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Ramón Gallegos, educación holista y espiritualidad

Fundación Ramón Gallegos


Ramón Gallegos, educación holista, inteligencia espiritual


Este ensayo está basado en los libros del Dr. Ramon Gallegos que estamos estudiando en la maestria en Educacion Holista, en Guadalajara. La educación ha sido una constante en mi vida, solo la entiendo dividiéndola en 2 partes, la educación que tienes en casa y/o la que se da en la escuela, personalmente mis referencias educativas parten de la casa materna.

La educación para mi es devoción, fui devota de mi educadora madre, la admiraba, sus palabras eran la ley, todo el tiempo buscaba complacerle, cuando fui niña no entendía de que se trataba el proceso educativo, sin embargo ahora lo comprendo y puedo contarlo.

Sin embargo no toda experiencia de vida es educación; educación es cuando percibes con detenimiento por qué y cómo suceden los acontecimientos, que se movió para que sucedieran las cosas, es observar el más mínimo detalle para que lo relevante se convierta en una experiencia educativa.

La libertad educativa en la crecí, es hasta hoy el más preciado bien que me heredaron mis padres; libertad en todos los sentidos, libertad para pensar, para crear, para creer, para ser, para vivir, para convivir, para crear mis propias reglas, para modelar mi vida, para crecer, soñar, planear, para elegir, con absoluta libertad; mi mamá pedía cosas sencillas como limpiar la casa antes de que regresara del trabajo, y para mis hermanas y para mí era diversión, llenábamos el piso de agua y jabón y durante horas nos derrapábamos de un lado a otro con las rodillas hasta que nos sangraban, entonces terminábamos de lavar el piso,  libertad pura.


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5 págs. / 9 minutos / 61 visitas.

Publicado el 10 de diciembre de 2020 por Fundación Ramón Gallegos.

Fue Satanás

Ramón María del Valle-Inclán


Cuento


Por aquel entonces, conocí a la princesa Gaetani. Había sido amiga de mi madre, y me recibió en su palacio con exquisita cortesía. Tenía cinco hijas, que la rodeaban en el estrado, como en una Corte de Amor. No tardé en sentirme enamorado de la mayor, que se llamaba María Rosario. Su recuerdo, a pesar de los años y de la vejez, aun pone en mis ojos un vapor de lágrimas. ¡Qué triste fué para mí aquella tarde de otoño, cuando la vi por última vez!

María Rosario estaba en el fondo de un salón llenando de rosas los floreros de la capilla.

Cuando yo entré quedóse un momento indecisa: sus ojos miraron medrosos hacia la puerta, y luego se volvieron a mí con un ruego tímido y ardiente.

Llenaba en aquel momento el último florero, y sobre sus manos deshojóse una rosa.

Yo entonces le dije, sonriendo:

—¡Hasta las rosas se mueren por besar vuestras manos!

Ella también sonrió contemplando las hojas que había entre sus dedos, y después con leve soplo las hizo volar. Quedamos silenciosos: era la caída de la tarde y el sol doraba una ventana con sus últimos reflejos: los cipreses del jardín levantaban sus cimas pensativas en el azul del crepúsculo, al pie de la vidriera iluminada. Dentro apenas se distinguía la forma de las cosas, y en el recogimiento del salón las rosas esparcían un perfume tenue y las palabras morían lentamente igual que la tarde. Mis ojos buscaban los ojos de María Rosario con el empeño de aprisionarlos en la sombra. Ella suspiró angustiada como si el aire le faltase, y apartándose el cabello con ambas manos, huyó hacia la ventana. Yo, temeroso de asustarla, no intenté seguirla, y sólo le dije después de un largo silencio:

—¿No me daréis una rosa?

Volvióse lentamente y repuso con voz tenue:

—Si la queréis...


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Dominio público
5 págs. / 9 minutos / 103 visitas.

Publicado el 4 de julio de 2021 por Edu Robsy.

