EL TRATAMIENTO
A. J. Bozinsky
ficción rara relatos incómodos
Creative Commons
25 págs. / 45 minutos / 49 visitas.
Publicado el 30 de mayo de 2025 por Álvaro Bozinsky.
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25 págs. / 45 minutos / 49 visitas.
Publicado el 30 de mayo de 2025 por Álvaro Bozinsky.
Hay libros amables (es la palabra), divertidos, que, bien por su clave, bien por encarnar una idea o una modalidad superficial, flotante en la atmósfera, se leen golosamente, se comentan en vaga y amena charla y... se olvidan. Son libros actuales; tienen la efímera trascendencia de una moda; como ella pasan pronto y, como ella también, después de mucho tiempo, adquieren un valor simplemente anecdótico. Cuando uno de esos libros, en el transcurso de unos años, vuelve a caer en nuestras manos, sentimos un gran impulso de alegría y decimos para nuestro capote: «¡Gracias a Dios que hemos dado con un libro ameno! ¡Éste sí que es divertido!». Pero según avanzamos en la lectura, nos llamamos a engaño, considerándonos defraudados. ¡Pero es posible! ¡Si cuando lo leímos la primera vez nos encantó! ¡Y vemos con asombro que aquel libro ha envejecido atrozmente, que todo lo que antes nos pareció delicioso ahora nos aburre, y dejámoslo caer con un bostezo; es viejo ya y no tiene aun el interés documental. Y es así porque trátase de un conflicto artificial, creado por una «manera» de vida convencional, porque no es humano. Quiero decir, que los lances pueden parecernos momentáneamente divertidos, pero el pensamiento fundamental no se basa en una de esas eternas leyes como tales comunes a todos los tiempos y a todos los pueblos.
Dominio público
170 págs. / 4 horas, 59 minutos / 143 visitas.
Publicado el 21 de mayo de 2025 por Edu Robsy.
Dominio público
1 pág. / 1 minuto / 55 visitas.
Publicado el 3 de mayo de 2025 por Alejandro baiz.
Creative Commons
22 págs. / 38 minutos / 74 visitas.
Publicado el 24 de abril de 2025 por Álvaro Bozinsky.
Este modelo de hibridación surge del hecho de que, tradicionalmente, la protección ciudadana ha sido una función exclusiva del Estado, el cual se encuentra encargado de proteger a la población en general, mediante fuerzas policiales y diversas instituciones, no obstante, en los últimos años ha tenido mayor auge la participación de entidades privadas en la provisión de los servicios de seguridad, con el fin de tener un servicio más eficaz y, con base en el marco jurídico vigente, respetuosa de los derechos humanos.
Licencia limitada
34 págs. / 1 hora / 41 visitas.
Publicado el 18 de abril de 2025 por Aquaneix.
Menchaca vivía en un rancho de mojinete sillón con la crimera de paja despareja y erizada. A pocos pasos del rancho crecía un tunal de higos chumbos, al que los muchachos arrojaban desde la calle trozos de lata y vidrio. Con sol fuerte, latas y vidrios hacían cerrar los ojos con su juego de reflejos. El desorden de tunas terminaba en un cerco de cina cina. Cicutas e hinojos crecían entre un osario de cabezas de vaca.
Se le veía dos veces por semana. Era cuando iba al mercado seguido por su perro, un "pelado" lleno de costras, con algunos pelos sobre los ojos pitañosos y en el tronco de la cola. Del mercado volvía con una cabeza de vaca, sin sesos y sin lengua, donde los ojos parecían escapar de la corteza rojiza, y los dientes de la carretilla parecían adelantarse en un avance de voracidad grotesca. La marcha del hombre con su carga, su perro lento y los ojos aquellos de la vaca, que no parecían estar muertos sino muriendo, daban al grupo una espantosa apariencia de vida y muerte, unidas y fraternas.
Después el rancho agresivo y triste, los guardaba como la vaina gusanera guarda al gusano.
* * *
Menchaca no tenía amigos, ni a su rancho llegaban vendedores de
cosa alguna. La excepción era Melgarejo que llegaba alguna vez, para
salir luego a comprar yerba o galleta. O cuando iba a llevarle perros
para sacrificar.
Entonces entraba conduciendo el perro por la parte de atrás del rancho, donde nacía un zanjón que iba a morir en la culata del cementerio, entre las tablas medio podridas de los cajones que dejaban las "reducciones" y el orín de las coronas de lata y alambres.
Tenía Melgarejo una manera especial de amansar perros. Aun aquéllos más acobardados por el hombre, "de ésos que ven venir un cristiano y cambian de rumbo", le seguían luego de dos o tres encuentros, cabrestiando tras un simple piolín de remontar cometas.
Dominio público
2 págs. / 4 minutos / 21 visitas.
Publicado el 17 de abril de 2025 por Edu Robsy.
Transcurría el año 1916 (Primera Guerra Mundial), en un fuerte en la frontera con Francia, un pelotón italiano tenía la misión de parar cualquier avance de exploración o ataque alemán.
