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Los Ojos Verdes

Gustavo Adolfo Bécquer


Cuento


Hace mucho tiempo que tenía ganas de escribir cualquier cosa con este título. Hoy, que se me ha presentado ocasión, lo he puesto con letras grandes en la primera cuartilla de papel, y luego he dejado a capricho volar la pluma.

Yo creo que he visto unos ojos como los que he pintado en esta leyenda. No sé si en sueños, pero yo los he visto. De seguro no los podré describir tal cuales ellos eran: luminosos, transparentes como las gotas de la lluvia que se resbalan sobre las hojas de los árboles después de una tempestad de verano. De todos modos, cuento con la imaginación de mis lectores para hacerme comprender en este que pudiéramos llamar boceto de un cuadro que pintaré algún día.

I

—Herido va el ciervo..., herido va... no hay duda. Se ve el rastro de la sangre entre las zarzas del monte, y al saltar uno de esos lentiscos han flaqueado sus piernas... Nuestro joven señor comienza por donde otros acaban... En cuarenta años de montero no he visto mejor golpe... Pero, ¡por San Saturio, patrón de Soria!, cortadle el paso por esas carrascas, azuzad los perros, soplad en esas trompas hasta echar los hígados, y hundid a los corceles una cuarta de hierro en los ijares: ¿no veis que se dirige hacia la fuente de los Álamos y si la salva antes de morir podemos darlo por perdido?

Las cuencas del Moncayo repitieron de eco en eco el bramido de las trompas, el latir de la jauría desencadenada, y las voces de los pajes resonaron con nueva furia, y el confuso tropel de hombres, caballos y perros, se dirigió al punto que Iñigo, el montero mayor de los marqueses de Almenar, señalara como el más a propósito para cortarle el paso a la res.


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8 págs. / 14 minutos / 4.039 visitas.

Publicado el 7 de julio de 2016 por Edu Robsy.

Las Hojas Secas

Gustavo Adolfo Bécquer


Cuento


El sol se había puesto: las nubes, que cruzaban hechas girones sobre mi cabeza, iban á amontonarse unas sobre otras en el horizonte lejano. El viento frío de las tardes de otoño arremolinaba las hojas secas á mis pies.

Yo estaba sentado al borde de un camino, por donde siempre vuelven menos de los que van.

No sé en qué pensaba, si en efecto pensaba entonces en alguna cosa. Mi alma temblaba á punto de lanzarse al espacio, como el pájaro tiembla y agita ligeramente las alas antes de levantar el vuelo.

Hay momentos en que, merced á una serie de abstraciones, el espíritu se sustrae á cuanto le rodea, y replegándose en sí mismo analiza y comprende todos los misteriosos fenómenos de la vida interna del hombre.

Hay otros en que se desliga de la carne, pierde su personalidad y se confunde con los elementos de la naturaleza, se relaciona con su modo de ser, y traduce su incomprensible lenguaje.

Yo me hallaba en uno de estos últimos momentos, cuando solo y en medio de la escueta llanura oí hablar cerca de mí.

Eran dos hojas secas las que hablaban, y éste, poco más ó menos, su extraño diálogo:

— ¿De dónde vienes, hermana?

— Vengo de rodar con el torbellino, envuelta en la nube del polvo y de las hojas secas nuestras compañeras, á lo largo de la interminable llanura. ¿Y tú?

— Yo he seguido algún tiempo la corriente del río, hasta que el vendaval me arrancó de entre el légamo y los juncos de la orilla.

— ¿Y adonde vas?

— No lo sé: ¿lo sabe acaso el viento que me empuja?

— ¡Ay! ¿Quién diría que habíamos de acabar amarillas y secas arrastrándonos por la tierra, nosotras que vivimos vestidas de color y de luz meciéndonos en el aire?


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4 págs. / 7 minutos / 1.549 visitas.

Publicado el 19 de agosto de 2016 por Edu Robsy.

Azul

Rubén Darío


Poesía, Cuentos, Colección


Azul

El rey burgués

Cuento alegre

¡Amigo! El cielo está opaco, el aire frío, el día triste. Un cuento alegre… así como para distraer las brumosas y grises melancolías, helo aquí:

Había en una ciudad inmensa y brillante un rey muy poderoso, que tenía trajes caprichosos y ricos, esclavas desnudas, blancas y negras, caballos de largas crines, armas flamantísimas, galgos rápidos, y monteros con cuernos de bronce que llenaban el viento con sus fanfarrias. ¿Era un rey poeta? No, amigo mío: era el Rey Burgués.

