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autor: Rosario de Acuña textos disponibles


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El Cazador de Osos

Rosario de Acuña


Cuento


Estamos en Espinama. El escenario es digno de los personajes. Al norte, la gigantesca cordillera de los Picos de Europa, con sus lastrones de piedra cortados a pico sobre torrentes y ventisqueros coronados por el coloso morrón de Peña Vieja; bloque inmenso, de más de un kilómetro, que, como las antiguas esfinges egipcias, se eleva inmóvil sobre un basamento de granito, dominando con su majestad indescriptible las provincias de Santander, Oviedo, León y Palencia, gracias a sus 2605 metros de estatura, que a tanto alcanza su nevada cabeza sobre el nivel del Océano.

A derecha e izquierda del gigante, y en gradería monstruosa, escalonados hasta hundirse en los bosques, toda aquella familia de picos, conocidos por Las Granzas, Puerto Remoña, pico Riel, Peña Ándara, Alto de las Montañas, etcétera, cerrándose en anfiteatro sobre la verde y tersa pradera de Fuente De, en uno de cuyos repliegues burbujea y brota, filtrada desde las neveras inmediatas, el agua del Deva, cristalino arroyo sobre aquella meseta alpina y más tarde torrente espumoso que atraviesa todo el abrupto valle de La Liébana, para convertirse en ancho y profundo río en Buelles y Molleda, y formar en Unquera su abrazo con el mar, denominado ría de Tina Mayor.

Al sur, bosques inmensos y espesísimos revistiendo montañas que serían elevadísimas sobre otra cordillera que no fuese aquella espantosa mole de piedra.

Sobre los bosques, alzando sus crestones estriados de nieve, la masa conocida por Torre Cerrado, émula y rival de Peña Vieja, que, contando algunos metros menos de elevación que aquella reina de los Picos, se levanta enfrente de ella como provocándola a eterno desafío con sus pedrizas verticales y sus despeñaderos revestidos de finísimo heno, para hacer más peligrosos y más atractivos sus abismos inmedibles.


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8 págs. / 14 minutos / 156 visitas.

Publicado el 28 de agosto de 2019 por Edu Robsy.

Sobre la Hoja de un Árbol

Rosario de Acuña


Cuento


Terminaba el otoño; debajo del ancho esparragado de mi casa, toldo que fue de verdes hojas y hoy deja al descubierto los retorcidos sarmientos de las viejas parras, se extendía esa mullida alfombra con que el invierno viste la húmeda tierra; el viento del otoño, arremolinando las secas hojas de los vecinos árboles, trajo a mis plantas la de un castaño de indias, que entre varios formó en estío una fresca alameda propia para soñar venturas imposibles o para recordar dichas pasadas.

Sobre una de las hojas, entre los arrugados pliegues de sus libras secas y retorcidas, se contemplaba el poema de la vida en todas sus manifestaciones; ¡quien lo diría! Los actores de aquel poema, que tan grande parece, eran casi microscópicos, eran dos solas hormigas, la hoja era su mundo; millares de ellas, desprendidas de árboles y de plantas, girarían en aquel instante en el inmenso espacio de un hemisferio terrestre y, sin embargo, de aquellas dos hormigas, ajenas al infinito número de mundos que las rodeaba, sin conocer acaso otro universo que aquel estrecho recinto que con ímpetu vertiginosa las arrastraba en el espacio, se entregaban a la más encarnizada lucha por la existencia ¡como si su vida fuera algo en el concierto de las vidas superiores, y como si el mundo que en aquel momento habitaban fuese el perenne cimiento de los mundos; y no una mísera hoja seca perdida en el infinito número de sus semejantes!


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Publicado el 28 de agosto de 2019 por Edu Robsy.

Melchor, Gaspar y Baltasar

Rosario de Acuña


Cuento


Érase una tarde del mes de noviembre; recios copos de nieve caían en las extensas llanuras de La Mancha, vistiendo de blanco ropaje los humildes tejados de un pueblecito, cuyo nombre no hace al caso, y cuyos habitantes, que apenas pasaban de trescientos, tenían fama por aquella comarca de sencillos y bonachones.

–Apresuremos el paso, que el tiempo arrecia y aún falta una legua –decía un jinete caballero en un alto mulo a un labriego que le acompañaba sobre un pollino medio muerto de años; arreó el labriego su cabalgadura, y con un mohín de mal humor, sin duda porque la nieve le azotaba el rostro, se arrebujó en su burda manta, encasquetándose el sombrero hasta la cerviz, y diciendo de esta manera:

–Vaya, vaya con don Gaspar, y qué rollizo y sano que se nos viene al pueblo; ya verá su merced qué contento se pone don Melchor cuando le vea llegar tan de madrugada; según nos dijo ayer, no se esperaba a su merced hasta esotro día por la tarde; nada, lo que yo digo, esta Nochebuena estamos de parabién; todas las personas de viso se nos van a juntar en la misa del gallo; digo, si no me equivoco, porque parece que también el señor don Baltasar está para llegar de un momento a otro…

–Es cierto, Martín –le contestó el llamado don Gaspar–. Mi hermano Baltasar ya estará en camino para el pueblo, según lo que me escribió a Santander… pero arrea, que tengo gana de abrazar a mi hermano Melchor, después de dieciocho años de ausencia.


