Textos peor valorados disponibles que contienen 'poesia'

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El Viaje del Parnaso

Miguel de Cervantes Saavedra


Poesía


Licencia

Por mandado y comisión de los señores del Consejo, he visto El viaje del Parnaso, de Miguel de Cervantes Saavedra; y, después de no tener cosa contra lo que tiene y enseña nuestra santa fee católica ni buenas costumbres, tiene muchas muy apacibles y entretenidas, y muy conformes a las que del mismo autor honran la nación y celebra el mundo. Este es mi parecer, salvo &c. En Madrid, a 20 de setiembre, 1614.

El maestro Joseph de Valdivielso.


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79 págs. / 2 horas, 19 minutos / 455 visitas.

Publicado el 22 de abril de 2016 por Edu Robsy.

El Spleen de París

Charles Baudelaire


Poesía


El extranjero

—¿A quién quieres más, hombre enigmático, dime, a tu padre, a tu madre, a tu hermana o a tu hermano?

—Ni padre, ni madre, ni hermana, ni hermano tengo.

—¿A tus amigos?

—Empleáis una palabra cuyo sentido, hasta hoy, no he llegado a conocer.

—¿A tu patria?

—Ignoro en qué latitud está situada.

—¿A la belleza?

—Bien la querría, ya que es diosa e inmortal.

—¿Al oro?

—Lo aborrezco lo mismo que aborrecéis vosotros a Dios.

—Pues ¿a quién quieres, extraordinario extranjero?

—Quiero a las nubes… , a las nubes que pasan… por allá… . ¡a las nubes maravillosas!

La desesperación de la vieja

La viejecilla arrugada sentíase llena de regocijo al ver a la linda criatura festejada por todos, a quien todos querían agradar; aquel lindo ser tan frágil como ella, viejecita, y como ella también sin dientes ni cabellos.

Y se le acercó para hacerle fiestas y gestos agradables.

Pero el niño, espantado, forcejeaba al acariciarlo la pobre mujer decrépita, llenando la casa con sus aullidos.

Entonces la viejecilla se retiró a su soledad eterna, y lloraba en un rincón, diciendo: «¡Ay! Ya pasó para nosotras, hembras viejas, desventuradas, el tiempo de agradar aun a los inocentes; ¡y hasta causamos horror a los niños pequeños cuando vamos a darles cariño!»

El «yo pecador» del artista

¡Cuán penetrante es el final del día en otoño! ¡Ay! ¡Penetrante hasta el dolor! Pues hay en él ciertas sensaciones deliciosas, no por vagas menos intensas; y no hay punta más acerada que la de lo infinito.


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Dominio público
81 págs. / 2 horas, 22 minutos / 1.261 visitas.

Publicado el 6 de septiembre de 2016 por Edu Robsy.

El Estudiante de Salamanca

José de Espronceda


Poesía


Parte 1

Sus fueros, sus bríos,
sus premáticas, su voluntad.
Quijote.— Parte primera.

Era más de media noche,
antiguas historias cuentan,
cuando en sueño y en silencio
lóbrego envuelta la tierra,
los vivos muertos parecen,
los muertos la tumba dejan.
Era la hora en que acaso
temerosas voces suenan
informes, en que se escuchan
tácitas pisadas huecas,
y pavorosas fantasmas
entre las densas tinieblas
vagan, y aúllan los perros
amedrentados al verlas:
En que tal vez la campana
de alguna arruinada iglesia
da misteriosos sonidos
de maldición y anatema,
que los sábados convoca
a las brujas a su fiesta.
El cielo estaba sombrío,
no vislumbraba una estrella,
silbaba lúgubre el viento,
y allá en el aire, cual negras
fantasmas, se dibujaban
las torres de las iglesias,
y del gótico castillo
las altísimas almenas,
donde canta o reza acaso
temeroso el centinela.
Todo en fin a media noche
reposaba, y tumba era
de sus dormidos vivientes
la antigua ciudad que riega
el Tormes, fecundo río,
nombrado de los poetas,
la famosa Salamanca,
insigne en armas y letras,
patria de ilustres varones,
noble archivo de las ciencias.
Súbito rumor de espadas
cruje y un ¡ay! se escuchó;
un ay moribundo, un ay
que penetra el corazón,
que hasta los tuétanos hiela
y da al que lo oyó temblor.
Un ¡ay! de alguno que al mundo
pronuncia el último adiós.

El ruido
cesó,
un hombre
pasó
embozado,
y el sombrero
recatado
a los ojos
se caló.
Se desliza
y atraviesa
junto al muro
de una iglesia
y en la sombra
se perdió.


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30 págs. / 53 minutos / 718 visitas.

Publicado el 21 de septiembre de 2016 por Edu Robsy.

Poemas y Sonetos

Sor Juana Inés de la Cruz


Poesía


Amor inoportuno

Dos dudas en que escoger
Tengo, y no se a cual prefiera,
Pues vos sentís que no quiera
Y yo sintiera querer.

