Textos más populares esta semana que contienen 'cuentos' | pág. 13

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Brisas de Primavera

Julia de Asensi


Cuentos infantiles, Colección


El retrato vivo

¡Pobres mujeres y pobres niños! Ancianos y jóvenes habían formado un valeroso ejército para combatir al enemigo que había venido a sitiarlos a los mejores de sus pueblos y, no habiendo logrado vencer, habían perecido casi todos. Los pocos que vivían, hechos prisioneros, no podían ser ya el sostén de la madre, de la esposa y de los tiernos hijos. El vencedor, no contento con este triunfo, había dado orden de salir de aquella tierra a tan débiles seres.

Recogieron sus ropas y todo cuanto era fácil llevar sobre sí y que no tenía valor material alguno, y llorando los unos, suspirando los otros, y sin comprender lo que perdían los más, se alejaron despacio de sus hogares, en los que meses antes fueran tan felices.

Ya a larga distancia de su patria, los tristes emigrantes se detuvieron para descansar y también para tomar una resolución para lo porvenir.

Los que tenían familia en otras poblaciones pensaban buscar su protección; los que no, decidían, las jóvenes madres trabajar para sus hijos, las muchachas servir en casas acomodadas, los niños aprender cualquier oficio fácil, las viejas mendigar.

Pero había entre aquellos seres un niño de nueve años, que no tenía madre ni hermanos, que antes vivía solo con su padre y, después de muerto este en la pelea, quedaba abandonado en el mundo.

Se acercó a una antigua vecina suya implorando su protección.

—Nada puedo hacer por ti, Gustavo, le dijo ella, harto tendré que pensar para buscar los medios de mantener a mis dos niñas.

—Cada cual se arregle como pueda, repuso otra; no faltará en cualquier país quien te tome a su servicio, aunque sólo sea para guardar el ganado.

—Para eso llevo yo tres hijos —añadió otra mujer—; primero son ellos que Gustavo.


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Dominio público
77 págs. / 2 horas, 15 minutos / 371 visitas.

Publicado el 28 de marzo de 2020 por Edu Robsy.

Cuentos

Isidoro Fernández Florez


Cuentos, colección


Prólogo

Nació Fernanflor periodista, y de él nacieron la viveza, la gracia y brevedad de las formas literarias aplicadas al periódico.

Antes que él, otros corrigieron la estructura mazacote del articulo político, poniendo un poco de amenidad en aquellos grandes pellejos que insuflaban los redactores de la Prensa rudamente sectaria y camorrista de las generaciones que precedieron á la nuestra. Ya estaban en evidente descrédito las parrafadas declamatorias y el estilo parlamentario, con las hinchadas amplificaciones y el Datismo que hicieron las delicias del lector de antaño, el cual era casi siempre del partido, pues el lector neutro apenas existía. Pero la reforma permaneció circunscrita á las partes nobles del periódico, ocupadas por la política, mientras que en la zona interior, donde solían tener cabida los esparcimientos literarios, las columnas se fabricaban con argamasa de odas ó cantos épicos, y con las apelmazadas revistas ó crónicas semanales de teatros ó de costumbres. En esto fué donde puso su mana reformadora Fernanflor, desbrozando lo retórico para dejar más espacio á lo espiritual, y acomodando las dimensiones á la limitada paciencia de un público que cada día tomaba mayor gusto á la multiplicidad de las lecturas y á la intensidad de las impresiones.


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Dominio público
136 págs. / 3 horas, 59 minutos / 295 visitas.

Publicado el 20 de febrero de 2022 por Edu Robsy.

El Ser y la Nada y Otros Cien Microcuentos

Francisco A. Baldarena


selección de microcuentos


1 


El Ser y la Nada 


Un día en que estaba por demás aburrido, un hombre se puso a pensar en cuál sería la imagen reflejada por dos espejos contrapuestos. De manera que tomó dos espejos del mismo tamaño y los colocó frente a frente, cosa que solo reflejaran sus vacías superficies. En uno de ellos, raspándole por detrás, hizo un orificio casi imperceptible por el cual miró y entonces conoció la nada. 


