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Mare Nostrum

Vicente Blasco Ibáñez


Novela


I. EL CAPITÁN ULISES FERRAGUT

Sus primeros amores fueron con una emperatriz.

El tenía diez años y la emperatriz seiscientos. Su padre, don Esteban Ferragut—tercera cuota del Colegio de Notarios de Valencia—, admiraba las cosas del pasado.

Vivía cerca de la catedral, y los domingos y fiestas de guardar, en vez de seguir á los fieles que acudían á los aparatosos oficios presididos por el cardenal-arzobispo, se encaminaba con su mujer y su hijo á oír misa en San Juan del Hospital, iglesia pequeña, rara vez concurrida en el resto de la semana.

El notario, que en su juventud había leído á Wálter Scott, experimentaba la dulce impresión del que vuelve á su país de origen al ver las paredes que rodean el templo, viejas y con almenas. La Edad Media era el período en que habría querido vivir. Y el buen don Esteban, pequeño, rechoncho y miope, sentía en su interior un alma de héroe nacido demasiado tarde al pisar las seculares losas del templo de los Hospitalarios. Las otras iglesias enormes y ricas le parecían monumentos de insípida vulgaridad, con sus fulguraciones de oro, sus escarolados de alabastro y sus columnas de jaspe. Esta la habían levantado los caballeros de San Juan, que, unidos á los del Temple, ayudaron al rey don Jaime en la conquista de Valencia.

Al atravesar un pasillo cubierto, desde la calle al patio interior, saludaba á la Virgen de la Reconquista traída por los freires de la belicosa Orden: imagen de piedra tosca, con colores y oros imprecisos, sentada en un sitial románico. Unos naranjos agrios destacaban su verde ramazón sobre los muros de la iglesia, ennegrecida sillería perforada por largos ventanales cegados con tapia. De los estribos salientes de su refuerzo surgían, en lo más alto, monstruosos endriagos de piedra, carcomida.


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460 págs. / 13 horas, 25 minutos / 353 visitas.

Publicado el 20 de abril de 2016 por Edu Robsy.

Los Veraneantes

Antón Chéjov


Cuento


En el andén del apeadero de un lugar veraniego paséase una parejita de recién casados. El la estrecha amoroso el talle y ella se inclina ligeramente hacia él; los dos se sienten felices. La Luna los contempla desde las nubes y frunce el ceño; seguramente los envidia en su inútil soledad. El aire, inmóvil, está impregnado del perfume de las lilas y de los cerezos. Al otro lado de la vía óyese el chillido agudo de los grillos.

—¡Qué hermoso, Sacha!

—¡Qué hermoso!—repite la joven—. Me parece un sueño. Fíjate qué hermoso y atrayente es aquel bosquecito, qué bellos estos enormes postes telegráficos. ¿No es verdad que animan el paisaje?... Hablan de la gente... de la civilización. ¿Te gusta cuando el viento nos trae el sonido lejano de un tren en marcha?

—Sí...; pero ¡qué manos tan calientes tienes, Varia! Estás nerviosa. ¿Qué hay para cenar?

—Okrochka [1] y pollo...; habrá bastante. De la ciudad he hecho traerte sardinas en conserva.

La Luna hace una mueca y se esconde detrás de las nubes; la felicidad humana le recuerda su aislamiento y su lecho solitario detrás de los montes y valles...

—¡El tren llega! ¡Qué hermoso!—exclama Varia.

A lo lejos aparecen tres ojos centelleantes. El jefe de estación sale al andén. Por todos lados aparecen luces de señales.

—Miraremos cómo se marcha el tren y nos iremos a casa—dice Sacha bostezando—. ¡Qué dichosos somos, Varia! Es verdad; parece un sueño.

El monstruo negro acércase al andén y se detiene... Por las ventanas alumbradas vense hombros, sombreros, caras dormidas...

—¡Hola, hola! —dicen desde un vagón—. Varia con su marido han salido a recibirnos. ¡Están aquí! ¡Varia! ¡Varia! ¡Hola!


