Textos mejor valorados disponibles que contienen 'poesia' | pág. 7

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Viento del Pueblo

Miguel Hernández


Poesía


Dedico este libro a Vicente Aleixandre

Vicente: A nosotros, que hemos nacido poetas entre todos los hombres, nos ha hecho poetas la vida, junto a todos los hombres. Nosotros venimos brotando del manantial de las guitarras acogidas por el pueblo, y cada poeta que muere deja en manos de otro, como una herencia, un instrumento que viene rodando desde la eternidad de la nada a nuestro corazón esparcido. Ante la sombra de dos poetas, nos levantamos otros dos, y ante la nuestra se levantarán otros dos de mañana. Nuestro cimiento será siempre él mismo: la tierra. Nuestro destino es parar en las manos del pueblo. Sólo esas honradas manos pueden contener lo que la sangre honrada del poeta derrama vibrante. Aquel que se atreve a manchar esas manos, aquellos que se atreven a deshonrar esa sangre, son los traidores asesinos del pueblo y la poesía, y nadie los lavará: en su misma suciedad quedarán cegados. Tu voz y la mía irrumpen del mismo venero. Lo que echo de menos en mi guitarra lo hallo en la tuya. Pablo Neruda y tú me habéis dado imborrables pruebas de poesía, y el pueblo hacia el que tiendo todas mis raíces alimenta y ensancha mis ansias y mis cuerdas con el soplo cálido de sus movimientos nobles.

Los poetas somos viento del pueblo: nacemos para pasar soplando a través de sus poros y conducir sus ojos y sentimientos hacia las cumbres más hermosas. Hoy, este hoy de pasión, de vida, de muerte, nos empuja de un imponente modo a ti, a mí, a varios, hacia el pueblo. El puebla espera a los poetas con la oreja y el alma tendidas al pie de cada siglo.

Elegía primera

(A Federico García Lorca, poeta)


Atraviesa la muerte con herrumbrosas lanzas
y en traje de cañón, las parameras
donde cultiva el hombre raíces y esperanzas,
y llueve sal, y esparce calaveras.


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Dominio público
27 págs. / 47 minutos / 741 visitas.

Publicado el 26 de marzo de 2022 por Edu Robsy.

COTUFAS EN EL GOLFO

Santiago Fernandez Puche


Poesía


 

 

COTUFAS EN EL GOLFO

Mayo, 2005

 

Santiago Fernández Puche

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

SALUTACIÓN

 

La puerta entreabierta, cerrada la ventana

Para no ver el mundo o es que por la oscura

Habitación de todas las soledades con vana

Intención de huir se consume la locura

Para el gusano verde que come mi manzana.

 

Fue para mí el amor un barco azul marino

Allí donde las olas hacen crestas y espumas;

Ya encallado asoma su pueril quilla. Divino

Resto de los ojos de buey y de sus brumas

Es esta estancia entreabierta donde me inclino

Para besar el frío en esos pies helados

De la melancolía. Dime tú, que conoces

Al hombre como todos estos hombres calados

Que se asoman por un caudal de calladas voces

De esas humanidades y toda suerte de pesados

Instrumentos de odio, ¿acaso tú me conoces?

Lejos de los simples oficios del escribano,

Usando el instante del día para ganar

El pan de todos los versos sin precio, ¿tu mano,

Asidero mortal del que salió a buscar

La conciencia, es acaso asidero humano?

 

De puertas cerradas y amores perdidos, suelo

Pintar las hojas inmaculadas y escribir

Paredes que oscurecen de invisible duelo.

Apréstate, pues, a borrar la letra y vivir

Si acaso levantásemos un suntuoso vuelo.

 


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Dominio público
17 págs. / 29 minutos / 104 visitas.

Publicado el 27 de febrero de 2023 por Santiago Fernández Puche.