2 


Lobisón Mordiendo a un Lobo 


Alguien en la taberna preguntó qué pasaría si un lobisón mordiera a un lobo, y eso quedó dando vueltas en la cabeza de Prosper —séptimo hijo varón, que huyendo de las persecuciones por parte de los habitantes de su aldea natal, vino a dar por esos parajes una tarde de otoño, hacía ya un buen par de años—, mientras bebía coñac en una mesa apartada del bullicio que hacían los parroquianos.  En la siguiente luna llena, transformado en lobisón, Prosper subió a la montaña, donde vivían las manadas de lobos, y nomás cruzarse con uno, lo acorraló contra unas rocas y le dio un mordisco en una pata, tal cual lo hiciera el Mago del Siam, en el cuento de Boris Vian «El Lobo Hombre». El lobo se tambaleó por un momento y desfalleció enseguida.  Prosper creyó que el lobo había muerto, pero casi de inmediato, el animal reaccionó y empezó a convulsionar y a retorcerse violentamente hasta que, poco a poco, fue transformándose en hombre, tal cual en el citado cuento del escritor francés. Incluso aterrado, como solo puede estarlo un lobisón en su misma situación, Prosper se animó a preguntar, entre gruñidos, para que el otro no advirtiera su amedrentamiento, quién era.


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Creative Commons
32 págs. / 57 minutos / 295 visitas.

Publicado el 30 de abril de 2023 por Francisco A. Baldarena .

Dos Cuentos Populares

León Tolstói


Cuento


I

Habiendo descansado Dios de sus múltiples trabajos, pensó en crear un nuevo ser engendrado por la unión maravillosa del cielo y de la tierra.

—«No lo creas, dijo severamente el ángel de la Verdad, porque mancillará tu santuario por gusto exaltará el Error y la tentación reinará sobre la tierra.

—»No lo creas, suplicó el angel de la Justicia, porque será cruel, no se amará más que á sí mismo y tiranizará á los demás. Será sordo para los gritos de dolor y los gemidos de las victimas no llegarán hasta su corazón.

—»Anegará la tierra en sangre, añadió el ángel de la Paz y el asesinato será su obra cotidiana. El horror de la ruina aniquilará á los paises y el miedo á la muerte violenta se infiltrará en las almas de todos.

»Y la frente del Todopoderoso se nubló; la unión maravillosa del cielo y de la tierra le pareció cosa vil y despreciable. Y en su voluntad eterna, maduró la resolución de no crear aquel ser, cuando la Misericordia, su hija menor y predilecta, compareció ante su trono. Abrazáronse á las rodillas del Padre y exclamó:

—»Créalo. Si todos tus servidores te abandonan yo iré en su auxilio y yo transformaré en cualidades sus defectos y sus vicios. Yo le protegeré para que no se aparte del camino de la Verdad. Yo inclinaré su alma á la compasión. Yo le enseñaré á ser misericordioso con cl débil.

» Y la frente del Todopoderoso se iluminó y brilló en su rostro la clemencia. La unión maravillosa del cielo y de la tierra fué y engendrá á un ser hecho á su imagen y semejanza.

—»¡ Vive! dijo el Todopoderoso, animándole con su soplo y sabe que eres hijo de la Misericordía...


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Dominio público
4 págs. / 7 minutos / 258 visitas.

Publicado el 22 de enero de 2025 por Edu Robsy.

Tipos y Paisajes

José María de Pereda


Cuentos, Colección


Prólogo, advertencia, preludio... o lo que ustedes quieran

El asunto es que algunos de mis paisanos, muy pocos, afortunadamente, han creído hallar en más de una página de mis Escenas montañesas motivo suficiente para que se sobrexcite y alarme su amor patrio; y que yo, que me guardaría muy bien de rebelarme contra el fallo del más incompetente crítico, a quien se le antojase apreciar aún en menos de lo poco que vale mi chirumen, como buen montañés, amante fervorosísimo de mi bella patria, no puedo, ni debo... ni quiero prescindir de oponer algunos reparos a los escrúpulos patrióticos de los mencionados señores, antes de darles a conocer esta segunda serie de Escenas, en las cuales, juzgándolas con el criterio con que juzgaron a las primeras, han de hallar nuevas causas de resentimiento contra mi pluma, y, por consiguiente, contra la intención que la ha guiado.

El cargo que se me hace (y, por cierto, entre piropos que siento no merecer) es la friolera de haber agraviado a la Montaña, presentando a la faz del mundo muchos de sus achaques peculiares, y hasta en son de burla algunos; es decir, con delectación pecaminosa.

Confieso que no ha podido hacérseme una imputación más cruel, ni más injusta, ni que más me lastime. Cruel, porque lo fuera, aun siendo muy notoria la perversidad del alma de un hijo, acusarle de ser capaz de hallar deleite en burlarse de su propia madre; injusta, por lo que vamos a ver.

De dos maneras puede representarse a los hombres: como son, o como deben ser. Para lo primero, basta el retratista; para lo segundo, se necesita el pintor de genio, de inspiración creadora. Concedo sin esfuerzo que el mérito de éste es superior, en absoluto, al de aquél; pero que, tratándose de dar a conocer a un individuo, haya de representársele como debe ser y no como es, no lo concedo aunque me aspen.


