DETRÁS DE LAS FOTOS
A. J. BOZINSKY
ficción rara
Creative Commons
22 págs. / 38 minutos / 81 visitas.
Publicado el 24 de abril de 2025 por Álvaro Bozinsky.
Mostrando 931 a 940 de 6.509 textos encontrados.
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Publicado el 24 de abril de 2025 por Álvaro Bozinsky.
Dominio público
15 págs. / 26 minutos / 177 visitas.
Publicado el 20 de diciembre de 2020 por UUs UUendel.
Dominio público
1 pág. / 1 minuto / 87 visitas.
Publicado el 26 de noviembre de 2020 por UUs UUendel.
(El Rabbi Don Sem Tob, Proverbios morales)
Se olía y aspiraba en la mañana una templada miel. Ya tenían los
almendros hoja nueva y almendrucos con pelusa de nido; la piel gris de
las rígidas higueras se abría, y el grueso pámpano reventaba; y lo más
nudoso y negro de las cepas abuelas se alborozaba con sus netezuelos los
brotes. Eran rojas las tierras, y así semejaban más calientes. El río,
estrecho y centelleante de sol, aparentaba dar de su fondo fuego de oro y
era limpia espada que traspasaba la rambla con dichosas heridas de
frescura. Venía el agua somera, sin ruido y apenas estremecida por los
cantos y guijas de la madre. Estaban rubias y mullidas las márgenes de
tamarindos arbusteños; y en lo postrero de la vista, las aguas
espaciadas hacían una tranquila y pálida laguna. De dentro, los
tamarindos, ya árboles, asomaban sus cimas anchas y doradas como el
trigo en las eras o islas románticas; y enteramente lo copiaban las
aguas.
Cerca del río tronaba un viejo molino harinero. Delante del portal había un alto álamo de trémula blancura; y en aquellos campos primaverales el árbol grande y blanco parecía arrancado de un paisaje de nieve.
Vinieron de la ciudad a esta ribera dos amigos. Entonces descansaban, sumergiéndose en el dichoso gremio de la dulzura matinal de primavera. De lo alto del aire o de lo hondo de la tierra pasaba a instantes la templanza un estremecimiento, un aleteo rápido y leve de frío, pero frío de invierno, huido, ya lejos.
Dominio público
6 págs. / 10 minutos / 60 visitas.
Publicado el 28 de enero de 2021 por Edu Robsy.
¿Te acuerdas del torero Ole, verdad? Ya te conté que le hice dos visitas. Pues ahora te contaré una tercera, y no es la última.
Por lo regular voy a verlo a su torre el día de Año Nuevo, pero esta vez fue el día de mudanza general, en que no se está a gusto en las calles de la ciudad, pues están llenas de montones de basura, cascos rotos y trastos viejos, y no hablemos ya de la paja vieja de los jergones, por la cual hay que pasar casi a vado. Siguiendo por entre aquellas pilas de desperdicios, vi a unos niños que estaban jugando con la paja. Jugaban a acostarse, encontrando que todo allí convidaba a este juego. Se metían en la paja viva, y se echaban encima, a guisa de cubrecama, una vieja cortina rota.
—¡Se está muy cómodo! —decían—. Aquello ya era demasiado y me alejé, en dirección a la morada de Ole.
4 págs. / 8 minutos / 197 visitas.
Publicado el 26 de junio de 2016 por Edu Robsy.
Leer / Descargar texto 'Día Internacional de la Pierna (Leg; en Inglés)'
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Publicado el 30 de octubre de 2019 por Juan Carlos Vinent Mercadal.
Licencia limitada
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Publicado el 30 de octubre de 2019 por Juan Carlos Vinent Mercadal.
En un rincón del Ateneo. Mesas con servicios de café, unos ya consumidos y que un mozo retira, otros que trae para señores ateneístas que leen periódicos o discuten a media voz. En un rincón, ocupando el ángulo de un diván y una butaca contigua, Teolindo y Galo conversan, sintiéndose perfectamente solos entre el rumor de charlas. Su diálogo parece continuación de otros anteriores. De esos temas que, entre amigos, salen a relucir una vez, cuando menos, por semana.
—Galo: No me cabe en la cabeza ese empeño tuyo de que somos libres y podemos hacer lo que nos dé la gana.
—Teolindo: ¡Qué quieres! ¡No me siento piedra ni vegetal!… Tengo mi conciencia.
—También la tendremos los demás… Sólo que, ante lo imposible, la conciencia se limita a darnos tormento, sin sacarnos del pantano.
—Galo: Bah.
—Teolindo: ¡Bah! A todas horas te ves en situaciones que te permiten afirmar la conciencia. A cada paso luchan tu honradez y tus apetitos. No querrás decir que vencen siempre estos últimos, ¿eh?
—Galo: Qué diantres. También yo tengo mi propia estimación. Y no es la honradez solamente. Es el buen sentido. Mira aquello que más me fastidia es no probar lo que me gusta… Y lo sigo.
