Pride and Prejudice:“La atención educativa a la diversidad”
Joan Carlos Vinent
ensayo
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Publicado el 8 de mayo de 2016 por Juan Carlos Vinent Mercadal.
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Publicado el 8 de mayo de 2016 por Juan Carlos Vinent Mercadal.
Por los tiempos en que acontecian los sucesos que vamos á referir, esto es: por los años de 1240 de la era cristiana, y 637 de la Hegira, el monte en que se levanta la Alhambra, tenia un aspecto enteramente distinto del que hoy tiene.
No se veian las esbeltas torres orladas de puntiagudas almenas, con sus estrechas saeteras y sus bellos ajimeces calados; ni los robustos muros que enlazan estas torres; ni las cúpulas destellando bajo los rayos del sol los cambiantes de sus tejas de colores; ni la torre de la Vela con su campana pendiente de un arco, ni el palacio del Emperador, ni el bellísimo Mirador de la Sultana, ni mucho menos la modesta torre de la iglesia de Santa María: ni siguiendo la ladera del monte de la Silla del moro, el verde y florido Generalife con sus galerías aéreas, y su altísimo ciprés de la Sultana, ni más allá, sobre el Cerro del sol, el famoso y resplandeciente palacio de los Alijares.
Nada de esto existia aun: solo se veía una colina áspera, pedregosa, de color rogizo, cubierta de retamas y espinos; en el estremo occidental, de esta colina se alzaba únicamente una vieja torre, especie de atalaya de origen y antigüedad dudosos; pero que conservaba algunos vestigios de haber andado en su construccion los fenicios; y en la parte media de la colina, en la direccion de Este á Sur, las ruinas de un templo romano consagrado á Diana.
Esta colina se llamaba la Colina Roja.
A escepcion de las ruinas del templo y de la atalaya, ninguna otra habitacion humana se veía en ella, y en cuanto á los montes que mas adelante se llamaron la Silla del moro y el Cerro del sol, estaban completamente abandonados á los lagartos y á los grillos.
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Publicado el 14 de mayo de 2016 por Edu Robsy.
En una tarde de Mayo de uno de los primeros años del siglo XIV, volvían de la feria de San Marcos de Cacabelos, tres al parecer criados de alguno de los grandes señores que entonces se repartían el dominio del Bierzo. El uno de ellos, como de cincuenta y seis años de edad, montaba una jaca gallega de estampa poco aventajada, pero que a tiro de ballesta descubría la robustez y resistencia propias para los ejercicios venatorios, y en el puño izquierdo cubierto con su guante llevaba un neblí encaperuzado. Registrando ambas orillas del camino, pero atento a su voz y señales, iba un sabueso de hermosa raza. Este hombre tenía un cuerpo enjuto y flexible, una fisonomía viva y atezada y en todo su porte y movimientos revelaba su ocupación y oficio de montero.
Frisaba el segundo en los treinta y seis años y era el reverso de la medalla, pues a una fisonomía abultada y de poquísima expresión, reunía un cuerpo macizo y pesado, cuyos contornos de suyos poco airosos, comenzaba a borrar la obesidad. El aire de presunción con que manejaba un soberbio potro andaluz en que iba caballero, y la precisión con que le obligaba a todo género de movimientos, le daban a conocer como picador o palafrenero. Y el tercero, por último, que montaba un buen caballo de guerra e iba un poco más lujosamente ataviado, era un mozo de presencia muy agradable, de gran soltura y despejo, de fisonomía un tanto maliciosa y en la flor de sus años. Cualquiera le hubiera señalado sin dudar por escudero o paje de lanza de algún señor principal.
Llevaban los tres conversación muy tirada, y como era natural, hablaban de las cosas de sus respectivos amos elogiándolos a menudo y entreverando las alabanzas con su capa correspondiente de murmuración:
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Publicado el 14 de mayo de 2016 por Edu Robsy.
Nodrizas de nuestros sueños, hilanderas de nuestras vidas, melancólicas hadas que acompañáis nuestros pasos desde la cuna al sepulcro: dadme las ruecas de marfil con que sabeis transfigurar las cosas vulgares, los destinos crueles, los dolores mudos, en gloriosas urdimbres, en doradas hebras de ilusión y de luz.
