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Cuentecitos Sin Importancia

Silverio Lanza


Cuentos, colección


Dedicatoria

Al Señor Don Fernando Castelo


Mi novelita Mala cuna y mala fosa está dedicada á un muerto.

Porque yo ni de los muertos me olvido.

Ahora bien; como me reservo el placer de no verle á usted morir, se hace preciso que le recuerde á usted en vida.

Así como el más leve indicio de una función basta para denunciar la vida en un organismo, así, creo yo, bastará este insignificante tomo para consignar nuestra amistad tan sincera y tan desinteresada.

Sea conforme lo deseo.


Silverio Lanza

Prólogos

De la primera edición


¡Cuánto trabajo he perdido en coleccionar los cuentos de Silverio Lanza! ¿Y para qué?...

Luchando heróicamente con mi pobreza he logrado de ella algunas pesetas con que publicar este tomo.

¡Quizá no publique otro!

Por eso he reunido en él cuentos de casi todas las colecciones; no los mejores ni los más malos (que yo no sé distinguir en estas cosas), sino aquellos que, á mi juicio, sintetizan mejor el carácter de cada colección.

Sentiré haberme equivocado.


El editor
J. B. A.

De su segunda edición

Mi amigo D. Pepe quiere casar á sus hijas Anita y Lucrecia. Anita es vieja y fea, y Lucrecia hermosa y joven.

El problema es casar á Anita antes que á Lucrecia.

—Presento á V. mi hija Lucrecia y mi hija Anita que es la segunda.

—Pero... ¿por qué es la segunda?

—Porque la he presentado después.


El editor
J. B. A.

De la tercera edición

Al público.—Muchísimas gracias.


El editor
J. B. A.

P. P. y W.

De la colección «Cuentos del delirio»


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Dominio público
121 págs. / 3 horas, 33 minutos / 197 visitas.

Publicado el 15 de enero de 2022 por Edu Robsy.

Cuento

Horacio Quiroga


Cuento


Recaredo volvió la cabeza e hizo girar suavemente la guía de su máquina. El carruaje que estuvo a punto de atropellarle, un elegante cupé, pasó a escape entre un raro ruido de cadenas que el desorden del precipitado galope hacía más timpánico.

Una nube de polvo, sobre la boca abierta de los espectadores, ahogó la carrera.

Dejó la bicicleta; paseó, miró; el sol de un atardecer de verano, ya en el horizonte, incendiaba las lejanías inacabables, llenaba de oro las pulverizaciones del macadam, flotaba en los átomos, bajo un venturoso cielo de rosa en que iba a abismarse la difusión amarillenta de los soles decrépitos. Los surtidores de agua se elevaban sin inclinarse, las melodías se hacían oscuras, los bambúes del invernáculo recostaban sin espera en los cristales, como en un pecho para el cual hace tiempo somos indiferentes, su desmesurada delgadez. Y en las ya silenciosas avenidas la extenuación se hacía metódica, sobre un perfume que tarda siglos en aspirarse, sobre un tono que no puede sostenerse por más tiempo, sobre una mano —a la hora en que se conoce de lejos a las mujeres enfermas— en su dolorosa ineptitud.

Adolescencia cruel, idealidades fácilmente disyuntivas, Recaredo huyó muy pronto de las universidades, destrozó muchos ídolos, fue lleno de similitud con las ideas raras. En pos de cada crisis, no obstante, mucho de lo muerto iba con él, marchaba con los fragmentos de su ídolo debajo del brazo, avanzaba herido y lleno de dolor, como esos pobres mutilados que para caminar tienen que apoyarse a guisa de bastón, en el miembro tronchado. Recorrió los hospitales y en cada camilla se detuvo con desconfianza, mirando bien en los ojos a los poetas que estaban malditos. Pero en la escasa luz de la sala, el cerebro perturbado por un advenimiento excesivamente radical, bajo la influencia de un fonógrafo distante en que una manipulación bien amistosa lograba dar a las voces igual intensidad, no pudo apreciar las miradas.


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Dominio público
7 págs. / 12 minutos / 27 visitas.

Publicado el 10 de enero de 2026 por Edu Robsy.

Cuento de Abril

Ramón María del Valle-Inclán


Cuento


Queremos, lector, que sepas, que nos tienen hartos y aburridos los rígidos moralistas que pululan ahora por donde quiera.