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Dominio público
1 pág. / 3 minutos / 476 visitas.

Publicado el 7 de junio de 2016 por Edu Robsy.

Los Tres Herederos Afortunados

Hermanos Grimm


Cuento infantil


Un padre reunió a sus tres hijos en su presencia y les dio: al primero un gallo, al segundo una guadaña, y al tercero un gato.

—Soy viejo, les dijo, y está cercana mi muerte; quiero antes de que llegue, asegurar vuestro porvenir. No tengo dinero que dejaros, y aunque os parezcan de poco valor las cosas que ahora os doy, eso depende del uso que hagáis de ellas; buscad cada uno un país en que sea desconocido el objeto que posee y hará su fortuna.

El mayor de los hijos se puso en camino con su gallo, después de la muerte de su padre, pero por todas cuantas partes pasaba era conocido el gallo; en las ciudades le veía encima de los campanarios, dando vueltas con el viento; en los campos le oía cantar continuamente, y a nadie chocaba su animalito, de manera que no se hallaba en la situación más a propósito para mejorar su suerte.

Llegó por último a una isla donde nadie sabía lo que era un gallo, de modo que les costaba mucho trabajo conocer la aproximación de las diferentes partes del día. Sabían muy bien cuándo era de día y cuándo era de noche, pero los que dormían por la noche, ignoraban siempre la hora que era.

—Mirad, les dijo, qué animal tan hermoso; tiene una corona de rubíes en la cabeza y lleva espuelas en los pies como los caballeros. Por la noche canta tres veces a horas fijas; la última cuando va a salir el sol. Cuando canta en medio del día, indica que va a cambiar el tiempo.

Este discurso gustó mucho a los habitantes de la isla; a la noche siguiente nadie se durmió, y todos escucharon con la mayor ansiedad al gallo anunciar las dos, las cuatro y las seis de la mañana. Le preguntaron si vendía aquel hermoso pájaro, y cuánto quería por él.

—Quiero el oro que pueda llevar un asno en una carga, les contestó.

Todos contestaron que semejante precio era una bagatela para un animal tan maravilloso, y se apresuraron a dársele.


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2 págs. / 3 minutos / 140 visitas.

Publicado el 23 de agosto de 2016 por Edu Robsy.

Los Pergaminos

Pedro Muñoz Seca


Teatro, Comedia


Personajes

ELVIRA
MISS PLAIN
URRACA
BERENGUELA
CHICHARITA
BERNARDA
RAFAELA
CONCHA
MANOLITA
RAFAELINA
EMILITA
RAFAELITA.
MELITÓN
GONZALO
NUÑO
LAÍN
JAIME
ANTÚNEZ
RAFAELÓN
DON COSME
DOMINGO
FAELILLO
RAFAEL
FAELITO
REVENGA
PEPITO

Acto primero

Hall de la linda casa de campo que habitan los condes de Pola del Clavijo en su hacienda de "Los Algarrobos". En chaflán a la derecha, la puerta que conduce a la carretera. En el foro un gran mirador de cristalería. En el lateral izquierda una puerta y el arranque de una escalera que se pierde en el lateral. El hall estará ricamente amueblado, no con muebles modernos, sino del más serio estilo español. Una gran araña de madera y en las paredes algún escudo de armas y alguna panoplia con gumías y espingardas.

Es un día de Mayo, a las cuatro de la tarde. “Los Algarrobos” están en Almodóvar, pueblo cercano a Córdoba. Corre el año 1918.

Están en escena Miss Plain, Rafaela, Rafaelón, Rafaelita y Rafael. Miss Plain es una inglesa como de treinta y cinco años, de aspecto varonil. Viste con cierta elegancia masculina y habla con acento británico. Rafaela es una hortelana de cuarenta y cinco años; Rafaelón, su marido, ha cumplido ya los cuarenta y nueve, y Rafaelita y Rafael, hijos de ambos, frisan en los dieciséis y los veinte abriles, respectivamente. Los cuatro visten con el traje de faena y se expresan con un marcado acento cordobés. Al levantarse el telón, Rafael, de pie y apoyado en cualquier mueble, está ensimismado, preocupadísimo. Los demás, bajo la dirección de Miss Plain, adornan el hall colocando aquí y allá unas cuantas macetas que hay en un carro de mano colocado en el centro.


