Día malo, día obscuro, mi día hoy...
S.S.P.C
Dia malo, reflexión, soledad
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Publicado el 10 de julio de 2019 por Shirr.
Mostrando 811 a 820 de 4.184 textos encontrados.
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Publicado el 10 de julio de 2019 por Shirr.
"Entonces Jehová le dijo: por cuanto el clamor contra Sodoma y
Gomorra se aumenta más y más y el pecado de ellos se ha agravado en
extremo, descenderé ahora y veré si han consumado su obra según el
clamor que ha venido hasta mí; y si no, lo sabré." (Génesis, 18-20 y
21).
Y más abajo, se lee:
"Entonces respondió Jehová: si hallare en Sodoma cincuenta
justos dentro de la ciudad perdonaré todo este lugar por amor a ellos."
(Génesis, 18-26).
Y fueron los observadores a Sodoma, ciudad de muchos pecados y pocas advertencias, de donde les había llegado un gran clamor. Un clamor que empezaron a notar tan pronto como estuvieron a las puertas de Sodoma.
Cien sirenas de aire bramaron por encima de los tejados. Millares de máquinas trepidaron al empezar el mecánico y trabajoso despertar de la ciudad. Centenares de motores, pasando por su lado, les ensordecieron.
—Sodoma —dijo uno— es una gran ciudad.
—Sodoma —dijo al otro— ha crecido demasiado.
Un vapor oscuro enturbiaba el aire. Surgía del asfalto muchas veces recorrido por los automóviles; las enormes chimeneas de las factorías; de los poderosos compresores y hasta de los hombres que continuamente fumaban.
A través de este vapor, los contornos y perfiles de la ciudad se distorsionaban. Nada era exactamente íntimo. Nada recordaba al aire vecinal y humano que tuvo una vez Sodoma.
—¡Vaya clamor! ¡Cuánta razón han tenido al quejarse!
En efecto: el clamor era más bien espantoso; tanto para los oídos, que temblaban como tirantes parches de tambor, como para los ojos, que se perdían en el humo, como para el olfato, que se irritaba a fuerza de olores espesos y polvorientos.
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Publicado el 15 de junio de 2019 por Edu Robsy.
En mil novecientos, en agosto, con los últimos coletazos del siglo, nació Da Costa, postrer vástago de una larga sucesión de Da Costas renegridos y aventureros que, desde los tiempos de Don Pedro el Navegante, tuvieron que ver con el mar. Un Da Costa dobló el Cabo de las Tormentas siendo asistente de Luis de Camoens. Otro acompañó a Colón en su segundo viaje, y otro más hizo la ruta de El Cano hasta morir de un lanzazo tagalo en las Filipinas.
Siempre fueron discutidores, a medias pendencieros y a medias esforzados, pues no en vano la larga familia se había sustentado, desde Viriato, de la carne en cecina, del pescado seco y de la galleta, alimentos propios de la gente de mar curtida.
El padre del último Da Costa continuaba la tradición familiar y hacía la ruta de ultramar a bordo de un clíper rápido y marinero. Da Costa padre tenía una peculiar manera de entender aquello de "una novia en cada puerto", por lo que mantenía alegremente una familia en Lisboa y otra en Macao, ambas numerosas, pobres y felices.
El joven Da Costa hizo su primer viaje a los trece años, como proel, junto a su padre, y, así, con el alma todavía tierna, se le metió el Oriente por los ojos, la calidad del mar; su color tan distinto del Atlántico natal; las gentes extrañas con su lenguaje cantarín y sus ojos almendrados... Y, además, la riqueza: allí un europeo podía hacer fácilmente carrera: trapicheando con los chinos, navegando en los cargueros de las islas y comerciando con los salvajes o contrabandeando con el opio.
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Publicado el 28 de mayo de 2019 por Edu Robsy.
Habrás de saber que no es oro todo lo que reluce y que no todo el monte es orégano. El hombre, hijo mío, cuanto más desconocido es, más nos llama la atención... Una sensación parecida a la del juego: existe distracción mientras el misterio permanece y la aventura tiene incógnita aún; después...