Aunque no nos jactamos de virtuosos, respetamos la virtud; pero no la creemos tan vocinglera y tan espantadiza como la de estos censores de la India. Si hubiéramos de escribir a gusto de algunos; si hubiéramos de tomar su rigidez por valedera y no fingida, y si hubiéramos de ajustar a ella nuestros escritos, tal vez ni las Agonías del tránsito de la muerte de Venegas, ni Los gritos del infierno, del padre Boneta, serían edificantes modelos que imitar.

Por desgracia, esa rigidez es sólo aparente. Esa rigidez no tiene otro resultado que la de exaltar los ánimos, haciéndoles dudar y burlarse, aunque sólo sea en sueños, de la hipocresía farisaica que ahora se usa.

Véase, si no, el sueño que ha tenido un amigo nuestro, y que trasladamos aquí íntegro, cuando no para recreo, para instrucción de los lectores.

Nuestro amigo soñó lo que sigue:


«Más de 2600 años ha que era yo en Susa un sátrapa muy querido del gran rey Arteo, y el más rígido, grave y moral de todos los sátrapas. El santo varón Parsondes había sido mi maestro, y me había comunicado todo lo comunicable de la ciencia y de la virtud del primer Zoroastro.


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Dominio público
6 págs. / 11 minutos / 155 visitas.

Publicado el 23 de octubre de 2021 por Edu Robsy.

Cuento de Amor

Arturo Robsy


Cuento


La palabra cuento se emplea muchas veces, quizá demasiadas, en el sentido de patraña: esto constituiría un notable insulto si no fuera por la circunstancia especial de que, en ocasiones, todavía significa algo peor: aburrimiento.

Y quien dude de esta afirmación puede (sin compromiso alguno) ir a preguntar a don Armando su historia que, en suma, es demasiado vulgar incluso para ser falsa. La carrera de este hombre comenzó cuando todos le llamaban Armandín y él todavía tenía la deplorable costumbre de ensuciar las sábanas de su cunita; y, luego, con intervalos de tiempo, fue Armandito, Armando a secas, y don Armando, esto último cuando su responsabilidad y autosuficiencia económica quedaron suficientemente demostradas entre sus vecinos.

Naturalmente, para ganarse ese don Armando sonoro y definitivo tuvo, también, que formar un hogar, es decir, casarse y ser un padre de familia, pues es bien sabido que los padres de familia, aparte de votar, pierden esa afición por la jarana que caracteriza a la juventud. Así que don Armando se casó con Asunción como pudo haberlo hecho con María José o con Paquita, aunque este detalle carece de real importancia.

Previamente —eso sí— Armando y Asunción sostuvieron un noviazgo que pretendió ser "la prueba de sus sentimientos", por más que no había sentimiento alguno que probar. Sin embargo aprovecharon su tiempo para hacer un verdadero Cuento de Amor que es, ni más ni menos, aquello que viene a recordarse con nostalgia cuando el hijo mayor termina su bachillerato o la hija sale con el "primer amor".


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Licencia limitada
4 págs. / 8 minutos / 80 visitas.

Publicado el 12 de julio de 2021 por Edu Robsy.

Cuento de guerra

Xosé Ramón Barreiro Fernández


Cuento, Francesada, Galicia


Traducción por Fernando Guzmán 2025


Alrededor de la chimenea del viejo pazo de San Fiz, junto al fuego, en las noches de invierno, mi abuelo Xohan Ramón nos contaba cuentos de luchas, cuentos de guerras, recuerdos de la francesada, que el tío Lourenzo —que había sido cadete de los Reales Ejércitos en sus tiempos jóvenes y luego había comandado una Alarma— le había contado a él, cuando él era como nosotros, en el mismo sitio, alrededor de aquel hogar que era, por la tradición de la casa, el altar donde nos moldeaban el corazón a los de mi casta.
Hoy, en el pazo de San Fiz, ya no arde el fuego en la chimenea ni queda de él más que mis recuerdos. No queda piedra sobre piedra. El desamor de unos y la ruindad de otros deshicieron el pazo y, con el pazo, el hogar.
Uno de aquellos cuentos era de los tiempos de la francesada. Los ejércitos ingleses se retiraban para embarcar a través de La Coruña. Era una retirada trágica... de muerte.
Nuestras Alarmas les ayudaban a salvarse.
El del tío Lourenzo salió para proteger las últimas fuerzas, donde venían los enfermos y los heridos.
En un instante, el ejército gabacho llegó cerca de ellos. Allí no quedaban ya, para luchar, más que unos cuantos hombres de nuestra Alambra; entonces, a la prisa, de cualquier manera, subieron a los heridos a un castro que de allí a poco estaba. Entre aquellos héroes hubo uno que no pudo llegar. La muerte le tenía ya clavadas sus garras: era un alférez galés que moría de dolor y de saudade.
El tío Lourenzo se quedó a su lado; no podía dejar abandonado a aquel hombre que era un hermano de lucha y de cultura, que había venido a ayudarnos y moría por nosotros.
El abuelo Xohan Ramón, cuando nos decía que la Saudade lo era todo para nuestra gente, nos contaba siempre este cuento...
...


