Textos más descargados de Rosario de Acuña | pág. 3

Mostrando 21 a 25 de 25 textos encontrados.


Buscador de títulos

autor: Rosario de Acuña


123

El Pedazo de Oro

Rosario de Acuña


Cuento


Allá por los años de la conquista americana, llegó de Nueva España un valiente y aguerrido soldado, natural de las montañas asturianas.

Venía del Nuevo Mundo, ya libre del servicio patrio, trayendo, por toda riqueza, una inmensa pepita de oro, que era, relativamente a la pobreza de su familia, una verdadera fortuna.

Estaba el buen soldado tan gozoso de su carga y tan impaciente por llegar a su aldea y sacar de la escasez a sus parientes y deudos, que no se paró en considerar que aquel pedazo tosco y grande del valioso metal, no podría ser cambiado fácilmente entre los solitarios habitantes de las montañas, y sin otro cuidado, gastando en mesones y posadas la poca moneda que traía, llegó a su aldehuela  por fin.

Era ésta como de una veintena de casas, reunidas allá en los picachos más altos de un monte sombrío y adusto, rodeado en sus faldas de nogales y castaños, y tan colgada materialmente estaba entre las breñas y peñones, que a no ser de las águilas, de nadie había sido visitada.

Llegó el soldado a su hogar, y después de aquellas justas y alegres expansiones de la familia, y después del paseo triunfal por entre vecinos y compañeros, llegó el turno de las especulaciones financieras, y contada la prosopopeya y engreimiento del caso, sacó nuestro viajero el colosal pedazo de oro.

Allí había que ver las exclamaciones de los muchachos, el persignarse de las viejas y el regocijo de toda la familia, que se juzgaba completamente poderosa al verse dueña de tan inmensa riqueza. Pasó también el turno de las alegrías inesperadas, y una vez sola la familia del soldado comenzaron los planes para su futuro engrandecimiento.

Hubo profunda deliberación sobre los medios, y al fin se convino en hacerse con buenos robledales y campos de manzanos que en la localidad se vendían, conformes todos en que, sin salir de aquellos queridos lugares, podían llegar a un completo bienestar.


Leer / Descargar texto

Dominio público
4 págs. / 7 minutos / 131 visitas.

Publicado el 28 de agosto de 2019 por Edu Robsy.

El Invierno

Rosario de Acuña


Cuento


El sol se inclina rápido al occidente, como si temiera que el soplo del cierzo enfriara su incandescente esfera. Grandes masas de nubes cenicientas, pesadas, aplomando el azul opaco de los cielos, cruzan por los espacios empujadas con violencia por encontrados aquilones. Allá, muy lejos, vibra el eco apagado de alguna esquila o el querelloso ladrido del perro del pastor que llama a las descarriadas ovejas al retirado aprisco, no siempre libres de los hambrientos lobos.

Los gorriones picotean ansiosamente sobre los helados rastrojos, contentos si algún grano de trigo mal sembrado quedó entre los surcos como providencia de su necesidad. El humo de la choza, describiendo espirales, satura el aire de los aromas acres de la resina y ahuyenta las palomas torcaces que en bandadas levantan su vuelo, llenando el espacio con el rumor de sus alas.

El campesino cruza de prisa la solitaria vega, arrebujado en su recio capote, llevando del diestro la bestia fatigada por cargar en sus lomos la leña del hogar, del hogar que más tarde, cuando las nieblas heladas de la noche caigan sobre la aldea, será el centro de sus amores y de sus esperanzas.

* * *

Mucho más lejos, a veces separados por abismos infranqueables, se ven otras escenas de brillante conjunto, pero iluminadas por los amarillentos resplandores del gas.

El ambiente lleno de aromas, lleno de armonías; sobre la blanca alfombra que se hunde mullida bajo la pesadumbre de tantas grandezas, se ven, como fantásticos regueros de gasas y flores, culebrear las colas de cien trajes, todos ricos, algunos elegantes.

Bellas o feas, las mujeres van oscurecidas por los destellos deslumbrantes de falsos o verdaderos diamantes, cruzan en la vertiginosa carrera del vals, de salón en salón, dejando tras de sí un rastro de perfumes, y arrastrando en su torbellino esplendente a la ciencia, a la política y a las artes.


Leer / Descargar texto

Dominio público
3 págs. / 5 minutos / 130 visitas.

Publicado el 29 de agosto de 2019 por Edu Robsy.

El Enemigo de la Muerte

Rosario de Acuña


Cuento


Dedicado a José Anca, médico de Pinto.
 

