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La Siesta de los Zopilotes

Arturo Ambrogi


Cuento, crónica


Los zopilotes, abrumados por el calor canicular, han sofrenado su vuelo, su vuelo pausado y solemne. Los zopilotes se han detenido, jadeantes, y escalonándose de una manera simétrica en las ramas del viejo carao, se dejan vencer por el sopor que flota en la atmósfera.

Los zopilotes, ya acomodados en las ramas del viejo carao, doblan el cuello, zambullen la cabeza bajo las alas medio desplumadas y se quedan inmóviles.

Los zopilotes dormitan.

Y las manchas negras de su plumaje, las manchas intensas y uniformes, se destacan, netas, sobre el fondo de índigo del cielo diáfano y transparente.

Al carao en que los zopilotes se refugian, los años han ido, despiadados, despojándole de todas sus hojas, hasta dejarlo mondo. Y es así que sus ramas se extienden retorcidas, atormentadas, coronando el tronco rugoso, como los ocho tentáculos de un pulpo.

Los zopilotes dormitan.

Mientras tanto, el sol cae a plomo sobre el cantizal.

Cae a plomo, y hiere las aristas de los cantos, los filos de los guijarros rodantes, arrancándoles cegadores destellos. Cae, y reverbera en la arena como sobre una lámina de antimonio.


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Dominio público
1 pág. / 2 minutos / 170 visitas.

Publicado el 8 de junio de 2020 por Edu Robsy.

Quiúbole.Hola de nuevo.

Granmidas


Atentados, Realidad, noficcion, Madrid, Guadalajara, Girona, 11S, 11M


persona a la que nadie quiere acercarse; tú mismo ni te acercarías a ti. Pero un día te arreglas un poco y alguien se fija en ese cambio (o no), hablas con alguien (o no). La diferencia quizás está simplemente en tu cabeza (o no), porque alguien te ha dicho que todo son impresiones tuyas. Pero hay cosas que se notan. Hay quien actúa para ser observado y quien lo hace para pasar desapercibido. Todos sabemos que, depende de cómo sea tu físico, cómo te vistas o cómo actúes con los demás, serás un punto en el que fijarse o un punto ciego. Yo soy un punto ciego. Ser un punto en el que se centran los focos u observado al milímetro resulta muchas veces incómodo, pero también lo es ser invisible, o ser un punto molesto de mirar. No porque te dañe los ojos como el sol, sino porque te hace daño en el corazón. --- ## Epílogo: Vuelta a reordenar ideas Sería más fácil leerme con un *e-book* que hacerlo por aquí, pero mi inexperiencia al manejarme con eso de la autopublicación en Amazon me ha traído hasta aquí. Hoy tengo pruebas médicas, no puedo extenderme mucho. Ayer volví a acercarme a mi pasado. Mi móvil está a punto de expirar y no soy muy bueno con las copias de seguridad, nubes, etc. Veía que me esfumaba virtualmente: desaparecían los nombres de mis contactos y las fotos de mi móvil. Llevo apegado a él unos seis años. Las aplicaciones llevaban tiempo fallando una a una, pero podía seguir funcionando. No quiero, pero no me quedará otra cosa que no sea adaptarme a los nuevos cambios y dejar de utilizar aquello que usaba en el pasado para escribir o para cualquier otra cosa. Recuerdo mi cambio de Windows XP al 7, y después al 10 y al 11, y añoro con pena aplicaciones y webs que usaba que dejaron de poder usarse (o yo dejé de saber usarlas).


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1 pág. / 2 minutos / 11 visitas.

Publicado el 4 de junio de 2026 por Granmidas.

Quiúbole.Hola de nuevo.