Discípula vuestra soy: por las rutas sombrías de este valle de lágrimas, absorta en mi noble vocación de poeta, voy recogiendo en el camino todo aquello que la realidad me ofrece, para guardarlo con ternura en mi corazón y tejerlo, después, en mis fantasías.
Nada desprecio por trivial y menudo que sea. En una gota de agua se cifra todo el universo. Abejas hacen la miel; con barro se fabrica el búcaro. Tosca y ruin es, casi siempre, la realidad, como el copo de lino, como el vellón de lana, como el capullo de seda sin hilar; pero esa materia ruda se convierte en estambres luminosos, en delicados fililíes, cuando la imaginación y el arte, que son las hadas benéficas de los hombres, la toman, la retuercen y devanan en sus ruecas invisibles de marfil.
Con más rústico instrumento hilé en este libro unas pobres vidas de mujer, humildes y atormentadas vidas, cuyo obscuro y resignado dolor tuvo en mi corazón ecos muy hondos, ¡Luisa, Ángeles, Irene, Marcela, Talín, bellas y desventuradas criaturas que un día pasasteis junto a mí llorando y sonriendo, bajo la pesadumbre del destino! ¡Pobres vidas fugaces, rosas al viento, naves en el mar!
Acaso, lector, preferirías que te contase historias más felices, invenciones alegres, soleados romances de un dichoso país, donde las flores no se marchitan nunca. Mas ya dije que cuento vidas de mujer...
¿Qué culpa tengo yo si la realidades amarga, si hasta la imaginación, lo mismo que el sentimiento, suelen padecer melancolía?
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Publicado el 14 de mayo de 2016 por Edu Robsy.
En el expreso, con un recelo casi de terror, conocí ayer á estos que habrán de ser mis compañeros de buque: Albert, cónsul; Carlos Victoria, el famoso dramaturgo, y Alejo Hugo Martín, attaché militar en la Argentina.
¡Oh, mi forzosa intimidad con los extraños! ¡Mi débil voluntad, además, para cortarla..., yo que contaba siquiera en esta empresa con la soledad del Océano, y á quien el simple encuentro de un amigo por las calles de Madrid causaba angustia al corazón, temblores y una afonía instantánea y sofocada, como si me echasen una cuerda al cuello!... Por lo pronto, anoche, en el tren, un señor al pie de mi litera; tres al despertar, forzádome á sus charlas... y un hotel ahora, aquí, donde, á más de los nuevos conocidos, me aguardan cuatro periodistas. Son gaditanos, que se han apresurado á saludar al dramaturgo; quieren despedirle de España cenando en Puerta de Tierra, y, con la jovialidad del montilla, se obstinan en que yo les acompañe.
En última consecuencia, debo confesar que no me es completamente insoportable la continua conversación; por primera vez desde hace mucho tiempo, gracias á ella, me ha faltado para ensimismarme en la manía de mis reflexiones dolorosas, y á ratos incluso llego á reír y bromear. Encontraríame satisfecho, ante éstos que no hubieran podido sospechar hallarse departiendo con un enfermo grave, si á última hora no hubiese cedido á la insana cobardía de hablarles de mi enfermedad, de mi neurastenia...
¡Maldita neurastenia!... Les conté todo: que estoy á régimen; que no duermo; que lloro á veces como un niño...; que una extraña piedad me acongoja ante el espectáculo de un mendigo ó de una mujer desamparada...
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Publicado el 14 de mayo de 2016 por Edu Robsy.
Recuerde el alma dormida,
avive el seso y despierte
contemplando
cómo se pasa la vida,
cómo se viene la muerte
tan callando,
cuán presto se va el placer,
cómo, después de acordado,
da dolor;
cómo, a nuestro parecer
cualquiera tiempo pasado
fue mejor.
Pues si vemos lo presente
cómo en un punto se es ido
y acabado,
si juzgamos sabiamente,
daremos lo no venido
por pasado.
No se engañe nadie, no,
pensando que ha de durar
lo que espera,
más que duró lo que vio
porque todo ha de pasar
por tal manera.
Nuestras vidas son los ríos
que van a dar en la mar,
que es el morir;
allí van los señoríos
derechos a se acabar
y consumir;
allí los ríos caudales,
allí los otros medianos
y más chicos,
y llegados, son iguales
los que viven por sus manos
y los ricos.
