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Inteligencia espiritual y Ramón Gallegos

Fundación Ramón Gallegos


ramón gallegos, educación holista, inteligencia espiritual


Inteligencia espiritual y Ramón Gallegos

 

 

Que los pensamientos no te mantengan atado.

La cuerda que crees que te sujeta no existe.

Mantente en unidad con el Ser.

Ramón Gallegos

 

 

Recientemente participamos en un Satsang con el Dr. Ramón Gallegos, una reunión para indagar sobre nuestra verdadera naturaleza, nuestro ser espiritual. Fue un viaje hacia nuestro sí mismo, una práctica de meditación profunda y esclarecedora guiada por “la voz de la verdad”. Un sol resplandeciente nos recibió mientras sus rayos jugueteaban con las ramas de los árboles y las palmeras que de vez en cuando se dejaban acariciar por un suave y discreto viento que parecía provenir del reluciente lago de Chapala.

El educador holista debe ser una fuente de inspiración para los estudiantes, crear una relación de amor, pues tiene la certeza de que la necesidad más básica de cualquier ser humano es el amor y la educación tradicional ha dejado de lado este principio. Entonces, la educación holista debe ser un acto de amor, como menciona el Dr. Ramón Gallegos “donde no exista el miedo, la comparación o la amenaza, debe ser un proceso de continua indagación sobre nosotros mismos y nuestra relación con el kosmos que habitamos…” generando así alegría por vivir.

 

En educación holista, hablar de amor y felicidad es un asunto de vital importancia. La educación holista tiene como propósito fundamental la evolución de la conciencia y ayudar a reconocer lo que realmente somos. Este proceso de autoconocimiento genera alegría que se expresa en un estado de felicidad genuina, pues nace de nuestro ser interior. Es nuestra inteligencia espiritual, definida por el Dr. Ramón Gallegos como la capacidad de ser felices a pesar de las circunstancias, no a causa de ellas.  


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7 págs. / 12 minutos / 129 visitas.

Publicado el 15 de mayo de 2018 por Fundación Ramón Gallegos.

Educación holista, la educación mexicana

Fundación Ramón Gallegos


ramón gallegos, educación holista, inteligencia espiritual


Llego el momento final del primer paso de inicio en mi estudio de algo que realmente me apasiona, es curioso el sentimiento de pertenencia a una academia que hasta hoy experimento, quisiera decir que me había sentido en mi centro siempre, pero no es así, en muchos grupos y momentos me he sentido fuera de lugar, fuera de mi misma incluso. Ahora deseo encontrar mis fortalezas y emplearlas para el bien común, prepararme para tener la capacidad de dejar huella sincera en quienes me rodean, no busco reconocimiento, busco reciprocidad para todos aquellos que me han transformado.

            Con el pasar de las sesiones y al conocer a mis compañeros en persona me di cuenta que no es pertenencia a una escuela, o aun programa educativo, sino a una comunidad. Y no cualquier comunidad, sino que esta es una comunidad de aprendizaje en donde compartimos principios, valores, visiones y sobre todo el camino hacia la paz. Es maravilloso ver como la real batalla se gana con pequeños cambios y que todos estamos abonando a ellos desde diferentes trincheras.

            La realidad es que no es un trayecto de búsqueda de éxito profesional, sino de realización espiritual. Guardamos tantas capacidades dentro de nuestro ser que si las comenzamos a utilizar para crear un paradigma nuevo en nuestra sociedad estaríamos impulsando un cambio. Dejar de pensar solo en el yo y ver que “todos nosotros” somos una maravillosa malla de posibilidades con la capacidad de mejorar el entorno social en el que queremos realmente habitar.


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14 págs. / 26 minutos / 39 visitas.

Publicado el 16 de mayo de 2018 por Fundación Ramón Gallegos.

Inteligencia espiritual y educación holista en la obra de Ramón Gallegos

Fundación Ramón Gallegos


Ramón Gallegos, educación holista, inteligencia espiritual


El Doctor Ramón Gallegos es pionero en la enseñanza de la inteligencia espiritual y la educación holista, ha publicado 25 libros sobre el tema y conduce el movimiento más importante de cambio educativo en el mundo. Su obra es el planteamiento de toda una nueva visión de la realidad y está encaminada concretamente a una novedosa propuesta educativa, cuyo corazón lo constituye la espiritualidad.