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Creative Commons
3 págs. / 5 minutos / 44 visitas.

Publicado el 11 de enero de 2026 por Fernando Guzmán.

Cuento de Italia

Rufino Blanco Fombona


Cuento


I

Lucio, el zapatero de viejo, es un joven. Sus primaveras brillan al sol de la tarde. La luz entra en el tabuco, besa el lomo de un angora, perezoso como un viejo poeta, y en la frente á la madre de Lucio, suerte de Margarita anciana, vejezuela adorable, de blancura risueña y sonrisa de amor.

La viejecita hace calceta; el gato sueña un poema de ratones, mientras recibe un baño de sol; Lucio trabaja, junto á la puerta, encapotado el ceño y en la boca un gesto de amargura. De hito en hito, echa ojeadas fuera, á la calle.

Discurren gentes, á las cuales ve el zapatero sin mirarlas. Una mujer, flor de la plebe, gentil de persona, muy maja, cruza rozando su faldellín, de exprofeso, con el quicio de Lucio; y lanza adentro una mirada, insolente como una provocación. El zapatero fulmina su martillo sobre la suela. Al golpe violento la viejecita, asustada, lo reprocha:

—Caramba, Lucio.

Pero nada advierte la anciana. Desde su mullido sitial del fondo, y el pensamiento muy distante, no mira qué pasa en la calle, á su puerta.

La mujer de mirada atrevida como una provocación, repasa. Lucio finge no verla; y asume un aire distraído. La provocadora cruza una vez más; ésta con un hombre. A la mirada y sonrisa de la hembra, el zapatero responde cantando:


La donna è mobile
qual piuma al vento....
 

La vejezuela escucha, regocijada, á su hijo. Del corazón de la anciana, como de un nido, salen volando recuerdos. Y no penetra la blanca viejecita cuánto es dolorosa la figura de aquel joven, la pena en el alma, y en los labios una canción fingida.


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Dominio público
6 págs. / 11 minutos / 81 visitas.

Publicado el 30 de octubre de 2020 por Edu Robsy.

Cuento de Marionetes

Clemente Palma


Cuento


A una amiga

I

Momo, Arlequín y Pulcinella, grandes chambelanes de S.M. Pierrot IV, hacían inauditos esfuerzos para distraer la inmensa e inexplicable tristeza del rey.

—¿Qué tiene su majestad? —era la pregunta que, llenos de estupor, se hacían unos a otros los cortesanos. Fue en vano que las sotas de oros, de copas, de espadas y de bastos, ministros del rey, intentaran mil diversiones para disipar su misteriosa congoja: el gorro de Pierrot ya no se agitaba alegremente haciendo sonar los cascabeles de oro. Ni Colombina cuando saltaba en su jaca blanca, a través del aro de papel, lograba conmover la apatía del pobre monarca.

—No hay duda de que el rey está enamorado… ¿pero de quién? —se preguntaban los palaciegos.

Pierrot subía todas las noches a la terraza y pasaba allí largas horas contemplando el cielo y sumido en incomprensible éxtasis. Pasada la medianoche iba a su alcoba a acostarse; en el vestíbulo encontraba a Colombina, quien le aguardaba con la esperanza de que Pierrot la arrojara el pañuelo al pasar. El rey parecía ignorar hasta el uso de esta prenda, y cruzaba ante la hermosa con la mayor indiferencia. Toda la noche se la pasaba Colombina llorando como una loca, y al día siguiente formaba un escándalo en palacio, azotaba a sus perros sabios, abofeteaba los pajes, consultaba la buenaventura los gitanos, hablaba de incendiar el palacio y comerse una caja de cerillas, se desmayaba cada cinco minutos, y concluía por encerrarse en sus habitaciones, en donde se emborrachaba con champaña y kirschenwasser.


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Dominio público
6 págs. / 11 minutos / 178 visitas.

Publicado el 14 de diciembre de 2020 por Edu Robsy.