Granmidas


Realidad noficcion, atentados, Madrid, Girona, Guadalajara, 11S, 11M, David


persona a la que nadie quiere acercarse; tú mismo ni te acercarías a ti. Pero un día te arreglas un poco y alguien se fija en ese cambio (o no), hablas con alguien (o no). La diferencia quizás está simplemente en tu cabeza (o no), porque alguien te ha dicho que todo son impresiones tuyas. Pero hay cosas que se notan. Hay quien actúa para ser observado y quien lo hace para pasar desapercibido. Todos sabemos que, depende de cómo sea tu físico, cómo te vistas o cómo actúes con los demás, serás un punto en el que fijarse o un punto ciego. 
Yo soy un punto ciego. Ser un punto en el que se centran los focos u observado al milímetro resulta muchas veces incómodo, pero también lo es ser invisible, o ser un punto molesto de mirar. No porque te dañe los ojos como el sol, sino porque te hace daño en el corazón.
---
## Epílogo: Vuelta a reordenar ideas
Sería más fácil leerme con un *e-book* que hacerlo por aquí, pero mi inexperiencia al manejarme con eso de la autopublicación en Amazon me ha traído hasta aquí. Hoy tengo pruebas médicas, no puedo extenderme mucho. Ayer volví a acercarme a mi pasado. Mi móvil está a punto de expirar y no soy muy bueno con las copias de seguridad, nubes, etc. Veía que me esfumaba virtualmente: desaparecían los nombres de mis contactos y las fotos de mi móvil. Llevo apegado a él unos seis años. Las aplicaciones llevaban tiempo fallando una a una, pero podía seguir funcionando. No quiero, pero no me quedará otra cosa que no sea adaptarme a los nuevos cambios y dejar de utilizar aquello que usaba en el pasado para escribir o para cualquier otra cosa. 
Recuerdo mi cambio de Windows XP al 7, y después al 10 y al 11, y añoro con pena aplicaciones y webs que usaba que dejaron de poder usarse (o yo dejé de saber usarlas).


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Licencia limitada
1 pág. / 2 minutos / 12 visitas.

Publicado el 4 de junio de 2026 por Granmidas.

El Molino

Gabriel Miró


Cuento


La mañana es más clara y gozosa en torno del molino.

Ruedan las velas henchidas, exhalando una corona de luz como la que tienen los santos.

En el reposo caliente y duro parece que se oiga la senda rajándose de sol y hormigueros. El viento que bajó de la quebrada, y se durmió en la pastura, y se puso a maldecir en los vallados y en el cornijal de las heredades, da un brinco y se sube al molino, y tiembla y bulle en las aspas de lona.

Las seis alas se juntan en una para los ojos: la que está en lo alto y hace más jovial y más fresco el azul. Y desde arriba canta una tonada de brisa luminosa que dice:

—¡Buen día y pan!

Ya no tiene que trabajar la muela, o se ha marchado el viento antes que el maquilero, y el molino se va parando, parando...

Se queda inmóvil y como desnudo.

Una hormiga gorda, sin soltar el grano que cogió del portal, le murmura a su comadre:

—¡Mira el molino! ¡Tenía una vela remendada!

La comadre se ríe, frotándose los palpos.

—¡Válgame! ¡Tanta vanagloria, y con un remiendo!

Se marchan muy ahina a su troje de la senda para contar el secreto del molino.

El molino no las ve. Sólo atiende hacia las grandes distancias, esperando. Sus seis velas son seis hermanas cogidas de los brazos y de las túnicas de virgen, y también aguardan, calladas, en el azul.

Pero es verdad: una tiene un remiendo, y cuando todas volaban, el remiendo florecía de color suave de trigo y de miel en la blancura de las otras alas.

Ha saltado otra vez el aire. Se comban y crujen las entenas, y, al rodar, parece que se alzaron juntas todas las palomas de la comarca. ¡Qué gozo da el molino y su campo! Trasciende el grano y la harina. La vela remendada esparce gloriosamente su color maduro de sol en la corona de blancura que tejen sus mejillas sobre el cielo. El remiendo entona las claridades en lo alto, y, bajo, hace candeal.


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Dominio público
1 pág. / 2 minutos / 65 visitas.

Publicado el 18 de octubre de 2021 por Edu Robsy.

