Textos más vistos de Pablo Palacio publicados por Edu Robsy que contienen 'b' | pág. 3

Mostrando 21 a 24 de 24 textos encontrados.


Buscador de títulos

autor: Pablo Palacio editor: Edu Robsy contiene: 'b'


123

Gente de Provincias

Pablo Palacio


Cuento


Santiago Maya

Aquel pobre señor de provincia, Santiago Maya, andaba siempre en chancleta y fumaba largos y renegridos puros… Pobre de dinero, no: cinco mil barras, como dicen, hacen en los pueblos una fortuna bastante respetable. Da para echar vientre; ponerse la gorra o el sombrero de paja a media testa; hundir las manos en los bolsillos, sonando las llaves y alguna que otra moneda; arrastrar grave y concienzudamente las zapatillas, y hablar de política y mujeres.

Santiago Maya tuviera más, mucho más, si no habría sido por la maldita hernia, que le obligaba a tener prendido a la carne, como un apéndice, el insoportable braguero.

Cuando mozo fuera ayudante de su padre en un molino, que a la cabecera del pueblo metía la bulla del siglo: las grandes piedras remordiéndose ruidosamente para triturar el grano; los remiendos de las bandas azotando como foetes los volantes durante las vueltas interminables. Santiago llevaba de uno a otro lado los ventrudos costales de trigo y los hondos cajones de harina. Se hizo fuerte como un toro. Una mañana, en unión de algunos jornaleros, vacilaba ante una pesada carga:

—A que no alzan ustedes este saco.

—Ni usted lo alza, patrón.

Lo que menos le gustaba era las charlas. Al grano, al grano, y en verdad que al grano había que ir. Y que «lo alzo», que «no lo alza»… Santiago levantó el saco poniéndose muy rojo; luego emplasteció un poquillo, y no hubo más.

A los pocos días, durante el baño, reparó en una pequeña bolita junto al bajo vientre, que después fue hinchándose poco a poco. Las amigos le dieron bromas, pero él se puso serio y un sí es no es asustado. Decaían sus fuerzas, y en esa ocasión, lleno de vergüenza, casi no pudo atravesar el río a nado.


Leer / Descargar texto

Dominio público
8 págs. / 14 minutos / 26 visitas.

Publicado el 10 de mayo de 2026 por Edu Robsy.

Novela Guillotinada

Pablo Palacio


Cuento


Ir tras el hombre que proyectará tu espectro en mi espíritu, conmutador de las palabras, para arrancarle sus reacciones interiores.


Ya está el hombre, ya está acechado.

Simple, que toma café con tostadas.

Sigue la fuga del tranvía:

«¡Pare! ¡Pare!»

Escribe números, tiene mujer e hijos, se entera de que en invierno sube el precio del carbón y en las sequías el de las patatas.

Engaña a la de él con la de otro, o sencillamente con la de todos. ¿Qué tiene en la médula al engañarla con la de todos? Es tan hombre que no entiende del exquisito sabor de la mujer conocida, y el camino andado tantas veces le tira del saco hacia afuera.

Con éste haré mi novela, novela larga hasta exprimirme los sesos; estirando, estirando el hilo de la facundia para tener un buen volumen. Se venderá a 7 pesetas. Se pasmarán ante el psicólogo erudito, conocedor profundo del corazón humano.

Pondré:

«Tocado con elegante sombrero de felpa».

y

«Hundido en la lectura matinal de su periódico, nuestro héroe dobló hacia la larga Avenida que, bordada de copudos árboles, desemboca en la parte alta de la plaza Mayor».


Burilaré un manual de literatura cuerda, haciendo buen uso de mis aptitudes de narrativas;

«Un cabriolé tirado por dos elegantes caballos».

«La señora de Mendizábal estaba en la edad en que la mujer vuelve a Dios».

«Hacía sonar caprichosamente sobre el pavimento los tacones de sus zapatitos Luis XV».

«El jardinero, hombre receloso, pegó el ojo a la cerradura».

«Tenía un perro y una perra».

«Se sirvieron apetitosas truchas».

«No faltó el caviar ruso».

«Vino el espumoso champagne».

«Cerró los ojos…»

Se venderá a 7 pesetas.


