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textos disponibles contiene: 'poesia'


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La mano de hoy

Daniel Horacio Braga


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Mano que ha acariciado
rostros, cabellos y cuerpos
mano que ha lastimado
en pasados duraderos

Mano que por arduo pan
ha encallecido y sangrado
mano que se ha aferrado
a lo que hay de dignidad

Mano curiosa y amable
mano dura, mano blanda
mano que nunca se cansa
de esperar lo inesperable

Mano que ha hundido en la tierra
sus dedos esperanzados
mano que ha escrito y borrado
tanto dulce y tanta mierda

Es esta mi mano toda
con sus pliegues y sus marcas
que dibujan en mi palma
una parte de mi historia.


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1 pág. / 1 minuto / 52 visitas.

Publicado el 17 de agosto de 2024 por danielhb.

Cuento los días

Lorena Alvarado


Poesía en prosa


junto con las horas al pasar el tiempo persigo esos años que veloz pasan por nuestras vidas dejando rasgos y rastros del tamaño de este mundo marcando así cual hierro caliente nuestras pieles profundizando nuestras almas,mentes y a su vez callando cada vez más nuestras voces dejando así de expresar lo más puro de nuestros corazones pues olvidamos comunicarnos hemos reemplazado nuestro hablar de lengua propia por aparatos tecnológicos que al parecer se apoderan día tras día de nuestras vidas siendo seres de carne y huesos vivimos noches de desierto perdiendo cada vez más en profundidad tacto,caricias,besos,sensaciones,emomciones e indolentes ante nuestra propia humanidad despojando la piel como víboras si voltear atrás con los ojos vendados caminamos hacia un futuro incierto lleno de suspiros en el cielo con el viento detrás de nuestras pisadas escuchando voces perdidas en el tiempo las cuales en algún momento lloraron suplicaron si hasta alzamos la mirada al cielo casi gritando a un dios y un creo hoy yo mujer de ilusiones rotas dejo aquí mi propia huella en lo que fue mi caminar con la piel arrugada los pies agrietados por el cansancio de este tranco largo para así llegar a esta amiga vejez junto a ella llega el silencio de voces familiares,lejanías es aquí donde dejamos la piel pues queda un tramo corto de soledad,desapegos,desconsuelos noches vacías días sin reloj contando recuerdos esperando se apague la luz eso es pasar aveces por esta larga y corta vida


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1 pág. / 1 minuto / 133 visitas.

Publicado el 12 de marzo de 2017 por Lorena Alvarado .

Credo

Daniel Horacio Braga


poesía


Yo creo en ese árbol,
en su generosidad de frutos y de sombra,
en la musicalidad de sus maderas
y en la fuerza primordial de su raigambre.

Y creo en esta piedra,
en su voluntad inerte de dura permanencia,
en su potencialidad de cimiento o de herida
y en su totémica presencia de infinito.

Creo en el ojo candente,
padre de las luces y las sombras,
en su germinadora voz
y su sable vengador de bosques y de ozono.

También creo en el río,
en su prodigalidad de risa permanente,
en su vergelidad
y en su meandrosa transcurrencia de destino.

En todas las aguas creo,
en la extensa avalancha de los mares,
en su caldo creador,
y en el mar pequeño de las lágrimas.

En las flores y las aves
creo,
en el delirante acorde de sus trinos y colores
y en su pertinaz ofrecimiento.

En la tierra que piso
y que horado para sembrar futuro,
en su polvo memorioso y ecuménico,
también creo.

En el barro, creo.
Continente de ánforas y adobes
en donde cobijar
almas, secretos y existencias.

En el aire,
transporte de los sueños
donde se cuelgan las canciones
cazadoras de sentimientos, creo.

Y, aunque no creo en dios,
ni en supremos arquitectos
o universales voluntades,
creo en la divinidad.

La que todos llevamos dentro,
cada hombre, cada cosa,
cada minúscula partícula de cosmos y de tiempo.
Y en nuestro propio infierno.

Creo en la vida eterna
porque sé que todo deviene en otras cosas
y de otras cosas
todo hace su sustento.

Creo en la gente.
Como muchedumbre aglomerada
y como individualidad
desnuda, propia, valiente o atemorizada.

Creo en los ojos de la gente,
en sus manos,
en manos con más manos y más manos
queriendo encadenar amores, risas y anhelos.

Creo en  mí.
Y creo en vos, que estás leyendo.


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1 pág. / 1 minuto / 71 visitas.

Publicado el 24 de marzo de 2024 por danielhb.