Desojando la margarita

Cristóbal Miró Fernández


Reflexión


El hecho de desojar una margarita es equivalente a sobrevivir en el limbo de lo posible-imposible, en la duda que mata y cura del veneno de una bomba de relojería que no cesa de amenazar con cesar su cuenta atrás en cualquier momento, en el segundo menos pensado. Al mismo tiempo es contener la respiración en una pesadilla de amores imposibles, de éxitos improbables, de esperanzas al borde del abismo, de la vida en la frontera de la existencia eterna. Ambas son vida, sí, pero a ambos lados del espejo, siendo el espejo agua que corre su curso continuo entre un reflejo y otro de la misma muerte joven-anciana.

Desojar una margarita implica también el hecho de elegir un camino entre muchos, algo que tarde o temprano hemos de hacer en la vida, en nuestras sendas cotidianas. Es inevitable desojar margaritas para esto o aquello, y requiere valor el lanzarse al vacío de lo que vendrá después de este primer paso a gatas de bastón. Sucede cuando nos vemos capaces de elegir por nosotros mismos lo que deseamos, cuando crecemos y nos independizamos de nuestros antiguos apoyos, al menos en parte y es un riesgo, el de triunfar o caer, el de aprender en cualquier caso de nuestros triunfos o nuestras catástrofes.


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Dominio público
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Publicado el 20 de marzo de 2022 por Cristóbal Miró Fernández .

La Muerte de un Vertebrado

Armando Palacio Valdés


Cuento


Más de una vez me acaeció despertar, tras un corto sueño durante el día, tan sorprendido de mi existencia como si realmente naciese en aquel instante.

«¿Qué es esto, qué es esto? ¿Qué soy yo? ¿Por qué estoy en el mundo? ¿Qué es el mundo?», me preguntaba estremecido. Tan grande era mi estupefacción, que me costaba trabajo el no romper en gritos de terror y admiración. El velo de lo infinito temblaba delante de mí como si fuera a descorrerse. Un relámpago iluminaba el misterio. Mi alma en aquel instante no creía más que en sí misma; pensaba vivir en el seno del Todo; no se daba cuenta de que ya estaba desprendida, y rodaba como una hoja que el huracán arrastra. «Estas formas que veo—me decía—son extrañas a mi ser; yo no pertenezco a ellas, ni ellas a mí. ¿Será verdad que mi alma sueña los cuerpos?» La muerte me parecía tan inconcebible como la nada. El relámpago descubría un horizonte indeciso, inmenso, azulado. En los confines lucía una aurora. «Mi sitio está allí: allí quiero ir. ¿Pero mis ojos podrán recibir los rayos de ese sol cuando se levante?»

Aquel despertar antojábaseme un sueño, y apetecía dormir para despertar realmente. Sí; quería despertar para comprender, para vivir; quería romper los muros de mi propio ser y asomarme a lo eterno. ¡Cómo reía el espíritu en aquel momento del protoplasma, la generatio spontanea, la teoría celular, la evolución, y de todas las demás explicaciones que se han dado de lo inexplicable!

Vivimos sobre una pequeña hoja como el gusano, la recorremos lentamente, descubrimos sus pequeñas vetas, que nos parecen caminos maravillosos; pensamos conocer los secretos del Universo porque conocemos sus partes blandas y duras. Llega el relámpago, y los ojos, aterrados, descubren la miseria de nuestra ciencia. ¡Oh pequeña hoja del saber humano, cuán pequeña eres!


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Dominio público
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Publicado el 26 de octubre de 2020 por Edu Robsy.

Batalla de Feos

José Fernández Bremón


Cuento


Qué sueño aquel tan agitado: recuerdo que hubo una gran batalla entre los hombres guapos y los feos: y como aquéllos eran pocos, los pasamos a cuchillo; corrió la voz de que algunos habían escapado a la matanza disfrazados de mujeres. Los vencedores dictamos una ley que castigaba con pena de muerte la hermosura en el hombre, y los consejos de guerra aplicaban la pena sin compasión: a cada instante se oían descargas: era que los soldados fusilaban buenos mozos: y ¡fenómeno extraordinario!, cuantos más sucumbían, más hombres guapos aparecían por todas partes, y menos feos veíamos, o conformes al menos con la idea que teníamos de la fealdad.