El cobarde a cargo de este medio centenar de soldados de infantería ligera era el teniente Pedro Vinious, que trataba a sus hombres como animales. El jueves, dos carretas partieron con desertores y enfermeras, que huyeron por los rumores del adelanto de un batallón de artillería alemán; Pedro Vinious había tratado de huir con los desertores, pero sus oficiales lo detuvieron discretamente sin que se enteraran los demás soldados.
Había pocos hombres, unos fusiles Lee-Metford desechado por el ejército británico por su antigüedad y un par de ametralladoras pesadas que eran la única defensa anti-aérea y terrestre del fuerte. En cuanto a alimentos, solo había unas reservas de pan y algunas gallinas para degollar.
En la defensa del fuerte no había imponentes morteros ni grandes tanques de guerra, sino las ametralladoras establecidas como torretas y una fila de diez hombres que montaban la guardia en una fila escondida –cada uno con un fusil-.
Dominio público
5 págs. / 9 minutos / 28 visitas.
Publicado el 5 de abril de 2025 por KinLucas.
CHUPACORRIENTES
A. J. BOZINSKY
Traducción al inglés a cargo de
Isabel Montesanto
(https://dulceye.neocities.org)
Obra bajo licencia Creative Commons. BY. NC. ND.
CHUPACORRIENTES
En las casas antiguas, los contadores de corriente eléctrica estaban instalados dentro del hogar. Esto daba lugar a que ocurrieran diversos tipos de irregularidades, que más tarde se evitaron recurriendo a la instalación exterior. Si se observa bien, este caso resultará feliz, debido a tan singular detalle… Aunque debiera corregirme, porque en realidad se trata de un triste feliz final.
Edberto escuchaba su radio transistorizada, ubicada sobre la mesa de trabajo que había pertenecido a su abuelo, quien en vida fuera de profesión sastre y de vocación poca para el trabajo, heredada con plenitud por Edberto, junto a un par de tijeras de excelente metal, géneros e hilos de muy buena calidad, libros de caja con manchas de hongo, una docena de revistas de sexología, herramientas de madera cuyo uso desconocía, varias antiguallas, y la radio que, en ese instante y sin su funda de cuero, transmitía en amplitud modulada información de primer momento.
Ora la voz gangosa de una asmática, ora la voz medio atiplada y medio falsete de un mequetrefe, alertaban sobre las enigmáticas muertes por electrocución, que hacía dos semanas se incrementaban, dejando sin respuestas a la policía y a los técnicos de la compañía eléctrica.
—Raro —dijo Edberto—. Pero más raro son los niños con cola.
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16 págs. / 29 minutos / 62 visitas.
Publicado el 28 de marzo de 2025 por Álvaro Bozinsky.
Creative Commons
1 pág. / 3 minutos / 31 visitas.
Publicado el 22 de marzo de 2025 por Maria Alejandra León.
Umpiérrez se levantaba, empezaba el mate, encendía el fuego y ponía un churrasquito en las brasas. Después desayunaba y se iba al horno de ladrillos donde trabajaba. Al mediodía se apartaba del grupo de "cortadores" que hacían fuego común, encendía su propio fuego, tomaba mate, ponía un churrasquito y almorzaba. De tarde, al regresar del horno, pasaba por el matadero, levantaba unas achuras, las asaba, tomaba mate y cenaba. Luego se sentaba frente a la noche, fumando. Por el camino ciego que moría en el horno, no pasaba nadie. A sus espaldas las tunas y cina-cinas, borroneaban la noche. Después se iba a dormir.
Al otro día hacía lo mismo ... al otro día igual. La única excepción era el domingo, porque ese día no trabajaba y hacía comida de olla: puchero o guiso.
* * *
Una vez Anchordoqui le preguntó:
—¿Pero vos no vas nunca al boliche?
—¿Pa qué?
—A jugar un truco ... A tomar una caña...
—¿Para salir peliando después?
—¿Y las mujeres no te gustan?
—¿Pa qué? ¿Para llenarte de hijos?
Anchordoqui seguía preguntando. Esperaba dejarlo sin respuesta.
—¿Y perro no tenés?
—¿Pa qué?
—¿Cómo pa qué? —dijo Anchordoqui malhumorado—. ¿Pa qué?... ¡Para tenerlos nomás, para lo que se tienen los perros!
—Para tenerlos nomás, mejor no tenerlos...
—Pero alguna diversión tenés que tener —dijo Anchordoqui en retirada.
—¿Querés mejor diversión que vivir como yo vivo?
Esta vez fue Anchordoqui el que no contestó.
* * *
Con los vecinos se llevaba bien. A Nemesia la lavandera, vecina
de metros más allá, la veía cuando se levantaba. Ella le daba los buenos
días, arrimaba el carrito de manos, en el que llevaba las bolsas de
ropa al arroyo y al fin las cargaba. Alguna vez Umpiérrez le ayudaba a
levantar las bolsas.
Dominio público
3 págs. / 5 minutos / 73 visitas.
Publicado el 15 de marzo de 2025 por Edu Robsy.