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El Filósofo y la “Vengadora”

Leopoldo Alas "Clarín"


Cuento


I

Amigo mío: aunque vivo lejos del mundanal ruido, no dejo de enterarme por los periódicos de los sucesos públicos más interesantes, en particular de los que atañen á la vida literaria contemporánea, que sabes cuánto me llama la atención, por el gran valor social que atribuyo á sus manifestaciones. Pues bien: he leído el monólogo de Teresa, la vengadora de Sellés, y he visto que al público no le ha parecido inverosímil que una mujer de esa clase, de esa vida, sepa hablar tan bien y pensar tan profundamente. El buen éxito de la Teresa de Sellés me anima á publicar, por tu conducto, si aceptas el encargo, esta especie de Heroídas en prosa que adjuntas te remito y que son, como verás, una correspondencia entre una verdadera vengadora y este humilde filósofo, según tú y otros amigos me llamáis, tal vez por burlaros de mis aficiones. Mi vengadora es más sabia que Teresa, hasta es pedante y muy aficionada á psicologías, según consta en esos papeles. He tenido guardadas estas cartas porque, si bien me parece que tienen cierto sabor literario (y perdona la inmodestia, por lo que toca á las mías) no creí hasta ahora que el público pudiera encontrar verosímil esta clase de damas de las Camelias casi idealistas, retorcidas y alambicadas de espíritu, pero no arrepentidas ni tal vez enamoradas. Y que existe la mujer así es evidente: yo he conocido, he visto ésa, de carne y hueso, y para que tú la conozcas también, en espíritu, le dejo la palabra. Lee, y si te parece, publica.

Tuyo,

El filósofo.


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Dominio público
11 págs. / 19 minutos / 62 visitas.

Publicado el 21 de febrero de 2021 por Edu Robsy.

Medalla... de Perro Chico

Leopoldo Alas "Clarín"


Cuento


¿Que no conocen ustedes a la de Casa-Pinar? ¡Pues si no se ve por ahí otra cosa! Ella es la golondrina que sí hace verano.

En cuanto asoma agosto, se presenta Agripina Pinillos, hija de la marquesa viuda, y pontificia, de Casa-Pinar.

Es una golondrina que no viene de África, a no ser que África empiece en Pajares. Viene de tierra de Campos o cosa así: es hige life... de tierra, y, a todo tirar, de Toro.

Todos los veranos aparece con una protesta que no se le cae de los labios, a saber: que por milagro de Dios no está en San Sebastián o en Ostende o en Corls..., eso, en fin, donde la señora de Cánovas.

Todavía da la mano como se daba el año ochenta y tantos, es decir, como quien da una coz con los remos delanteros. Si no fuese por la moda, ese ídolo que reconocieron los griegos, la de Casa-Pinar sería una perfecta hermosura. No es la Venus Urania, es la Venus... snob.

Sí; representa el snobismo... de cabotaje.

Porque no sale de nuestras costas.

Quiere ser más figurín que estatua.

Entre Fidias y el modisto mejor de París, ella no vacilaría: se pondría en manos del modisto.

Cuando se ve desnuda, se desprecia. Y vuelve a ser el pavo real, satisfecho de sus plumas, cuando se ciñe el ridículo traje de baño y se pone el sombrero que la convierte en un patache a toda vela, o el gorro ignominioso que la hace parecerse a un frasco de esencias. ¿Queréis que os salude la de Casa-Pinar, ya que tenéis el honor de tratarla y ser acreedor de su señora madre, por ejemplo?

Pues en vano aspiráis a tal privilegio... si lleváis chaleco al balneario.

Es necesario, para que Agripina os honre con algo más que una imperceptible inclinación de cabeza, que os presentéis con zapatos blancos, de tela y con semicírculos de charol, con faja chillona y camisa churrigueresca terminada por cuello blanco de los que dan garrote al dar vuelta.


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Dominio público
3 págs. / 5 minutos / 124 visitas.

Publicado el 28 de noviembre de 2016 por Edu Robsy.

Los Señores de Casabierta

Leopoldo Alas "Clarín"


Cuento


¡Pero estos señores de Casabierta no tienen vida privada!

Así se explica lo que le sucedió con ellos á don Eufrasio Paleólogo, presidente del Casino de Villapidiendo, gran lector de periódicos y elector nato del señor de Casabierta, candidato nato también á la Diputación de Villapidiendo.

Pues señor, vino á Madrid Paleólogo á unos asuntos del común, ó del procomún, como él cree que se dice; y claro, en seguida, es decir, en cuanto se dejó dar lustre á las botas en la Puerta del Sol, junto al Imperial, se dirigió á casa del señor de Casabierta.