El poder se preocupó de aquella abundancia de hermosos, y recelando que pudiesen dar un golpe de mano, hizo una ley de sospechosos, mandando encarcelar a todo el que tuviera alguna gracia, atractivo o facción buena. Los amigos solíamos decirnos en secreto:

—¿Tengo en mi cara algo notable?

—Nada: puedes vivir seguro.

O darnos este aviso:

—Tu nariz es correcta: te aconsejo que te la cortes.

No hacíamos otra cosa que mirarnos al espejo para extirpar cualquier hoyuelo, perfección o suavidad penable por la ley. El que no tenía verrugas las sembraba en sus mejillas: si por desgracia no brotaban, se hacía poner tachuelas en el rostro. Todos nos afeábamos a competencia, y sin embargo, las ejecuciones aumentaban. La lista de los ajusticiados nos llenaba de espanto, porque leíamos nombres de personas reconocidamente feas.

—¿Por qué han fusilado a Fulano? —preguntábamos en voz baja.

—El tribunal ha hallado su fealdad agradable.

—¿Y Zutano?

—Fue denunciado por vislumbrarse en él cierta hermosura cadavérica.


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Dominio público
1 pág. / 2 minutos / 30 visitas.

Publicado el 13 de julio de 2024 por Edu Robsy.

El Lobo y el Hombre

Hermanos Grimm


Cuento infantil


Un día la zorra ponderaba al lobo la fuerza del hombre: no había animal que le resistiera, y todos habían de valerse de la astucia para guardarse de él. Respondióle el lobo:

— Como tenga ocasión de encontrarme con un hombre, ¡vaya si arremeteré contra él!

— Puedo ayudarte a encontrarlo —dijo la zorra—; ven mañana de madrugada, y te mostraré uno.

Presentóse el lobo temprano, y la zorra lo condujo al camino que todos los días seguía el cazador. Primeramente pasó un soldado licenciado, ya muy viejo.

— ¿Es eso un hombre? —preguntó el lobo.

— No —respondió la zorra—, lo ha sido.

Acercóse después un muchacho, que iba a la escuela.

— ¿Es eso un hombre?

— No, lo será un día.

Finalmente, llegó el cazador, la escopeta de dos cañones al hombro y el cuchillo de monte al cinto. Dijo la zorra al lobo.

— ¿Ves? ¡Eso es un hombre! Tú, atácalo si quieres, pero, lo que es yo, voy a ocultarme en mi madriguera.

Precipitóse el lobo contra el hombre. El cazador, al verlo, dijo:

— ¡lástima que no lleve la escopeta cargada con balas! —y, apuntándole, disparóle una perdigonada en la cara. El lobo arrugó intensamente el hocico, pero, sin asustarse, siguió derecho al adversario, el cual le disparó la segunda carga. Reprimiendo su dolor, el animal se arrojó contra el hombre, y entonces éste, desenvainando su reluciente cuchillo de monte, le asestó tres o cuatro cuchilladas, tales, que el lobo salió a escape, sangrando y aullando, y fue a encontrar a la zorra.

— Bien, hermano lobo —le dijo ésta—, ¿qué tal ha ido con el hombre?


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1 pág. / 2 minutos / 184 visitas.

Publicado el 26 de agosto de 2016 por Edu Robsy.

Día Internacional de la Pierna (Leg; en Inglés)