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Dominio público
72 págs. / 2 horas, 6 minutos / 484 visitas.

Publicado el 22 de marzo de 2018 por Edu Robsy.

Los Chin-Fú-Tón

Abraham Valdelomar


Cuento


o sea
La historia de los hambrientos desalmados


(Cuento chino)


Caminando, pausadamente, por la avenida de los melocotoneros y ciruelos que va desde la Gran Portada hasta el sagrado rincón donde se venera, bajo los floridos ramajes, la Grande, Divina y Noble figura de Buda, a la hora del Crepúsculo, encontramos a nuestro paso, mi anciano tío y yo, a muchos transeúntes. Pasaban viejos de enorme abdomen, cansados bajo el peso de sus múltiples ropajes; jóvenes que canturreaban canciones rituales; mujeres que con la mirada baja acusaban su estado matrimonial, y ciertos individuos, que caminaban con la cabeza levantada, insolentes, ostentando ricos vestidos, con la demacrada palidez que produce el uso del a-pi-hin, o sea el opio de la primera cosecha de amapolas, y por lo cual el más caro; y hube de interrogar a mi bueno y anciano tío sobre tales gentes, que parecían ser muy reverenciadas:

–Mi tío y gran señor, podrás decirme ¿quién es este señor que te saluda?

–Es un chin-fú-tón. Habrás observado que no le he contestado.

A poco pasó otro y dijo a mi tío:

–Buda te proteja, Gran Señor y conserve el largo de tus uñas curvas y transparentes, el color de tus mejillas que parecen a la flor del cáñamo que se copia en la tranquila corriente del lago azul...

–Y a ti el demonio te lleve a Chin Gau, se apodere de tu alma y seas vendedor de cuyes en los siete cielos, y te escupa un leproso, y te pida limosna tu mujer, asquerosa culebra, le respondió mi tío iracundo.

Yo me atreví a volver a interrogarle:

–Quién es este hombre, Gran Señor y Tío que así te saluda?...

–Es otro chin-fú-ton.

–Y quiénes son estos chin-fú-tón, Gran Señor? Son una secta? Una casta social? Un grupo político? Acaso profesores de la Academia?...

Mi tío respondió:


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Dominio público
4 págs. / 7 minutos / 254 visitas.

Publicado el 7 de mayo de 2020 por Edu Robsy.

Leyendas de los Indios Quichuas

Filiberto de Oliveira Cézar


Cuentos, leyendas, colección


Advertencia

Nuestra simpatía por los asuntos nacionales ó americanos nos hace que presentemos en este librito algunas leyendas, tradiciones y retratos de los indios Quichuas que dan idea del grado de civilización á que alcanzaron.

En atención á los lectores que estiman los datos históricos hemos tratado de no separarnos de la verdad, aun en el texto de las mismas leyendas.

El vocabulario contiene la etimología de algunas palabras indias, usadas en nuestra lengua castellana y que por lo tanto convenía consignar.

Si el público encuentra aceptable este pequeño trabajo, se habrán satisfecho plenamente nuestros deseos.

Los Quichuas y su Imperio

Desde la conquista del nuevo mundo por los españoles, muchas y muy diversas han sido las teorías inplantadas á propósito del origen del hombre en esta parte del globo.

Unos han sostenido que con la existencia de la Atlántida, que unía á Europa con las Antillas se extendió la población hasta los remotos confines de estas tierras desconocidas entonces.

Otros han hablado de la inmigración de la raza asiática por el Istmo de Bering y de las colonias traídas por los chinos desde el siglo quinto á las costas americanas de California.

Según otros, también las razas del Norte cruzaron los mares polares, llegaron á Terranova y á la Florida, en épocas relativamente antiguas.

