Textos por orden alfabético disponibles que contienen 'u' | pág. 263

Mostrando 2621 a 2630 de 6.056 textos encontrados.


Buscador de títulos

textos disponibles contiene: 'u'


261262263264265

Flor de Olvido

Gabriel Alomar


Cuento


Boceto para un “film“

I

Crióse en la montaña, entre peñascos y encinas. Sus padres tenían en arriendo la Cueva, pequeña porción de tierra que apenas les daba para vivir, oculta entreriscos, en el corazón de la sierra. Descalza, con las crines al viento, la faldilla hecha un pingo, mostrando la pierna curtida por el sol, saltaba como un chivo, de peña en peña. En dos horas de camino á la redonda de su casucha no había otra morada. Juana, en medio de aquella soledad, creció como una salvaje. No sabía que hubiese en el mundo otras personas que sus padres, su hermanito pequeño y un porquerizo de siete años traído de la villa para cuidar la pobre manada de cochinos que hozaban entre las bellotas caídas del encinar.

Las noches, en aquellas alturas, tenían una infinita paz, que penetraba vagamente aquella alma primitiva y rústica. Bajaba del cielo un silencio elocuentísimo. Ella había aprendido á conocer las estrellas; y muchas veladas, tendida sobre el poyo de la puerta, canturreando, su mirada se perdía en la bóveda serena é iba siguiendo el vuelo imperceptible de las constelaciones ó la carrera sin fin de las nebulosas. El aura nocturna le acariciaba mansamente las greñas que le caían sobre los ojos, cabellos de un rubio de estopa, ensortijados ásperos como un vellón.


Leer / Descargar texto

Dominio público
12 págs. / 21 minutos / 67 visitas.

Publicado el 1 de febrero de 2022 por Edu Robsy.

Flor del Estero

Javier de Viana


Cuento


A la orilla de un arroyuelo menguado, de aguas turbias y perezosas, una cerca de otra, Albina y Fabia lavaban en silencio.

El cielo estaba gris, húmeda la atmósfera, frío y recio el viento, uno de esos días en que parece que el sol ha dormido mal y se levanta alunado.

A pesar de ello, Fabia, una morocha fuerte, regordeta, sonrosada, conservaba su constante buen humor y su sana alegría. Fregaba sin cesar y sin cesar cantaba, desmostrando que ni la tarea ni la agriedad del tiempo conseguían contrariarla.

No así Albina, quien mustia, desganada, silenciosa, suspendía con frecuencia su trabajo para permanecer inmóvil, encorvado el dorso, caídos los brazos, cerrados los ojos.

—¡Pero mujer,—exclamó Fabia,—anímate un poco, que da lástima verte con ese aire de cordero achuchao!...

Albina volvió la cabeza y dijo:

—Y a mí me hace sufrir verte siempre alegre, siempre contenta, siempre cantando, indiferente y despreocupada como los pájaros!

—¿Querés que me ponga a llorar porque no tengo ninguna pena?...

—¡Nunca faltan dolores que hagan sufrir!...

—Ya sé. Yo sufro cuando me pincho con l'auja o me clavo una espina en un pie o tengo retorcijones de tripas; pero eso no es como p'andar tuito el tiempo llorando y con cara de viernes santo.

—¡Es que a mí a cada momento me pinchan las aújas y se me clavan espinas!...

—¡Porque siempre andas con el corazón descalzo!—respondió riendo Fabia.

La risa de la chica resonó sonora en la soledad del arroyuelo y sorprendió a Patrocinio que pescaba plácidamente quince varas más abajo, separado y oculto de las mozas por un mechón de las largas y ásperas barbas del estero.

, No pudo contenerse; arrolló la línea, recogió la pesca y se encaminó al lavadero, donde se presentó de improviso, saludando con un:

—Güeñas tardes, linduras...


Leer / Descargar texto

Dominio público
2 págs. / 3 minutos / 38 visitas.

Publicado el 7 de septiembre de 2022 por Edu Robsy.