Tú, hijo mío, aún no has tratado al hombre. Por eso, quizá, sientes curiosidad y no ves el día en que podrás estar con él y, sirviéndole, servirte. Yo, en cambio tan seca y retorcida, tengo muchos años ya. Es mala cosa la experiencia: en teniéndola, la mitad de la vida te falta y por esa ausencia, que tanto se parece a un charco, te vienen las decepciones.
Sin embargo, hijo, aún es peor carecer de ella. Entonces sucede lo que a ti te pasa: te engañas, te ilusionas y luego es amarga la verdad, menos soportable el desengaño.
Dicen por ahí los hombres que vivir es aguantarse, que existir es padecer. No lo creen. Son cosas que repiten por costumbre, porque de algo se ha de hablar, pero, en realidad, todos pretenden pasárselo lo mejor posible, y si es a costa de los demás, ¡pues peor para ellos!
Tú mismo, hijo mío, puedes darte cuenta: si estuvieran dispuestos a padecer, a conformarse a soportar sus penas y a ser responsables de sus alegrías, ni tú ni yo existiríamos ya.
Es preciso que estés bien informado para no dejarte engañar. Los hombres son vehementes. Hablan sin parar y, en general, siempre para quejarse. Creerías, pues, que sus cuerpos solo perciben el dolor y sus mentes comprenden únicamente la injusticia. Y no es así.
En ellos el placer es aún más intenso, pero se les antoja efímero. La injusticia tiene dos vertientes, y por cada uno que se queja hay otro que se felicita. Les gusta, sin embargo, ser compadecidos. Aman manifestar su angustia precisamente porque la desgracia atrae la simpatía de los demás, que se alegran por no padecer ellos el mal que oyen.
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Publicado el 12 de junio de 2019 por Edu Robsy.
James Usher, arzobispo de Armagh (Irlanda), llevado de la fatuidad de los sabios estableció en 1650 que la creación del mundo tuvo lugar en el año 4.004. Su contemporáneo, el doctor John Lightfoot, vicecanciller de la Universidad de Cambridge, dio un paso más y sostuvo que "el hombre fue creado por la Trinidad el día 23 de octubre del año 4.004, a las nueve de la mañana".
Yo mismo poseo un curioso libro:
ANEW
Geographical, Historical and Commercial
GRAMMAR
and
present state of several
KINGDOMS OF THE WORLD
de William Guthrie, Esq. Editado en Londres por Edward and Charles Dilly en MDCCLXXXIX (1779).
En las tablas cronológicas del final de volumen se lee:
—4004. Creación del Mundo y de Adán y Eva.
—4003. Nacimiento de Caín, el primero que nació de hombre y mujer.
—2348. El mundo es destruido por el Diluvio, que continuó 377 días.
—2247. La Torre de Babel: Dios confunde las lenguas de sus constructores.
—1897. Las ciudades de Sodoma y Gomorra son destruidas por sus pecados.
—1822. Memnón, el egipcio, inventa las letras.
—1198. El rapto de Helena por París.
Y en 1193 la guerra de Troya.
Apuleyo, en el capítulo que ya no suele aparecer en las modernas ediciones de sus Metamorfosis por considerarse apócrifo, explica de la siguiente forma lo que le contó un galo supersticioso, que juraba haber sido el protagonista de la aventura:
Este galo, comerciante de vinos en los alrededores de Lutecia (actual París), afirmaba que, a mediodía, hora muy poco propicia para los espíritus, se dirigió de su casa al almacén donde guardaba sus mercancías.
Leer / Descargar texto 'Historias Desconocidas (en Todo o en Parte)'
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Publicado el 1 de septiembre de 2019 por Edu Robsy.
Esa mañana, mientras Gabriel, arrodillado frente a la puerta de la cocina, frota los cubiertos de metal blanco, se le ocurre de pronto el proyecto muchas veces acariciado de huir, de ganar el monte que rodea al pueblo para dirigirse, en seguida, en busca de sus hermanas. Desde hace tiempo, el pensamiento de reunirse a las pequeñas, de verlas y de hablarlas, es su preocupación más constante. ¿Qué suerte les habrá cabido? ¿Serán más felices que él? Y se esfuerza por creerlo así, porque la sola idea de que tengan también que sufrir penalidades como las suyas, lo acongoja indeciblemente.