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24 págs. / 42 minutos / 144 visitas.

Publicado el 28 de agosto de 2019 por Edu Robsy.

Un Certamen de Insectos

Rosario de Acuña


Cuento


Páginas de la naturaleza

Cartillas de instrucción y recreo para los niños

Cuatro palabras del editor

Una de las más perentorias necesidades de la instrucción elemental de la niñez es la de los libros que en escasas páginas condensen, con la mayor precisión y exactitud científicas, los conocimientos naturalistas, sin que para enseñarlos se tenga que acudir a ninguna de las ficciones que dividen el imperio de la razón, antes bien, explicándolas con un método positivo, que manifieste tal y conforme es, a la nunca bastante amada naturaleza. He aquí mi propósito al empezar esta colección de pequeños libros: satisfacer tan perentoria necesidad, llevando al cerebro de los niños ideas ciertas de lo que es el universo que le rodea, del cual forma parte íntegra, y del que debe tener un exacto conocimiento, si ha de contribuir a la armonía del conjunto, procurando ajustar sus pensamientos, palabras y acciones a las leyes de la naturaleza que más contribuyan a la perfección de todos y cada uno de los seres.

A la inagotable bondad de la noble pensadora doña Rosario de Acuña debo el inaugurar esta serie de cartillas con uno de los trabajos más delicados en intencionales de tan conocida escritora. En forma de cuento sencillo y racional, pues en la trama solo expresa la realidad de las leyes naturales, en esta cartilla incluye una extractada clarificación de los insectos más útiles al hombre, no solo por el rendimiento beneficioso que le producen, sino porque enaltecen su imaginación llevándola a ideales perfectos con el ejemplo de sus maravillosas costumbres.

Creyendo hacer un gran favor a las escuelas, ofrézcalas este trabajo, al cual han de seguir otros de la misma índole, escritos por celebridades del mundo de las ciencias y de las artes.


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24 págs. / 43 minutos / 136 visitas.

Publicado el 29 de agosto de 2019 por Edu Robsy.

A Vista de Araña

Rosario de Acuña


Cuento


Allá por el Oriente empezaban a iluminarse con las vagas tintas de la aurora, los contornos de la tierra.

Toda la creación se estremecía con esos albores que traen a la naturaleza nuevos efluvios de vida y calor.

La Naturaleza comenzaba a vivir ansiando levantar el himno de bienvenida al sol, alma del mundo, que, con sus rayos de fuego, marca el paso del tiempo en el reloj de la existencia.

Descendamos; no es en el oscuro retiro de intrincada floresta donde hemos de asentar la huella, que, al fin allí, entre arbustos y zarzas, aún se podría vislumbrar un átomo de Dios, reflejado en la Naturaleza.

No  es en los sombríos antros de profunda caverna donde el pensamiento ha de buscar su inspiración, que allí también se podría hallar, en medio de la terrorífica sombra, el luminoso espectro de Dios.

No es tampoco en el abrupto laberinto de algún hondo abismo, donde habrán de sumirse los destellos del espíritu, que, también entre las ennegrecidas y dislocadas rocas, y en medio del silencio y la soledad de una naturaleza; muerta para la luz, podría encontrarse el reflejo del alma divina, fulgurando con incesante alma y recreándose en sus obras.

Descendamos más hondo que a la floresta, más hondo que a la gruta, más que al abismo; busquemos algo que nos aleje del principio universal de la vida, y en alas de la fantástica imaginación, penetremos en uno de esos alcázares de barro que se alzan sobre nuestro mundo de granito y de fuego, átomos de polvo en los remotos siglos del porvenir, gigantes de sillería en las edades presentes.

Hela allí; es muy negra, muy redonda; sus patas extendidas en semicírculo, finas como hebras de seda, revestidas interiormente de un pelo suave y lustroso, forman, en derredor de su abultado cuerpo, una corona de rayos.


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4 págs. / 8 minutos / 277 visitas.

Publicado el 29 de agosto de 2019 por Edu Robsy.

La Gota de Agua y la Estrella

Rosario de Acuña


Cuento


El crepúsculo de una tarde de junio envolvía entre vagas sombras la hermosa vega de Córdoba; anchos festones de rojizas atmósferas acariciaban con sus flotantes pliegues la joya más preciada de la corona de Abd-er-rahman, joya que entre la filigrana de su ojivas enseña a nuestra generación la mano bárbara de los profanadores del arte o de los envidiosos de nuestras riquezas...