Era muy aficionado a las artes el soberano, y favorecía con gran largueza a sus músicos, a sus hacedores de ditirambos, pintores, escultores, boticarios, barberos y maestros de esgrima. Cuando iba a la floresta, junto al corzo o jabalí herido y sangriento, hacía improvisar a sus profesores de retórica canciones alusivas; los criados llenaban las copas del vino de oro que hierve, y las mujeres batían palmas con movimientos rítmicos y gallardos. Era un rey sol, en su Babilonia llena de músicas, de carcajadas y de ruido de festín. Cuando se hastiaba de la ciudad bullente, iba de caza atronando el bosque con sus tropeles; y hacía salir de sus nidos a las aves asustadas, y el vocerío repercutía en lo más escondido de las cavernas. Los perros de patas elásticas iban rompiendo la maleza en la carrera, y los cazadores, inclinados sobre el pescuezo de los caballos, hacían ondear los mantos purpúreos y llevaban las caras encendidas y las cabelleras al viento.


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79 págs. / 2 horas, 19 minutos / 5.086 visitas.

Publicado el 13 de septiembre de 2016 por Edu Robsy.

Así Habló Zaratustra

Friedrich Nietzsche


Filosofía


Prólogo de Zaratustra

1

Cuando Zaratustra tenía treinta años abandonó su patria y el lago de su patria y marchó a las montañas. Allí gozó de su es­píritu y de su soledad y durante diez años no se cansó de ha­cerlo. Pero al fin su corazón se transformó y una mañana, levantándose con la aurora, se colocó delante del sol y le habló así:

«¡Tú gran astro! ¡Qué sería de tu felicidad si no tuvieras a aquellos a quienes iluminas!

Durante diez años has venido subiendo hasta mi caverna: sin mí, mi águila y mi serpiente te habrías hartado de tu luz y de este camino.

Pero nosotros te aguardábamos cada mañana, te liberába­mos de tu sobreabundancia y te bendecíamos por ello. ¡Mira! Estoy hastiado de mi sabiduría como la abeja que ha recogido demasiada miel, tengo necesidad de manos que se extiendan.

Me gustaría regalar y repartir hasta que los sabios entre los hombres hayan vuelto a regocijarse con su locura y los po­bres, con su riqueza.

Para ello tengo que bajar a la profundidad como haces tú al atardecer, cuando traspones el mar llevando luz incluso al submundo, ¡astro inmensamente rico!

Yo, lo mismo que tú, tengo que hundirme en mi ocaso como dicen los hombres a quienes quiero bajar. ¡Bendíceme, pues, ojo tranquilo, capaz de mirar sin envidia incluso una felicidad demasiado grande!

¡Bendice la copa que quiere desbordarse para que de ella fluya el agua de oro llevando a todas partes el resplandor de tus delicias!

¡Mira! Esta copa quiere vaciarse de nuevo, y Zaratustra quiere volver a hacerse hombre.

Así comenzó el ocaso de Zaratustra

2

Zaratustra bajó solo de las montañas sin encontrar a nadie. Pero cuando llegó a los bosques surgió de pronto ante él un anciano que había abandonado su santa choza para buscar raíces en el bosque. Y el anciano habló así a Zaratustra:


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Dominio público
312 págs. / 9 horas, 6 minutos / 13.114 visitas.

Publicado el 28 de marzo de 2017 por Edu Robsy.

Hebaristo, el Sauce que Murió de Amor

Abraham Valdelomar


Cuento


I

Inclinado al borde de la parcela colindante con el estéril yermo, rodeado de yerbas santas y llantenes, viendo correr entre sus raíces que vibraban en la corriente, el agua fría y turbia de la acequia, aquel árbol corpulento y lozano aún, debía llamarse Hebaristo y tener treinta años. Debía llamarse Hebaristo y tener treinta años, porque había el mismo aspecto cansino y pesimista, la misma catadura enfadosa y acre del joven farmacéutico de El amigo del pueblo, establecimiento de drogas que se hallaba en la esquina de la Plaza de Armas, junto al Concejo Provincial, en los bajos de la casa donde, en tiempos de la Independencia, pernoctara el coronel Marmanillo, lugarteniente del Gran Mariscal de Ayacucho, cuando, presionado por los realistas, se dirigiera a dar aquella singular batalla de la Macacona. Marmanillo era el héroe de la aldea de P. porque en ella había nacido, y, aunque a sus puertas se realizara una poco afortunada escaramuza, en la cual caballo y caballero salieron disparados al empuje de un puñado de chapetones, eso, a juicio de las gentes patriotas de P., no quitaba nada a su valor y merecimientos, pues era sabido que la tal escaramuza se perdió porque el capitán Crisóstomo Ramírez, dueño hasta el año 23 de un lagar y hecho capitán de patriotas por Marmanillo, no acudió con oportunidad al lugar del suceso. Los de P. guardaban por el coronel de milicias recuerdo venerado. La peluquería llamábase Salón Marmanillo; la encomendería de la calle Derecha, que después se llamó calle 28 de Julio tenía en letras rojas y gordas, sobre el extenso y monótono muro azul, el rótulo Al descanso de Marmanillo; y por fin en la sociedad Confederada de Socorros Mutuos, había un retrato al óleo, sobre el estrado de la "directiva", en el cual aparecía el héroe con su color de olla de barro, sus galones dorados y una mano en la cintura, fieles traductores de su gallardía miliciana.


