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La Envenenada

Felisberto Hernández


Cuentos, colección


La envenenada

A María Isabel G. de Hernández

I

En uno de los barrios de los suburbios de una gran ciudad, uno de los literatos no tenía asunto. Esto le pasó desde el 24 de agosto por la tarde —en la mañana había terminado un cuento— hasta el 11 de octubre, también por la tarde. En la mañana del 11, el día le amenazaba con normalidad: como uno de los tantos días, él estaba encerrado en su casa y no tenía ganas de salir; se paseaba por toda su pequeña casa, a grandes pasos y a profundos pensamientos; quería atacar algún asunto, porque ningún asunto venía hacia él; al mismo tiempo que sus piernas se le cansaban y se le ponían pesadas, sentía angustia con pesimismo; pero se acostaba un rato y, a medida que sus piernas descansaban, la angustia con pesimismo se le iba.


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Dominio público
19 págs. / 34 minutos / 75 visitas.

Publicado el 11 de febrero de 2025 por Edu Robsy.

Andanzas y Visiones

Miguel de Unamuno


Viajes


Quiero aquí, a modo de dedicatoria, consagrar un recuerdo a mis compañeros en las excursiones de que hablo, los señores Maurice Legendre, Jacques Chevalier, J. E. Crawford Flitch, Eudoxio de Castro, Francisco Antón, Tomás Elorrieta, Gumersindo y Jesús Solís, Juan Sureda y Pilar M. de Sureda, Gabriel Alomar, Enrique Nogueras, Agustín del Cañizo y Antonio Trías.

Prólogo

En 1911 publiqué en esta misma biblioteca Renacimiento un tomo titulado: «Por tierras de Portugal y de España». Constituíanlo veintiséis relatos de excursiones por ciudades y campos de la Península Ibérica y las Islas Canarias. Y ahora recojo, lector amigo—¿pues qué más fina amistad que leerle a uno?—en este volumen que tienes entre manos—o sobre la mesa—y a la vista, relatos de otras nuevas excursiones por ciudades y campos también de España.

Los he ordenado por orden cronológico, ya que estos relatos fueron apareciendo en diarios de América—en La Nación, de Buenos Aires, casi todos—o de España—en El Imparcial, de Madrid—a medida que hacia las excursiones y recibía las visiones de que en ellos se habla.


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Dominio público
239 págs. / 6 horas, 59 minutos / 75 visitas.

Publicado el 27 de febrero de 2026 por Edu Robsy.

Por los Tiempos de Clemente Colling

Felisberto Hernández


Biografía, autobiografía


No sé bien por qué quieren entrar en la historia de Colling, ciertos recuerdos. No parece que tuvieran mucho que ver con él. La relación que tuvo esa época de mi niñez y la familia por quien conocí a Colling, no son tan importantes en este asunto como para justificar su intervención. La lógica de la ilación sería muy débil. Por algo que yo no comprendo, esos recuerdos acuden a este relato. Y como insisten, he preferido atenderlos.

Además tendré que escribir muchas cosas sobre las cuales sé poco; y hasta me parece que la impenetrabilidad es una cualidad intrínseca de ellas; tal vez cuando creemos saberlas, dejamos de saber que las ignoramos; porque la existencia de ellas es, acaso, fatalmente oscura: y ésa debe ser una de sus cualidades.

Pero no creo que solamente deba escribir lo que sé, sino también lo otro.


Los recuerdos vienen, pero no se quedan quietos. Y además reclaman la atención algunos muy tontos. Y todavía no sé si a pesar de ser pueriles tienen alguna relación importante con otros recuerdos; o qué significados o qué reflejos se cambian entre ellos. Algunos parece que protestaran contra la selección que de ellos pretende hacer la inteligencia. Y entonces reaparecen sorpresivamente, como pidiendo significaciones nuevas, o haciendo nuevas y fugaces burlas, o intencionando todo de otra manera.


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Dominio público
63 págs. / 1 hora, 51 minutos / 72 visitas.

Publicado el 13 de febrero de 2025 por Edu Robsy.

Cuentos de Fray Mocho

José Seferino Álvarez "Fray Mocho"


Cuentos, colección


Introducción

Un día, en París, hace algunos años, recibí un pequeño libro, malamente impreso y firmado con un pseudónimo que había visto algunas veces al pie de artículos que, en general, no había leído. Era el Viaje al país de los matreros, mal título también, que ocultaba una de las pinturas más deliciosas y exactas que existen de un pedazo de suelo argentino, precisamente del más característico: tal vez de aquél formado y sin cesar modificado, por el aluvión formidable del padre de los ríos nacionales. Comuniqué mi impresión a su autor en una carta entusiasta, cuyo borrador siento no poseer en estos momentos, para darla de nuevo a luz, como el más cumplido homenaje al talento literario del hombre que nuestro mundo intelectual acaba de perder.

