Salvar el alma
Jordi Cabré Carbó
Cuento, Poesía
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Publicado el 7 de mayo de 2016 por Jordi Cabré Carbó.
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Publicado el 7 de mayo de 2016 por Jordi Cabré Carbó.
Dominio público
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Publicado el 28 de febrero de 2024 por Rolando Mendoza.
COTUFAS EN EL GOLFO
Mayo, 2005
Santiago Fernández Puche
La puerta entreabierta, cerrada la ventana
Para no ver el mundo o es que por la oscura
Habitación de todas las soledades con vana
Intención de huir se consume la locura
Para el gusano verde que come mi manzana.
Fue para mí el amor un barco azul marino
Allí donde las olas hacen crestas y espumas;
Ya encallado asoma su pueril quilla. Divino
Resto de los ojos de buey y de sus brumas
Es esta estancia entreabierta donde me inclino
Para besar el frío en esos pies helados
De la melancolía. Dime tú, que conoces
Al hombre como todos estos hombres calados
Que se asoman por un caudal de calladas voces
De esas humanidades y toda suerte de pesados
Instrumentos de odio, ¿acaso tú me conoces?
Lejos de los simples oficios del escribano,
Usando el instante del día para ganar
El pan de todos los versos sin precio, ¿tu mano,
Asidero mortal del que salió a buscar
La conciencia, es acaso asidero humano?
De puertas cerradas y amores perdidos, suelo
Pintar las hojas inmaculadas y escribir
Paredes que oscurecen de invisible duelo.
Apréstate, pues, a borrar la letra y vivir
Si acaso levantásemos un suntuoso vuelo.
Dominio público
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Publicado el 27 de febrero de 2023 por Santiago Fernández Puche.
Dominio público
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Publicado el 1 de febrero de 2023 por Elle de Jan.
En las riberas vagando
de la mar, las verdes olas
mira Argelina y contando
las horas que van pasando
vierte lágrimas a solas.
Sus lindos ojos de cielo
en el horizonte fija,
por ver si encuentra un consuelo
¡mas ay!, que es vano el anhelo
que su corazón cobija.
Su amante le dijo allí
desde su buque velero:
«Aguarda Argelina aquí:
Que si hoy dejarte prefiero,
mañana vendré por ti».
Y entera la noche larga
que silenciosa corría
vio pasar; pero en su impía,
crüel desventura amarga
no vio que su bien volvía.
Y el día también llegó:
Mas fue que llegara en vano,
que el bien que ansiosa esperó,
consuelo del mal tirano,
por el mar no pareció.
Y allí todavía está
mirando a la mar movible,
por ver si la mar le da
lo que tal vez imposible
para Argelina será.
Y viendo al fin reducidas
sus esperanzas en nada,
viendo en el viento esparcidas,
las ilusiones perdidas,
su bienandanza frustrada;
mirando al bien que se aleja
con su fugitivo encanto,
dijo en tristísima queja:
«¿Por qué tan sola me deja,
cuando yo le amaba tanto?
¿Por qué si tras él corrí?
¿Por qué si hasta aquí llegué?
¿Por qué si tanto esperé
a verle más no volví?
¿No comprendió que sin él,
fuera un tormento mi vida,
donde guardara escondida
llena una copa de hiel?
¡Adiós, ventura de un día!
¡Adiós, delicia soñada,
donde he mirado estampada
toda la esperanza mía!
¡Ya nunca más te veré,
que el rudo penar que siento
me irá consumiendo lento,
y de dolor moriré!
¡Adiós, hermosa ribera
donde mi esperanza dejo
ya para siempre me alejo
de tu orilla placentera.
Dominio público
16 págs. / 28 minutos / 412 visitas.
Publicado el 10 de enero de 2019 por Edu Robsy.
[...] era, pues, la niña
de tal gentileza,
que en parangón suyo
callara Lucrecia.
Ojos robadores,
en arco las cejas,
morena y graciosa,
graciosa y morena,
[...]
Romancero General.
Dominio público
3 págs. / 6 minutos / 78 visitas.
Publicado el 20 de noviembre de 2020 por Edu Robsy.