Leer / Descargar texto

Dominio público
1 pág. / 2 minutos / 46 visitas.

Publicado el 19 de mayo de 2024 por Edu Robsy.

¡Señora!

Pablo Palacio


Cuento


—Usted fue, sí, usted fue.

—¿Señora…?

—Le digo que fue usted; no sea sinvergüenza.

—Pero… ¡señora!… perdone: no sé de lo que se trata.

—¡Ah!, cínico… Devuélvame enseguida lo que ha cogido.

El hombre sintió un crujido en el armatoste de su buen juicio y se quedó viendo la cara de la rabiosa con ojos desencajados.

—¿Fue usted quien estuvo sentado junto a mí en el Teatro?

—… Sí, señora; así me parece…

—Entonces, ¿qué hizo de mi saquito de joyas?

—Pero ¿qué saquito de joyas?

—¡Oh! Esto es demasiado. Y ¡claro!, no podía ser de otra manera. ¡A lo que hemos llegado! Usted se va conmigo, jovencito, y no diga nada porque no quiero hacerle tomar un chasco. ¡Se ha de creer que sea yo quien sienta vergüenza antes que él!

En la comedia moderna, el automóvil es un personaje interesantísimo; así es que se acercó un automóvil.

—A la Policía.

Anonadamiento. «¿Estoy yo loco o está ella loca? ¿Sueño o no sueño? ¿Qué es lo que me pasa? ¿Soy ladrón o no soy ladrón? ¿Existo o no existo?». Alto grado de estupidez.

—¡Pero, señora!

—¡Vuelve usted con lo mismo! No me va a ser posible entenderme con usted. Ya se lo he dicho. Lo que tiene que hacer es devolverme lo que ha cogido y no venirme con lamentaciones. Nada de esto hubiera pasado si usted me habría devuelto eso enseguida. ¿A qué vienen sus fingimientos?

—Se lo juro, señora: no sé qué es lo que usted me reclama.

—¡Cállese! ¡Cállese! Me va a hacer encolerizar. Tengo convencimiento de que fue usted y por eso hago lo que hago. Y no sé bien por qué procedo así. A pesar de la monstruosidad que acaba de cometer, me ha simpatizado; si no, estuviera ya en la Policía y vergonzosamente. Pero por algo noto que es una persona decente y estoy segura de que no sufrirá el bochorno de las investigaciones.

Policía.


Leer / Descargar texto

Dominio público
3 págs. / 5 minutos / 292 visitas.

Publicado el 29 de febrero de 2024 por Edu Robsy.

Una Carta, un Hombre y Algunas Cosas Más

Pablo Palacio


Cuento


Mi querido amigo Eustaquio:

No te he escrito hace mucho tiempo, pero esta misiva va por todas. Ya te veo la cara que pones de verla tan larga. Pero, ventajosamente, casi toda es copia. Me encontré misteriosamente con un legajo de escritos, ni te explico cómo, ni lo necesitas. Lo que debes saber es que lo escribió don Pancho de la Piedra y Carrión, de quien nada dijo la crítica, tal vez por ese sentimiento innato de injusticia que tiene, tal vez porque De la Piedra no publicaría en vida —¡ni aún en muerte!— ninguno de sus escritos. Yo no sé si don Pancho, como el gran Fradique, tuvo odio a la luz pública y aspiró al estilo que no se ha conocido aún: puro, radiante y fluido; si fue así vengo yo a profanar aquel silencio, divulgando sus escritos, injustificado por ser pesimista.

Don Pancho parece haber sido un hombre de mediana ilustración y de mucha buena fe. Yo no me atrevo a elogiar sus escritos, pues algunos de ellos vas a conocer, y sería restarte juicio propio, —a ti que eres tan sabio— pero sería fácil colocándose, si esto fuera posible, en la época de don Pancho, admirar el valor de sus escritos, irónicos a veces y a veces dulces. Ningún dato de su vida nos queda y es por esto que yo no pueda, a manera de unos cuantos, atar cabos y tejer finos análisis psicológicos, exhornados de unos cuantos pensamientos hondos y bullidoras observaciones.


Leer / Descargar texto

Dominio público
5 págs. / 10 minutos / 67 visitas.

Publicado el 19 de mayo de 2024 por Edu Robsy.

123