Flora

Juan José Morosoli


Cuento


Cuando la familia se fue a la capital dejó la casa puesta. Las señoritas —sesentonas, solteronas, amigas de bordados, iglesias y cementerios— no se resignaban a dejar solos los viejos salones. Sin sus cuadros, su confidente rodeado de un coro de butacas enfundadas y sus viejas cómodas, llenas de ricos vestidos que un día vistieron los abuelos y los padres. Tampoco querían que transformaran el viejo patio colonial, siempre perfumado del olor consolador del cedrón y la menta.

Fue cuando le encargaron a Flora, una "muchacha" de treinta años, criada por la familia, que no quiso seguirlas, el cuidado de la casa y el panteón.

—Reparas la casa, cuidas las flores, limpias el panteón.

Y eso es lo que hace Flora.


* * *


Desde la ciudad llegaban noticias de las mujeres. Cada vez más lejanas. Primero escribían las señoritas, preguntando cosas del pueblo, nombrando vecinos... Después las cartas fueron breves, con órdenes a cumplir.

Luego dejaron de escribir. Lo hacían por ellas las sobrinas. Cada vez con menos órdenes.

Un día vinieron a sepultar a Ángela, la mayor de las señoritas.

Flora lo supo cuando ya el cuerpo estaba al borde del panteón. Artemia, la hermana sobreviviente, no vino.

—La pobre ya no está para viajes ni entierros... Del sillón a la cama... Le queda poca vida...

Le dijeron eso a Flora y partieron.


* * *


En el invierno espaciaba las visitas al cementerio. No había flores y no quería ir con las manos vacías. Alguna vez llevaba sendos ramos de cedrón.

Le parecía el de esta planta, un perfume de enfermedad pues le había entrado al espíritu siendo niña, cuando la finada Manuela se estaba alejando de la vida y llenaba la pieza con ramos de la planta.

—Es un olor consolador que me entra al corazón —decía.


Leer / Descargar texto

Dominio público
3 págs. / 5 minutos / 33 visitas.

Publicado el 10 de junio de 2025 por Edu Robsy.

Florecilla

Ramón María Tenreiro


Cuento


“La provincia delta Marca d’ Ancona fu anticamente, a modo che ’l cielo di stelle, adornata di santi ed esemlari frati; i quali, a modo che luminari di cielo, hanno alluminato e adornato 1’ Ordine di santo Francesco e il mondo con esempli e con dot trina.”

—Fioretti di San Francesco.


¡Oh tú, Marca de Ancona, dichosa tierra entre la montaña y el mar, luce tu fama de santidad, como el cielo de estrellas! Cuando en Asís se encendió en pecho humano aquella hoguera de caridad divina que se llamó Francisco, a cuya palabra prendía el fuego de amor en los corazones, como en maduras mieses por agosto, fuiste tú, Marca de Ancona, la tierra que más se abrasó en aquel incendio, la que más apóstoles trajo para la santidad nueva y la que dió más enamorados amadores a la Virgen Pobreza. En tu ribera, se congregaron los peces de tu mar y de tus ríos, al mandato de la voz del hermano Antonio, y a su modo, reverentes, adoraron al Creador. Al pie de los pinos de tus selvas, y entre las quiebras de tus peñascales, hubo franciscanas colmenas, de donde manaba, gota a gota, la miel de la plegaria. ¡Cuántas veces, alguno de aquellos santos ermitaños, arrebatado de un éxtasis, fué suspendido corporalmente en los aires a más de cinco brazas del suelo! ¡Cuántas, los pájaros del bosque venían a posarse domésticamente sobre los hombros y el pecho de los enajenados penitentes, cantando cánticos de mucha maravilla! ¡Cuántas, en fin, los ángeles del Señor, pisaron tus breñales, por templar, con la dulzura de su presencia, la mortificación huraña de los solitarios! ¡Oh, tú, Marca de Ancona, dichosa tierra, luce tu fama de santidad, como el cielo de estrellas!

De la vida de uno de aquellos insignes varones de virtud y fortaleza arranqué yo esta tierna florecilla. Ojalá no pierda su fragancia al ser tratada entre mis manos indignas.


Leer / Descargar texto

Dominio público
4 págs. / 7 minutos / 22 visitas.

Publicado el 1 de noviembre de 2023 por Edu Robsy.