Con que si a cualquiera lado
Quiero inclinarme, es forzoso
Quedando el uno gustoso
Que otro quede disgustado.

Si daros gusto me ordena
La obligación, es injusto
Que por daros a vos gusto
Haya yo de tener pena.

Y no juzgo que habrá quien
Apruebe sentencia tal,
Como que me trate mal
Por trataros a vos bien.

Mas por otra parte siento
Que es también mucho rigor
Que lo que os debo en amor
Pague en aborrecimiento.

Y aun irracional parece
Este rigor, pues se infiere,
Si aborrezco a quien me quiere
¿qué haré con quien aborrezco?

No se como despacharos,
Pues hallo al determinarme
Que amaros es disgustarme
Y no amaros disgustaros;

Pero dar un medio justo
En estas dudas pretendo,
Pues no queriendo, os ofendo,
Y queriéndoos me disgusto.

Y sea esta la sentencia,
Porque no os podáis quejar,
Que entre aborrecer y amar
Se parta la diferencia,

De modo que entre el rigor
Y el llegar a querer bien,
Ni vos encontréis desdén
Ni yo pueda encontrar amor.

Esto el discurso aconseja,
Pues con esta conveniencia
Ni yo quedo con violencia
Ni vos os partís con queja.

Y que estaremos infiero
Gustosos con lo que ofrezco;
Vos de ver que no aborrezco,
Yo de saber que no quiero.

Sólo este medio es bastante
A ajustarnos, si os contenta,
Que vos me logréis atenta
Sin que yo pase a lo amante,

Y así quedo en mi entender
Esta vez bien con los dos;
Con agradecer, con vos;
Conmigo, con no querer.

Que aunque a nadie llega a darse
En este gusto cumplido,
Ver que es igual el partido
Servirá de resignarse.


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Dominio público
35 págs. / 1 hora, 2 minutos / 1.293 visitas.

Publicado el 28 de septiembre de 2016 por Edu Robsy.

La Argentina y la Conquista del Río de la Plata

Martín del Barco Centenera


Poesía


Prólogo

Don Martín del Barco Centenera, Arcediano del Río de la Plata

Habiendo considerado y revuelto muchas veces en mi memoria el gran gusto que recibe el humano entendimiento con la lectura de los varios y diversos acaecimientos de cosas, que aun por su variedad es la naturaleza bella, y que aquellas amplísimas provincias del Río de la Plata estaban casi puestas en olvido, y su memoria sin razón obscurecida, procuré poner en escrito algo de lo que supe, entendí y vi en ellas, en veinticuatro años que en aquel nuevo orbe peregriné: lo primero, por no parecer al malo e inútil siervo que abscondió el talento recibido de su señor; lo segundo, porque el mundo tenga entera noticia y verdadera relación del Río de la Plata, cuyas provincias son tan grandes, con gentes tan belicosas, animales y fieras tan bravas, aves tan diferentes, víboras y serpientes que han tenido con hombres conflicto y pelea, peces de humana forma, y cosas tan exquisitas que dejan en éxtasis a los ánimos de los que con alguna atención las consideran.

He escrito, pues, aunque en estilo poco pulido y menos limado, este libro, a quien intitulo y nombro Argentina, tomando el nombre del subjeto principal, que es el Río de la Plata; para que Vuestra Excelencia, si acaso pudiera tener algún rato como que hurtado a los necesarísimos y graves negocios de tan grande gobierno como sus hombros tienen, pueda con facilidad leerle, sin que le dé el disgusto y fastidio que de las largas y prolijas historias se suele recibir; y heme dispuesto a presentarla y ofrecerla a Vuestra Excelencia como propia suya; pues, según derecho, los bienes del siervo son vistos ser del señor.


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207 págs. / 6 horas, 3 minutos / 159 visitas.

Publicado el 30 de septiembre de 2016 por Edu Robsy.

Cuento los días

Lorena Alvarado


Poesía en prosa


junto con las horas al pasar el tiempo persigo esos años que veloz pasan por nuestras vidas dejando rasgos y rastros del tamaño de este mundo marcando así cual hierro caliente nuestras pieles profundizando nuestras almas,mentes y a su vez callando cada vez más nuestras voces dejando así de expresar lo más puro de nuestros corazones pues olvidamos comunicarnos hemos reemplazado nuestro hablar de lengua propia por aparatos tecnológicos que al parecer se apoderan día tras día de nuestras vidas siendo seres de carne y huesos vivimos noches de desierto perdiendo cada vez más en profundidad tacto,caricias,besos,sensaciones,emomciones e indolentes ante nuestra propia humanidad despojando la piel como víboras si voltear atrás con los ojos vendados caminamos hacia un futuro incierto lleno de suspiros en el cielo con el viento detrás de nuestras pisadas escuchando voces perdidas en el tiempo las cuales en algún momento lloraron suplicaron si hasta alzamos la mirada al cielo casi gritando a un dios y un creo hoy yo mujer de ilusiones rotas dejo aquí mi propia huella en lo que fue mi caminar con la piel arrugada los pies agrietados por el cansancio de este tranco largo para así llegar a esta amiga vejez junto a ella llega el silencio de voces familiares,lejanías es aquí donde dejamos la piel pues queda un tramo corto de soledad,desapegos,desconsuelos noches vacías días sin reloj contando recuerdos esperando se apague la luz eso es pasar aveces por esta larga y corta vida


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1 pág. / 1 minuto / 136 visitas.