Más tarde, Fray Mocho, publicó su Viaje Austral que, como fuerza descriptiva vale quizás su primer ensayo, pero que le es superior en sus elementos de drama. Esa dura vida del lobero, en la intrincada red de canales entre los que va disolviéndose la más austral de las tierras habitadas, está pintada con una verdad y una intensidad tales, que parece increíble haya podido dibujarse el cuadro y darle color, sin haber visitado minuciosamente el teatro de la acción. Y sin embargo, según tengo entendido, Álvarez nunca visitó el Estrecho.


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Dominio público
227 págs. / 6 horas, 37 minutos / 52 visitas.

Publicado el 11 de abril de 2025 por Edu Robsy.

Estaba escrito

Laura Mendez de Cuenca


Cuento



Aquella mañana Marcial y Camila salieron a pasear muy temprano. Marcial estaba sombrío, aunque hacía esfuerzos por ocultarlo, fingiendo reír hasta enseñar los dientes, pero con una risa estúpida que no tenía razón de ser. La mañana estaba azul, las flores frescas de rocío y el río echaba espuma como caballo cansado: todo motivo para sentir alegría. Pero en un hombre taciturno y enfermo como Marcial, eternamente dolorido del género humano y sin avenimiento con las ridiculeces del siglo, no cabía risa verdadera.

Marcial era por instinto un quijotesco fuera de época, exagerado en su moral, dispuesto a desfacer entuertos aunque arriesgara vida y hacienda. Ignoraba la existencia de Cervantes y de su ilustre manchego, pero hubiera sido trovador provenzal si el destino no lo hubiera hecho nacer en un pueblo de México y ser maromero por educación y necesidad. Su padre fue el ecuestre más notable de las compañías de funámbulos que recorrían la república; su madre, hábil acróbata de salón. Así que Marcial nació para el trapecio.

Camila, por su parte, era hija de una acróbata enferma de tisis, que murió pronto. La niña fue recogida por la familia de Marcial. Creció en el ambiente del circo, con libertad de acción y lenguaje atrevido, pero sin corromper su corazón. Sabía de la vida y presentía el amor, alegre y feliz, sin nervios ni preocupaciones.

Sentados bajo un mezquite junto al río, Marcial atrajo dulcemente a Camila y le dijo: —Camila, yo te amo. ¿Quieres ser mi esposa? ¿Quieres que nos casemos y no volvamos jamás al trapecio?

La muchacha creyó estar soñando. No subir más al horrible trapecio, tan alto y áspero… Pero recordó que esa misma noche debía trabajar sin red, en el trapecio volante y doble. No respondió, solo sonrió tristemente. —¿No me amas? —preguntó él.


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Dominio público
1 pág. / 3 minutos / 50 visitas.

Publicado el 18 de febrero de 2026 por Fernando Guzmán.

El código del crimen

William Le Queux


Novela, Thriller


PREFACIO



El Código del Crimen es una obra representativa del ingenio de William Le Queux, uno de los pioneros del suspense y de la literatura de intriga internacional.

La Estructura del Misterio En esta novela, Le Queux teje una red de secretos que se aleja de la violencia caótica para centrarse en un proceso narrativo claro y meticulosamente estructurado. La trama avanza como un sofisticado rompecabezas intelectual, donde la resolución del conflicto no depende de giros perturbadores, sino de la deducción lógica, la observación aguda y el desciframiento de enigmas complejos —como criptogramas musicales y mensajes ocultos a plena vista—.

El autor transporta al lector a través de la Europa de principios del siglo XX, contrastando la aparente tranquilidad de los elegantes salones aristocráticos con la tensión que se respira en los pasillos de los trenes nocturnos que cruzan el continente, desde Calais hasta Constantinopla. Es un mundo donde la alta sociedad convive con secretos inconfesables, joyas desaparecidas y alianzas ocultas.

El verdadero atractivo de esta historia reside en su capacidad para mantener la intriga a través de la agudeza mental de sus personajes y la elegancia de su prosa. Es una invitación a desentrañar un misterio clásico paso a paso, ideal para quienes disfrutan de las tramas bien hiladas donde el orden, el análisis y la razón terminan por imponerse al desconcierto inicial.


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Creative Commons
233 págs. / 6 horas, 49 minutos / 37 visitas.

Publicado el 28 de agosto de 2026 por Fernando Guzmán.

La Tormenta

José Fernández Bremón


Cuento


El trueno, el rayo y el huracán se habían apoderado de la atmósfera.

—¡Temblad! —decía el trueno a los hombres con voz terrible y poderosa—. La tormenta ha vencido; se acabó la tranquilidad para vosotros.

—¿Qué son esas torres que habéis levantado a fuerza de paciencia? —añadía el rayo lanzando llamaradas por los ojos—. Yo las traspaso y las incendio.