Égloga

Ramón María del Valle-Inclán


Cuento


Por un viejo camino de sementeras y de vendimias conducen un rebaño dos mujerucas de la aldea. La una, vieja y engalanada, es la ventera de la Venta del Frade, y la otra descalza y humilde la zagala que sirve allí por el yantar y el vestido.

En la paz de una hondonada umbría, dos zagales andan encorvados segando el trébol oloroso y húmedo, y entre el verde de la hierba, las hoces brillan con extraña ferocidad. Un asno viejo, de rucio pelo y luengas orejas, pace gravemente arrastrando el ronzal, y otro asno infantil, con la frente aborregada y lanosa y las orejas inquietas y burlonas, mira hacia la vereda erguido, alegre, picaresco, moviendo la cabeza como el bufón de un buen rey. Al pasar las dos mujeres, uno de los zagales grita hacia el camino:

—¿Van para la feria de Brandeso?

—Vamos más cerca.

—¡Un ganado lucido!

—¡Lucido estaba!... ¡Agora le han echado una plaga, y vamos al molino de Cela!...

—¿Van á dónde el saludador?... ¡A mi amo le sanó una vaca! Sabe palabras para deshacer toda clase de brujerías!

—¡San Berísimo te oiga!

—¡Vayan muy dichosas!


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Dominio público
3 págs. / 6 minutos / 84 visitas.

Publicado el 1 de enero de 2022 por Edu Robsy.

Bajo la Encina Grave...

Ramón María Tenreiro


Cuento, diálogo


(Diálogo vulgar)


Bajo la encina grave, rostro a la sierra, tocada con las primicias de la nieve, siéntanse ambos interlocutores. Hay una larga pausa, durante la cual les penetra en el alma la adusta paz del paisaje. Luego rompen a hablar lentamente, hilando sus conceptos al dormido compás con que vibran las cosas —árboles, llano, sierra— bajo el dorado hechizo de la tarde otoñal. Así dicen:

EL UNO.—¡Bendita calma!... ¡Dulce reposo!... Huyen los instantes en vena suave y silenciosa... Corre la vida, y no sentimos su carrera en el ambiente de encanto que nos envuelve... Nadie dirá que la ciudad arde en todas sus impuras codicias a media hora de aquí. Parece que alentamos en un mundo ultraterreno, donde la necesidad ha aflojado las cadenas con que nos aprisiona, y ya no pesamos sobre el suelo ni sobre nosotros mismos; cada parte de nuestro ser álzase y espónjase bajo la caricia del aire como flor en mañana de sol... De estas inefables sensaciones gozarán esos árboles, si tienen una conciencia que advierta la dicha de su vida... ¡Bendita paz!...

EL OTRO.—Paz de muerte, de sepulcro. En este campo no se percibe el rodar de la vida, porque nada vive en él! ¡ni el viento!... Es un paisaje mineral, infraorgánico. Ni aun en los meses húmedos del año logra cubrir la hierba con su manto las amarillas desnudeces de los cerros. Aquí contemplamos la bancarrota de la vegetación. Imagen de la caducidad para uso de poetas es en nuestras latitudes la “verdura de las eras”. ¡Oh, eterno verdor de otras comarcas!... ¡Y los árboles!... Tal palabra evoca en nuestra fantasía frescas frondas, susurros de follaje, trinos de aves, y ¿qué hay de todo ello en estas encinas secas y grises, como forjadas en metal, que no se estremecen bajo la caricia de la brisa, ni esconden nidos tibios entre el aspereza de sus hojas, foscas y trágicas, como fantasmas de árboles atormentados en un purgatorio?


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Dominio público
3 págs. / 5 minutos / 36 visitas.

Publicado el 9 de diciembre de 2023 por Edu Robsy.

