La primer cuartilla
Para instruirnos es la ciencia; para mejorarnos la
moral; para deleitarnos el arte, donde hallan las fuerzas fatigadas
alivio y el espíritu ennoblecido recompensa. Si la obra artística
ilustra el entendimiento y depura la conciencia, tanto mejor; pero su
misión es ser bella, y lo mismo puede realizarla inspirándose en la fe,
descorazonada por la incredulidad, o herida por la duda.
Tal creo, y sin embargo quise poner en estas humildes
páginas algo que levantase el ánimo, y moviera la conciencia contra
injusticias y errores de que el arte puede ser, si no remedio, espejo,
si no enseñanza, aviso.
He aquí mi explicación para unos, mi disculpa para con otros.
Empezó El Liberal a publicar cuentos y me honró
pidiéndome algunos. A ser periódico exclusivamente artístico y
literario, hubiera yo trabajado para él de otra suerte: mas imaginé que
en un diario político, debía escribir luchando, como soldado raso,
contra las ideas casi vencidas de lo pasado y a favor de las esperanzas
de lo por venir, no triunfantes todavía.
Entonces puse el pensamiento en aquella aspiración de
justicia, ya escrita en los códigos, pero que aún es letra muerta en
las costumbres.
De ellas me inspiré, intentando contribuir a la
pintura de esta época en que una letra de cambio, una obligación, un
cheque, pesan en la balanza social más que cuanto representa, trabajo,
ciencia, estudio y arte.
Mis aciertos y mis errores, hijos son de mi tiempo:
ni por éstos mereceré censura, ni por aquéllos soy digno de alabanza: de
que enderecé al bien la voluntad, estoy seguro.
Madrid, 1895.
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