«El conflicto es importante: estáis en mi presencia porque yo no cuento con bastantes fuerzas para resolver la cuestión; me acordé de vuestros padres, la Soberbia y el Sensualismo, pues donde yo ando están bien esas dos pasiones tan corruptoras como yo, convencidos de que es necesario cese ese estado de cosas en la aldehuela de Cariamor, donde campa por sus respetos el doctor Almalegre, os evocaron a mi presencia, dejando a vuestra iniciativa la presentación: decid quiénes sois y qué podéis hacer para resolver el conflicto.»

Quien así hablaba era la Muerte. Replegando su manto de jirones de miseria, dejaba al descubierto su amarillento esqueleto, sentada en actitud meditabunda sobre áspero guijarro; a su alrededor se veía un grupo de seres fantásticos: los unos, mitad hermosas mujeres, mitad reptiles; los otros, fuertes mancebos terminados en cuerpos de fieras. En lontananza se extendía hermoso valle, cerrado por áspera cordillera revestida de perpetuas nieves; en el fondo del valle, desparramadas sus casas entre florestas y robledales, se alzaba la aldea de Cariamor, que, escondida entre uno de los repliegues del Pirineo y defendiéndose de los fríos de sus neveras por rocosos taludes y frondosos bosques, gozaba de todas 1as dulzuras del Mediodía y de todos los vigores del Norte.

A este pequeño rincón del mundo, llegó un doctor, que, sin saber por qué, aunque es de presumir que por mucha sabiduría, se había encerrado en el valle, y hacia veinte años asistía a sus habitantes.


Leer / Descargar texto

Dominio público
12 págs. / 21 minutos / 129 visitas.

Publicado el 29 de agosto de 2019 por Edu Robsy.

La Roca del Suspiro

Rosario de Acuña


Cuento


En las montañas de Vizcaya, bajo su cielo ceniciento, y en su costa bordada de escollos y salpicada por un mar casi siempre turbulento y sombrío, sobre un promontorio de granito que avanza en áspero talud entre las olas del océano, álzanse, en la misma roca asentadas, las ruinas de un castillo, medio cubiertas de zarzas y de hiedra, y solamente habitadas por el espantadizo búho y el medroso murciélago: como toda ruina, tiene su tradición o leyenda, y como toda leyenda, la suya aparece sencilla, apasionada y melancólica, levantándose como indecisa niebla ante el fulgor de la aurora, sobre aquellas piedras carcomidas por el paso del tiempo y el constante batir de las olas.

Cuentan que allá en lejanos días, cuando el castillo se elevaba arrogante, vivía en su recinto un anciano señor de noble linaje, aunque de escasas rentas, que por su mejor fortuna tenía una nieta bella como una mañana de primavera, y de alma tan angelical como la sonrisa de un niño; pobres y retirados a la morada de sus mayores, vivían con algunos fieles y antiguos vasallos, tan ajenos a las vanidades mundanas, como felices con su ignorada existencia.


Leer / Descargar texto

Dominio público
4 págs. / 8 minutos / 99 visitas.

Publicado el 29 de agosto de 2019 por Edu Robsy.

Fuerza y Materia

Rosario de Acuña


Cuento


¡Ya vienen! ¡Ya surcan los azules campos del espacio batiendo el aire con sus negras alas! ¡Ya gorjean, alisándose las tenues plumas de su blanco pecho, mientras reposan del largo viaje sobre las toscas barra de la reja! ¡Ya están aquí las golondrinas!

Con cánticos de júbilo los reciben las aldeanas, que en ellas ven anunciadoras de las fiestas campestres que empiezan con las verbenas y finalizan con la vendimia.

Ellas traen al humilde hogar del pobre la paz de los cielos, puesto que con las armonías de su lenguaje indescriptible llenan el ambiente de melodiosos ecos, en tanto que cuelgan sus frágiles nidos en las ahumadas vigas de su techo.

* * *

¡El nido de una golondrina!

¿Qué es el espacio?... ¿Qué es el universo?... ¿Qué es el alma?... Masa inconsciente de inconsciente materia por sí misma llevada a la formación de los cuerpos; torbellino de átomos; infinito de monadas que en la vertiginosa carrera de sus deseos se unen a sus afines para latir en forma de sol, de planeta, de roca, de vegetal, de molusco y de hombre…

He aquí el credo del materialismo: Fuera del átomo no hay espíritu; fuera de la materia no hay fuerza.

* * *

¿Qué es el nido de una golondrina?


Leer / Descargar texto

Dominio público
2 págs. / 4 minutos / 85 visitas.

Publicado el 29 de agosto de 2019 por Edu Robsy.

123