La Codorniz

Ramón María Tenreiro


Cuento


Jamás hubo forzados de galera maltratados con tan negra impiedad por desalmado cómitre como lo éramos aquella docena escasa de rapaces, pollada de Seminario, galeotes del latín, que aprendíamos letras divinas y humanas bajo el áspero azote de un dómine sin entrañas, en la cátedra humilde de la diminuta villa de Somonte. Invierno y verano, mañana y tarde, la angosta callejuela “de la cátedra” llenábase con el sabio zumbar de los pretéritos y supinos que mascullábamos a coro, a cuyo compás movían sus bolillos las niñas que urdían randas en los balcones de las casas fronteras. Mas no pasaba hora sin que sobre la salmodia dormilona de nuestro abejorreo no se alzara la áspera voz del preceptor reprendiéndonos con airados gritos, al tiempo que, con profundo estremecimiento piadoso de las encajeras, resonaban los restallidos de la penca, con que eran tundidas nuestras costillas, y los clamores medrosos del castigado. ¡Infame latín! ¡Malditos Cicerón y Horacio! ¿Qué déspota en el mundo habrá costado tantos sollozos a la humanidad como la infanda Epístola ad Pisones? Con tales procedimientos de enseñanza nuestros lomos eran un puro cardenal, y nuestra mollera, a golpes de puntero, llenábase de chichones por fuera y de gramática por dentro.


Masculino es fustis, axis,
Torris, caulis, sanguis, collis...


¡Horror! ¡Al cabo de sesenta años me escuecen aún los trastazos!


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Dominio público
5 págs. / 9 minutos / 36 visitas.

Publicado el 31 de octubre de 2023 por Edu Robsy.

La Santa Misión

Ramón María Tenreiro


Cuento


Subido al tosco púlpito, rodeado de cruces y estandartes, el misionero hablaba de la muerte, en aquel soto umbroso, de próceres castaños, que hay a la izquierda de la carretera, antes de entrar en la villa de Somonte.

Los oblicuos rayos del sol, que, de trecho en trecho, penetraban por los huecos de la bóveda de follaje, trocaban en ascuas las cruces parroquiales, encendían las sedas de los estandartes y encerraban en luminoso nimbo la dolorida faz de la Madre de Dios, que, no lejos del predicador, abrumada con un pesado manto de terciopelo y oro, mostraba sobre su pecho santísimo un corazón de plata clavado de puñales.

Por uno de los lados del castañar, bajo las anchas copas de los árboles, descubríase un blando paisaje mariñán: minúsculos labrantíos, en los cuales, el ingenuo verdor de los maizales nuevos, se enlazaba con la cansada color amarillenta de las rastrojeras; suaves colinas, cubiertas de rumorosos pinares; un gran trozo de cielo, de un apagado azul, donde la tarde iba vertiendo tintas carminosas.

En lo más hondo del soto, estaba el púlpito. Campo arriba, por entre los troncos, habíanse colocado los oyentes: en primer término el señorío del pueblo, detrás los aldeanos; a un lado, los hombres, en mangas de camisa, con la cabeza descubierta, mostrando los morenos semblantes quemados por el sol de la siega; al otro, las mujeres, formando una risueña algarabía de claros colorines, con los floreados pañuelos que cubrían sus frentes, o se cruzaban en su pecho, sobre las chambras blancas.


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Dominio público
4 págs. / 7 minutos / 57 visitas.

Publicado el 2 de noviembre de 2023 por Edu Robsy.

Gerifaltes de Antaño

Ramón María del Valle-Inclán


Novela


I

Santa Cruz volvió á caer sobre Otaín. Desde los hayedos del monte, bajó como los lobos al ponerse el sol, y corriendo en silencio toda la noche llegó á las puertas de la villa, cuando cantaban los gallos del alba. Llevaba consigo cerca de mil hombres, vendimiadores y pastores, leñadores que van pregonando por los caminos y serradores que trabajan en la orilla de los ríos, carboneros que encienden hogueras en los montes y alfareros que cuecen teja en los pinares, gente sencilla y fiera como una tribu primitiva, cruel con los enemigos y devota del jefe. Aldeanos que sonreían con los ojos llenos de lágrimas oyendo cuentos pueriles de princesas emparedadas, y que degollaban á los enemigos con la alegría santa y bárbara, llena de bailes y de cantos, que tenían los sacrificios sangrientos, ante los altares de piedra, en los cultos antiguos.