Las tradiciones de los aborígenes nada nos dicen de la llegada por mar de pueblos ó tribus que poblasen las tierras y solo se refieren á la aparición de hombres blancos en diversas épocas, los que venían y desaparecían después de algun tiempo.

El fundador del Imperio Incásico, según las dos leyendas que á él se refieren, no vino por el mar sino que salió de un lago interior del continente.


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Dominio público
49 págs. / 1 hora, 26 minutos / 22 visitas.

Publicado el 4 de agosto de 2026 por Edu Robsy.

Letras

Rubén Darío


Crítica


LA CASA DE LAS IDEAS

I

Esta frase de Elisée Reclus: «La ciudad de los libros» despierta en mí este pensar: «las casas de las ideas».

En efecto; si la palabra es un ser viviente, es a causa del espíritu que la anima: la idea.

Así, pues, las ideas, con sus carnes de palabras, vivientes, activas, se congregan, hacen sus ciudades, tienen sus casas. La ciudad es la biblioteca, la casa es el libro.

Helas allí como los humanos seres; hay ideas reales, augustas, medianas, bajas, viles, abyectas, miserables. Visten también realmente, medianamente, miserablemente. Tienen corona de oro, tiara, yelmo, manto o harapos. Imperiosas o humilladas, se alzan o caen, cantan o lloran. Evocadas por el hombre, dejan sus habitáculos, abandonan sus alvéolos, resuenan en el aire, o, silenciosas, penetran en las almas por los ojos. Luego vuelven a sus casas, después de hacer el bien o el mal.


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117 págs. / 3 horas, 26 minutos / 214 visitas.

Publicado el 25 de julio de 2016 por Edu Robsy.

Las Tres Lenguas

Hermanos Grimm


Cuento infantil


En Suiza vivía una vez un viejo conde que tenía sólo un hijo, que era tonto de remate e incapaz de aprender nada. Díjole el padre:

— Mira, hijo: por mucho que me esfuerzo, no logro meterte nada en la cabeza. Tendrás que marcharte de casa; te confiaré a un famoso maestro; a ver si él es más afortunado.

El muchacho fue enviado a una ciudad extranjera, y permaneció un año junto al maestro.

Transcurrido dicho tiempo, regresó a casa, y su padre le preguntó:

— ¿Qué has aprendido, hijo mío?

— Padre, he aprendido el ladrar de los perros.

— ¡Dios se apiade de nosotros! —exclamó el padre—; ¿es eso todo lo que aprendiste? Te enviaré a otra ciudad y a otro maestro.

El muchacho fue despachado allí, y estuvo otro año con otro maestro. Al volver le preguntó de nuevo el padre:

— Hijo mío, ¿qué aprendiste?

Respondió el chico:

— Padre, he aprendido lo que dicen los pájaros.

Enfadóse el conde y le dijo:

— ¡Desgraciado! Has disipado un tiempo precioso sin aprender nada. ¿No te avergüenzas de comparecer a mi presencia? Te enviaré a un tercer maestro; pero si tampoco esta vez aprendes nada, renegaré de ti.

El hijo residió otro año entero al cuidado del tercer maestro. y cuando, al regresar a su casa, le preguntó su padre:

— Hijo mío, ¿qué has aprendido? — contestó el muchacho:

— Padre, este año he aprendido el croar de las ranas.

Fuera de sí por la cólera, el padre llamó a toda la servidumbre y les dijo:

— Este hombre ha dejado de ser mi hijo; lo echo de mi casa. ¡Llevadle al bosque y dadle muerte!

Los criados se lo llevaron; pero cuando iban a cumplir la orden de matarle, sintieron compasión y lo soltaron. Cazaron un ciervo, le arrancaron la lengua y los ojos, y los presentaron al padre como prueba de obediencia.


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2 págs. / 4 minutos / 165 visitas.

Publicado el 30 de agosto de 2016 por Edu Robsy.

