Textos más populares este mes de Lafcadio Hearn que contienen 'u' | pág. 2

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Riki-Baka

Lafcadio Hearn


Cuento


Se llamaba Riki, que significa “fuerza”, pero la gente lo llamaba Riki el Simple, o Riki el Tonto, “Riki—Baka”, porque su vida transcurría en una infancia perpetua. Por esa misma razón lo trataban con amabilidad, aun cuando hubiera incendiado una casa acercando un fósforo encendido a un mosquitero, aplaudiendo de alegría al ver el resplandor de las llamas. A los dieciséis años era un mozo alto y fornido, pero su mente siempre conservó la feliz edad de dos años, y por tanto Riki seguía jugando con los pequeños. Los niños más grandes de la vecindad, de cuatro a seis años, no jugaban con él, porque Riki no podía aprender sus juegos ni sus canciones. Su juguete favorito era una escoba, a la que montaba como un caballito; y se pasaba las horas con su escoba, subiendo y bajando la cuesta que hay frente a mi casa, con asombrosas carcajadas. Pero al fin el ruido que causaba comenzó a molestarme, y tuve que decirle que fuera a jugar a otro sitio. Se inclinó con docilidad y se alejó, arrastrando la escoba con pesadumbre. Era muy amable y absolutamente inofensivo (siempre que no le dieran la oportunidad de jugar con fuego), y rara vez daba motivo de queja. Se relacionaba con la vida de nuestra calle en forma tan anónima como un pollo o un perro; cuando desapareció, no llegué a extrañarlo. Pasaron meses antes de que llegara a acordarme de Riki.

—¿Qué le ocurrió a Riki ? —le pregunté entonces a un viejo leñador que provee de combustible a nuestra vecindad, pues recordé que Riki solía ayudarlo a llevar los haces de leña.

—¿Riki—Baka? —respondió el viejo—. Ah, Riki murió, pobrecito… Sí, murió hace cosa de un año, inesperadamente; los médicos dijeron que tenía una enfermedad en el cerebro. Y hay una extraña historia respecto a Riki.


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Publicado el 20 de septiembre de 2016 por Edu Robsy.

Ubazakura

Lafcadio Hearn


Cuento


Hace trescientos años, en la aldea de Asamimura, distrito de Osengõri, provincia de Iyõ, vivía un buen hombre llamado Tokubei. Este Tokubei era la persona más rica del distrito, y el muraosa, o jefe de la aldea. La suerte le sonreía en muchos aspectos, pero alcanzó los cuarenta años de edad sin conocer la felicidad de ser padre. Afligidos por la esterilidad de su matrimonio, él y su esposa elevaron muchas plegarias a la divinidad Fudõ Myõ Õ, que tenía un famoso templo, llamado Saihõji, en Asamimura.

Sus plegarias no fueron desoídas: la mujer de Tokubei dio a luz una hija. La niña era muy bonita, y recibió el nombre de O—Tsuyu. Como la leche de la madre era deficiente, tomaron una nodriza, llamada O—Sodé, para alimentar a la pequeña.

O—Tsuyu, con el tiempo, se transformó en una hermosa muchacha; pero a los quince años cayó enferma y los médicos juzgaron irremediable su muerte. La nodriza O—Sodé, quien amaba a O—Tsuyu con auténtico amor materno, fue entonces al templo de Saihõji y fervorosamente le rogó a Fudõ—Sama por la salud de la niña. Todos los días, durante quince días, acudió al templo y oró; al cabo de ese lapso, O—Tsuyu se recobró súbita y totalmente.

Hubo, pues, gran regocijo en casa de Tokubei; y éste ofreció una fiesta a los amigos para celebrar el feliz acontecimiento. Pero en la noche de la fiesta O—Sodé cayó súbitamente enferma; y a la mañana siguiente, el médico que había acudido a atenderla anunció que la nodriza agonizaba.

Abrumada por la pena, la familia se congregó alrededor del lecho de la moribunda para despedirla. Pero ella les dijo :


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Publicado el 20 de septiembre de 2016 por Edu Robsy.

Diplomacia

Lafcadio Hearn


Cuento


Según las órdenes, la ejecución debía llevarse a cabo en el jardín del yashiki. De modo que condujeron al hombre al jardín y lo hicieron arrodillar en un amplio espacio de arena atravesado por una hilera de tobiishi, o pasaderas, como las que aún suelen verse en los jardines japoneses. Tenía los brazos sujetos a la espalda. La servidumbre trajo baldes con agua y sacos de arroz llenos de piedras; y se apilaron los sacos alrededor del hombre en cuclillas, de tal forma que éste no pudiera moverse. Vino el señor y observó los preparativos. Los halló satisfactorios y no hizo observaciones.