Mas, como siempre le acontece, las dificultades de la empresa se le presentan con tales caracteres que se descorazona, conceptuándola irrealizable. ¡Residen tan lejos las pobrecillas, y él carece de dinero y de libertad para emprender el viaje!
Un abatimiento profundo se apodera de su ánimo. ¡Nunca podrá vencer esos obstáculos! Y acometido, de pronto, por una de esas crisis de desesperación que le asaltan de cuando en cuando, quédase algunos instantes inmóvil, con el rostro ensombrecido, llena de tristeza el alma.
De súbito, los sones bulliciosos de una charanga atruenan la desierta calle. Es la murga de unos saltimbanquis que recorre el pueblo, invitando a los vecinos a la función de la noche. La música pasa y se aleja escoltada por la chiquillería, cuyas voces y gritos sobresalen por encima de las notas agudas del clarinete.
Dominio público
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Publicado el 8 de octubre de 2019 por Edu Robsy.
Don ALONSO, caballero
Don RODRIGO
Don FERNANDO
Don PEDRO
El REY don Juan, el II
El CONDESTABLE
TELLO, criado gracioso
Doña INÉS, dama
Doña LEONOR
ANA, criada
FABIA, vieja hechicera y alcahueta
MENDO
Un LABRADOR
Una SOMBRA
CRIADOS
ACOMPAÑAMIENTO
GENTE
(Sale DON ALONSO.)
ALONSO:
Amor, no te llame amor
el que no te corresponde,
pues que no hay materia adonde
no imprima forma el favor.
Naturaleza, en rigor,
conservó tantas edades
correspondiendo amistades;
que no hay animal perfeto
si no asiste a su conceto
la unión de dos voluntades.
De los espíritus vivos
de unos ojos procedió
este amor, que me encendió
con fuegos tan excesivos.
No me miraron altivos,
antes, con dulce mudanza,
me dieron tal confïanza,
que, con poca diferencia,
pensando correspondencia,
engendra amor esperanza.
Ojos, si ha quedado en vos
de la vista el mismo efeto,
amor vivirá perfeto,
pues fue engendrado de dos;
pero si tú, ciego dios,
diversas flechas tomaste,
no te alabes que alcanzaste
la victoria que perdiste
si de mí solo naciste,
pues imperfeto quedaste.
(Salen TELLO, criado, y FABIA.)
FABIA:
¿A mí, forastero?
TELLO:
A ti.
FABIA:
Debe pensar que yo
soy perro de muestra.
TELLO:
No.
FABIA:
¿Tiene alguna achaque?
TELLO:
Sí.
FABIA:
¿Qué enfermedad tiene?
TELLO:
Amor.
FABIA:
Amor, ¿de quién?
Dominio público
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Publicado el 13 de octubre de 2019 por Edu Robsy.
¡Pobres mujeres y pobres niños! Ancianos y jóvenes habían formado un valeroso ejército para combatir al enemigo que había venido a sitiarlos a los mejores de sus pueblos y, no habiendo logrado vencer, habían perecido casi todos. Los pocos que vivían, hechos prisioneros, no podían ser ya el sostén de la madre, de la esposa y de los tiernos hijos. El vencedor, no contento con este triunfo, había dado orden de salir de aquella tierra a tan débiles seres.
Recogieron sus ropas y todo cuanto era fácil llevar sobre sí y que no tenía valor material alguno, y llorando los unos, suspirando los otros, y sin comprender lo que perdían los más, se alejaron despacio de sus hogares, en los que meses antes fueran tan felices.
Ya a larga distancia de su patria, los tristes emigrantes se detuvieron para descansar y también para tomar una resolución para lo porvenir.
Los que tenían familia en otras poblaciones pensaban buscar su protección; los que no, decidían, las jóvenes madres trabajar para sus hijos, las muchachas servir en casas acomodadas, los niños aprender cualquier oficio fácil, las viejas mendigar.