Ánima de Universos

Elle de Jan


fantasía, cuento corto, poesía, poema


El planeta a través de la ventana se veía pálido y ceniciento, como recién surgido de una apacible siesta; pero a la vez lucía un poco borroso, tal vez enfermizo; no parecía que hubiera podido reposar realmente. Su faz pronto comenzó a temblar, de forma casi imperceptible; los astros de su cielo, aunque distantes y ajenos, titilaron con flaqueza. Era como si la imagen de ese paisaje sencillo y pacífico estuviera, pues, de algún modo insólito, desenfocándose.
Uno de los hombres que vigilaba desde el sitio en el interior de la ventana se percató de ello, y se separó del taburete en el que aguardaba para echar un vistazo y comprobar lo que sucedía. Miró a su compañero, que ocupaba otro asiento, junto a una especie de chimenea plateada en cuyo hogar crepitaba un fuego azul muy brillante, del que por momentos saltaban chispas y que parecía haber perdido una intensidad original.
-Oye –le dijo el primero a éste-, necesita más combustible. Se está debilitando.
El segundo hombre asintió, se puso de pie y enfrentó la chimenea. Extrajo de uno de sus bolsillos un frasco pequeño que contenía una sustancia, en cuyo gelatinoso interior se revolvían destellos de distintas tonalidades; el hombre echó un poco de aquello al fuego, que revivió de inmediato, creciendo en tamaño y vigor. El sujeto guardó el frasco y volvió a sentarse; el otro observó el planeta allí afuera y el firmamento que lo circundaba.
Unos segundos después, el panorama se sacudió levemente, y entonces, como si ahora el letargo hubiera llegado definitivamente a su fin, el planeta se encendió como un diamante nuevo, y así permaneció, y de la misma manera los astros que reinaban más allá abandonaron el aura cansina que les había embargado y se embebieron de la energía que el hombre había depositado para ellos en la chimenea, la esencia increíble que le daba vida a todo un universo e impedía que su alma languideciera.


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1 pág. / 1 minuto / 101 visitas.

Publicado el 1 de febrero de 2023 por Elle de Jan.

El Corsario

Lord Byron


Poesía


Prólogo

El primer poeta inglés del siglo XIX

Romanticismo

Con el primer albor del ochocientos se afirma en Alemania la nueva escuela literaria que con el nombre de Romanticismo nació en las postrimerías del siglo precedente al impulso patriótico de Schlégel y Adam Müller, propagada por el alto poeta místico Novalis y Teck, que, proponiéndose enaltecer la literatura y engrandecer la patria, volvían la vista a los afortunados tiempos—según ellos—de la Edad Media; la época que se dio en llamar romántica, o sea aquel tiempo en que los pueblos germánicos heredaron la ciencia latina que vigorizaron con elementos propios. No se hallaban de acuerdo sus nuevos ideales con la realidad burguesa de la vida a principios del siglo XIX, y creyeron que el mejor remedio era el evocar las épocas aquellas en que florecían los ideales caballerescos, tendiendo a la formación de un hombre superior, o sea el caballero en el cual convergían todos los ideales de Amor y de Belleza, de Justicia y de Fuerza. Pretendían instaurar la edad de oro de la fe, del honor y de la gentileza.

Pronto extendiéronse estas nuevas doctrinas por toda Alemania, mas como un movimiento retrogrado en lo que tenía de conservador y evocativo. Y gran eco halló la buena nueva del Romanticismo en toda la faz de Europa a cuyos distintos países llegó, modificándose de diverso modo al chocar con la peculiar idiosincrasia de cada nacionalidad. Así en Francia, la nueva escuela significó tanto como libertad y naturalidad antes que todo, las modernas teorías llegaban a romper todas las conveniencias clásicas, las reglas, los moldes, las trabas que tenían atenazada a aquella literatura falsa y decadente de égloga e idilio de abanico.


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58 págs. / 1 hora, 42 minutos / 272 visitas.

Publicado el 3 de agosto de 2023 por Edu Robsy.

Inquietudes Sentimentales

Teresa Wilms Montt


Poesía en prosa, narrativa


Preliminar

Al ofrecer estas páginas al lector, no he pretendido hacer literatura. Ha sido mi única intención la de dar salida a mi espíritu, como quien da salida a un torrente largamente contenido que anega las vecindades necesarias para su esparcimiento.

Escribo como pudiera reir o llorar, y estas líneas encierran todo lo espontáneo y sincero de mi alma.

Allá van éllas, sin pedir benevolencias ni comentarios: van con la misma naturalidad que vuela el pájaro, como se despeña el arroyo, como germina la planta...

I. La luz de la lámpara

La luz de la lámpara, atenuada por la pantalla violeta, se desmaya sobre la mesa.

Los objetos toman un tinte sonambulesco de ensueño enfermizo; diríase que una mano tísica hubiera acariciado el ambiente, dejando en él su languidez aristocrática.

Una campana impiadosa repite la hora y me hace comprender que vivo, y me recuerda, también, que sufro.

Sufro un extraño mal que hiere narcotizando; mal de amores, de incomprendidas grandezas, de infinitos ideales.

Mal que me incita a vivir en otro corazón, para descansar de la ruda tarea de sentirme vivir dentro de mí misma.

