Textos más antiguos que contienen 'filosofia' | pág. 15

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El sustento del odio

J. Pérez de los Ríos


Filosofía del auto-conocimiento




Un sabio, en un arranque de lúcida amargura, proclamó que "el rencor es un veneno que uno mismo destila y bebe". Razón no le falta; sin embargo, como todo veneno que amenaza con devorar a su creador, requiere de una estrategia ingeniosa para no sucumbir a su propia pócima.


Tanto el odio como el amor precisan de sustento, aunque se nutren de fuentes opuestas y su naturaleza difiere radicalmente. El amor, sublime e incorruptible, se alimenta de sí mismo, elevado por una vibración que parece emanar de un éter inasible, mientras que el odio, voraz y rapaz, necesita saquear energía externa para prolongar su existencia, pues su esencia destructiva lo consume rápidamente.


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1 pág. / 1 minuto / 55 visitas.

Publicado el 29 de marzo de 2025 por Juan del Pozo .

Tabla de Cebes

Cebes


Filosofía, diálogo, alegoría, ética


Andábamos acaso paseando por el templo de Saturno, donde veíamos muchas y diversas memorias, y entre ellas había una tabla enfrente del templo, en que había una extraña pintura, que tenía muchas fábulas propias; las cuales no podíamos conjeturar qué eran, ni de dónde. Porque ni nos parecía que fuese ciudad la pintura, ni tampoco ejército; sino que había en ella un cercado que tenía dentro de sí otros dos cercados, el uno mayor y el otro más pequeño. En el primer cercado había una puerta, á cuya entrada parecía haber mucha gente. Dentro del cercado se veía una multitud de mujeres. Encima de la entrada de la primera puerta y del primer cercado estaba un viejo, que parecía dar orden á la multitud que entraba.

Estando, pues, nosotros maravillados de la significación de esta fábula un gran rato, se nos allegó un viejo, y nos dijo:

—No es cosa nueva, amigos, la que pasa por vosotros acerca de la duda de esta pintura. Porque aun de los mismos naturales son muy pocos los que saben lo que significa esta pintura. Porque no es esta memoria cosa de la ciudad; sino que en tiempos pasados arribó aquí un hombre extranjero, varón muy prudente, y que en sus palabras y obras mostraba ser muy sabio, y que seguía la vida de Pitágoras y Parménides, el cual consagró á Saturno este templo y también esta pintura.

—¿Conóceslo por ventura, dije yo, ó vístelo tú al mismo hombre?

—Sí, dijo él, y lo estimé en mucho, mucho tiempo. Porque siendo más mozo, disputaba conmigo muchas y muy buenas cosas; y particularmente acerca de esta pintura y su declaración le oí disputar muy muchas veces.

—Por amor de Dios, pues, le dije yo, que si no tienes alguna grande ocupación, que nos lo cuentes, porque deseamos mucho saber qué fábula es ésta.

—De muy buena gana, amigos, dijo él; pero hágoos saber que hay en ello cierto peligro.

—¿Qué peligro? dije yo.


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11 págs. / 19 minutos / 53 visitas.

Publicado el 25 de diciembre de 2025 por Edu Robsy.

La Doctrina Estoica y Defensa de Epicuro

Francisco de Quevedo y Villegas


Filosofía, tratado, ensayo, estoicismo, epicureísmo


Nombre, origen, intento, recomendación y descendencia de la doctrina estoica

Defiéndese Epicuro de las calumnias vulgares


Al docto y erudito licenciado
Rodrigo Caro, Juez de Testamentos


Estudiemos algo para el que estudia, escribamos para el que escribe.


Pues hablar con el docto, para el que ignora, es acreditarse el que habla, no obligarle. Yo, señor, quiero que el libro y todo lo que en él es forzoso, se defienda en la caridad de los amigos. A D. Juan de Herrera di el tratado, a Vm. las cuestiones de él. Más eruditas fueran si de su nota las trasladara que escribiéndolas de la mía. Empero en la condición de mi obra no tiene lugar otra demostración de mi buena amistad. Escribiré lo que Vm. sabe mejor, como yo lo sé; por esto me contento con que se tolere mi discurso, sin pretender que se apruebe.