Su niñez trascurre en la frontera, un tiempo del lado mexicano y otro en Estados Unidos, hecho importante en su temprano afán por tratarse de la frontera con un país mas avanzado, pero especialmente por el movimiento cultural que en esa época tenía lugar: la llamada contracultura que se expresaba con amplitud mediante los diversos grupos de diferentes filosofías, y las distintas expresiones artísticas de dichos pensamientos; en este ambiente libre, con la rica heterogeneidad de pensamientos, tiene lugar un mayor acercamiento a la filosofía oriental a la que tanto se sentía inclinado, todo esto le enseñó a ser abierto, que existen diferentes razas y credos, formas diversas de ver el mundo y que es posible convivir unas con otras.

Vivir la guerra muy de cerca, también fue un hecho determinante en la construcción de su posterior visión holista de la realidad. Los combatientes de la guerra de Vietnam fueron en su mayoría chicanos, parte de la comunidad, del barrio donde habitaba, las continuas perdidas humanas que no podían pasar desapercibidas reforzaban sus preguntas existenciales y su búsqueda espiritual.

El movimiento por la paz y el reforzamiento del movimiento contracultural que desencadeno este conflicto, avivaban su curiosidad y asombro. El lema popular del movimiento cultural de la época tomó fuerte sentido y es ahí donde conoce el concepto de amor universal.


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5 págs. / 10 minutos / 30 visitas.

Publicado el 16 de julio de 2019 por Fundación Ramón Gallegos.

Adega

Ramón María del Valle-Inclán


Cuento


Primera estancia

Caminaba rostro a la venta uno de esos peregrinos que van en romería a todos los santuarios y recorren los caminos salmodiando una historia sombría, forjada con reminiscencias de otras cien, y a propósito para conmover el alma de los montañeses, milagreros y trágicos. Aquel mendicante desgreñado y bizantino, con su esclavina adornada de conchas, y el bordón de los caminantes en la diestra, parecía resucitar la devoción penitente del tiempo antiguo, cuando toda la Cristiandad creyó ver en la celeste altura el Camino de Santiago. ¡Aquella rula poblada de riesgos y trabajos, que la sandalia del peregrino iba labrando piadosa en el polvo de la tierra!

No estaba la venta situada sobre el camino real, sino en mitad de un descampado donde sólo se erguían algunos pinos desmedrados y secos. El paraje de montaña, en toda sazón austero y silencioso, parecíalo más bajo el cielo encapotado de aquella tarde invernal. Ladraban los perros de la aldea vecina, y como eco simbólico de borrascas del mundo se oía el tumbar ciclópeo y opaco de un mar costeño muy lejano. Era nueva la venta y en medio de la sierra adusta y parda, aquel portalón color de sangre y aquellos frisos azules y amarillos de la tachada, ya borrosos por la perenne lluvia del invierno producían indefinible sensación de antipatía y de terror! La carcomida venta de antaño, incendiada una noche por cierto famoso bandido, impresionaba menos tétricamente.


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Dominio público
60 págs. / 1 hora, 45 minutos / 153 visitas.

Publicado el 4 de julio de 2021 por Edu Robsy.

Ramón Nonnato, Suicida

Miguel de Unamuno


Cuento


Cuando harto de llamar a la puerta de su cuarto, entró, forzándola, el criado, encontrose a su amo lívido y frío en la cama, con un hilo de sangre que le destilaba de la sien derecha, y junto a él, aquel retrato de mujer que traía constantemente consigo, casi como un amuleto, y en cuya contemplación se pasaba tantas horas.

Y era que en la víspera de aquel día de otoño gris, a punto de ponerse el día, Ramón Nonnato se había pegado un tiro. Habíanle visto antes, por la tarde, pasearse, solo, según tenía por costumbre, a la orilla del río, cerca de su desembocadura, contemplando cómo las aguas se llevaban al azar las hojas amarillas que desde los álamos marginales iban a caer para siempre, para nunca más volver, en ellas. «Porque las que en la primavera próxima, la que no veré, vuelvan con los pájaros nuevos a los árboles, serán otras», pensó Nonnato.

Al desparramarse la noticia del suicidio hubo una sola y compasiva exclamación: «¡Pobre Ramón Nonnato!». Y no faltó quien añadiera: «Le ha suicidado su difunto padre».

Pocos días antes de darse así la muerte había pagado Nonnato su última deuda con el producto de la venta de la última finca que le quedaba de las muchas que de su padre heredó, y era la casa solariega de su madre. Antes fue a ella y se estuvo allí solo durante un día entero, llorando su desamparo y la falta de un recuerdo, con un viejo retrato de su madre entre las manos. Era el retrato que traía siempre consigo, sobre el pecho, imagen de una esperanza que para él había siempre sido recuerdo, siempre.


