Textos más populares este mes de Pablo Palacio | pág. 3

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autor: Pablo Palacio


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Una Carta, un Hombre y Algunas Cosas Más

Pablo Palacio


Cuento


Mi querido amigo Eustaquio:

No te he escrito hace mucho tiempo, pero esta misiva va por todas. Ya te veo la cara que pones de verla tan larga. Pero, ventajosamente, casi toda es copia. Me encontré misteriosamente con un legajo de escritos, ni te explico cómo, ni lo necesitas. Lo que debes saber es que lo escribió don Pancho de la Piedra y Carrión, de quien nada dijo la crítica, tal vez por ese sentimiento innato de injusticia que tiene, tal vez porque De la Piedra no publicaría en vida —¡ni aún en muerte!— ninguno de sus escritos. Yo no sé si don Pancho, como el gran Fradique, tuvo odio a la luz pública y aspiró al estilo que no se ha conocido aún: puro, radiante y fluido; si fue así vengo yo a profanar aquel silencio, divulgando sus escritos, injustificado por ser pesimista.

Don Pancho parece haber sido un hombre de mediana ilustración y de mucha buena fe. Yo no me atrevo a elogiar sus escritos, pues algunos de ellos vas a conocer, y sería restarte juicio propio, —a ti que eres tan sabio— pero sería fácil colocándose, si esto fuera posible, en la época de don Pancho, admirar el valor de sus escritos, irónicos a veces y a veces dulces. Ningún dato de su vida nos queda y es por esto que yo no pueda, a manera de unos cuantos, atar cabos y tejer finos análisis psicológicos, exhornados de unos cuantos pensamientos hondos y bullidoras observaciones.


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5 págs. / 10 minutos / 68 visitas.

Publicado el 19 de mayo de 2024 por Edu Robsy.

Gente de Provincias

Pablo Palacio


Cuento


Santiago Maya

Aquel pobre señor de provincia, Santiago Maya, andaba siempre en chancleta y fumaba largos y renegridos puros… Pobre de dinero, no: cinco mil barras, como dicen, hacen en los pueblos una fortuna bastante respetable. Da para echar vientre; ponerse la gorra o el sombrero de paja a media testa; hundir las manos en los bolsillos, sonando las llaves y alguna que otra moneda; arrastrar grave y concienzudamente las zapatillas, y hablar de política y mujeres.

Santiago Maya tuviera más, mucho más, si no habría sido por la maldita hernia, que le obligaba a tener prendido a la carne, como un apéndice, el insoportable braguero.

Cuando mozo fuera ayudante de su padre en un molino, que a la cabecera del pueblo metía la bulla del siglo: las grandes piedras remordiéndose ruidosamente para triturar el grano; los remiendos de las bandas azotando como foetes los volantes durante las vueltas interminables. Santiago llevaba de uno a otro lado los ventrudos costales de trigo y los hondos cajones de harina. Se hizo fuerte como un toro. Una mañana, en unión de algunos jornaleros, vacilaba ante una pesada carga:

—A que no alzan ustedes este saco.

—Ni usted lo alza, patrón.

Lo que menos le gustaba era las charlas. Al grano, al grano, y en verdad que al grano había que ir. Y que «lo alzo», que «no lo alza»… Santiago levantó el saco poniéndose muy rojo; luego emplasteció un poquillo, y no hubo más.

A los pocos días, durante el baño, reparó en una pequeña bolita junto al bajo vientre, que después fue hinchándose poco a poco. Las amigos le dieron bromas, pero él se puso serio y un sí es no es asustado. Decaían sus fuerzas, y en esa ocasión, lleno de vergüenza, casi no pudo atravesar el río a nado.


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8 págs. / 14 minutos / 27 visitas.

Publicado el 10 de mayo de 2026 por Edu Robsy.

Relato de la Muy Sensible Desgracia Acaecida en la Persona del Joven Z

Pablo Palacio


Cuento


El joven Z se matriculó en el año de Patología el quince de octubre de mil novecientos veinticinco.

