «de las más ricas, bellas y celebradas provincias andaluzas»; y el alcalde no sabía jota de ello, ni aprenderlo podía en el vago, ampuloso y, para él, enrevesado contexto del oficio; ni creía que le sentaba bien a una persona erigida en autoridad, declararse oficialmente ignorante de sucesos que debían ser harto sabidos en el mundo; y como los últimos Boletines recibidos en el Ayuntamiento estaban intonsos aún en poder del secretario, acudió al señor cura en demanda de pormenores que le pusieran en autos; pero el señor cura, que en aquel instante iba muy de prisa a confesar a un feligrés moribundo, solamente pudo darle ligerísimas nociones, así de las causas, como de los efectos del cataclismo mencionado por el señor Gobernador.


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Dominio público
3 págs. / 6 minutos / 58 visitas.

Publicado el 18 de noviembre de 2020 por Edu Robsy.

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