Cuento de Mentiras

Emilia Pardo Bazán


Cuento


Había una vez cierto país venturoso, cuyos destinos regía un Gobierno consagrado exclusivamente al bien común, sin que entre los siete ministros que lo componían existiera uno solo a quien se pudiese acusar de negligencia, torpeza o mala fe en el desempeño de su cometido. ¿Decís que es imposible?… Alzad los ojos, releed el título de este cuento… y esperad; ya parecerá la moraleja.

Era tal la prosperidad del susodicho país; con tanto vigor florecían y se desarrollaban en él ciencias, artes, letras, agricultura, industria… —(Y aceitera, aceitera… como dicen los chicos)— que la nación vecina —donde por el contrario todo andaba manga por hombro y los gobernantes parecían jauría de canes que destrozan a dentelladas una presa, a ver cuál se lleva mayor piltrafa— se reconcomía de envidia y ardía en curiosidad deseando saber en qué consistía el intríngulis de la dicha de la otra nación, a la cual llamaremos Elisia, por distinguirla de su vecina y rival, que se nombraba Erebia.


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Dominio público
2 págs. / 3 minutos / 143 visitas.

Publicado el 12 de febrero de 2021 por Edu Robsy.

Cuento de Navidad

Emilia Pardo Bazán


Cuento


Érase un niño enfermizo. Su madre, opulentísima señora, andaba loca con el afán de darle salud, y el médico, fijándose en la índole del padecimiento del niño, decía que, principalmente, dimanaba de una especie de atonía o insensibilidad, efecto de que su sistema nervioso se encontraba como amodorrado o dormido, y no comunicaba al organismo las reacciones vitales y al espíritu la fuerza necesaria. Es decir, que Fernandito, que así le llamaba vivía a medias, como vegetando, lo cual es sobrado para una planta, pero insuficiente para un hombre.

Trataba la madre de despertar por todos los medios la sensibilidad, la imaginación y la vida psíquica de su hijo, sin lograrlo. Le paseaba, le adivinaba los gustos, le traía juguetes y golosinas, y el chico tomaba los juguetes un momento y luego los dejaba caer, con indiferencia, a los pies del sillón en que permanecía lánguidamente sentado meses y meses. Las golosinas, las probaba apenas; con alguna, sin embargo, se encaprichaba, y era un arma de doble filo, porque le alteraba el estómago, y como el ejercicio y el movimiento no contrastaban los efectos de la glotonería infantil, las indigestiones ponían su vida en peligro.


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4 págs. / 8 minutos / 227 visitas.

Publicado el 28 de noviembre de 2016 por Edu Robsy.

Cuento de Navidad

Ángel de Estrada


Cuento


Si se pregunta:—¿hay aquí penas?—de fijo que, echando los ojos sobre la muchedumbre, se responde:—ninguna. Aquello se antoja un jubileo de la felicidad, en que las almas y los rostros tienen su parte.

Las bombas arrojan pálida luz eléctrica, formando los anillos fantásticos de una serpiente blanca.

La ola mayor de gente brujulea ante las vidrieras recién puestas, y se estrujan hombres y mujeres, abriendo la boca con seriedad, ó riendo con la buena risa de los despreocupados.

La noche no ha podido templar el calor del día, y los sombreros, refugiándose en las manos, dejan al aire cráneos con el pelo al rape, y jopos y melenas y calvas relumbrosas.

Frente á lo de Burgos luchan por no ser disueltos varios círculos de oradores. Un órgano piano lanza en giros elegantes las cascadas de su notas alegres. La animación acrece; brillan más los grandes avisos con sus letras de luces en los arcos; y todos llevan adentro, miran en el aire, sienten en la música, algo intangible, inexpresable, que murmura felicidad, dice olvido, se envuelve en una esperanza, y es.... ¿quién lo sabe? Se acerca la Noche Buena.


* * *


En un grupo de frescas muchachas, camina Marta, alegre, con su vestido nuevo. Lleva á Mimí, al charlatán Mimí, de la mano, y nadie imagina las penas y ternuras que unen sus dos manos enlazadas.

Mimí se olvida de su dolencia, deslumbrado y absorto; todo es lindo en verdad, pero nada tan lindo como aquello.

Dos grandes jarrones de ónix lucen caprichosas flores de invernáculo, envueltos en reflejos azules y de tornasol apagado.


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Dominio público
4 págs. / 7 minutos / 107 visitas.

Publicado el 26 de octubre de 2020 por Edu Robsy.

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