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Dominio público
4 págs. / 8 minutos / 97 visitas.

Publicado el 25 de octubre de 2020 por Edu Robsy.

Mi Hermana Antonia

Ramón María del Valle-Inclán


Cuento


I

¡Santiago de Galicia ha sido uno de los santuarios del mundo, y las almas todavía guardan allí los ojos atentos para el milagro!…

II

Una tarde, mi hermana Antonia me tomó de la mano para llevarme a la catedral. Antonia tenía muchos años más que yo. Era alta y pálida, con los ojos negros y la sonrisa un poco triste. Murió siendo yo niño. ¡Pero cómo recuerdo su voz y su sonrisa y el hielo de su mano cuando me llevaba por las tardes a la catedral!… Sobre todo, recuerdo sus ojos y la llama luminosa y trágica con que miraban a un estudiante que paseaba en el atrio, embozado en una capa azul. Aquel estudiante a mí me daba miedo. Era alto y cenceño, con cara de muerto y ojos de tigre, unos ojos terribles bajo el entrecejo fino y duro. Para que fuese mayor su semejanza con los muertos, al andar le crujían los huesos de la rodilla. Mi madre le odiaba, y por no verle, tenía cerradas las ventanas de nuestra casa, que daban al Atrio de las Platerías. Aquella tarde recuerdo que paseaba, como todas las tardes, embozado en su capa azul. Nos alcanzó en la puerta de la catedral, y sacando por debajo del embozo su mano de esqueleto, tomó agua bendita y se la ofreció a mi hermana, que temblaba. Antonia le dirigió una mirada de súplica, y él murmuró con una sonrisa:

—¡Estoy desesperado!


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Dominio público
16 págs. / 29 minutos / 146 visitas.

Publicado el 4 de noviembre de 2020 por Edu Robsy.

Comedia de Ensueño

Ramón María del Valle-Inclán


Teatro, Diálogo


Una cueva en el monte, sobre la encrucijada de dos caminos de herradura. Algunos hombres, a caballo, llegan en tropel, y una vieja asoma en la boca de la cueva. Su figura se destaca por oscuro sobre el fondo rojizo donde llamea el fuego del hogar. Es la hora del anochecer, y las águilas que tienen su nido en los peñascales, se ciernen con un vuelo pesado que deja oír el golpe de las alas.

LA VIEJA.—¡Con cuánto afán os esperaba, hijos míos! Desde ayer tengo encendido un buen fuego para que podáis calentaros. ¿Vendréis desfallecidos?

La vieja éntrase en la cueva, y los hombres descabalgan. Tienen los rostros cetrinos, y sus pupilas destellan en el blanco de los ojos con extraña ferocidad. Uno de ellos queda al cuidado de los caballos, y los otros, con las alforjas al hombro, penetran en la cueva y se sientan al amor del fuego. Son doce ladrones y el Capitán.

LA VIEJA.—¿Habéis tenido suerte, mis hijos?

EL CAPITÁN.—¡Ahora lo veréis, Madre Silvia! Muchachos, juntad el botín para que puedan hacerse las particiones.

LA VIEJA.—Nunca habéis hecho tan larga ausencia.

EL CAPITÁN.—No requería menos el lance, Madre Silvia.

La Madre Silvia tiende un paño sobre el hogar, y sus ojos acechan avarientos cómo las manos de aquellos doce hombres desaparecen en lo hondo de las alforjas y sacan enredadas las joyas de oro, que destellan al temblor de las llamas.

LA VIEJA.—¡Jamás he visto tan rica pedrería!

EL CAPITÁN.—¿No queda nada en tus alforjas, Ferragut?

FERRAGUT.—¡Nada, Capitán!

EL CAPITÁN.—¿Y en las tuyas, Galaor?

GALAOR.—¡Nada, Capitán!

EL CAPITÁN.—¿Y en las tuyas, Fierabrás?

FIERABRÁS.—¡Nada!…

EL CAPITÁN.—Está bien. Tened por cierto, hijos míos, que pagaréis con la vida cualquier engaño. Alumbrad aquí, Madre Silvia.


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Dominio público
5 págs. / 9 minutos / 186 visitas.

Publicado el 4 de noviembre de 2020 por Edu Robsy.

Educación holista, la pedagogía universal de Ramón Gallegos

Fundación Ramón Gallegos


Ramón Gallegos, educación holista


Educación Holista.

