Sobre el Suicidio Anglosajón
Joan Carlos Vinent
opinión
1 pág. / 1 minuto / 101 visitas.
Publicado el 31 de enero de 2017 por Juan Carlos Vinent Mercadal.
Mostrando 471 a 480 de 3.256 textos encontrados.
textos disponibles contiene: 'b'
1 pág. / 1 minuto / 101 visitas.
Publicado el 31 de enero de 2017 por Juan Carlos Vinent Mercadal.
Voto compensatorio. Redefinición del contrato social desde una perspectiva Latinoamericanista
Voto compensatorio. Redefinición del contrato social desde una perspectiva Latinoamericanista
Francisco Tomás Gonzales Cabañas
franciscotgc@hotmail.com
Índice
Introducción.....................................................................................5
Primera
Parte...................................................................................11
Segunda Parte...................................................................................45
67 págs. / 1 hora, 58 minutos / 93 visitas.
Publicado el 12 de febrero de 2017 por Francisco Tomas González Cabañas.
La escena es en Megara, arrabal de Cartago, y en los jardines de Amílcar.
Los soldados que este había capitaneado en Sicilia celebraban con un gran banquete el aniversario de la batalla de Eryx. Ausente el jefe, los numerosos soldados comían y bebían a sus anchas.
Los capitanes, calzados con coturnos de bronce, se habían situado en el camino del centro, bajo un velo de púrpura con franjas de oro que se extendía desde la pared de las cuadras hasta la primera azotea del palacio. La soldadesca se desparramaba bajo los árboles, desde los que se veían una porción de edificios de techo plano, lagares, graneros, almacenes, panaderías y arsenales; un patio para los elefantes, fosos para las bestias feroces y una prisión para los esclavos.
Las cocinas hallábanse rodeadas de higueras; un bosque de sicomoros se extendía hasta unos manchones verdes, en los que las granadas resplandecían entre los copos blancos de los algodoneros. Viñas cargadas de racimos trepaban hasta el ramaje de los pinos; un campo de rosas florecía bajo los plátanos; en el césped, de trecho en trecho, se balanceaban las azucenas; una arena negra, mezclada con polvo de coral, cubría los senderos, y en medio, la avenida de los cipreses formaba de un extremo a otro como una doble columnata de obeliscos verdes.
Dominio público
299 págs. / 8 horas, 43 minutos / 669 visitas.
Publicado el 15 de febrero de 2017 por Edu Robsy.
EL AUTOR
EL MUNDO
EL REY
LA DISCRECIÓN
LA LEY DE GRACIA
LA HERMOSURA
EL RICO
EL LABRADOR
EL POBRE
UN NIÑO
UNA VOZ
Acompañamiento
Sale el AUTOR con manto de estrellas y potencias en el sombrero.
AUTOR
Hermosa compostura
de esa varia inferior arquitectura,
que entre sombras y lejos
a esta celeste usurpas los reflejos,
cuando con flores bellas
el número compite a sus estrellas,
siendo con resplandores
humano cielo de caducas flores.
Campaña de elementos,
con montes, rayos, piélagos y vientos:
con vientos donde graves
te surcan los bajeles de las aves;
con piélagos y mares donde a veces
te vuelan las escuadras de los peces;
con rayos donde ciego
te ilumina la cólera del fuego;
con montes donde dueños absolutos
te pasean los hombres y los brutos:
siendo en continua guerra
monstruo de fuego y aire, de agua y tierra.
Tú, que siempre diverso,
la fábrica feliz del universo,
eres, primer prodigio sin segundo,
y por llamarte de una vez, tú el Mundo,
que naces como el Fénix y en su fama
de tus mismas cenizas.
(Sale el MUNDO por diversa puerta)
MUNDO
¿Quién me llama,
que desde el duro centro
de aqueste globo que me esconde dentro
alas viste veloces?
¿Quién me saca de mí? ¿Quién me da voces?