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Dominio público
319 págs. / 9 horas, 19 minutos / 249 visitas.

Publicado el 27 de octubre de 2018 por Edu Robsy.

Novelas Cortas

Julia de Asensi


Cuentos, colección


La casa donde murió

I

Camino del pueblo de B..., situado cerca de la capital de una provincia cuyo nombre no hace al caso, íbamos en un carruaje, tirado por dos mulas, Cristina, su madre, Fernando el prometido de la joven, y yo.

Eran las cinco de la tarde, el calor nos sofocaba porque empezaba el mes de Agosto, y los cuatro guardábamos silencio. La señora de López rezaba mentalmente para que Dios nos llevase con bien al término de nuestro viaje; Cristina fijaba sus hermosos ojos en Fernando que no reparaba en ello, y yo contemplaba la deliciosa campiña por la que rodaba nuestro coche.

Serían las seis cuando el carruaje se detuvo a la entrada del pueblo; bajamos y nos dirigimos a una capilla donde se veneraba a Nuestra Señora de las Mercedes, a la que la madre de Cristina tenía particular devoción. Mientras esta señora y su hija recitaban algunas oraciones, Fernando me rogó que le siguiera al cementerio, situado muy cerca de allí, donde estaba su padre enterrado. Le complací y penetramos en un patio cuadrado, con las tapias blanqueadas, y en el que se observaban algunas cruces de piedra o de madera, leyéndose sobre lápidas mortuorias varias inscripciones un tanto confusas. En un rincón vi a una mujer arrodillada, en la que mi compañero no pareció fijarse al pronto.

Me enseñó la tumba de su padre, que era sencilla, de mármol blanco, y comprendí que no era únicamente por verla por lo que el joven había llegado hasta allí. Observé que buscaba alguna cosa que no encontraba, hasta que vio a la mujer, que era una vieja mal vestida y desgreñada, que le estaba mirando atentamente. Fernando bajó los ojos, y ya iba a alejarse, cuando la anciana se levantó y le llamó por su nombre, obligándole a detenerse.

—¿Qué desea V., madre María? —la preguntó en un tono que quería parecer sereno.


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Dominio público
109 págs. / 3 horas, 11 minutos / 230 visitas.

Publicado el 5 de febrero de 2023 por Edu Robsy.

Cuentos

Ángel de Estrada


Cuentos, Colección


Dedicatoria

A la memoria de mi hermano Santiago.

El viejo general

Podía Wagner haber vencido con su genio á las escuelas italianas. Podía atar en la barquilla de su gloria á la ciencia inspirada, como atara en la de Lohengrin el cisne, y ver en ella su estatua, como la imagen del caballero, con la vista hundida en lo infinito. ¡Qué le importaba al viejo general! Y aun podía su nieta, una rubia no muy linda, pero de ojos admirables, estar esperando, como en la leyenda, á un caballero también; y podía el país del caballero estar esmaltado de lagos y follajes, estos con ruiseñores divinos, y aquellos cubiertos de cisnes maravillosos. A él ¡qué le importaba, ni qué sabía?

Cuando la nieta tocaba el piano, con el cuaderno del alemán, abierto, llamando al joven vestido de lumbre misteriosa, ardía en impaciencia. La canción del gentil custodio del Graal; el asombro del pueblo trastornado por el prodigio; todo le daba en los fatigados nervios y gritaba, moviendo una pierna de palo:—Basta, muchacha, basta de canturria!

La nieta volvía al cuartito de las modestas colgaduras blancas, de las piedras y petrificaciones del Chaco, como quien dice bibelots y porcelanas de Saxe, y allí, con un estallido de risa desarrugaba el ceño del anciano.

—¿A que no sabe, abuelito— preguntó aquel día—porqué me río con tantas ganas? Y como el viejo nada contestara sino:—loca, loca;—ella se puso á tararear:


Para dispersar, señor,
del viaje de mis ensueños
los perfumes de las flores
que extrañas traigo en el pelo


—Ah! romántica insoportable; dichoso el que te pierda!—gritó una voz de fiera enjaulada, y cayó de las manos de misia Pepa el cajón de las costuras.

La muchacha rió del apostrofe, corrió al piano de nuevo, y atacó con brioso empuje la marcha de Ituzaingo.


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Dominio público
65 págs. / 1 hora, 55 minutos / 214 visitas.

Publicado el 19 de septiembre de 2020 por Edu Robsy.

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