Quinientos infantes habían quedado guarneciendo la villa, cuando con un revuelo de gerifaltes, cayó sobre ella la partida del Cura. Dos escuadras de cien hombres entraron delante dando gritos, una por el camino del río, y otra por la Calle del Mercado. Quemaban las puertas de las casas, apaleaban á los viejos y hacían correr á las mujeres con los niños en brazos. Los soldados republicanos, sorprendidos en los alojamientos, salían despavoridos, restregándose los ojos. Sostuvieron algún tiroteo en las calles inmediatas á un convento, convertido en fuerte cuando ganó la villa á los carlistas Don Enrique España. Retrocedían sin orden, revueltos con los voluntarios, que cargaban á la bayoneta. El Cura, con el resto de su gente, guardaba todas las salidas de Otaín. Pero como las cornetas republicanas tocaban retirada en lo alto del fuerte, comprendió que la guarnición se encerraba entre aquellos muros, y entró por la villa á sangre y fuego. Sobre su cabeza se abrían las ventanas y clamaban muchas voces:


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Dominio público
79 págs. / 2 horas, 18 minutos / 546 visitas.

Publicado el 30 de abril de 2017 por Edu Robsy.

Una Tertulia de Antaño

Ramón María del Valle-Inclán


Cuento


I

—He visto a Xavier Bradomín y me prometió venir esta noche.

—¿De dónde ha salido ese viejo Don Juan? ¿Qué hace ahora?

—Creo que conspira.

Sentadas en un gran sofá de caoba, vasto como un lecho, sostenían esta conversación dos antiguas damas de la reina destronada, aquella reina de los tristes destinos. Hablaban en un tono que era a la vez ligero y confidencial.

—¿Dónde te hallaste a Xavier Bradomín?

—Al salir de misa en las Góngoras. Me anunció, con gran misterio, su visita.

—¡Intentará convertirte al partido del Pretendiente!

La otra dama tosió burlona:

—Ya estoy muy vieja y muy fea para ponerme la boina.

La Duquesa de Ordax no mentía. Era una vieja menuda, inquieta y muy morena, con los ojos hundidos y llenos de fuego. Tenía la cara arrugada, las cejas con retoque, y llevaba un peinado de rizos aplastados sobre la frente, lo que acababa de darle cierto parecido con los retratos de la reina María Luisa. Hablaba con un desgarro vivo y popular.

—En otro tiempo, no digo que no me hubiera calado mi boina roja. ¡Y poco guapa que estaría!

La Marquesa de Galián la escuchaba sonriendo bajo el velo de su sombrero, que le dejaba el rostro en un misterio albo y estelar.

—Bradomín te convencerá. Tiene don apostólico. ¡Así al menos me explico yo sus conquistas!

La Duquesa interrumpió:

—Si vieras cómo está ahora de viejo y de triste. Ha tenido bien mala suerte. ¡Perder un brazo el mismo día que llegó a la guerra!

Y seguía riéndose, casi inconsciente de sus palabras. La Marquesa de Galián murmuró lentamente:

—Mala suerte, sí… Pero aún habrá sentido más hacerse viejo…


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Dominio público
21 págs. / 38 minutos / 227 visitas.

Publicado el 30 de abril de 2017 por Edu Robsy.

Epitalamio

Ramón María del Valle-Inclán


Cuento


PARA mi maestro y amigo Jesús Muruais

I

—¡Oh, siempre aparece en ti el poeta, gran señor!