Publicado el 12 de marzo de 2017 por Lorena Alvarado .

Remedios de Amor

Ovidio


Poesía, Tratado


Habiendo leído el Amor el título de esta obra, dijo: «Es la guerra, lo veo, es la guerra con lo que se me amenaza.» ¡Oh Cupido!, no achaques semejante maldad al poeta que, sumiso a tus órdenes, enarboló en cien ocasiones el estandarte que le habías confiado.

Yo no soy aquel Diomedes, cuya lanza hirió a tu madre, cuando los caballos de Marte la arrebataban a las etéreas regiones. Otros jóvenes no se abrasan a todas horas en tu fuego; mas yo amé siempre, y si me preguntas mi actual ocupación, te diré que es la de amar. Hay más: enseñé el arte de obtener tus mercedes y sometí al dictado de la razón lo que antes fue un ímpetu ciego. No te soy desleal, amado niño; no desautorizo mis lecciones, ni mi nueva Musa destruye su antigua labor.

El amante recompensado, ebrio de felicidad, gócese y aproveche el viento favorable a su navegación; mas el que soporta a regañadientes el imperio de una indigna mujer, busque la salud acogiéndose a las reglas que prescribo. ¿Por qué algún amador se echa un lazo al cuello y suspende de alta viga la triste carga de su cuerpo, o ensangrienta sus entrañas con el hierro homicida? Tú deseas la paz y miras las muertes con horror. El que ha de perecer víctima de pasión contrariada, si no se sobrepone a ella, cese de amar, y así no habrás ocasionado a nadie la perdición. Eres un niño, y nada te sienta tan bien como los juegos; juega, pues, ya que las diversiones son propias de tus años. Podrías lanzarte a la guerra armado de agudas flechas, pero tus armas jamás se tiñen en la sangre del vencido. Marte, tu padre, pelee con la espada o la aguda lanza, y vuelva del combate vencedor y ensangrentado con la atroz carnicería. Tú cultivas las artes poco peligrosas de Venus, por cuyos dardos ninguna madre quedó huérfana de su hijo. Haz que caiga hecha pedazos una puerta al rigor de las contiendas nocturnas, y que otra se adorne con multitud de guirnaldas.


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Dominio público
25 págs. / 44 minutos / 751 visitas.

Publicado el 13 de febrero de 2018 por Edu Robsy.

El Diablo Mundo

Jose de Espronceda


Poesía


CORO DE DEMONIOS

Boguemos, boguemos,
la barca empujad,
que rompa las nubes,
que rompa las nieblas,
los aires las llamas,
las densas tinieblas,
las olas del mar.
Boguemos, crucemos
del mundo el confín;
que hoy su triste cárcel quiebran
libres los diablos en fin,
y con música y estruendo
los condenados celebran,
juntos cantando y bebiendo,
un diabólico festín.

EL POETA


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Dominio público
110 págs. / 3 horas, 12 minutos / 721 visitas.

Publicado el 4 de julio de 2018 por Edu Robsy.

Llanto por Ignacio Sánchez Mejías

Federico García Lorca


Poesía, Elegía


I. La cogida y la muerte

A las cinco de la tarde.
Eran las cinco en punto de la tarde.
Un niño trajo la blanca sábana
a las cinco de la tarde.
Una espuerta de cal ya prevenida
a las cinco de la tarde.
Lo demás era muerte y sólo muerte
a las cinco de la tarde.

El viento se llevó los algodones
a las cinco de la tarde.
Y el óxido sembró cristal y níquel
a las cinco de la tarde.
Ya luchan la paloma y el leopardo
a las cinco de la tarde.
Y un muslo con un asta desolada
a las cinco de la tarde.
Comenzaron los sones del bordón
a las cinco de la tarde.
Las campanas de arsénico y el humo
a las cinco de la tarde.
En las esquinas grupos de silencio
a las cinco de la tarde.
¡Y el toro, solo corazón arriba!
a las cinco de la tarde.
Cuando el sudor de nieve fue llegando
a las cinco de la tarde,
cuando la plaza se cubrió de yodo
a las cinco de la tarde,
la muerte puso huevos en la herida
a las cinco de la tarde.
A las cinco de la tarde.
A las cinco en punto de la tarde.


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Dominio público
4 págs. / 7 minutos / 523 visitas.

Publicado el 15 de agosto de 2018 por Edu Robsy.

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