Súbitamente gritó el condenado:

—Honorable señor, la falta por la que me habéis sentenciado no fue cometida con malicia. Fue sólo causa de mi gran estupidez. Como nací estúpido, en razón de mi karma, no siempre pude evitar ciertos errores. Pero matar a un hombre por ser estúpido es una injusticia… y esa injusticia será enmendada. Tan segura como mi muerte ha de ser mi venganza, que surgirá del resentimiento que provocáis; y el mal con el mal será devuelto…

Si se mata a una persona cuando ésta padece un gran resentimiento, su fantasma podrá vengarse de quien causó esa muerte. El samurai no lo ignoraba. Replicó con suavidad, casi con dulzura:

—Te dejaremos asustarnos tanto como gustes… después de muerto. Pero es difícil creer que tus palabras sean sinceras. ¿Podrías ofrecernos alguna evidencia de tu gran resentimiento una vez que te haya decapitado?

—Por supuesto que sí —respondió el hombre.

—Muy bien —dijo el samurai, desnudando la espada—; ahora voy a cortarte la cabeza. Frente a ti hay una pasadera. Una vez que te haya decapitado, trata de morder la piedra. Si tu airado fantasma puede ayudarte a realizar ese acto, por cierto que nos asustaremos… ¿Tratarás de morder la piedra?


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Publicado el 20 de septiembre de 2016 por Edu Robsy.

En una Estación de Ferrocarril

Lafcadio Hearn


Cuento


Séptimo día del sexto mes veintiséis de Meiji

Ayer un telegrama de Fukuoka anunció que un desesperado criminal capturado allí sería traído hoy a Kumamoto para su juicio, en el tren pasado el mediodía. Un policía de Kumamoto había ido a Fukuoka para hacerse cargo del prisionero.

Cuatro años antes un fuerte ladrón había ingresado a algunas casas por la noche en la Calle de los Luchadores, aterrorizando y atando a los ocupantes, llevándose una cantidad de cosas valiosas. Rastreado hábilmente por la policía, fue capturado dentro de las veinticuatro horas, aún antes de que pudiera disponer de su botín. Pero cuando fue llevado a la estación de policía rompió sus ataduras, le arrebató la espada a su captor, lo mató y escapó. No se había oído nada más de él hasta la semana pasada.

Entonces sucedió que un detective de Kumamoto, que se encontraba visitando la prisión de Fukuoka, vio entre los trabajadores una cara que había estado grabada durante cuatro años en su cerebro.

—¿Quién es ese hombre? —le preguntó al guardia.

—Un ladrón —fue la respuesta— registrado aquí como Kusabe.

El detective se acercó al prisionero y dijo:

—Tu nombre no es Kusabe. Nomura Teiichi, se te reclama en Kumamoto por asesinato.

El criminal confesó todo.

Fui con una gran horda de gente a ver la llegada a la estación. Esperaba escuchar y ver ira, temí aún que hubiera violencia. El oficial asesinado había sido muy querido; sus parientes ciertamente estarían entre los espectadores, y una multitud de Kumamoto no es muy amable. También pensé que encontraría muchos policías en servicio. Mis presentimientos estaban errados.


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3 págs. / 5 minutos / 68 visitas.

Publicado el 20 de septiembre de 2016 por Edu Robsy.

Sombras

Lafcadio Hearn


Cuento


La reconciliación

Había en Kioto un joven samurái que, sumido en la más absoluta pobreza tras la caída de su señor, se había visto obligado a abandonar su hogar para entrar al servicio del gobernador de una provincia lejana. Antes de irse de la capital, el samurái se divorció de su esposa —una joven buena y hermosa—, pues creía que le sería más fácil ascender mediante un nuevo matrimonio. Resolvió casarse con la hija de una familia de cierta posición y la pareja de recién casados se trasladó al distrito al cual el samurái había sido llamado.


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25 págs. / 43 minutos / 82 visitas.

Publicado el 3 de febrero de 2018 por Edu Robsy.

Miscelánea Japonesa

Lafcadio Hearn


Cuento


De una promesa cumplida

—Regresaré a comienzos de otoño —dijo Alcana Soyemon siglos atrás para despedirse de su hermano adoptivo, el joven Hasebe Samon. Esto sucedió en primavera, en la aldea de Kato, provincia de Harima. Alcana era un samurái de Izumo y quería visitar su tierra natal.

—Tu Izumo, el País de las Ocho Nubes Crecientes, está muy lejos. Así que quizá te resulte difícil prometer que vas a regresar en un día concreto. No obstante, saber el día exacto nos haría muy felices ya que podríamos preparar un banquete de bienvenida en tu honor y esperar en la puerta tu llegada.

—Bueno, en cuanto a eso —respondió Akana—, estoy tan acostumbrado a viajar que puedo decir con antelación cuánto tiempo tardaré en llegar a un lugar determinado; por eso puedo prometer con toda seguridad qué día estaré de vuelta. ¿Digamos para el día del festival Chōyō?