AUTOR
Es tu Autor Soberano.
De mi voz un suspiro, de mi mano
un rasgo es quien te informa,
y a su oscura materia le da forma.
MUNDO
Pues ¿qué es lo que me mandas? ¿Qué me quieres?
AUTOR
Pues soy tu Autor, y tú mi hechura eres,
hoy, de un concepto mío
la ejecución a tus aplausos fío.
26 págs. / 45 minutos / 1.331 visitas.
Publicado el 17 de febrero de 2017 por Edu Robsy.
Muévenos a publicar esta versión española de la celebrada obra de Washington Irving, Cuentos de la Alhambra (Tales of the Alhambra), el deseo de popularizar —hoy que tan vivo interés ha conseguido despertar la literatura folklórica en Europa— ese precioso ciclo legendario que nace en torno de los alcázares granadinos durante la dominación musulmana, que se acrecienta con los poéticos episodios de la Reconquista y con los varios accidentes y trágicos sucesos del alzamiento de los moriscos, y que se ha perpetuado hasta nuestros días entre los viejos habitantes del árabe recinto.
Sabido es que la política inexorable de los vencedores obligó a buscar nueva patria a los desgraciados y míseros moriscos, abandonando sus hogares y sepultando en el amado suelo patrio preciados bienes y tesoros, con la esperanza de poderlos recuperar el día de su rehabilitación. Estos tesoros ocultos han sido el alma de mil interesantes leyendas, fábulas y cuentos maravillosos, transmitidos oralmente de generación en generación, y germen de una literatura novelesca en esta región meridional andaluza. A la circunstancia especialísima de haber vivido en la Alhambra el insigne escritor norteamericano Washington Irving, en el 1829 debemos el poder saborear algunas de estas narraciones encantadoras, que él a su vez recogió de labios de los habitantes de la histórica fortaleza morisca, y que forman páginas tan amenas e interesantes como las muslímicas de Las mil y una noches.
Dominio público
282 págs. / 8 horas, 14 minutos / 1.017 visitas.
Publicado el 21 de febrero de 2017 por Edu Robsy.
—¡Hurra! —rugían diez mil voces.
—¡Viva el Washington!
—¡Hurra por Sir Kelly!
—¿Hay quien acepte una apuesta de mil dólares?
—¿Está usted loco, Paddy? Si apuesta usted, perderá. Yo se lo garantizo.
—¡Doscientas libras esterlinas! —gritó otra voz.
—¿Quién las arriesga?
—¿Por qué?
—Por el éxito de la travesía.
—¡Otro insensato! ¿Tiene usted sobra de dinero para tirarlo así, al mar, Sir Holliday?
—Nada de tirar. Ganaré. Kelly atravesará el océano y descenderá en Inglaterra.
—No; en España —gritó otro.
—¡En España o en Inglaterra, lo mismo da! ¿Quién apuesta doscientas libras?
—¡Mire usted que las va a perder! ¡Que el globo estallará en el aire!
—Y luego se hundirá en el océano.
—Kelly está loco.
—No; está cansado de vivir.
—Ni una cosa ni otra; es un valiente. ¡Hurra por Kelly!
—¡Viva el Washington!
—¡Mil dólares a que perece ahogado!
—¡Dos mil a que su aerostato estalla sobre nuestras cabezas!
—¡Cien libras a que se estrella contra la playa!
—¡Mil a que consigue atravesar el Atlántico!
—¿Las apuesta usted?
—¡Sí!…
—¡No!… ¡Estáis locos!
—¡Hurra por Kelly! ¡Hurra!
Estos diálogos, aquellas exclamaciones, tales apuestas, a cual más extravagantes, cruzábanse en todos sentidos y brotaban por doquier. Yanquis, canadienses e ingleses porfiaban con análoga furia; por todas partes corrían libras y dólares mientras la muchedumbre se agitaba, se empujaba, se agolpaba y se aplastaba contra un vasto recinto, atropellando a los policemen que ya no podían contenerla, y eso que no economizaban los mazazos, que caían como granizo sobre los más impacientes…
185 págs. / 5 horas, 25 minutos / 885 visitas.
