La Costurera
Francisco A. Baldarena
Cuentos
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Publicado el 27 de agosto de 2021 por Francisco A. Baldarena .
Mostrando 21 a 30 de 251 textos encontrados.
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Publicado el 27 de agosto de 2021 por Francisco A. Baldarena .
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Publicado el 9 de septiembre de 2021 por Francisco A. Baldarena .
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Publicado el 30 de agosto de 2021 por Francisco A. Baldarena .
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Publicado el 2 de septiembre de 2021 por Francisco A. Baldarena .
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Publicado el 10 de septiembre de 2021 por Francisco A. Baldarena .
Leer / Descargar texto 'El Ser y la Nada y Otros Cien Microcuentos'
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Publicado el 30 de abril de 2023 por Francisco A. Baldarena .
Con guantes de operar, hago un pequeño bolo de lodo suburbano. Lo echo a rodar por esas calles: los que se tapen las narices le habrán encontrado carne de su carne.
«¿Cómo echar al canasto los palpitantes acontecimientos callejeros?»
«Esclarecer la verdad es acción moralizadora».
El Comercio de Quito
«Anoche, a las doce y media próximamente, el Celador de Policía
N.º 451, que hacía el servicio de esa zona, encontró, entre las calles
Escobedo y García, a un individuo de apellido Ramírez casi en completo
estado de postración. El desgraciado sangraba abundantemente por la
nariz, e interrogado que fue por el señor Celador dijo haber sido
víctima de una agresión de parte de unos individuos a quienes no
conocía, sólo por haberles pedido un cigarrillo. El Celador invitó al
agredido a que le acompañara a la Comisaría de turno con el objeto de
que prestara las declaraciones necesarias para el esclarecimiento del
hecho, a lo que Ramírez se negó rotundamente. Entonces, el primero, en
cumplimiento de su deber, solicitó ayuda de uno de los chaufferes
de la estación más cercana de autos y condujo al herido a la Policía,
donde, a pesar de las atenciones del médico, doctor Ciro Benavides,
falleció después de pocas horas.
»Esta mañana, el señor Comisario de la 6.a ha practicado las diligencias convenientes; pero no ha logrado descubrirse nada acerca de los asesinos ni de la procedencia de Ramírez. Lo único que pudo saberse, por un dato accidental, es que el difunto era vicioso.
»Procuraremos tener a nuestros lectores al corriente de cuanto se sepa a propósito de este misterioso hecho».
No decía más la crónica roja del Diario de la Tarde.
Leer / Descargar texto 'Un Hombre Muerto a Puntapiés (cuentos)'
Dominio público
52 págs. / 1 hora, 31 minutos / 1.220 visitas.
Publicado el 29 de febrero de 2024 por Edu Robsy.
Todos estos cuentos y todas estas notas —que algún nombre he de darles—, fueron publicados en periódicos del Estado de Veracruz y de la capital de esta República. Hoy salen nuevamente, con pocas enmiendas y correcciones (que ni tiempo ni buen humor he tenido para hacerlas), en obsequio de algunos antiguos y por ende fieles amigos, y a instancias del editor de esta Biblioteca.
Confieso llanamente, y válgame algo la franqueza, que no tengo tales escritos por cosa muy subida y quilatada de mérito; pero asimismo declaro, lector amabilísimo, que no los creo indignos de tu discreción ni merecedores de perpetuo olvido.
Son hijos míos, hijos de mi corto entendimiento, y nacidos todos ellos en horas de amargura y en días nublados, casi al mediar de mi vida, de esta pobre vida mía que no será muy larga, y en años en que sólo el cultivo del Arte puede alejar de nosotros el recuerdo de seres amados, idos para siempre, y en que, dolorido el corazón, nos entregamos de grado a las añoranzas de la muerte.