«[...] que yo trocaba con él los peones, si eran mejores que los míos; dábale de lo que almorzaba, y no le pedía de lo que él comía; comprábale estampas, enseñábale a luchar, jugaba con él al toro, y entreteníalo siempre.»
Vida del Gran Tacaño. (Cap. II.)
Dominio público
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Publicado el 20 de noviembre de 2020 por Edu Robsy.
Piden que pulse la lira
Ha tiempo callada y rota:
Si ya no arranco una nota
Ni mi musa ya me inspira!
Balbuce fria y delira
Si la tortura mi mente;
Cuando rie solo miente;
Como miente su lamento:
Y es que en mi triste aislamiento
Mi alma ni goza ni siente.
Hubo un tiempo ... y es verdad!
Pero ya aquel tiempo huyo,
En que vate me llamo
La indulgencia a la amistad.
Ahora de aquella edad
El recuerdo apensas resta
Como quendan de una fiesta
Los misteriosos sonidos
Que retienen los oidos
Del bullicio de la orquesta.
Soy planta apenas crecida
Arrancada del Oriente,
Donde es perfume el ambiente,
Donde es un sueno la vida:
Patria que jamas se olvida!
Ensenaronme a cantar
Las aves, con su trinar;
Con su rumor, las cascadas;
Y en sus playas dilatadas,
Los murmurios de la mar.
Mientras en la infancia mia
Pude a su sol sonreir,
Dentro de mi pecho hervir
Volcan de fuego sentia;
Vate fui, porque queria
Con mis versos, con mi aliento,
Decir al rapido viento:
Vuela; su fama pregona!
Cantala de zona en zona;
De la tierra al firmamento!
La deje! ... mis patrios lares.
Arbol despojados y seco!
Ya no repiten el eco
De mis pasados cantares
Yo cruce los vastos mares
Ansiando cambiar de suerte,
Y mi locura no advierte
Que en vez del bien que buscaba,
El mar conmigo surcaba
El espectro de la muerte.
Toda mis hermosa ilusion,
Amor, entusiasmo, anhelo,
Alla quedan bajo el cielo
De tan florida región:
No pidais al corazon
Cantos de amor, que esta yerto;
Porque en medio del desierto
Donde discurro sin calma,
Siento que agoniza el alma
Y mi numen esta muerto.
Dominio público
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Publicado el 19 de junio de 2022 por Edu Robsy.
Dominio público
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Publicado el 13 de enero de 2026 por Fernando Guzmán.
Después que lanza el invierno
el penúltimo suspiro,
y cuando montes y peñas
de este rincón bendecido
sobre campo de esmeralda
pardos levantan los picos,
y más clara el agua corre,
y en sus cauces van los ríos,
llega el espléndido mayo
sobre las auras mecido,
despejando el horizonte
y aliviando reumatismos;
tras de mayo viene junio,
como siempre ha sucedido,
y San Juan, según el orden
que va siguiendo hace siglos,
antes que junio se acabe
da al pueblo su día magnífico.
Todo lo cual significa,
para evitar laberintos,
que en San Juan vienen los jándalos
y que entonces vino el mío.
Ya tocaba en el ocaso
del sol el fúlgido disco,
y sobre el campo cayendo
leves gotas de rocío,
daban vida á los maizales
y al retoño ya marchito,
cuando en la loma de un cerro
á cierto lugar vecino,
cuyo nombre no hace al caso,
y por eso no le cito,
un jinete apareció
sobre indefinible bicho,
pues desde el lomo á los pechos
y desde el rabo al hocico,
llevaba más alamares
que sustos pasa un marido.
Todo un curro era el jinete,
á juzgar por su trapío:
faja negra, calañés
y sobre la faja un cinto
con municiones de caza,
pantalón ajustadísimo,
marsellés con más colores
que la túnica de un chino,
y una escopeta, al arzón
unida por verde cinto.
Al ver entre matorrales
destacarse y entre espinos
el escueto campanario,
de su hogar místico abrigo,
detuvo la lenta marcha
del engalanado bicho,
descubrióse la cabeza,
exhaló tierno suspiro,
meditó algunos instantes …
y continuó su camino.
Dominio público
5 págs. / 9 minutos / 103 visitas.
Publicado el 31 de octubre de 2020 por Edu Robsy.