I
Tienes los ojos
negros,
ojos de luto…
Mi corazón lo lleva
desde que es
tuyo.
Más allá del círculo polar ártico, en los confines de la Laponia,
cerca de Hammesfer —último punto habitable del continente europeo,—
se levanta, sobre un mar helado cada año durante seis meses, la
negra, escarpada y colosal isla deLoppen.
Caían las primeras escarchas de 1730: era el 15 de Agosto.
Las noches tenían ya cerca de tres horas, y la aurora boreal
lucía en ellas, cerrando el arco esplendoroso de los crepúsculos
simultáneos de la mañana y de la tarde.
Hacía una semana que la luna aparecía en aquel cielo después de
mes y medio de absoluta ausencia.
Todo anunciaba la proximidad del invierno, cuyo blanco fantasma,
no bien asoma por el Polo, envuelve en su inconmensurable sudario
todas aquellas tristes latitudes.
Los nobles se encerraban en sus castillos, los pobres en sus
cuevas, los osos blancos entre témpanos de hielo secular.
Algunas aves hacían su nido entre las grietas de los desgajados
abetos, en tanto que otras levantaban el vuelo hacia el Mediodía
buscando nuevas primaveras.
Los balleneros y los groenlanderos dábanse a la vela con
dirección a Europa, temerosos de quedar clavados en una mar
helada…
Los campos, los puertos, los pueblos mismos veíanse desiertos y
abandonados. No parecía sino que una horrible epidemia había pasado
por ellos, o que se aproximaba, amenazándoles, un desastroso
conquistador.
Y así habían de permanecer aquellas regiones durante ocho meses,
o sea hasta el 15 de Abril, que comienza el derretimiento de los
hielos.
II
Sobre las áridas peñas de la isla de Loppen asiéntase un
castillo que parece riscosa excrecencia de la montaña; tan musgosos
y viejos son sus muros, tallados casi todos en la roca viva.
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