Flores de Durazno

Leopoldo Lugones


Cuento


Junto al rancho medio arruinado, hay tres durazneros de avanzada edad, que tiritan de frío al vientecillo de la tarde, porque la escarcha los ha dejado completamente desnudos. El campo, amarillento en la extenuación de sus hierbas marchitas; la casa color de tierra, bastante ladeada, como un animal que cojea; los árboles deshojados, cuyos varillajes recuerdan vagamente destrozados miriñaques del tiempo ido: la inmensidad del horizonte, del cielo claro, bajo el cual se fatiga el silencio, sugieren indefinibles tristezas. El calor prematuro de los últimos días no ha podido conmover la austera taciturnidad de los campos, que continúan pensando en la muerte. Y como apenas una cosa se pone triste, adquiere algo de humano, aquel paisaje cobra aspecto de viudez y los bueyes flacos que por él cruzan, tienen paso de personas. Una carreta ha puesto el colmo a esa melancolía de la triste campaña. Cruzó, rechinando nostalgias, dando barquinazos: parecía reumática. Rudamente, quejábase la madera, achacaba torturas á la azuela indocta. Entre los rayos de las ruedas enormes había pedazos de cielo. Y cuando el vehículo pasó, sus anchos surcos dejaron en la llanura una interminable paralela, que semejaba la persecución infinita de un pensamiento geométrico. Aquello está decididamente melancólico. Lleva mal cariz la meditación de las cosas. Por el lejano camino, el polvo reseco se arremolina con bruscos giros, baila la tromba en pequeño, furioso, mas deshecho, a poco andar, en la aburrida laxitud del ambiente. Pero, ¿no hay algo que se mueve bajo los árboles desnudos, allí, cerca del rancho, al amor de la perezosa resolana? Diríase que son la muchacha dueña de casa y un mozo, que de seguro no pertenece a ésta. Tomados están de las manos, y parece que respetan el vasto silencio de las campiñas, pues no hablan. No hablan, porque tienen los labios ocupados en una deliciosa ocupación. Usted, señorita, creerá que se están besando.


Leer / Descargar texto

Dominio público
1 pág. / 2 minutos / 182 visitas.

Publicado el 22 de noviembre de 2021 por Edu Robsy.

Floresta Varia de Añagazas, Industrias y Trápalas

Arturo Robsy


Cuento


—De cómo roban dineros honradas gentes sin conciencia.

—De cómo los despojados imaginan que ésta es la justicia en el valor fácil de las estampas.

—De cómo aún es mayor el dolor de ser víctima que aquel que se sigue del dinero perdido.

—De cómo hombres y mujeres de nuestras tierras sufren estas cosas en silencio.


(Confidencia de amigos)


Primer caso. De tocamientos, magnetófonos y etcéteras

Tenía un magnetófono aquel muchacho. Un Sanyo, según su denominación comercial. Un valiente aparato con más de seis años de antigüedad que siempre funcionó a las mil maravillas... Siempre es un decir, porque las cosas fueron solo bien hasta que se compró un transformador, para que el cacharrito no acabara con tanta y tanta batería.

Funcionó con él quince minutos exactos y, en consecuencia, mi muchacho fue a cambiarlo al comercio, comercio, además, donde se compró el magnetófono. Con el nuevo transformador estuvo en marcha otro cuarto de hora. ¡Bien! Algo se había conseguido: el error estaba en el Sanyo y no en otra parte.

Hete aquí que el muuchacho vuelve al comercio y explica a una niña muy mona el asunto. Se enchufa el magnetófono y, al cuarto de hora, ¡cras!, la aguja que marca la batería cae y las canciones suenan como barritar de elefante en celo.

Sí, sí; de acuerdo. Cosa fácil... Vuelva usted dentro de un par de semanas. Por entonces habremos curado su cacharrito. Y él, hombre desconfiado, regresa al cabo de veinte días para dar más tiempo. Le entregan su aparato muy bien envuelto en papel de colores y le cobran ciento y pico de sus mejores pesetas.


Leer / Descargar texto

Licencia limitada
6 págs. / 10 minutos / 59 visitas.

