Textos más vistos de Washington Irving | pág. 2

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autor: Washington Irving


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Los Buscadores de Tesoros

Washington Irving


Cuentos, Colección


Introducción

Encontrado entre los papeles del difunto Dietrich Knickerboker

...Ahora recuerdo esas voces de viejas que en mi niñez me contaban cuentos de invierno,
Y me hablaban de espíritus y de fantasmas
Que se deslizaban en la noche
Alrededor del lugar donde se oculta un tesoro.

El Judío de Malta, Marlowe

Las Puertas del Infierno

A unos diez kilómetros de la célebre ciudad de Manhattoes, en aquel brazo de mar que queda entre el continente y Nassau o Long Island, se encuentra una angostura donde la corriente queda violentamente comprimida entre los promontorios que se proyectan hacia el mar y las rocas que forman numerosos peñascales. En el mejor de los casos, por ser una corriente violenta e impetuosa, ataca estos obstáculos con poderosa rabia: hirviendo en torbellinos con ruido ensordecedor y deshaciéndose en olas; rabiando y rugiendo en fuerte oleaje; en una palabra, cayendo en un paroxismo equivocado. En esas ocasiones, ¡ay de la desgraciada embarcación que se aventurase entre sus garras!

Sin embargo, este humor malvado prevalece en ciertos momentos de la marea. Cuando el agua está baja, por ejemplo, es tan pacífico que da gusto verlo; pero tan pronto sube aquélla, empieza a enojarse; a media marca ruje potentemente, como un marinero que pide más alcohol, y cuando la marea ha llegado a su altura máxima, duerme tan tranquilamente como un alcalde después de la comida. Puede comparársele con una persona dada a la bebida que se comporta pacíficamente mientras no bebe o no ha tomado todavía lo suficiente, pero que se parece al mismo diablo cuando ha terminado el viaje.


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Dominio público
82 págs. / 2 horas, 24 minutos / 280 visitas.

Publicado el 22 de agosto de 2016 por Edu Robsy.

Visita a los Lugares Colombinos

Washington Irving


Diario, viajes, crónica


Este extracto de su diario, traducido al español, es parte de lo anotado los días 12 y 14, y todo lo anotado el 13 de agosto de 1828.

El testimonio de este viajero romántico, refleja la vida cotidiana en los lugares colombinos (Moguer y Palos de la Frontera) del año 1828. Washington Irving fue a España para conocer sobre todo Andalucía, cuyas costumbres y formas de vida le fascinaron. Cuando escribe este relato en su diario reside en Sevilla y se acerca con el deseo de conocer los lugares en los que se gestó la aventura descubridora.

Martes, 12 de agosto de 1828

(...)


Justo después de atardecer llegamos a Moguer. Esta pequeña ciudad, de momento aún conserva dicha categoría, está situada a una legua más o menos de Palos, de donde, según me han dicho, ha ido gradualmente absorbiendo o todos sus habitantes más importantes, de entre ellos a la familia de los Pinzones.

Tan alejado está este pequeño lugar de la alborotada y bulliciosa ruta de los viajeros y tan falto de lo ostentación y de las vanaglorias de este mundo, que mi calesa, al tintinear ruidosamente por sus estrechas y mal pavimentadas calles, causó una gran sensación; los chiquillos corrían y gritaban a su lado, asombrados con los llamativos adornos de estambre y bronce, mirando con reverencia al importante visitante que llegaba en tan suntuoso vehículo.


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Dominio público
20 págs. / 35 minutos / 152 visitas.

Publicado el 24 de enero de 2023 por Edu Robsy.

El Palacio de la Alhambra

Washington Irving


Cuento


En mayo de 1829, acompañado por un amigo, miembro de la Embajada rusa en Madrid, capital de España, inicio el viaje que había de llevarme a conocer las hermosas regiones de Andalucía. Las amenas incidencias que matizaron el camino se pierden ante el espectáculo que ofrece la región más montañosa de España, y que comprende el antiguo reino de Granada, último baluarte de los creyentes de Mahoma.

En un elevado cerro, cerca de la ciudad, se ha construido la antigua fortaleza rodeada de gruesas murallas y con capacidad para albergar una guarnición de cuarenta mil guerreros.

Dentro de ese recinto se levantaba la residencia de los reyes: el magnífico palacio de la Alhambra. Su nombre deriva del término Aljamra, la roja, porque, la primitiva fortaleza llamábase Cala—al—hamra, es decir, castillo o fortaleza roja.

Sobre sus orígenes no están de acuerdo los investigadores. Para unos la fortaleza fue construida por los romanos; para otros, por los pueblos ibéricos de la comarca y luego ocupada por los árabes al conquistar el territorio de la península.

Expulsados los moros de España, los reyes cristianos residían en ella por breves temporadas. Después de la visita de Felipe V, el palacio cayó en el más completo abandono.

La fortaleza quedó a cargo de un gobernador con numerosa fuerza militar y atribuciones especiales e independiente de la autoridad del capitán general de Granada.

Para llegar a la Alhambra es necesario atravesar la ciudad y subir por un accidentado camino llamado la “Cuesta de Gomeres”, famosa por ser citada en cuantos romances y coplas corren por España.

Al llegar a la entrada de la fortaleza, llama la atención una grandiosa puerta de estilo griego, mandada construir por el emperador Carlos V.


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3 págs. / 5 minutos / 148 visitas.

Publicado el 29 de septiembre de 2016 por Edu Robsy.

La Aventura del Negro Pescador

Washington Irving


Cuento


Todos conocen al negro Samuel, el viejo pescador, o como se le llama comúnmente, Samuel Barro, que durante medio siglo se ha dedicado a pescar en el brazo de mar. Hace ya muchos años, Samuel, que era un negro trabajador como el que más en la provincia, que cumplía sus labores en la hacienda de Killian Suydam, en Long Island, habiendo terminado la faena de aquel día a hora temprana, se dedicó a pescar cerca de Hell—Gate.

Ocupaba una embarcación muy ligera y, como conocía todas las corrientes y remolinos, cambiaba de lugar con frecuencia; tan distraído estaba con su ocupación que no se dio cuenta de que la marea bajaba rápidamente, hasta que el ruido de las corrientes de agua se lo advirtió; le fue muy difícil arrancar su bote de los remolinos y las rompientes y llevarlo hasta cerca de la costa de la isla de Blackwell. Aquí echó el ancla, esperando que al subir la marea pudiera llegar a casa. La noche era nublada y soplaban ráfagas de viento. Por occidente se cernían negros nubarrones; de cuando en cuando un relámpago anunciaba la proximidad de una tormenta de verano. En consecuencia, Samuel se dirigió a la isla de Manhattan, donde aseguró su bote a un tronco de árbol que se encontraba cerca de unas rocas a flor de agua. Extendió unas mantas sobre el bote, mientras empezaba a desencadenarse la tormenta. El viento arrancaba blanca espuma de las aguas; la lluvia azotaba las hojas de los árboles; retumbaba el trueno y los rayos iluminaban la escena, pero Samuel, refugiado bajo sus mantas, se durmió profundamente.


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Dominio público
31 págs. / 55 minutos / 576 visitas.

Publicado el 22 de agosto de 2016 por Edu Robsy.

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