Ciervo

Alejandro Ortega


poesía, prosa, ciervo, metáfora, nombre


 Me siento extranjero en estos días. Ciervo entre silbidos de bala, músculos ardiendo sin tregua; el bosque, casa, es hoy un pasillo, desfiladero ante la guadaña. Los perros de presa siguen mi olor a miedo y sudor, el aire es de cemento en el pecho. La noche es coyote que acecha.
La vida me empaña, me encañona. De nuevo, extranjero es todo secreto, sin comodidad. Astuta asesina vitalicia.
 Siempre son otros los que nos ponen los nombres. Todo debe tener un nombre porque lo que no podemos nombrar no existe. ¿Cómo podrías hablar con alguien que no tiene nombre? ¿Cómo hablar de una persona que no tiene nombre sin ponérselo? Sin hacer de "quien no tiene nombre" su nombre. ¿Cómo sería no saber el nombre de tus padres? ¿Te podrías enamorar de alguien sin nombre? Me gustaría estar en el pasado, en el momento exacto en el que alguien puso el primer nombre propio para taparle la boca. Quien quiera que fuese, con él empezó nuestra decadencia.
Solo Dios puede poner nombres, porque su palabra es verbo, es creadora. Su acción divina es transmitida a través de la palabra. Habría sido un gran cuentacuentos. Tengo que llevarle flores.


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Publicado el 10 de diciembre de 2020 por Alejandro.

La tibieza del río

2016


Poesía




POÉTICA

el poema moldea significados

talla el centro

cincela uno o dos tópicos

vacila

se escucha el peso de un lápiz

el zigzag natural

la onda expansiva

de un río invisible

tersa sitios pretéritos

claros infiernos

y la magia apenas aparece

es un pájaro aturdido

apresado en el umbral del vuelo



IN POÉTICA

no hay estilo de zanjar distancias

en la hondura de la hoja

ni vertiente que revele

la piel besada por la pluma húmeda

el lazo que lo une a otro universo

pequeño como un punto

imprescindible

un verso alterado por la prisa

de unirse


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4 págs. / 7 minutos / 0 visitas.

Publicado el 2 de marzo de 2026 por Fernando Guzmán.

Caminata en la Colina

Carlos Daniel López


Poesia, ecuatoriana, guayaquileña, cuento, cuento corto, novela, novelilla, ecuador, romance, amor


Hete caminado por las tristes y viejas calles de una ciudad que me abandonó, una ciudad a la cual le guardo rencor y ardor por sus desgraciadas tragedias y traiciones hacia mi ser. No soy feliz estando aquí, no puedo recordar porque volví, pero sé que me debo quedar y afrontar mis responsabilidades, tarde o temprano lo que me aterraba tendría que volver a atormentarme. Mientras caminaba recordé los viejos motivos por los cuales me alejé y decidí exiliarme en las altas llanuras de las cercanías de esta ciudad. Estuve lejos por tanto tiempo que no podía reconocer las calles por donde caminaba, todo me parecía extraño y sombrío. Los callejones que en mi niñez encontraba coloridos y llenos de vida ahora me parecían míseros y grises. Sé que me aleje de esta tierra cuando aún era un simple adolescente con metas y logros estúpidos, pero volver y no poder reconocer el lugar de natalicio de uno mismo es el peor sentimiento. Finalice mi caminata al percatarme que mi destino se acercaba. Lentamente bajé el maletín que portaba y   con una cálida mirada pude observar las ruinas de lo que quedaba de mi antiguo hogar. Aquí fue donde pase mis años ya perdidos. Donde disfrute y llore. Suspire con nostalgia recordando memorias alegres y lo contemplé por unos minutos hasta que una voz cálida me levanto de mi transe.  

- ¿Julio?  

La voz cálida con tintes amargos provenía de una bella muchacha costeña. Tenía un cabello castaño tan similar a una barra de cacao, del cacao más fino que se pueda encontrar en esta tierra, unos ojos de leyenda que perpetraban a cualquiera y una sonrisa tan fina como el sol del alba Matutino. Parecía alguna joven extranjera, extranjera a la zona pobre y desgraciada donde se encontraba.  

- El mismo. 

Respondí con una seriedad digna de las aves que sobrevuelan al Pichincha. No conocía a esta bella joven, pero el que supiera mi nombre ya era motivo de alerta.  

- ¿Me conoces?  


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Creative Commons
6 págs. / 11 minutos / 2 visitas.

Publicado el 28 de julio de 2026 por Carlos Daniel López.

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