Publicado el 11 de octubre de 2020 por Edu Robsy.

Floresta Varia de Añagazas, Industrias y Trápalas (II)

Arturo Robsy


Cuento


—De cómo las experiencias dan de todo menos experiencia.

—De cómo unos quieren vivir en paz y otros no les dejan.

—De como cuanto más se mira menos se ve la solución, e inútilmente se indignan los buenos hombres y las mujeres buenas.

—De cómo, después de todo, Dios premiará a los buenos y castigará a los malos pero, desgraciadamente, demasiado tarde.


(Nuevas confidencias)


Primer caro. De casas con truco.

Don Juan tiene un solar grande y desea hacerse una buena casa. Y he aquí que acude a Rafael (el mismo Rafael de otras veces), que le dice que de allí le saldrá un palacio más que una casa y, naturalmente, la cabeza de don Juan se llena de alegres perspectivas.

Llega el aparejador y toma las medidas. Después, habla con don Juan y deciden como quiere la casa y con cuántas habitaciones. A su debido tiempo los planos están listos: no son —desde luego— los que corresponderían a un palacio, pero puede pasar, salvo...

—¿Por qué es tan grande el patio? —pregunta Don Juan.

El aparejador (porque el arquitecto no ha aparecido a causa del trabajo) explica que hubo un error en la interpretación de las medidas (no explica de quién, pero don Juan lo sospecha) y que se les perdió un metro.

—Pero no merece la pena cambiarlo todo por un metro —dice—. Así queda muy bien y el patio, al ser mayo, tendrá más sol.

Don Juan no tiene ganas de enfadarse. Y, además, ¿qué importa un metro? Los futuros inquilinos saldrán ganando y los niños lo agradecerán, ¿o no?

Los planos caen en las manos de Rafael que, según su costumbre, pone a tres de sus peones en la obra y se marcha sabe-Dios-hacia-donde; en todo caso a un lugar desde el que no se pueda vigilar la construcción.


Leer / Descargar texto

Licencia limitada
6 págs. / 11 minutos / 53 visitas.

Publicado el 16 de octubre de 2020 por Edu Robsy.

Fomá Berénnikov

Aleksandr Afanásiev


Cuento infantil


Érase una anciana que vivía con su hijo Fomá Berénnikov. Un día el hijo se fue a labrar al campo; su caballo era un rocín flaco y débil, y el pobre Fomá, desesperando de hacerle trabajar, se sentó en una piedra.

Las moscas zumbaban volando sobre un montón de basura, y Fomá, cogiendo una rama seca, les pegó y se puso a contar cuántas había matado. Contó hasta quinientas, y aun había muchas más, que no pudo contar porque se cansó. Luego acercose a su rocín y vio hasta una docena de tábanos que lo picaban; los mató también, y volviendo a su casa pidió a su madre la bendición, diciéndole:

—He matado tal cantidad de enemigos, que ni siquiera se pueden contar, y entre ellos había doce guerreros valientes; déjame, madre mía, ir a realizar hazañas dignas de un hombre valeroso, pues no conviene a un hombre como yo seguir labrando la tierra: quédese eso para un campesino y no para un héroe.

La madre le dio la bendición y lo dejó ir a realizar sus valerosas proezas.

Fomá Berénnikov se colgó sobre los hombros una alforja, se sujetó a la faja una vieja hoz y se dirigió por un camino desconocido hasta llegar a un sitio donde estaba clavado un poste en el suelo.

Buscó en sus bolsillos, sacó un pedazo de yeso y escribió en el poste:

«Pasó por aquí el valiente Fomá Berénnikov, que de un golpe mató una multitud de enemigos, y entre ellos doce guerreros valerosos.»

Una vez escrito esto, siguió su camino. Poco rato después pasó por el mismo sitio Ilia Murometz; se acercó al poste, leyó la inscripción y dijo:

—¡Cómo se echa de ver en este letrero la naturaleza y el carácter de un hombre valeroso! ¡No gasta ni oro ni plata; sólo usa yeso!

Y escribió en el poste con un pedazo de plata:

«Tras Fomá Berénnikov pasó por aquí el valiente Ilia Murometz.»