Pero había entre aquellos seres un niño de nueve años, que no tenía madre ni hermanos, que antes vivía solo con su padre y, después de muerto este en la pelea, quedaba abandonado en el mundo.
Se acercó a una antigua vecina suya implorando su protección.
—Nada puedo hacer por ti, Gustavo, le dijo ella, harto tendré que pensar para buscar los medios de mantener a mis dos niñas.
—Cada cual se arregle como pueda, repuso otra; no faltará en cualquier país quien te tome a su servicio, aunque sólo sea para guardar el ganado.
—Para eso llevo yo tres hijos —añadió otra mujer—; primero son ellos que Gustavo.
Dominio público
77 págs. / 2 horas, 15 minutos / 370 visitas.
Publicado el 28 de marzo de 2020 por Edu Robsy.
Dada la tosquedad y rustiqueza de sus elementos, es difícil, refinado lector, que este cuadro te complazca; sé indulgente con el artífice y piensa que bajo la cáscara corporal, delicada o ruda, aristócrata o plebeya, la vida, con sus pasiones siempre iguales, late lo mismo para todos, y que sólo de traer un trozo de vida a estas páginas trata.
No quisiera que esto fuese una galería de figuras de amarillenta cera, pues aspiré a infundirles con mi torpe péñola el soplo vital. Rocío, Esperanza, doña Genoveva, doña Emilia, Raimunda, don Romualdo, don Pascual, don Juan Manuel, Toñín y todos los personajes que desfilan por este libro, unidos por la débil trabazón de la trama novelesca, siendo ficciones de la pluma, quieten aparecer como sacados del terruño... Si sus recias siluetas no se acusan con el vigor y el realce que debieran, culpa, amable lector, a la torpeza e inhabilidad del autor. Y si sus pinturas y semblanzas te pareciesen en algunos aspectos exageradas, yo te agradeceré, lector querido, que te des una vuelta por esos pueblos de Dios, por esos pueblos del noble solar hispano, sumidos en la incultura y en la incuria.
Y si con todos sus defectos, llegas al final, ha de darse con un canto en los pechos y tenerlo por merced excepcional
El autor
Dominio público
215 págs. / 6 horas, 17 minutos / 157 visitas.
Publicado el 4 de julio de 2021 por Edu Robsy.
La soledad tiene un feo nombre: aburrimiento.
—Klag Underwood
Murió Picasso. Todo un tiempo ha muerto.
Era un ensayo de eternidad. Un andaluz universal cocinado a la francesa con salsas catalanas.
Un viso, quizá, su muerte. Un aviso para todos los que nos habíamos acostumbrado al siempre de Picasso. Cuando yo nací él era ya viejo. Cuando nació mi padre había superado el cubismo. Cuando nació mi abuelo Picasso tenía una mención honorífica en la Exposición Nacional de Bellas Artes de Madrid con "Ciencia y Caridad". Así pues, Picasso era eterno; de ahí el dolor de verle desaparecer llevándose entre sus manos yertas noventa y un años, cinco meses y dieciocho días de arte, recuerdos y enormidad.
No dicen ahora que Picasso era español. Ya lo sabíamos. Hasta él lo supo de siempre. Lástima que España se interesa por el hombre hecho, no por el que se hace y en este sentido, Picasso seguirá del otro lado de la frontera porque si bien se le acabó el metabolismo, su obra continúa en movimiento, repitiendo una y otra vez el volubre genio creador del malagueño éste que se nos ha muerto en Mougins.
Con mi homenaje, la anécdota (sólo que la muerte jamás debiera ser ocasión de aplausos).
Sonaba la televisión en un bar cualquiera. En las mesas cercanas hombres jóvenes jugaban al dominó. Bebían café y coñac y hasta cerveza, según los gustos. El camarero iba y venía por entre el estruendo iba y venía por entre el estruendo de las fichas, golpeando de plano en las mesas, los gritos y las expresiones de júbilo con que los ciudadanos victoriosos celebraban su habilidad.
Licencia limitada
6 págs. / 12 minutos / 58 visitas.
Publicado el 11 de julio de 2021 por Edu Robsy.