Publicado el 22 de febrero de 2017 por Edu Robsy.
—Sandoe, ¿la has visto?
—Si, MacDoil; pero desapareció súbitamente.
—¿Dónde la viste?
—Allí, bajo aquella roca.
—¡No la veo! La noche está tan oscura, que me serían necesarias las pupilas de un gato para ver algo a diez pasos de la punta de mi nariz. ¿Era grande?
—¡Enorme, MacDoil! Debe de ser la misma que vi esta mañana.
—¿Tenía hermosa piel?
—Una de las más hermosas. La compañía podría obtener de ella ochocientos rublos.
—¿Sabes lo que he observado, Sandoe?
—¿Qué?
—Que desde hace unos días estas condenadas nutrias parecen asustadas.
—Lo mismo tengo observado, MacDoil. ¿Sabes desde cuándo?
—Desde la noche que oímos aquel silbido misterioso.
—¡Lo has adivinado!
—¿Quién pudo haber lanzado aquella nota? Una ballena no pudo ser.
—Quizá un mamífero de nueva especie.
—¡Hum! —dijo el que se llamaba MacDoil, meneando la cabeza—. ¡No lo creo!…
—Pues entonces…
—No sé qué decir.
—Algo debe de suceder en las costas septentrionales de esta isla. Si así no fuera, las nutrias no se mostrarían tan desconfiadas, y el mismo «Camo» estaría más tranquilo. Ayer mismo ladró muchas veces.
—Lo he oído, Sandoe, y creo…
—¡Calla!
Un murmullo extraño, pero potente, que parecía producido por un inmenso surtidor de agua brotando en la superficie del mar, seguido poco después de un agudo silbido, se oyó en lontananza hacia la costa septentrional de la isla.
Al oír aquellos ruidos, un enorme can que estaba acostado junto a una peña saltó hacia los dos hombres, y volviendo la cabeza al Norte, lanzó tres poderosos ladridos.
187 págs. / 5 horas, 27 minutos / 1.735 visitas.
Publicado el 23 de febrero de 2017 por Edu Robsy.
Un perro lanzó un ladrido feroz, agudísimo, lúgubre, que señalaba seguramente un imprevisto peligro que avanzaba a través de la peligrosa pradera.
En una cabaña construida a estilo canadiense a algunos centenares de pasos del Middle Loup, afluente del North Platte, uno de los principales cursos de agua que surcan el Estado de Nebraska, se encendió al momento una luz.
Dos hombres que debían dormir como los gendarmes, es decir, con un ojo abierto y las orejas tendidas, se precipitaron fuera de los camastros, aferrando sus rifles.
Como arriba decimos, encendieron en el acto una linterna grande de las llamadas de marina.
La cabaña era modestísima, una verdadera cabaña de corredores de las praderas. Gruesos troncos de abeto formaban las paredes, el techo dejaba paso a la lluvia; por muebles había una sola mesa con cuatro taburetes cojos construidos con ramas de pino.
Los dos hombres que a los ladridos del perro se habían arrojado fuera de sus camastros, no se semejaban en modo alguno.
Uno tenía lo menos sesenta primaveras sobre su espalda, pero a pesar de tantos años, todavía se conservaba erguido, robustísimo y en condiciones de galopar veinticuatro horas seguidas, o de aceptar una partida de boxe con un individuo mucho más joven, con la seguridad de abatirle.
Llevaba el pintoresco traje de los indian-agents: chaquetón de paño azul, grueso, con muchos cordones y flecos, calzón de piel de gamo sin curtir, mocasines con adornos de varios colores, y al exterior, en lugar de las cabelleras humanas que usan los indios, iban guarnecidos con sutilísimas tiras de piel que caían sobre dos enormes espuelas de plata.