Y Augusta, verdaderamente encantada, volvió a leer la dedicatoria, un tanto dorevillesca, que el príncipe Attilio Bonaparte acababa de escribir para ella en la última página de los Salmos Paganos —¡aquellos versos de amor y voluptuosidad que primero habían sido salmos de besos en los labios de la gentil amiga!

—¡Eres encantador!… ¡Eres el único!… ¡Nadie como tú sabe decir las cosas! ¿De veras son éstos tus versos? ¡Yo quiero que seas el primer poeta del mundo! ¡Tómalos! ¡Tómalos! ¡Tómalos!…

Y Augusta le besaba con gracioso aturdimiento, entre frescas y cristalinas risas. Era su amor alegría erótica y victoriosa, sin caricias lánguidas, sin decadentismos anémicos, pálidas flores del bulevard. Ella sentía por el poeta esa pasión que aroma la segunda juventud, con fragancias de generosa y turgente madurez. Como el calor de un vino añejo, así corría por su sangre aquel amor de matrona lozana y ardiente, amor voluptuoso y robusto como los flancos de una Venus, amor pagano, limpio de rebeldías castas, impoluto de los escrúpulos que entristecen la sensualidad sin domeñarla. Amaba con el culto olímpico y potente de las diosas desnudas, sin que el cilicio de la moral atenazase su carne blanca, de blanca realeza, que cumplía la divina ley del sexo, soberana y triunfante, como los leones y las panteras en los bosques de Tierra Caliente.

Augusta susurró al oído del poeta:

—Mañana llega mi marido, y tendremos que vernos de otra manera, Attilio.

Una sonrisa desdeñosa tembló bajo el enhiesto mostacho del galán.

—Dejémosle llegar, madona.


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Dominio público
18 págs. / 32 minutos / 274 visitas.

Publicado el 1 de mayo de 2017 por Edu Robsy.

Enseñanzas de inteligencia espiritual de Ramón Gallegos

Fundación Ramón Gallegos


ramón gallegos, educación holista, inteligencia espiritual


Mi experiencia con la fundación internacional para la educación holista inicio hace 17 años, con mi inscripción a la Maestría en Educación Holista, luego de haber asistido a un foro internacional en Guadalajara México; con el apoyo de los libros que para ese entonces  ya había publicado el Dr. Ramón Gallegos, la abundante bibliografía de la Maestría y mi búsqueda personal, continué mi lectura e interés por el sendero de la sabiduría Holista hasta que en el año 2015, inicie el posgrado en inteligencia espiritual ahora acompañado por mi esposa y guía, quien también se inscribe en la Maestría.

 

El primer semestre constato el importante avance logrado en los conocimientos, ahora mas integrados y profundos sobre el universo Holista, Su encauce hacia la sabiduría del ser-conciencia-felicidad, el desarrollo moral y la meditación que me encamina a un discernimiento autoformativo, y a redefinir mi rumbo hacia una búsqueda interior, una conducta impecable y la practica de la meditación, como esencia del nuevo sendero de sabiduría, en el que la inteligencia espiritual cobra relevancia y trascendencia en el camino del ser; el primer  semestre es entonces, la entrada al mundo del conocimiento del ser interno, la practica meditativa y el encuentro con la trascendente.

 

El primer semestre transcurre en un mundo de conocimientos que me devuelven mi camino con sentido y dirección hacia un mundo interior y a un contacto pleno con mi ser interno; Las materias impartidas por el Dr. Ramón Gallegos  me abrieron el conocimiento formal y con las materias; inteligencia espiritual I, Filosofía Perenne I, Paradigma Holista, e inteligencia espiritual y negocios; cada materia fue adentrándome en una enseñanza fundamentada hacia el desarrollo de las capacidades transpersonales así como en la practica meditativa que desde hace


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4 págs. / 7 minutos / 50 visitas.

Publicado el 20 de marzo de 2018 por Fundación Ramón Gallegos.

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