Como los sedientos quieren el agua, así yo ansío que mi oído escuche una voz prometiéndome dulzuras arrobadoras; ansio que una manita infantil se pose sobre mis párpados cansados de velar y serene mi espíritu rebelde, aventurero.

Así desearía yo morir, como la luz de la lámpara sobre las cosas, esparcida en sombras suaves y temblorosas.

II. Paseaba por el camino

Paseaba por el camino somnoliento de un atardecer.

Los árboles otoñales, con sus brazos descarnados levantados al viento, tenían no sé qué gesto trágico de súplica; y las montañas, rojas de ira bajo el sol de ocaso, amenazan derrumbarse sobre el río manso como una mujer enferma.

¡Naturaleza!


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23 págs. / 41 minutos / 115 visitas.

Publicado el 21 de enero de 2025 por Edu Robsy.

La casa que me habita

Melba Guariglia


Poesía, Uruguay


Editado por Fernando Guzmán 2025. Se realizó una revisión ortotipográfica del texto, limitada a la puntuación y al uso de mayúsculas/minúsculas.Creative Commons BY-SA 4.0 Internacional
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A mis habitantes de aquí y de allá, y de mas allá
México, 1985 / Montevideo, 2015



Mi casa es la escritura... con la única compañía que no falla, las palabras
Cristina Péri Rossi
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Me amparo, efímera,  en un cuarto diferente.  
La bahía de sal queda atrás,  borrosa en la imagen del mapamundi.  
La sospecha invade, con miedo,  mi armadura.  
¿Dónde derrumbarme?  
Otros muros transforman laderas  en alojos;  
palabras inquietas  buscan raíces.
México 1979
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Las casas jóvenes  acuden al llamado,  
Andan sin norte  por la madrugada,  
Suben hacia el nuevo pasado,  se dispensan.  

Un paseo por la añoranza  al cielo triste de la piel,  las calles se alejan.  

Ahora queda solo  el duende que me habita,  el aire de la niebla,  una escalera que sube,  pasos infinitos.  

Hogares perdidos  en el sur del viento.  

Montevideo, 1987
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Ese haberme llamado Melba,  nombre agridulce  donde persisten heridas,  
poemas silenciosos  desde un abril de otoño.  
Palabra grave  investida de otro nombre Mabel,  
hermana solitaria  dormida en sueño incierto.  
Respuesta tímida  oculta en seudónimos,  espejos pequeños  que no me empañan.


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12 págs. / 21 minutos / 128 visitas.

Publicado el 13 de enero de 2026 por Fernando Guzmán.

La Cautiva

Esteban Echeverría


Poesía, poema épico


Primera parte. El desierto

Ils vont. L'espace est grand.
HUGO.


Era la tarde, y la hora
En que el sol la cresta dora
De los Andes.—El Desierto
Inconmensurable, abierto,
Y misterioso a sus pies
Se extiende;—triste el semblante,
Solitario y taciturno
Como el mar, cuando un instante
Al crepúsculo nocturno,
Pone rienda a su altivez.


Jira en vano, reconcentra zure
Su inmensidad, y no encuentra
La vista, en su vivo anhelo,
Do fijar su fugaz vuelo.
Como el pájaro en el mar.
Doquier campos y heredades
Del ave y bruto guaridas,
Doquier cielo y soledades
De Dios sólo conocidas.
Que él sólo puede sondar.


A veces la tribu errante
Sobre el potro rozagante,
Cuyas crines altaneras
Flotan al viento ligeras,
Lo cruza cual torbellino,
Y pasa; o su toldería
Sobre la grama frondosa
Asienta, esperando el día
Duerme, tranquila reposa.
Sigue veloz su camino.


¡Cuántas, cuántas maravillas.
Sublimes y a par sencillas.
Sembró la fecunda mano
De Dios allí!—¡Cuánto arcano
Que no es dado al mundo ver!
La humilde yerba, el insecto,
La aura aromática y pura;
El silencio, el triste aspecto
De la grandiosa llanura,
El pálido anochecer.


Las armonías del viento,
Dicen más al pensamiento,
Que todo cuanto. a porfía
La vana filosofía
Pretende altiva enseñar.
¡Qué pincel podrá pintarlas.
Sin deslucir su belleza!
¡Qué lengua humana alabarlas!
Sólo el genio su grandeza
Puede sentir y admirar.


Ya el sol su nítida frente
Reclinaba en occidente,
Derramando por la esfera
De su rubia cabellera
El desmayado fulgor,
Sereno y diáfano el cielo,
Sobre la gala verdosa
De la llanura, azul velo
Esparcia, misteriosa
Sombra dando a su color.