Algunos de los cuentos, sucedidos, notas, bocetos o como te plazca llamarlos, «El Desertor», «El Asesinato de Palma-Sola», «Justicia Popular» y otros semejantes, son meros apuntes de cosas vistas y de sucesos bien sabidos, consignados en cuartillas por vía de estudio, con objeto de escribir más tarde (mi sueño azul) una novela rústica y veracruzana, a manera de «La Parcela» de mi admirado amigo don José López-Portillo y Rojas; novela en que palpiten la vida y las costumbres campesinas de esta privilegiada región; páginas en que puedas ver cómo aman, odian y trabajan nuestros labriegos, cómo viven y cómo alientan y se mueven; en suma: tales como son. Otros (hablo de los cuentos y de las notas), son impresiones mías, algunas muy íntimas y personales —las que yo me sé—, y lo restante trata de cosas más vistas que inventadas.
Dominio público
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Publicado el 13 de octubre de 2017 por Edu Robsy.
Cuento
Era un domingo de verano; domingo tras una semana laboriosa, verano como corona de un invierno duro.
El campo estaba sobre fondo verde vestido de florecicas rojas, y el día convidando a tenderse en mangas de camisa a la sombra de alguna encina y besar al cielo cerrando los ojos. Los muchachos reían y cuchicheaban bajo los árboles, y sobre éstos reían y cuchicheaban también los pájaros. La gente iba a misa mayor, y al encontrarse los unos saludaban a los otros como se saludan las gentes honradas. Iban a dar a Dios gracias porque les dio en la pasada semana brazos y alegría para el trabajo, y a pedirle favor para la venidera. No había más novedad en el pueblo que la sentida muerte del buen Mateo, a los noventa y dos años largos de edad, y de quien decían sus convecinos: «¡Angelito! Dios se le ha llevado al cielo. ¡Era un infeliz el pobre...!». ¿Quién no sabe que ser un infeliz es de mucha cuenta para gozar felicidad?
Si todos estaban alegres, si por ser domingo bailoteaba en el pecho de las muchachas el corazón con más gana y alborozo, si cantaban los pájaros y estaba azul el cielo y verde el campo, ¿por qué sólo el pobre Juan estaba triste? Porque Juan había sido alegre, bullicioso e infatigable juguetón; porque a Juan nadie le conocía desgracia y sí abundantes dones del buen Dios, ¿no tenía acaso padres de que enorgullecerse, hermanos de que regocijarse, no escasa fortuna y deseos cumplidos?
Desde que había vuelto de la capital en que cursó sus estudios mayores, Juan vivía taciturno, huía todo comercio con los hombres y hasta con los animales, buscaba la soledad y evitaba el trato.
Dominio público
364 págs. / 10 horas, 38 minutos / 1.562 visitas.
Publicado el 11 de septiembre de 2018 por Edu Robsy.
Un día, después del desayuno, cuando el sol empezaba a calentar, vimos aparecer, desde la reja, en el fondo de la plazoleta, un jinete en bellísimo caballo de paso, pañuelo al cuello que agitaba el viento, sanpedrano pellón de sedosa cabellera negra, y henchida alforja, que picaba espuelas en dirección a la casa.
Reconocímosle. Era el hermano mayor, que años corridos, volvía. Salimos atropelladamente gritando:
–¡Roberto, Roberto!
Entró el viajero al empedrado patio donde el ñorbo y la campanilla enredábanse en las columnas como venas en un brazo y descendió en los de todos nosotros. ¡Cómo se regocijaba mi madre! Tocábalo, acariciaba su tostada piel, encontrábalo viejo, triste, delgado. Con su ropa empolvada aún, Roberto recorría las habitaciones rodeados de nosotros; fue a su cuarto, pasó al comedor, vio los objetos que se habían comprado durante su ausencia, y llegó al jardín.
–¿Y la higuerilla? –dijo.
Buscaba entristecido aquel árbol cuya semilla sembrara él mismo antes de partir. Reímos todos:
–¡Bajo la higuerilla estás!…
Dominio público
258 págs. / 7 horas, 32 minutos / 4.603 visitas.
Publicado el 13 de mayo de 2020 por Edu Robsy.