Dejo las invocaciones
de los famosos poetas
y oradores;
no curo de sus ficciones,
que traen yerbas secretas
sus sabores;
A aquél sólo me encomiendo,
aquél sólo invoco yo
de verdad,
que en este mundo viviendo
el mundo no conoció
su deidad.
Este mundo es el camino
para el otro, que es morada
sin pesar;
mas cumple tener buen tino
para andar esta jornada
sin errar.
Partimos cuando nacemos,
andamos mientras vivimos,
y llegamos
al tiempo que fenecemos;
así que cuando morimos
descansamos.
Este mundo bueno fue
si bien usáramos de él
como debemos,
porque, según nuestra fe,
es para ganar aquél
que atendemos.
Aun aquel hijo de Dios,
para subirnos al cielo
descendió
a nacer acá entre nos,
y a vivir en este suelo
do murió.
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Publicado el 16 de mayo de 2016 por Edu Robsy.
Si hoy canto con placer la grande empresa; si hoy hallo ocasion para cantar al rey Don Jaime el Conquistador, al varon portentoso que siendo terror y escarmiento de los moros, dejó atrás las gloriosas hazañas de Wifredo el Velloso;
Es porque con la toma de Mallorca fué encontrada una maravilla; maravilla que la sabiduría inmensa de Dios y su omnipotente poder, permitió que se descubriese al conquistarse una isla de plata.
Unidad, que te sientas en el lugar mas elevado; para que mi canto sea digno ¿por qué no reunes en mí la ira tremenda, y el esforzado brazo de Abu-Soleyman, y haré que mi pensamiento se dilate del uno al otro confin del mundo?
Pluguiese á Dios que me fuese dado hablar en estilo digno del estruendo de las armas y de la sangre que se vierte en los combates; y que estendiéndome en hondas consideraciones, os pudiese ofrecer una obra que rivalizara con la de los Fastos con que Ovidio dotó al orbe.
Mas ya que no son para mi éstro las mas grandes conquistas del mundo, dignas tan solo del númen de Horacio ó de Bertran de Born y tantos otros poetas insignes; recuerdo en mi canto los hechos siguientes.
I
Inflamado por el deseo de la conquista, sale el rey Don Jaime á
la mar con su armada compuesta de numerosas naves: acompáñanle sus
barones, donceles y prelados, los mejores guerreros de su tiempo, los
cuales secundan con ardor el bienaventurado deseo de su monarca.
II
Flotaba la armada de mil galeras, formando sobre las ondas un
puente de madera, cuando aquel que tiene en el cielo su esplendente
trono, lanzó sobre nuestras riberas y nuestros mares todos los horrores
de los vientos desencadenados, del rayo y de la tempestad.
III
Dominio público
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Publicado el 4 de mayo de 2020 por Edu Robsy.
Un fatídico dictamen, el agujero negro de todo acusado, cada centímetro de huella forrando mis manos, el infierno abrasador que me consumía las vísceras, el monstruoso hecho manchado en una memoria falsa, las lágrimas desbordantes de mi inocencia, nefasta vida encadenada a mis muñecas, un destino que no merecía, tal vez es interminable el sentimiento de la culpabilidad, toda la mierda mancillada en mi predicamento, en mi placa y en la desordenada ira fracturada en el saboteo de mi investigación, la ofuscada evidencia que me convirtió en el asesino, las sospechas, la persecución del verdadero asesino escondido en las sangrientas sombras de la oscuridad, no dejaron terminar mi trabajo. Cómo terminé siendo el culpable, si siempre he sido inocente y fiel a mi juramento, a la justicia, pero fui el lobo que se tragó a la abuela y a la niña de capa roja, y el héroe fue quien desgarró mi vientre salvando a las víctimas, ese héroe fue el maldito lobo que se quedó con todo, con mi vida, mi trabajo, mi reputación, la justicia y las inocentes vidas que murieron por sus propios garfios. Miserable rata que supo librarse de su trampa, y fui yo, quien cayó en la ella. Nadie me dio explicaciones, sólo existía una supuesta evidencia muy clara, donde yo era el asesino, acompañado por un cómplice, rodaron el video, pero, esa evidencia nunca llegó a mí, es una locura. Mis derechos nunca se cumplieron y fui encarcelado.