Las Hojas Secas

Gustavo Adolfo Bécquer


Cuento


El sol se había puesto: las nubes, que cruzaban hechas girones sobre mi cabeza, iban á amontonarse unas sobre otras en el horizonte lejano. El viento frío de las tardes de otoño arremolinaba las hojas secas á mis pies.

Yo estaba sentado al borde de un camino, por donde siempre vuelven menos de los que van.

No sé en qué pensaba, si en efecto pensaba entonces en alguna cosa. Mi alma temblaba á punto de lanzarse al espacio, como el pájaro tiembla y agita ligeramente las alas antes de levantar el vuelo.

Hay momentos en que, merced á una serie de abstraciones, el espíritu se sustrae á cuanto le rodea, y replegándose en sí mismo analiza y comprende todos los misteriosos fenómenos de la vida interna del hombre.

Hay otros en que se desliga de la carne, pierde su personalidad y se confunde con los elementos de la naturaleza, se relaciona con su modo de ser, y traduce su incomprensible lenguaje.

Yo me hallaba en uno de estos últimos momentos, cuando solo y en medio de la escueta llanura oí hablar cerca de mí.

Eran dos hojas secas las que hablaban, y éste, poco más ó menos, su extraño diálogo:

— ¿De dónde vienes, hermana?

— Vengo de rodar con el torbellino, envuelta en la nube del polvo y de las hojas secas nuestras compañeras, á lo largo de la interminable llanura. ¿Y tú?

— Yo he seguido algún tiempo la corriente del río, hasta que el vendaval me arrancó de entre el légamo y los juncos de la orilla.

— ¿Y adonde vas?

— No lo sé: ¿lo sabe acaso el viento que me empuja?

— ¡Ay! ¿Quién diría que habíamos de acabar amarillas y secas arrastrándonos por la tierra, nosotras que vivimos vestidas de color y de luz meciéndonos en el aire?


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4 págs. / 7 minutos / 1.560 visitas.

Publicado el 19 de agosto de 2016 por Edu Robsy.

La Zorra y el Gato

Hermanos Grimm


Cuento infantil


Ocurrió una vez que el gato se encontró en un bosque con la señora zorra, y pensando: «Es lista, experimentada y muy considerada en el mundo», dirigiósele amablemente en estos términos:

— Buenos días, mi estimada señora zorra. ¿Qué tal está su señoría? ¿Cómo le va en estos tiempos difíciles?

La zorra, henchida de orgullo, miró al gato despectivamente de pies a cabeza, y estuvo un buen rato meditando si valía la pena contestarle; pero, al fin, dijo:

— ¡Oh, mísero lamebigotes, necio abigarrado, muerto de hambre, cazarratones, ¿qué te ha pasado por la cabeza? ¿Cómo te atreves a preguntarme si lo paso bien o mal? ¿Qué has aprendido tú, vamos a ver? ¿Cuántas artes conoces?

— No conozco más que una —respondió el gato modestamente.

— ¿Y cuál es esta arte tuya? —inquirió la zorra.

— Cuando los perros me persiguen, sé subirme de un brinco a un árbol, y, de este modo, me salvo de ellos.

— ¿Y es eso todo lo que sabes? —dijo la zorra—. Pues yo domino más de cien tretas, y aún me queda un saco lleno de ellas. Me das lástima; vente conmigo y te enseñaré la manera de escapar de los perros.

En aquel momento se presentó un cazador con cuatro lebreles. El gato, veloz, saltó a un árbol y sentóse en la copa, bien oculto por las ramas y el follaje.

— ¡Abrid el saco, señora zorra, abrid el saco! —gritó desde arriba; pero los canes habían hecho ya presa en la zorra y no la soltaban.

— ¡Ay!, señora zorra —prosiguió el gato—, con vuestras cien tretas os han cogido. ¡Si hubieseis sabido trepar como yo, habríais salvado la vida!


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1 pág. / 1 minuto / 251 visitas.

Publicado el 30 de agosto de 2016 por Edu Robsy.

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