—Eso es el noveno día del noveno mes —dijo Hasebe—, cuando los crisantemos están en plena floración, así que podremos ir a contemplarlos juntos. ¡Estupendo! Entonces, ¿prometes regresar el noveno día del noveno mes?

—El noveno día del noveno mes —repitió Akana esbozando una sonrisa de despedida. Y dando grandes zancadas se marchó de la aldea de Kato, en la provincia de Harima mientras Hasebe Samon y la madre de Hasebe le decían adiós con lágrimas en los ojos.

«Ni el sol ni la luna», reza un antiguo proverbio japonés, «se detienen jamás en su viaje». Los meses pasaron veloces y llegó el otoño, la estación de los crisantemos. Y muy temprano en la mañana del noveno día del noveno mes, Hasebe se preparó para recibir a su hermano adoptivo. Organizó un gran festín con las mejores viandas, hizo traer vino, decoró el salón de visitas y puso en los jarrones de la alcoba crisantemos de dos colores. Cuando su madre lo vio, le dijo:


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Publicado el 3 de febrero de 2018 por Edu Robsy.

Kwaidan: Historas y Estudios Sobre Cosas Extrañas

Lafcadio Hearn


Cuento, Leyenda


La historia de Mimi-Nashi Hōichi

Hace más de 700 años, en Dan-no-ura, en el litoral del estrecho de Shimonoseki, se libró la última batalla de la larga guerra que enfrentó a los Heike, el clan de los Taira, con los Genji, el clan de los Minamoto. Fue en aquel lugar donde perecieron todos los Heike, con sus mujeres y niños, y también el emperador infante, hoy recordado como Antoku Tennō. Aquellos mares y aquellas costas llevan siete siglos hechizados por los espíritus de los muertos… En alguna otra parte he descrito los extraños cangrejos que habitan esa zona —y que son conocidos como «cangrejos Heike»—, en cuyos caparazones se dibujan rostros humanos que se dice representan las caras de los fieros guerreros Heike. Pero otras muchas cosas insólitas se ven y se oyen a lo largo de esas costas. En las noches oscuras, miles de fuegos espectrales se posan sobre la playa y revolotean sobre las olas —pálidas luces que los pescadores llaman oni-bi o fuegos del demonio—, y siempre que sopla el viento, arrastra consigo lo que parecen alaridos y gritos del fragor de la batalla provenientes del mar.


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72 págs. / 2 horas, 7 minutos / 103 visitas.

Publicado el 4 de febrero de 2018 por Edu Robsy.

Kottō: Curiosidades Japonesas con Diversas Telarañas

Lafcadio Hearn


Cuento, leyenda


La leyenda de Yurei-Gaki

Cerca de la aldea de Kurosaka, en la provincia de Hōki, hay una cascada llamada Yurei-Gaki, o Cascada de los Fantasmas. El porqué de este nombre lo desconozco. Al pie de la cascada se alza un pequeño santuario sintoísta consagrado a la deidad local, a la cual los lugareños llaman Taki-Dairnyōjin; enfrente del santuario hay una pequeña caja de madera para las ofrendas —saisen bako— en la que los creyentes depositan sus óbolos. Y esa caja de ofrendas tiene su historia.

Una fría tarde invernal, hace ya treinta y cinco años, las mujeres y las muchachas empleadas en cierta asatoriba, una fábrica de cáñamo, en Kurosaka, se reunieron en torno al gran brasero de la sala de hilar una vez finalizada su jornada de trabajo y se entretuvieron contando historias de fantasmas. Llevaban ya una docena de relatos cuando la mayoría de ellas comenzaron a sentirse incómodas; una muchacha chilló para intensificar el placer del miedo:

—¡Imaginad tener que ir esta noche, en completa soledad, a la cascada de Yurei-Gaki!

Esta sugerencia provocó un griterío general seguido de un estallido de risas nerviosas…

—Le daré todo el cáñamo que he hilado hoy a la que vaya hasta allí —propuso burlona una del grupo.

—¡Yo también! —exclamó otra.

—¡Y yo! —dijo una tercera.

—¡Y todas nosotras también! —afirmó una cuarta.

Entonces, de entre las hilanderas, una tal Yasumoto O-Katsu, la mujer del carpintero, se puso en pie. A la espalda llevaba a su hijo, un pequeño de dos años, que dormía plácidamente envuelto en un chal ceñido al cuerpo de su madre.

—Escuchad —dijo O-Katsu—, si accedéis a darme todo el cáñamo que habéis hilado hoy, iré a Yurei-Gaki.


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32 págs. / 57 minutos / 140 visitas.

Publicado el 4 de febrero de 2018 por Edu Robsy.

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