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Dominio público
5 págs. / 9 minutos / 5.735 visitas.

Publicado el 3 de mayo de 2020 por Edu Robsy.

relatos de una vida llena de mal viajes.

daniel rodriguez "negro rodriguez"


Anoche te soñé, la soñé y las soñé de nuevo. Una especie de presagio me dijo en el sueño que había hecho las notas que guardaba en el libro que obtuve en el maldito recital donde se pensó que todo acabaría y ahora escribo de ello. Son unas hi


Querido lector.

 

Esto no es un libro común o con sentido común, tampoco una novela revolucionaria del siglo XXI, solo es un libro, quizás nunca llegara al éxito y quedara en el olvido como la mejor o peor idea que tuvo su autor para saciar su sed y ansiedad de explorar formas de liberación mental y espiritual.

Catalogado como un Libro ómnibus. Este libro no sigue alguna de dirección o rumbo alguno para un gran final. Son un conjunto de escritos, poesías, poemas, pensamientos vagos, historias, fragmentos de dolor; confusión, tristeza, alegría, odio, amor y todos los sentimientos que puedas interpretar.  A su vez seguirá siendo infinito, porque para su escritor en algún momento debió haber una cronología de todo lo escrito.

La decisión es tuya, búscale sentido a la vida; búscale sentido a su propia vida hecha letras. 

Atentamente: anónimo de twich.

Mail del autor sobre el título.

“querido Louis, ya casi termino de complementar el libro, he estado últimamente pensando en mi salud mental; sonara estúpido pero he leído todo casi 5 veces y mis sentimientos son tan contradictorios. Quizás sean solo etapas de lo que estoy pasando pero intentare no alarmarme.  

Espero que te gusten todos los escritos, incluí los que me dijiste  y sobre todo añadí la incógnita de saber si participaste o no en alguna historia debe ser tan fantástico que quizá nadie lo note. ”

 

 

 

 

 

 

 

Contenido

 

Cap. 1……………………………………… Tú estás aquí.

Cap. 2…….Anoche te soñé, la soñé y las soñé de nuevo.

Cap. 3…………………..……………… el rencor la vida.


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Licencia limitada
22 págs. / 39 minutos / 524 visitas.

Publicado el 26 de mayo de 2020 por daniel rodriguez .

El Milagro

Francisco A. Baldarena


cuento



Sin dudas, una conmoción sin precedentes, sacudió el polvo de un adormilado pueblo de provincia la última madrugada: la iglesia se prendió fuego 

 «¿Cómo ocurrió?» «¿Qué pasó?» «¿Quién o qué habrá sido el causante?» Fueron las tres preguntas que nadie dejó de hacerse durante toda la noche; y la policía no fue la excepción. Inmediatamente después del aviso del siniestro, con la eficiencia y diligencia que caracteriza a la policía de pueblo chico, el oficial de guardia, un sargento y dos cabos más el propio comisario, que acudió a la comisaría lo más rápido que pudo, se habían puesto, mate y cigarrillo de por medio, a trabajar activamente en el caso. Por la mañana, tres hipótesis salieron a la luz: un cortocircuito («Posiblemente, debido al cableado muy antiguo», subrayó el vocero de la policía, cabo López, como el de El Zorro), una vela encendida («Probablemente, dejada al descuido», opinó al respecto), y un acto terrorista («Con seguridad, perpetrado por un ateo pirómano», afirmó). Aunque nada, hasta donde se sabía hasta el momento, indicara que un individuo con esas características habitara o anduviera circulando por la localidad, esta última hipótesis cayó en el gusto popular y circuló de boca en boca con asombrosa rapidez. Pero ya sabemos que en pueblo chico, a diferencia de las grandes urbes, las cosas funcionan de una manera muy diferente: nunca pasa nada, pero cuando pasa, la tendencia es exagerar lo máximo posible. Por lo tanto, lo de un pirómano suelto, y para mejor ateo, vino a caer como anillo al dedo, y para cuando el cabo López hubo regresado a la comisaría, nadie tenía ninguna duda sobre el culpable del incendio; solo faltaba saber quién era, pero muy pronto habrían de darle caza.




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Creative Commons
4 págs. / 7 minutos / 266 visitas.

Publicado el 7 de agosto de 2021 por Francisco A. Baldarena .

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