Textos más antiguos que contienen 'poesia' | pág. 14

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Los Arrecifes De Coral

Horacio Quiroga


Poesia, Cuentos


Mis Negras Culebras


Mis negras culebras dormían sobre la alfombra: y la

intranquilidad que de pronto se apoderó de ellas llegó

a mis trémulas historietas, donde el llanto por

emociones pasadas consiguiera nuevos triunfos.


La agitación de las finas bestias cobró fama de un desvelo;

la seda de sus pieles aquietó pausadamente el

nervioso moaré y, ya de rodillas ante ellas —en el silencio

de la gran sala— sus ojos de vidrio traslucieron

el paisaje de su inquietud, bajo la tienda de un jefe de

rebeldes: —los espejismos crepusculares danzaban en

el horizonte extrañas geometría. Y una luna enorme

surgía, tambaleándose. Y sobre el insomnio de las negras

culebras no supieron conservan tu manto, el

silencio pudo ser llenado con el chocar de tu cadenilla,

¡Salambó, Salambó!

Al Autor De La Dame Seule


Y como el buen cura me abandonara, permanecí

solo, con las manos sobre el respaldo de la cama, en el

cuartito donde había vivido los últimos meses.


—¿Sabes? quisiera ser una heroína de Mendès;

pero estoy muy enferma, muy enferma, mi pobre Lu-

ciano!


Muerta. Bien muerta estaba mi pobre Sadie! Era

tan alegre, que su retiro al campo nos causó gran pena.

—¿Que usted ríe mucho? Sadie reía más aún. —¿Que

usted esconde las manos para que no se las besen?

Sadie calzaba guantes, y los quitaba tan a menudo!

—¿Que usted ha desdeñado a cuatro caballeros, muer-

tos de amor por usted? Sadie no tenía memoria, y en-

fermó del pecho deshojando azahares bajo el cielo pá-

lido de Niza.


¡Pobre señorita delgada! ¡que vacío dejó usted

entre nosotros!


Ya de noche le habían sido dados los últimos con-

suelos. Leía la última carta:

"La señorita se muere. Iba mejor, y desde ano-


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Dominio público
41 págs. / 1 hora, 12 minutos / 95 visitas.

Publicado el 19 de junio de 2026 por Brian.

Poesía En El Cine

Horacio Quiroga


Artículo


Tal vez un concepto artístico en degeneración, a fuerza de cultivo, ha impedido a los europeos comprender la fuerza vital del cine. Hace ya muchos años se repetía, al exceso, que el teatro francés se debatía entre el adulterio realizado y el adulterio a celebrarse. Todas las demás contingencias de la vida, de las ideas y de la moral, habían quedado de lado. 

El arte en el teatro, como en la poesía y la novela, se restringía entre las cuatro paredes de una sala de conversación. Tornábase arte de cámara para gentes de mundo y criaturas de mentalidad corta, que sólo en cierta sociedad y su psicología hallaban arte y motivos de arte.


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Dominio público
2 págs. / 4 minutos / 5 visitas.

Publicado el 27 de julio de 2026 por Brian.

Caminata en la Colina

Carlos Daniel López


Poesia, ecuatoriana, guayaquileña, cuento, cuento corto, novela, novelilla, ecuador, romance, amor


Hete caminado por las tristes y viejas calles de una ciudad que me abandonó, una ciudad a la cual le guardo rencor y ardor por sus desgraciadas tragedias y traiciones hacia mi ser. No soy feliz estando aquí, no puedo recordar porque volví, pero sé que me debo quedar y afrontar mis responsabilidades, tarde o temprano lo que me aterraba tendría que volver a atormentarme. Mientras caminaba recordé los viejos motivos por los cuales me alejé y decidí exiliarme en las altas llanuras de las cercanías de esta ciudad. Estuve lejos por tanto tiempo que no podía reconocer las calles por donde caminaba, todo me parecía extraño y sombrío. Los callejones que en mi niñez encontraba coloridos y llenos de vida ahora me parecían míseros y grises. Sé que me aleje de esta tierra cuando aún era un simple adolescente con metas y logros estúpidos, pero volver y no poder reconocer el lugar de natalicio de uno mismo es el peor sentimiento. Finalice mi caminata al percatarme que mi destino se acercaba. Lentamente bajé el maletín que portaba y   con una cálida mirada pude observar las ruinas de lo que quedaba de mi antiguo hogar. Aquí fue donde pase mis años ya perdidos. Donde disfrute y llore. Suspire con nostalgia recordando memorias alegres y lo contemplé por unos minutos hasta que una voz cálida me levanto de mi transe.  

- ¿Julio?  

La voz cálida con tintes amargos provenía de una bella muchacha costeña. Tenía un cabello castaño tan similar a una barra de cacao, del cacao más fino que se pueda encontrar en esta tierra, unos ojos de leyenda que perpetraban a cualquiera y una sonrisa tan fina como el sol del alba Matutino. Parecía alguna joven extranjera, extranjera a la zona pobre y desgraciada donde se encontraba.  

- El mismo. 

Respondí con una seriedad digna de las aves que sobrevuelan al Pichincha. No conocía a esta bella joven, pero el que supiera mi nombre ya era motivo de alerta.  

- ¿Me conoces?  


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6 págs. / 11 minutos / 7 visitas.

Publicado el 28 de julio de 2026 por Carlos Daniel López.

Hasta Edén

Fernando Guzmán


Poesía


Valle sombrío


Dime tú, valle sombrío, ¿por qué aborreces a los ciegos?
¿Por qué todo cuanto cruza tus senderos hallará el olvido?
Pues en ti perecen quienes confían en ti, y los que en ti posan su pie no tienen ventaja sobre el idiota.
Hace ya tiempo que aquellos ojos me fueron arrebatados, antes siquiera que lo supiera.
Mis cuencas fingen distinguir la distancia,
Como quien avanza a tientas procurando no caer.
Una zancada tras otra, doy tumbos, y a cada tropiezo dispones una herida para mis pies.
Podrida llaga, ortiga cruel, fuiste cisterna sin agua y arbusto sin fruto, como humo que no se puede asir.
No hay en ti, oh valle, sino espinos, áspides y fieras prestas para el asedio.
En ti sepulté mis ojos, aquellos que nunca conocieron el sol, ni el mar, ni la cordura,
Pero no verás nunca ciego más feliz andando y riendo con las cuencas huecas.
Dichoso el sordo, pues jamás oyó de ti.
Dichoso el mudo, pues no podrá pronunciar tu nombre.
Miserable de mí, pues te oí, te nombré y te he visto.




El niño aquel


Y, de repente, te das cuenta de que siempre fuiste mucho más frágil de lo que pensabas; que tu razón podría sin más fugarse a jugar a alguna parte; que, tal vez, un atisbo de amor podría parecer el demonio mismo posándose sobre tu rostro.

Qué desconcierto conocer que eres un niño jugando a vivir, como uno que cree ser hombre y se percata de su inocencia.

Qué difícil es ver que conservas contigo al niño aquel.




Flores de mundo


De este mundo nada tomaré,

tras su amistad engañosa rehúso ir en pos,

jaula para presa son sus palabras.


Traicionero es su halago,

y aun lo más codiciable que puedas notar en él no es más que un ayer,


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1 pág. / 3 minutos / 16 visitas.

Publicado el 19 de septiembre de 2026 por Fernando Guzmán.

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