—Pues me das la razón.
—Galo: No. Ésas son cosas que podemos hacer, sin más que unas miajas de entendimiento para discernir entre lo que está en nuestra mano y lo que no está, y escoger, como egoistones, lo que más nos conviene… porque, al fin, es el egoísmo el que nos mueve, en eso y en todo. Eso no me lo negarás.
—Teolindo: Según como se entienda… el supremo egoísmo sería virtud absoluta.
Dominio público
5 págs. / 10 minutos / 74 visitas.
Publicado el 12 de febrero de 2021 por Edu Robsy.
Personajes
MARCIO.
VALDÉS.
CORIOLANO.
PACHECO.
MARCIO.— Pues los mozos son idos a comer y nos han dejado solos, antes que venga alguno que nos estorbe, tornemos a hablar en lo que comencé a deciros esta mañana.
VALDÉS.— No me acuerdo de qué cosa queréis decir.
MARCIO.— ¿Cómo no? ¿No os acordáis que os dije cómo de aquello, en que habíamos platicado, me era venida a la memoria una honesta curiosidad, en la cual hace muchos días deseo platicar con vos?
VALDÉS.— Ya me acuerdo; no tenía cosa más olvidada.
MARCIO.— Pues nosotros, por obedeceros y serviros, habemos hablado esta mañana en lo que vos habéis querido y, muy cumplidamente, os habemos respondido a todo lo que nos habéis preguntado, cosa justa es que, siendo vos tan cortés y bien criado con todo el mundo, como todos dicen que sois, lo seáis también con nosotros, holgando que hablemos esta tarde en lo que más nos contentará, respondiéndonos y satisfaciéndonos a las preguntas que os proponemos, como nosotros habemos hecho a las que vos nos habéis propuesto.
VALDÉS.— Si no adornarais esta vuestra demanda con tanta retórica, liberalmente me ofreciera a obedeceros; ahora, viéndoos venir ataviado en vuestra demanda con tantas razones, sospechando me queréis meter en cualque cosa enojosa, no sé qué responderos si primero no me decís claramente qué es lo que queréis de mí.
MARCIO.— Lo primero que de vos queremos es que, sin querer saber más, nos prometáis ser obediente a lo que os demandaremos.
VALDÉS.— Confiando en vuestra discreción que no querréis de mí cosa que no sea razonable y honesta, os prometo ser obediente.
MARCIO.— No me contento con eso, y quiero que a todos tres nos deis vuestra fe que lo haréis así.
123 págs. / 3 horas, 36 minutos / 272 visitas.
Publicado el 21 de septiembre de 2016 por Edu Robsy.
Habrás de saber que no es oro todo lo que reluce y que no todo el monte es orégano. El hombre, hijo mío, cuanto más desconocido es, más nos llama la atención... Una sensación parecida a la del juego: existe distracción mientras el misterio permanece y la aventura tiene incógnita aún; después...
Tú, hijo mío, aún no has tratado al hombre. Por eso, quizá, sientes curiosidad y no ves el día en que podrás estar con él y, sirviéndole, servirte. Yo, en cambio tan seca y retorcida, tengo muchos años ya. Es mala cosa la experiencia: en teniéndola, la mitad de la vida te falta y por esa ausencia, que tanto se parece a un charco, te vienen las decepciones.
Sin embargo, hijo, aún es peor carecer de ella. Entonces sucede lo que a ti te pasa: te engañas, te ilusionas y luego es amarga la verdad, menos soportable el desengaño.
Dicen por ahí los hombres que vivir es aguantarse, que existir es padecer. No lo creen. Son cosas que repiten por costumbre, porque de algo se ha de hablar, pero, en realidad, todos pretenden pasárselo lo mejor posible, y si es a costa de los demás, ¡pues peor para ellos!
Tú mismo, hijo mío, puedes darte cuenta: si estuvieran dispuestos a padecer, a conformarse a soportar sus penas y a ser responsables de sus alegrías, ni tú ni yo existiríamos ya.
Es preciso que estés bien informado para no dejarte engañar. Los hombres son vehementes. Hablan sin parar y, en general, siempre para quejarse. Creerías, pues, que sus cuerpos solo perciben el dolor y sus mentes comprenden únicamente la injusticia. Y no es así.
En ellos el placer es aún más intenso, pero se les antoja efímero. La injusticia tiene dos vertientes, y por cada uno que se queja hay otro que se felicita. Les gusta, sin embargo, ser compadecidos. Aman manifestar su angustia precisamente porque la desgracia atrae la simpatía de los demás, que se alegran por no padecer ellos el mal que oyen.
Leer / Descargar texto 'Diálogo de la Madre Sarmiento y el Espíritu del Vino'
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5 págs. / 9 minutos / 100 visitas.
Publicado el 12 de junio de 2019 por Edu Robsy.