Joan Carlos Vinent


Microrrelato bilingüe


Dijous, 24 de juliol de 2014
DIA INTERNACIONAL DE LA CAMA(LEG, en anglès)
Un dia el metge agafa un cabriol i arriba fins (a) la mansió del governador de l'Ínsula Baratària que està afligit [aquejado] d'una insospitada malaltia.- Digui AAAHHH...- Em pots xerrar de tu! - Diu ufanós el governador.- D'acord. Di ahhh!- Digues, digues. Què tenc?- Mal de cama.- No ho entenc, metge Hipòcrates...- I també un problema de gargamella.- Uiii, dues coses ja. Què puc fer? Hi ha remeis naturals? - Sí, és tan fàcil com no deixar que s'atrofïïn ni la cama ni la gargamella. Necessita molt de moviment. No podem viure ancorats com una arrel d'arbre. Moviment, a trescar amb sa cama i a moure sa gargamella.- Em té confós, senyor metge.- Ara comença a millorar. Respecte i molt de DI...ÀHHH...LEG. Una miqueta cada dia i veurà o trobarà milloria molt prest/ aviat.- Què li dec?- Res. Només DIÀLEG. Reflexioni, faci flexions de gargamella i tot anirà millor. Com ha fet escoltant-me a mi. Bona nit i salut, senyor governant. 
©jcvinent (Joan Lônnen)
TRADUCCIÓNDía Internacional de la Pierna (Leg; en Inglés) 
Jueves, 24 de julio de 2014 
DÍA INTERNACIONAL DE LA PIERNA (LEG, en inglés) 
Un día el médico coge/toma una galera (carruaje) y llega hasta la mansión del gobernador de la Ínsula Barataria que está afligido [aquejado] de una insospechada enfermedad.- Diga aaahhh ...- ¡Me puedes hablar de tú! - Dice ufano el gobernador.- Di ahhh! - Dime, dime. ¿Qué tengo? - Dolor de pierna.- No lo entiendo, médico Hipócrates ...- Y también un problema de garganta.- Uyyy, dos cosas ya. ¿Qué puedo hacer? Hay remedios naturales? - Sí, es tan fácil como no dejar que se atrofien ni la pierna ni la garganta. Necesita mucho movimiento. No podemos vivir anclados como una raíz de árbol. Movimiento, a caminar con su pierna y mover mucho la garganta.- Me tiene confundido, señor médico.- Ahora empieza a mejorar. Respeto y mucho DI ... ahhh ... LEG (diálogo).


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Publicado el 30 de octubre de 2019 por Juan Carlos Vinent Mercadal.

Del país sin rey y la elección de un futuro mejor

Cristóbal Miró Fernández


Relato corto


Era una vez un país que había perdido a su rey hacía muy poco tiempo. Este monarca era un personaje curioso. Durante su gobierno, el país estuvo muy mal gobernado y la miseria, la peste, el hambre y la guerra se extendieron por la tierra. Se llamaba Perdición. No tenía herederos y, en seguida, se presentaron tres candidatos para el trono vacante, todos de la familia real. De hecho, eran sus tres hermanos pequeños y sus ministros principales. El primer candidato era un gran guerrero. Era el comandante de las fuerzas armadas, gran luchador y gran conquistador de ciudades. Iba vestido con una coraza negra como la noche y su mirada era dura y arrogante. Se llamaba Orgullo y fue su ministro de guerra. El segundo candidato era un banquero e iba vestido con dejadez. Era un hombre muy rico pero vivía como un mendigo, de tan poco dinero que gastaba y de tan mal que vivía, solo pensando en tener más y más dinero. Se llamaba Codicia y fue el ministro de economía del difunto rey. El tercer candidato era un hombre apuesto y elegante. Vestía como un príncipe pero miraba a todos por encima del hombro. Tan vanidoso era que se creía superior a todos quienes lo rodeaban. Se llamaba Vanidad y fue el consejero principal del antiguo mandatario. La gente ya los conocía y no los quería en el trono. Sabía que si alguno de ellos gobernaba volverían los tiempos malos pero no podía evitarlo. No había nadie más que fuese lo bastante experimentado para ocupar el trono. De hecho, aún quedaba alguien más, aunque no lo tuviesen en cuenta. Era un consejero, menospreciado por el rey, llamado Constancia. Estaba casado con una mujer muy amable, buena y humilde llamada Esperanza. Era un hombre humilde y que tenía la esperanza de que las cosas se conseguían volver a arreglar con trabajo y esfuerzo y que el reino volvería a ser feliz y regresaría la paz de nuevo.


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1 pág. / 2 minutos / 49 visitas.

Publicado el 19 de febrero de 2022 por Cristóbal Miró Fernández .

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