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29 págs. / 51 minutos / 113 visitas.

Publicado el 21 de febrero de 2026 por Edu Robsy.

La tibieza del río

Melba Guariglia


Poesía




POÉTICA

el poema moldea significados

talla el centro

cincela uno o dos tópicos

vacila

se escucha el peso de un lápiz

el zigzag natural

la onda expansiva

de un río invisible

tersa sitios pretéritos

claros infiernos

y la magia apenas aparece

es un pájaro aturdido

apresado en el umbral del vuelo



IN POÉTICA

no hay estilo de zanjar distancias

en la hondura de la hoja

ni vertiente que revele

la piel besada por la pluma húmeda

el lazo que lo une a otro universo

pequeño como un punto

imprescindible

un verso alterado por la prisa

de unirse

al cauce de otra mirada

no hay forma ni adjetivo

ni cercano epíteto que salve

ni tipografía que imprima o sacie

el ligero caudal bajo los puentes

un manantial que ansiamos beber

tan próximo y puro

como un cielo



PROPÓSITO

jirones

rato escaso de caricias

mano de cartas delebles

ya todo está escrito

mañana blanquearé los muros

restos del derrumbe

a doble tinta

rojo el cabello

entonces

me acostaré con cualquier palabra

por amor


FATAL

un párrafo

salto

paréntesis

desafío mortal

en el suspenso de la cima

un equilibrio donde mirarme

en lucha con el trapecio

un abismo

donde callar

mi destino de acróbata



NACIMIENTO

escribir

una forma de estar concebida

romper aguas

diluvio en el modo de no ser

y haber sido humano intento

lenguaje arrullado


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4 págs. / 7 minutos / 47 visitas.

Publicado el 2 de marzo de 2026 por Fernando Guzmán.

Hasta Edén

Fernando Guzmán


Poesía


Valle sombrío


Dime tú, valle sombrío, ¿por qué aborreces a los ciegos?
¿Por qué todo cuanto cruza tus senderos hallará el olvido?
Pues en ti perecen quienes confían en ti, y los que en ti posan su pie no tienen ventaja sobre el idiota.
Hace ya tiempo que aquellos ojos me fueron arrebatados, antes siquiera que lo supiera.
Mis cuencas fingen distinguir la distancia,
Como quien avanza a tientas procurando no caer.
Una zancada tras otra, doy tumbos, y a cada tropiezo dispones una herida para mis pies.
Podrida llaga, ortiga cruel, fuiste cisterna sin agua y arbusto sin fruto, como humo que no se puede asir.
No hay en ti, oh valle, sino espinos, áspides y fieras prestas para el asedio.
En ti sepulté mis ojos, aquellos que nunca conocieron el sol, ni el mar, ni la cordura,
Pero no verás nunca ciego más feliz andando y riendo con las cuencas huecas.
Dichoso el sordo, pues jamás oyó de ti.
Dichoso el mudo, pues no podrá pronunciar tu nombre.
Miserable de mí, pues te oí, te nombré y te he visto.




El niño aquel


Y, de repente, te das cuenta de que siempre fuiste mucho más frágil de lo que pensabas; que tu razón podría sin más fugarse a jugar a alguna parte; que, tal vez, un atisbo de amor podría parecer el demonio mismo posándose sobre tu rostro.

Qué desconcierto conocer que eres un niño jugando a vivir, como uno que cree ser hombre y se percata de su inocencia.

Qué difícil es ver que conservas contigo al niño aquel.




Flores de mundo


De este mundo nada tomaré,

tras su amistad engañosa rehúso ir en pos,

jaula para presa son sus palabras.


Traicionero es su halago,

y aun lo más codiciable que puedas notar en él no es más que un ayer,


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1 pág. / 3 minutos / 16 visitas.

Publicado el 19 de septiembre de 2026 por Fernando Guzmán.

El Viaje del Parnaso

Miguel de Cervantes Saavedra


Poesía


Licencia

Por mandado y comisión de los señores del Consejo, he visto El viaje del Parnaso, de Miguel de Cervantes Saavedra; y, después de no tener cosa contra lo que tiene y enseña nuestra santa fee católica ni buenas costumbres, tiene muchas muy apacibles y entretenidas, y muy conformes a las que del mismo autor honran la nación y celebra el mundo. Este es mi parecer, salvo &c. En Madrid, a 20 de setiembre, 1614.

El maestro Joseph de Valdivielso.


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79 págs. / 2 horas, 19 minutos / 455 visitas.

Publicado el 22 de abril de 2016 por Edu Robsy.

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