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3 págs. / 6 minutos / 114 visitas.

Publicado el 28 de agosto de 2019 por Edu Robsy.

El País del Sol

Rosario de Acuña


Cuento


¡Hasta la nieve cuaja en sus montañas! ¡Tiene todo cuanto la tierra puede dar para hacer feliz y hermosa la vida del hombre! Sus flores y sus frutos son los más bellos y exquisitos del mundo. Desde el cedro y la palmera hasta el pinabete y el roble crecen en sus bosques; por sus valles cruzan ríos de agua purísima filtrada de los hielos de sus cumbres. En sus mesetas se cimbrean las mieses ubérrimas de espigas, y desde el airoso faisán hasta la ovejuela merina de sedosa lana; desde el potro, de engallado cuello y finos remos, hasta el gran mastín, guardador y noble, sustenta todas las especies de animales útiles y benefactores del hombre…¡Los humildes hermanos menores de la criatura racional pueblan de alegrías y bienestares las moradas de las almas selectas!...

Los senos de sus cordilleras, que lo cruzan en solanas y umbrías (ofreciéndole así flora y fauna de todos los climas) esconden veneros riquísimos de metales preciosos, tesoros por los cuales las civilizaciones se fundan y se engrandecen.

El mar lo baña por todos sus confines con sus corrientes más tibias y sus vientos más fecundantes y  en guirnaldas de escollos sus costas, vierte a montones por sus abras, deltas y playas, la cosecha pesquera, avanzando orgullosamente por el océano entre dos continentes, como una promesa de fraternidad para la ruta de las generaciones humanas.

Mas en el País del Sol, se habían instalado tres monstruos, generados por concreciones de sucesivas conquistas. Los tres tenían tentáculos opresores de una potencia extrema y, con ventosas o garras, lo sujetaban furiosos.


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5 págs. / 10 minutos / 125 visitas.

Publicado el 28 de agosto de 2019 por Edu Robsy.

El Baratero

Rosario de Acuña


Cuento


El mocito se las traía. Vivía en un barrio popular, pero en una casona grande y vieja, cuyo piso principal lo tenía alquilado un clérigo, vara alta en la parroquia, con vistas a Roma, y bien cubierto de peluconas, y en el piso segundo vivía un retirado de la milicia, cojo de la pata derecha, por lo que andaba siempre torcido, y manco de la misma mano, por lo que se manejaba zurdamente; con un ojo menos, con lo que no veía más que a tres palmos de las narices, y lleno el pecho de cruces y de medallas, de tal manera, que vivía en grande con los que le rentaba.


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3 págs. / 5 minutos / 142 visitas.

Publicado el 28 de agosto de 2019 por Edu Robsy.

La Tristeza

Rosario de Acuña


Cuento


Hace muchos años que en una aldea pobre y miserable de las montañas cantábricas sucedió lo que voy a contar; misteriosos signos de un antiguo pergamino, traducidos por un viejecito del lugar, me hicieron conocer el suceso, que, si no en aquella aldea, puede colocarse en cualquiera otra parte pues para el caso es igual; de este modo dice la crónica:

«Acababa la gente del lugar de cerrar con una alegre danza las fiestas de la vendimia, cuando repararon en una mujer forastera en el pueblo, cuyo aspecto miserable y abatido contrastaba con el alegre conjunto del vecindario. Alta, escuálida, medio cubierta de andrajos, de edad indefinible y ojos penetrantes, atraía las miradas de todos los aldeanos, que poco a poco, y volviéndose de cuando en cuando para mirarla, fueron desfilando por entre el laberinto de sus pobres chozas. Quedose solamente en la plaza el tío Roque, viejo marrullero dado a cuentas de brujas y a trasnochadas leyendas; muy amigo de todas las mozas del pueblo por su buen humor, franca alegría y estrambóticos consejos, y vividor incansable sobre los bienes del prójimo, pues de todas partes sacaba ración; bien es verdad que su edad y muchos achaques que le agobiaban, le impedían todo trabajo, al que allá en sus mocedades dicen que le tenía gran afición. Acercase lentamente el acabado anciano a la forastera, que estaba sentada bajo la sombra de un hermoso roble, y cuando ya le quedaba poco para llegar la saludó humildemente quitándose el raído e informe casquete que le cubría malamente los cuatro mechones de lino que brotaban de su cabeza; contestó la interpelada con una sonrisa indefinible, y sin esperar la pregunta que ya se veía brotar de los labios del tío Roque, le dijo:


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14 págs. / 24 minutos / 162 visitas.

Publicado el 29 de agosto de 2019 por Edu Robsy.

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