Textos más populares este mes de Norberto Torcal publicados el 31 de octubre de 2021 | pág. 3

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autor: Norberto Torcal fecha: 31-10-2021


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Ginesillo

Norberto Torcal


Novela corta


A la Excma. Sra Condesa de Rivadedeva.

I

Eran aquellos desdichados tiempos en que el hombre no había hallado aún la manera de devorarlas distancias sostenido sobre una doble rueda pneumática, ni resuelto el problema de tener luz brillante y clarísima sin necesidad de la mecha y el gastado eslabón, ni inventado, en fin, el modo originalísimo y cómodo de poder conversar con los ausentes sin más que acercar los labios á una delgada lámina, y aplicar al oído un pequeño aparato de madera barnizada.

Dicho se está con esto que, en tales tiempos, nuestros antepasados vivían hechos unos verdaderos brutos. Comiencen Vds. por recordar que todas aquellas gentes que hoy se pudren en el seno de la tierra, eran lo suficientemente ignorantes para creer en la existencia de Dios y en la inviolabilidad de los bienes del prójimo; que no tenían la menor noticia de las trufas de Perigord, ni de los cangrejos del Rhin, ni del foie-gras de Strasburgo, sino que hacían del vulgar garbanzo y la democrática patata elementos indispensables del imprescindible y clásico cocido; que desconocían en absoluto las excelencias del sleeping-car y del champagne, lo mismo que las delicias de los libros de Zola y de Bourget, que ni celebraban cotillones, ni sabían, en fin, lo que era el género chico en los teatros, y creo que será lo suficiente para que cuantos henchidos de sabiduría y ahitos de felicidad vivimos en este dichoso fin de siglo, compadezcamos muy de veras á aquellos iulelices abuelos nuestros, que si no andaban á gatas, era seguramente por especialísimo favor de la Providencia.


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Dominio público
57 págs. / 1 hora, 40 minutos / 48 visitas.

Publicado el 31 de octubre de 2021 por Edu Robsy.

La Negra Honrilla

Norberto Torcal


Cuento


A Mr. Ernest Mérimée.


Poco á poco, con rumor de marea en descenso, el coloso de piedra y de ladrillo comenzó á vomitar por sus cien puertas como por otras tantas válvulas ó bocas abiertas á aquella compacta abigarrada muchedumbre que, ebria de sol, de sangre y de vino, hacía retemblar momentos antes las graderías de piedra del tendido con rugidos de fiera y convulsiones de epiléptico.

Ya el interior de la plaza iba quedando silencioso y vacío; los rayos del sol elevándose lentamente, iluminaban la parte más alta de las galerías de la plaza; por entre los arabescos arcos veíanse los huecos inmensos que el público dejaba al retirarse, y abajo en la movediza arena del ruedo, un largo rastro de sangre fresca y roja como recién brotada de la herida, señalaba aún el camino seguido por las mulillas en el arrastre del último toro.

Con los codos apoyados en la barrera y la cara entre las manos, Manolo Rílez, un buen novillero de rostro simpático, franca y noble mirada, chaqueta corta de alpaca y pantalón cedido, estallante en la cintura y amplio en la pierna, contemplaba distraídamente el desfile interminable de la gente.

Así pasó breve rato, y cuando la gritería y confusión de los primeros momentos comenzó á decrecer y apagarse, volvióse á Chavillo, que silencioso y reflexivo permanecía sentado á su vera, y con tono de guasa le dijo:

—Pero hombre, se te van á secar los sesos de tanto cavilar... ¿Piensas pasarte aquí la noche haciendo filosofías y almanaques?

Chavillo por toda respuesta se puso en pie y echó á andar seguido de Manolo. Juntos atravesaron el patio de caballos, donde no había más que dos viejos picadores, que con gran calor y entusiasmo comentaban los lances de la corrida de aquella tarde, y salieron fuera.


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Dominio público
4 págs. / 8 minutos / 31 visitas.

Publicado el 31 de octubre de 2021 por Edu Robsy.

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