Puede afirmarse que, primordialmente, el desgraciado joven Z tuvo 3 amigos: A, B y C. C es el cuentista.

Mi nunca bien admirado amigo Z fue un mártir del análisis introspectivo y de su buena voluntad de paciente. Mi amigo Z pudo estudiar la materia íntegra sobre sí mismo, progresivamente, a medida que su ojo hecho de tragedia se comía las páginas del inocente Collet.

Aunque no era tuerto, digo «su ojo», porque es mejor decir «su ojo» que «sus ojos».

Siguiendo el sistema del segundo capítulo de mi RELATO, afirmo que para mi recordado amigo, muy justicieramente desde luego, la letra Z fue la más importante del alfabeto.

Y de conformidad con lo dicho en el tercer capítulo, para perpetua lamentación nuestra, acaecióle lo que en éstos se refiere:


REUMATISMO ARTICULAR AGUDO


En los primeros meses de estudio fue asaltado por el peligrosísimo reumatismo articular agudo; un insistente dolor en la muñeca derecha, que mantuvo en constante tensión de ánimo a sus amigos A, B y C.

Consecuencias autopronosticadas por el espíritu analítico de Z: peligrosísimas afecciones cardíacas. Etiología: la maldición de las habitaciones húmedas. Todas las habitaciones son húmedas. ¿Qué haría Z? Z era el joven más desgraciado del mundo. Las letras del alfabeto estaban óseamente atacadas de indiferentismo. Z podía morirse como un perro.


CAPÍTULO DE LECTURA PROHIBIDA


Atropellada, irrazonada, inexplicablemente, Z, mi inolvidable amigo, tomó vergonzosa infección uretral. ¡La compasión universal sobre Z! Pero todos tienen la compasión acorazada por durilones…


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2 págs. / 4 minutos / 143 visitas.

Publicado el 29 de febrero de 2024 por Edu Robsy.

Rosita Elguero

Pablo Palacio


Cuento


I

Aquel amor hondo y bravío se le entró en el corazón con todo el fuego del trópico.

La había visto crecer desde niña, había visto redondearse sus líneas y ponerse cada vez más negros sus ojos… Y, de improviso, al descubrir una sonrisa furtiva de ella se había enamorado con toda la vehemencia impulsiva de su alma, con todo el ardor hondo del trópico. De la muchacha traviesa de antaño había pasado a ser señorita, y la indiferencia con que antes él la miraba, habíase tornado en un deseo avasallador de sondear desde cerca el misterio de sus ojos.

Y cuando desde las regiones del ensueño descendió a la prosaica realidad, al oír la invitación que le hiciera su amigo Alfredo para ir a casa de Rosita, se detuvo un momento vacilante, meditó mirando fijamente la rica alfombra, mientras dejaba transparentar en su rostro las violentas emociones que sufría, y se decidió por fin, no sin poner antes algunos reparos, que fueron fácilmente allanados.

II

Al otro día, Juliano se levantó bastante tarde, y con la cabeza demasiado pesada por los efectos del vino.

Se incorporó en el lecho y se puso a divagar… Lo veía todo como a través de un sueño, le parecía imposible o dudoso lo de la noche anterior. Recordaba el poco azoramiento que tuvo al entrar, sus miradas dulces y esquivas; luego la animación de las primeras libaciones, el vals, sus movimientos, torpes al principio debido a la emoción; los hombros blanquísimos de ella, la alegría de los padres, su salida a la terraza, la luna, la tranquila unción de la ciudad, y después de aquellas palabras que va repitiendo la humanidad entera de boca en boca, el beso que le hizo estremecer y dudar de sí mismo, en un aniquilamiento involuntario de su personalidad. Luego su tristeza, sus palabras inocentes, aquellas palabras que tuvieron en el silencio de la noche el temblor de una melopea trágica.


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Dominio público
6 págs. / 11 minutos / 69 visitas.

Publicado el 19 de mayo de 2024 por Edu Robsy.

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