¡Entró!—El señor no está... Ya, ya lo sé; pero de seguro está la señora.—Caballero, ¿usted qué sabe?—Hombre, sepa usted que trata con una persona ilustrada que lee los periódicos y tiene coleccionados en un tomo los artículos de Almaviva... La señora se levanta á las nueve; hace su toilette—usted no sabe lo que es eso—hasta las diez; toma un piscolabis, que consiste en una copa de jerez seco, y versos de Grilo, mojados en el jerez. Á las once recibe en el salón verde, que tiene una consola Pompadour, una chimenea de la Regencia... de Espartero y muchos platos allá cerca del techo. Como si lo viera, hombre, como si lo viera. Ea, déjeme usted pasar.—Por aquí, caballero, por aquí.—No, señor, voy bien; los íntimos entran por aquí: á mí me recibirá en su boudoir chocolate claro, color serio, propio de señora leída al par que dettachée de las vanidades del mundo. ¿Usted qué se figura, hombre de Dios, que en Villapidiendo no sabemos francés españolizado y entrar en el boudoir por donde entran les intimes, y en francés como ellos?


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Dominio público
4 págs. / 7 minutos / 58 visitas.

Publicado el 21 de febrero de 2021 por Edu Robsy.

Don Ermeguncio o la Vocación

Leopoldo Alas "Clarín"


Cuento


¿Cuándo y por qué se empezó á hablar de don Ermeguncio en los periódicos? Nadie lo sabe; yo sólo puedo asegurar que yo siempre oí llamarle literato distinguido.

La vez primera que su nombre significativo sonó en mis oídos, por lo demás era ya famoso, fué con motivo de unas oposiciones á una cátedra de Psicología, Lógica y Ética. Sí; yo lo vi en la Gaceta; estaba el último en la lista de jueces. Don Ermeguncio de la Trascendencia, autor de obras; don Ermeguncio era, pues, ya por aquel entonces autor de obras.

Eran los tiempos en que mandaban los krausistas. Por aquella época todo se dividía en parte general, especial y orgánica. Don Ermeguncio había escrito una Memoria sobre el arte de extirpar los caracoles en las huertas; y una Sociedad de Antropología general le dió un accésit por su trabajo, que se dividía, no faltaba más, en parte general, especial y orgánica. Ignoro por qué una Sociedad de Antropología perseguía los caracoles; pero consigno un hecho.

Otra vez le adjudicaron á Trascendencia una rosa natural, que le tuvieron que mandar á Madrid desde Alicante. La había ganado en un certamen escribiendo una oda en verso libre. Á la influencia de las bibliotecas populares en el adelanto general de la cultura. Por supuesto, la oda iba también dividida en parte general, especial y orgánica.

Por estas dos producciones principalmente llamaba la Gaceta autor de obras á don Ermeguncio de la Trascendencia.

Primero faltaba el sol que don Ermeguncio dejase de asistir á la clase de todos los catedráticos que habían sido ó estaban á punto de ser ministros. Él ya era doctor; ¡pero amaba tanto la ciencia!


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Dominio público
6 págs. / 11 minutos / 67 visitas.

Publicado el 21 de febrero de 2021 por Edu Robsy.

Novela Realista

Leopoldo Alas "Clarín"


Cuento


Apuntes de la cartera de un suicida: “—He venido á Z... á bañarme y á resucitar la muerta poesía del corazón. He dado trece baños, número fatal, y hoy me decido á quedarme en el agua. He cogido la sábana como si fuera un sudario; el calzoncillo de punto me lo he puesto como quien se viste la mortaja. Al pasar bajo el balcón del célebre doctor Sarcófago le he visto apoyado sobre el antepecho. Fumaba tranquilo, de bata, calzando babuchas tan holgadas y tan poco cristianas como su conciencia. Eran babuchas berberiscas. El doctor me ha saludado sonriente.—¡Corto, corto! gritaba, ya se lo tengo á usted dicho.—Quería decir que el baño durase poco.—¿Baño de impresión, no es eso?—Sí, de impresión.—Así será en efecto. ¡Un baño de impresión!—Escribo en la casa de baños. Es decir, en la capilla. ¡Acabo de fumar un cigarro del estanco y de leer un número atrasado de La Correspondencia! El cielo está nublado, llueve, hace frío, el agua está como dormida, en la sucia playa se abaten las olas sobre montones de inmundicia. Parece esto un lavadero público. Todo es triste, insignificante, sucio. Allí está don Restituto, con el agua al cuello, aunque sólo le llega á las rodillas; pero su esposa doña Paz está á su lado, mejor sobre sus costillas, y don Restituto, mísero Atlante con 8.000 reales de sueldo, sufre en los hombros la inmensa pesadumbre de su cara mitad. Una mitad leonina. ¿Y qué me importa á mí esto? Nada. Y sin embargo, la presencia de doña Paz me turba, y mi deseo de morir es más vehemente contemplando esta cópula canónica y civil que se llama ante el mundo matrimonio, y en el hogar es la explotación del hombre por el histérico. Doña Paz tiene histérico, última ratio de la machorra. ¡Machorra! Palabra grosera, sarcástica, que el Diccionario autoriza. En Madrid don Restituto es mi subalterno. Yo cobro algo más que él, soy su jefe.


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Dominio público
7 págs. / 12 minutos / 102 visitas.

Publicado el 21 de febrero de 2021 por Edu Robsy.

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