Siguió por el camino, y alcanzando a Fomá Berénnikov, le preguntó respetuosamente:


Leer / Descargar texto


4 págs. / 7 minutos / 93 visitas.

Publicado el 15 de agosto de 2016 por Edu Robsy.

Fonógrafo Perfeccionado

Alejandro Larrubiera


Cuento


I

La mayoría de los amigos de D. Ruperto, al saber la fausta nueva de su enlace, hicieron muy sabrosos comentarios, porque á los cincuenta y pico de años, es loco el empeño de acometer tan arriesgada empresa, mucho más si la novia, como en el caso presente ocurría, contaba menos primaveras que reales un duro.

Y con maleante intención murmuraban los amigos:

—¡Incauto manchego! ¡En que lances se aventura!...

A ésta, como á otras más exageradas muestras caritativas, hacia D. Ruperto oídos de mercader, y si alguno de sus íntimos, machacón y suspicaz, le enumeraba las aprensiones que el casorio le producía, encogíase bonitamente de hombros, sonreía desdeñoso y, engallándose, replicaba en son de ciudadano que sabe ver más allá de sus narices:

—¡Hombre! Ya se yo lo que me hago. ¿Crees que si no estuviera bien convencido de que nada malo ha de ocurrirme me metería así como así en la boca del lobo?... ¡Quiá! Estoy á cubierto de cualquiera catástrofe que pudiera sobrevenirme...Tengo el orgullo de proclamarme, urbis et orbe, el único marido que sabrá sorprender el pensamiento de su mujer sin que ella lo advierta... No, no he hecho pacto con ningún espíritu infernal; he arrancado á la ciencia uno de sus más peregrinos secretos, que no en balde pasé la vida estudiándola, y aunque esto no fuera así, mi futura es una muchacha de conducta irreprochable, y si se casa conmigo no es por un interés grosero, sino por un cariño apacible, puro, fraternal.

Si á D. Ruperto se le estrechaba para que indicase la índole de su invento, excusaba el deseo, exclamando con acento de orgullosa satisfacción:

—¡Ese es mi gran secreto!


Leer / Descargar texto

Dominio público
3 págs. / 6 minutos / 58 visitas.

Publicado el 19 de septiembre de 2022 por Edu Robsy.

Formación Integral del Educador de la Primera Infancia

Mirtha García Pérez


#educaciónparatodos


Título: Formación Integral del Educador de la Primera InfanciaAutora: Mirtha García Pérez Capítulo 1: La Importancia de una Sólida Formación en la Educación Infantil
En este capítulo se explorará la necesidad de una formación adecuada para los educadores que trabajan con niños en sus primeros años de vida. Se discutirán los siguientes puntos:
1. Desarrollo Integral del Niño: Cómo una sólida formación permite al educador comprender las diversas dimensiones del desarrollo infantil, incluyendo el cognitivo, emocional, social y físico.
2. Teorías del Aprendizaje: Importancia de conocer las principales teorías del desarrollo y aprendizaje (como las de Piaget, Vygotsky y Montessori) para aplicar metodologías adecuadas.
3. Prácticas Pedagógicas Efectivas: La relación entre una buena formación y la capacidad del educador para implementar prácticas pedagógicas que fomenten un ambiente de aprendizaje positivo.
4. Adaptación a Diversos Contextos: La necesidad de que los educadores estén preparados para trabajar en contextos diversos y atender a las necesidades individuales de cada niño.
5. Formación Continua: La relevancia de la actualización constante en el campo educativo, dado el avance en investigaciones sobre desarrollo infantil y nuevas estrategias pedagógicas.
La educación infantil es un campo crucial en el desarrollo humano, donde se sientan las bases para aprendizajes futuros y se fomenta el crecimiento integral del niño. Por ello, la formación de los educadores que trabajan con los más pequeños es fundamental. Este capítulo explora la necesidad de una sólida formación en diferentes dimensiones que permiten a los educadores desempeñar su labor de manera efectiva y significativa.   1.


Leer / Descargar texto

Dominio público
5 págs. / 9 minutos / 29 visitas.

Publicado el 25 de diciembre de 2024 por Mirtha García Pérez .

261262263264265