Y el huracán decía, bramando de coraje:

—¡Ay del que navega! ¡Ay de las chozas débiles y de los árboles que no tengan las raíces muy hondas! Arrasaré todo lo que envuelva dentro de mis círculos.

Y los truenos, los rayos y los bramidos del viento parecían anunciar la ruina del planeta.

—¡El mundo se acaba! —decían todos los animales, refugiándose espantados en las cavernas o huyendo despavoridos.

—Anda más deprisa —decía una ardilla impaciente, que se creía en salvo, a un cachazudo caracol que se arrastraba con pereza—: ¡el mundo se acaba!

—Pierde cuidado —respondió el conchudo animal—. Los que alborotan y se agitan, como el trueno, el rayo y el huracán, se cansan pronto. Más miedo tengo al frío, al calor o al hambre, que llegan sin ruido y sin cansancio. Todo lo violento es pasajero.

En efecto, un cuarto de hora después, el trueno estaba ronco, el huracán se había detenido, y el rayo sólo producía relámpagos inofensivos.

Un airecillo templado y juguetón, pero sostenido y constante, deshizo los nubarrones, y los pájaros, sacudiendo las mojadas plumas, volvieron a piar alegremente.


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1 pág. / 1 minuto / 26 visitas.

Publicado el 18 de julio de 2024 por Edu Robsy.

Herramientas Tecnológicas para Investigación en Ciencias Sociales

Carlos Gustavo Flores Castillo


Investigación Científica, Ciencias Sociales, Tecnología Educativa, Metodología, Inteligencia Artificial, Venezuela, Acceso Abierto


 Herramientas Tecnológicas para Investigación en Ciencias Sociales es una obra fundamental para investigadores, académicos y estudiantes que buscan optimizar sus procesos de indagación científica mediante el uso de entornos digitales. El autor, el Dr. Carlos Flores, ofrece una guía detallada sobre herramientas de inteligencia artificial, gestión bibliográfica, análisis de datos cualitativos y cuantitativos, y plataformas de difusión científica.

Publicado bajo el sello de la Secretaría de Educación Universitaria del estado Apure, este libro sistematiza recursos que facilitan desde la búsqueda de información en bases de datos especializadas hasta la redacción y corrección de textos académicos. Es un recurso indispensable para modernizar la metodología de investigación en el área de las Ciencias Sociales, promoviendo el acceso abierto y el uso ético de la tecnología en la generación de conocimiento.


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1 pág. / 1 minuto / 21 visitas.

Publicado el 26 de abril de 2026 por Carlos Gustavo Flores Castillo.

Vida de San Alejo

Benjamín Jarnés


Cuento, novela corta


La cuna

Dioses y santos suelen hacerse esperar mucho. La jerarquía —en la tierra y en el cielo— se mide por el número de antesalas.

«¿Eres tú el que ha de venir o esperamos a otro?», preguntaban los judíos al Bautista. Porque al judío —excepto en la Banca— le gustó siempre invertir su tiempo en funciones pasivas. Y esta dócil postura del espíritu fue legada al cristiano, que ascendió la esperanza a la categoría suma de virtud teologal.

A cuya exaltación dedica anchos capítulos La leyenda dorada. Para fomentar esta virtud se cultivan las patentes de doncellez o esterilidad de las madres predestinadas; porque el santo o el dios lo son desde toda la eternidad, y su primer empeño es procurarse una cuna original.

Aglae, mujer de Eufemiano, es infecunda. Eufemiano, senador ilustre de Roma, columna de la nueva fe imperial, confidente de Teodosio, sueña con una prolongación de su nombre, de sus títulos, de su oro. Espera un hijo. Lo espera como los hebreos esperaban agua de un risco, codornices de un arenal. Ignora que Dios no obra milagros para afirmar la prole de un burgués, que no se crea un alma fuera de turno, para infundirla en el cuerpo de un futuro senador vitalicio.


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Dominio público
31 págs. / 54 minutos / 11 visitas.

Publicado el 10 de septiembre de 2026 por Edu Robsy.

Las Fieras Cómplices

Horacio Quiroga


Cuento, Novela, Drama


I


En una noche tempestuosa de junio, un hombre caminaba con paso furtivo por una senda en las profundidades de las selvas de Mato Grosso. La noche estaba profundamente oscura. Los truenos rodaban uno tras otro, y a la intensa agitación del cielo, la selva respondía con el profundo rumor de sus árboles sacudidos por el vendaval. De vez en cuando la lívida luz de un relámpago cruzaba el cielo; el bosque surgía entonces negro, espectral, para ocultarse enseguida en las impenetrables tinieblas.


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Dominio público
35 págs. / 1 hora, 2 minutos / 11 visitas.

Publicado el 1 de septiembre de 2026 por Brian.

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