La educación Holista es un paradigma educativo desarrollado por el Dr. Ramon Gallegos, este ensayo esta basado en su obra. La educación Holista es la capacidad de dar el justo valor a cada parte de la educación actual en sus diferentes acepciones y sirve como aglutinante entre la visión científica y espiritual sin generar divisiones.  Esta característica nos ha llevado a un proceso de reestructuración, innovación, y abandono de estructuras sociales, políticas y Económicas.  Y como consecuencia de estos cambios se observa el fin de un modelo de civilización que ya no puede conducir la experiencia humana a metas adecuadas.

Uno de los impulsores de este cambio es la necesidad de resolver problemas de orden mundial no solo de orden local, para los que nuestras antiguas formas de solución ahora son una fuente de problemas.

EL principio fundamental del paradigma Holista es el “supuesto de totalidad”, que percibe que en el universo todo está conectado con lo demás, es una red viva de relaciones constituida por totalidades/parte, todo está interconectado formando sistemas y subsistemas, el ser humano es uno con este universo, su conciencia es la conciencia del universo. El mundo natural es un mundo vivo que se auto-organiza como un organismo. Es un paradigma integral y ecológico.


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14 págs. / 25 minutos / 33 visitas.

Publicado el 10 de diciembre de 2020 por Fundación Ramón Gallegos.

Hierbas Olorosas

Ramón María del Valle-Inclán


Cuento


Yo estaba de cacería en Viana del Prior, cuando recibí una carta donde mi madre, en trance de muerte, me llamaba a su lado. Anochecía y aun recuerdo aquella trágica espera mientras encendía el velón, para poder leer. Decidí partir al día siguiente. Pasé la velada solo y triste, sentado en un sillón cerca del fuego. Había conseguido adormecerme cuando llamaron a la puerta con grandes aldabadas, que en el silencio de las altas horas parecieron sepulcrales y medrosas. Me incorporé sobresaltado, y abrí la ventana. Era el mayordomo que había traído la carta, y que venía a buscarme para ponernos en camino. Manteníase ante la puerta, jinete en una mula y con otra del diestro. Le interrogué:

—¿Ocurre algo, Brión?

—Que empieza a rayar el día, señor marqués.


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Dominio público
4 págs. / 7 minutos / 84 visitas.

Publicado el 4 de julio de 2021 por Edu Robsy.

Fue Satanás

Ramón María del Valle-Inclán


Cuento


Por aquel entonces, conocí a la princesa Gaetani. Había sido amiga de mi madre, y me recibió en su palacio con exquisita cortesía. Tenía cinco hijas, que la rodeaban en el estrado, como en una Corte de Amor. No tardé en sentirme enamorado de la mayor, que se llamaba María Rosario. Su recuerdo, a pesar de los años y de la vejez, aun pone en mis ojos un vapor de lágrimas. ¡Qué triste fué para mí aquella tarde de otoño, cuando la vi por última vez!

María Rosario estaba en el fondo de un salón llenando de rosas los floreros de la capilla.

Cuando yo entré quedóse un momento indecisa: sus ojos miraron medrosos hacia la puerta, y luego se volvieron a mí con un ruego tímido y ardiente.

Llenaba en aquel momento el último florero, y sobre sus manos deshojóse una rosa.

Yo entonces le dije, sonriendo:

—¡Hasta las rosas se mueren por besar vuestras manos!

Ella también sonrió contemplando las hojas que había entre sus dedos, y después con leve soplo las hizo volar. Quedamos silenciosos: era la caída de la tarde y el sol doraba una ventana con sus últimos reflejos: los cipreses del jardín levantaban sus cimas pensativas en el azul del crepúsculo, al pie de la vidriera iluminada. Dentro apenas se distinguía la forma de las cosas, y en el recogimiento del salón las rosas esparcían un perfume tenue y las palabras morían lentamente igual que la tarde. Mis ojos buscaban los ojos de María Rosario con el empeño de aprisionarlos en la sombra. Ella suspiró angustiada como si el aire le faltase, y apartándose el cabello con ambas manos, huyó hacia la ventana. Yo, temeroso de asustarla, no intenté seguirla, y sólo le dije después de un largo silencio:

—¿No me daréis una rosa?

Volvióse lentamente y repuso con voz tenue:

—Si la queréis...


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Dominio público
5 págs. / 9 minutos / 100 visitas.

Publicado el 4 de julio de 2021 por Edu Robsy.

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