La cinta policial no dejaban de cruzarse, toda la casa hizo parte del crimen, el calor nauseabundo era el fresco grito de la desesperación y un auxilio que se desmoronó en la sangre y la expresiva mirada de la muerta, nadie más existe, sólo aquel silencio, un par de guantes negros y una pistola con silenciador, y el peor depredador antes de cualquier asesino o demente, la mente sensible de los que padecen.
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Publicado el 3 de mayo de 2020 por SKEIN.
Después de comer subimos á cubierta. Ante nosotros el Mediterráneo, bañado por la luz de la luna, se extendía sin que una sola arruga se dibujase en su superficie. El enorme buque resbalaba lanzando al cielo, lleno de estrellas, una gran serpiente de humo negro, y detrás, el agua blanca, agitada por el paso rápido del pesado navío, batida por la hélice, espumeaba, parecía retorcerse, y agitaba tantas claridades que cualquiera hubiera creído que la luz de la luna estaba en ebullición.
Y allí estábamos seis ú ocho, admirando en silencio la costa de África hacia la cual nos dirigíamos. El comandante, que sentado entre nosotros fumaba un cigarro, reanudó la conversación iniciada durante la comida.
—Sí,—dijo—aquel día tuve miedo. Mi barco permaneció seis horas con esa roca en la barriga y batido por la mar. Afortunadamente, al llegar la noche nos recogió un barco carbonero inglés.
Entonces, un hombre muy alto, de tostado rostro y grave aspecto, uno de esos hombres que se adivina han cruzado grandes países desconocidos en medio de incesantes peligros y cuya tranquila mirada parece conservar en sus profundidades algo de los extraños paisajes vistos, uno de esos hombres que parecen templados en el valor, habló por vez primera.
—Usted dice, comandante, que tuvo miedo, y yo no lo creo. Usted se engaña con respecto á la palabra y con respecto á la sensación que experimentó. Un hombre enérgico no siente nunca miedo ante un peligro inmediato. Se siente emocionado, agitado, ansioso; pero el miedo es cosa muy distinta.
El comandante replicó riendo:
—¡Diablo! Yo le aseguro que tuve miedo y mucho miedo.
Entonces el hombre de bronceada tez, repuso con voz lenta:
Dominio público
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Publicado el 19 de mayo de 2016 por Edu Robsy.
Por la peor habitación del detestable Hotel Lisboa paseábase infatigablemente el estudiante de tercer año de Medicina Stepan Klochkov. Al par que paseaba, estudiaba en voz alta. Como llevaba largas horas entregado al doble ejercicio, tenía la garganta seca y la frente cubierta de sudor.
Junto a la ventana, cuyos cristales empañaba la nieve congelada, estaba sentada en una silla, cosiendo una camisa de hombre, Aniuta, morenilla de unos veinticinco años, muy delgada, muy pálida, de dulces ojos grises.
En el reloj del corredor sonaron, catarrosas, las dos de la tarde; pero la habitación no estaba aún arreglada. La cama hallábase deshecha, y se veían, esparcidos por el aposento, libros y ropas. En un rincón había un lavabo nada limpio, lleno de agua enjabonada.
—El pulmón se divide en tres partes —recitaba Klochkov—. La parte superior llega hasta cuarta o quinta costilla...
Para formarse idea de lo que acababa de decir, se palpó el pecho.
—Las costillas están dispuestas paralelamente unas a otras, como las teclas de un piano —continuó— Para no errar en los cálculos, conviene orientarse sobre un esqueleto o sobre un ser humano vivo... Ven, Aniuta, voy a orientarme un poco...
Aniuta interrumpió la costura, se quitó el corpiño y se acercó. Klochkov se sentó ante ella, frunció las cejas y empezó a palpar las costillas de la muchacha.
—La primera costilla —observó— es difícil de tocar. Está detrás de la clavícula... Esta es la segunda, esta es la tercera, esta es la cuarta... Es raro; estás delgada, y, sin embargo, no es fácil orientarse sobre tu tórax... ¿Qué te pasa?
—¡Tiene usted los dedos tan fríos!...
—¡Bah! No te morirás... Bueno; esta es la tercera, esta es la cuarta... No, así las confundiré... Voy a dibujarlas...
Dominio público
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Publicado el 20 de mayo de 2016 por Edu Robsy.