En la cabeza llevaba un amplio sombrero, que no se quitaba acaso ni para dormir y que cubría una cabellera rojiza y larga, de dudosa procedencia.
219 págs. / 6 horas, 23 minutos / 514 visitas.
Publicado el 23 de febrero de 2017 por Edu Robsy.
El gran río Si-Kiang, que surca a lo largo de doscientas leguas las provincias meridionales del gigantesco imperio chino, se divide, cerca de su desembocadura, en numerosos canales que forman una infinidad de islas, algunas de las cuales poseen una frondosa vegetación y cuyos habitantes se agrupan en populosas ciudades; otras, en cambio, permanecen totalmente estériles, pantanosas, desiertas.
Después de la guerra anglo-china de 1840, más conocida con el nombre de Guerra del opio, un cierto número de europeos y no pocos americanos, aprovechando la autorización forzosamente concedida por el imperio chino, ocuparon algunas de aquellas islas, levantando importantes factorías. Obligados a huir al estallar la guerra de 1857, los colonos volvieron apenas firmada la paz, reconstruyeron los establecimientos destruidos por los chinos y reanudaron las relaciones comerciales con Cantón, Wampoa, Fatscham, Samschui, Schuck-Wan, Isi Nan y otras ciudades, de las cuales obtenían incalculables riquezas. En 1885, época en que comienza nuestra historia, estas colonias habían alcanzado un alto grado de esplendor.
La noche del 17 de mayo de ese año, la colonia danesa, con ocasión de la llegada de un navío de guerra, daba en los amplios jardines de la factoría una brillantísima fiesta, a la cual habían sido invitados europeos, americanos y chinos.
Un gentío extraordinario, alegre, ruidoso, se agitaba en los jardines espléndidamente iluminados con millares y millares de farolillos de colores.
273 págs. / 7 horas, 57 minutos / 548 visitas.
Publicado el 23 de febrero de 2017 por Edu Robsy.
Una hermosa mañana del mes de Mayo de 1858, uno de esos grandes furgones que utilizan los colonos del Cabo de Buena Esperanza y los boers del Orange y del Transvaal, verdaderas casas ambulantes, que sirven de albergue durante la noche, se detenía en las orillas de un riachuelo tributario del Orange.
Iba tirado por un par de bueyes guiados por dos robustos negros armados de largas trallas y seguidos por dos hombres blancos, montados en magníficos caballos de pura raza.
Uno de los europeos era un anciano que frisaría en los sesenta años, de cabellos blanquísimos, la barba muy larga, la piel algo bronceada, y defendidos los ojos con gafas negras para resguardarse de los reflejos del sol africano.
Su compañero era un joven rubio, de tez rosada, ojos azules, bastante robusto, a juzgar por sus formas y la anchura de sus hombros, y con barbas no menos crecidas que las de su compañero. Vestían ambos como los colonos del Cabo de Buena Esperanza. Llevaban sombreros de fieltro de alas muy anchas, cazadora y pantalones de gruesa tela azul, polainas muy altas con doble fila de botones y zapatos con espuelas de acero.
Iban armados de cortas y pesadas carabinas, verdaderas armas para la caza de los grandes animales y llevaban pendientes del cinto sendos cuchillos de un pie de largo, asaz puntiagudos.
—¿Nos detenemos aquí, William? —preguntó el viejo, al ver que el carro se detenía.
—Sí, doctor —respondió el joven—. Debemos esperar al jefe de los Griquas, de quien espero saber dónde podremos encontrar esa famosa jirafa blanca.
—¿Sabéis, William, que si conseguís encontrarla, el director del Jardín Zoológico de Berlín os pagará una gruesa suma?
121 págs. / 3 horas, 32 minutos / 484 visitas.
Publicado el 23 de febrero de 2017 por Edu Robsy.