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Dominio público
44 págs. / 1 hora, 17 minutos / 122 visitas.

Publicado el 26 de diciembre de 2025 por Edu Robsy.

El Árbol de la Razón

Tree of Reason


Cuento, Filosofía



Prefacio 
Este libro se ofrece como una exploración filosófica en forma de relato alegórico. No pretende ser un tratado religioso ni una crítica a ninguna tradición de fe en particular. Su propósito es invitar al lector a reflexionar sobre cuestiones universales: la creación, el libre albedrío, la justicia y la conciencia.
El autor utiliza símbolos —árboles, semillas, suelos, caminos, el Jardinero— para dar voz a preguntas que han acompañado a la humanidad desde tiempos antiguos. Estas imágenes no buscan reemplazar ni cuestionar las creencias de nadie, sino abrir un espacio de diálogo interior donde la razón y la imaginación se encuentran.
La obra se sitúa en el ámbito de la filosofía, donde las preguntas son más importantes que las respuestas definitivas. El lector cristiano practicante, así como cualquier persona interesada en la espiritualidad o el pensamiento crítico, puede encontrar aquí un ejercicio de discernimiento: un espejo que refleja dudas, convicciones y posibilidades.
El valor de este texto radica en su capacidad de provocar reflexión. No dicta dogmas, sino que plantea dilemas. No ofrece certezas, sino que invita a pensar. En este sentido, es una obra que puede enriquecer tanto la vida espiritual como la búsqueda intelectual, recordando que la fe y la razón, aunque distintas, se encuentran en el mismo horizonte humano: el deseo de comprender y de dar sentido a la existencia.
Así presentamos este ameno cuento filosófico didáctico y disfrutable.


Aviso:
Esta obra es una exploración ficticia y filosófica sobre la creación, el libre albedrío, la justicia y la conciencia. Se presenta con fines educativos y reflexivos, y no está destinada a ser una crítica de ninguna creencia, religión o tradición en particular.


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9 págs. / 17 minutos / 51 visitas.

Publicado el 19 de enero de 2026 por Fernando Guzmán.

Meditaciones

Marco Aurelio


Filosofía


Libro I

Aprendí de mi abuelo Vero el ser de honestas costumbres y no enojarme con facilidad. De la buena fama y loable memoria de mi padre, el portarme con modestia y varonilmente.

De mi madre, la religión para con Dios; la liberalidad para con todos; el abstenerme, no sólo de ejecutar acción mala, sino también de cebarme en el pensamiento de ella, y, además, el ser frugal en la comida y estar lejos de hacer una vida opulenta.

De mi bisabuelo, el no desdeñarme de frecuentar las escuelas públicas, y en casa echar mano de los mejores maestros, bien persuadido de que en este particular no se debe perdonar gasto alguno.

Del ayo aprendí el no tomar partido en los juegos públicos, no siendo del bando de los prasinos ni venecianos, ni inclinándome a los parmularios o scutarios. Enseñóme también la tolerancia en el trabajo, el contentarme con poco, el servirme a mí mismo, el no implicarme en los negocios ajenos, y no ser fácil en dar oídos a los chismosos.

Habiendo aprendido de Diogneto el desprecio de ciertas artes inútiles y vanas, me mantuve en no dar crédito a nada de cuanto dicen los encantadores y magos acerca de sus hechizos y arte de espantar los demonios y otras supercherías de esta clase. Jamás me entretuve en la que llaman pelea de codornices, ni me dejé embaucar de semejantes bagatelas. El mismo me habituó a saber llevar la zumba en las conversaciones, el familiarizarme con la filosofía, dándome por maestros, primero a Bacchio, después a Tandasis y a Marciano, que, de niño, me ejercitase en componer diálogos morales; que, en vez de asiento blando, usase de unas duras tablas cubiertas con una piel; que, en fin, pusiese por obra cuanto lleva consigo la profesión de filósofo griego.


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Dominio público
168 págs. / 4 horas, 54 minutos / 6.001 visitas.

Publicado el 8 de febrero de 2026 por Fernando Guzmán.

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